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Maoísmo digital

2013 mayo 12
por Alberto Aguirre de Cárcer

La reedición de una de sus obras y un documental sobre su vida han rescatado del olvido a Manuel Chaves Nogales, uno de los grandes cronistas del periodo de entreguerras en Europa. Con coraje e independencia, el periodista sevillano describió los peligros del totalitarismo hasta el punto de que sus reportajes y análisis sobre el fascismo y el comunismo le llevaron a ser, como él dijo, «perfectamente fusilable» por ambos bandos. En la España actual, Chaves Nogales no sería fusilable, pero sí «perfectamente linchable» en las redes sociales desde todos los bandos imaginables. Hoy no hay un solo día en que no arda en la hoguera digital de Twitter un político, actor, activista, escritor, periodista o deportista. E incluso algún ciudadano anónimo que por azar ha devenido en protagonista del algún hecho público. El norteamericano Jaron Lenier, uno de los ‘padres’ de la realidad virtual, puso en 2011 el dedo en esa llaga con su conocido ensayo ‘Contra el rebaño digital’. Lanier no es contrario al uso de internet y mucho menos a las nuevas tecnologías, pero cuestiona la deriva actual de la Red, donde el anonimato saca el lado más tenebroso de la naturaleza humana, propiciando todo tipo de ataques contra personas e instituciones e instaurando lo que llama ‘cultura del sadismo’. Lanier vincula esa cuestión con la aparición de un nuevo tipo de totalitarismo, al que denomina ‘maoísmo digital’ y que habría sido suscitado por los propios creadores de las redes sociales, primando el componente colectivo sobre el individual, la faceta tecnológica sobre la humana y la plataforma sobre el contenido. El objetivo de su provocadora obra es abogar por un humanismo tecnológico que no incentive la mentalidad de colmena y el ‘comportamiento rebaño’, fenómenos que fomentarían esas zonas de sombra de las redes sociales. Mi percepción sobre los problemas que apunta Lanier es la propia de un curioso observador que utiliza con moderación las redes sociales para intercambiar información, escuchar en ocasiones lo que se dice de cuanto acontece y sobre todo para obtener pistas de asuntos de interés. Ni tengo una perspectiva apocalíptica ni tampoco una fascinación adictiva por ellas, pero, no siendo un experto en la materia, me parece que algo de razón tiene Lanier cuando apunta que este tipo de comunicación, instantánea pero fragmentaria e impersonal, puede degradar las interacciones personales, especialmente en los más jóvenes. Y eso no es un asunto menor porque lo más importante de una tecnología es cómo cambia a las personas y a sus vidas. Si Twitter contribuye a mejorar el debate público y la participación ciudadana, bienvenido sea. Si por el contrario termina por diluir a los individuos en un enjambre donde prima el ruido colectivo, entonces flaco favor hará al progreso social. El tiempo dirá si propicia mecanismos de deshumanización o si dispara el efecto contrario y nos hace mejores personas.

Mediocristán

2013 mayo 5
por Alberto Aguirre de Cárcer

Piensa el hispanista británico Henry Kamen que los españoles se han sentido más atraídos por la ficción que por la realidad y eso explica la mayor fascinación por Don Quijote que por Miguel de Cervantes. Si a eso se suma un sistema político que no incentiva las vocaciones culturales y científicas, una constante de los últimos 500 años, el resultado es una fuga de cerebros que se remonta a los tiempos de Luis Vives y Miguel Servet. España es un país con enorme potencial científico y cultural, como prueban numerosas individualidades que están en la mente de todos, pero históricamente se ha empeñado en convertir a todos sus genios en víctimas del desarraigo. Hubo un tímido cambio de tendencia en la Transición, con el regreso de algunos ‘hijos pródigos’ y una moderna Ley de la Ciencia de 1986, pero las aguas volvieron pronto a discurrir por la rambla de siempre. Uno de nuestros mayores activos económicos, la lengua española, tuvo un impulso exterior intermitente e insuficiente, mientras que una escuela de economistas acabó imponiendo su tesis de que España no tenía nada que hacer en I+D frente a las grandes naciones europeas, por lo que mejor era apostar por los servicios, la construcción y el turismo. Hoy, el paisaje actual de la cultura y la ciencia se asemeja a un páramo del que brota el talento, sin caldo de cultivo, de forma esporádica y aleatoria. Y así seguirá, por los siglos de los siglos, si pervive la contumaz miopía de una clase dirigente cortoplacista y paticorta. Si Estados Unidos es la primera potencia es porque, además de ser el único país que tras una guerra civil incorporó al bando perdedor, recoge los frutos de una profunda y vieja convicción: la excelencia educativa y científica es la clave para la competitividad económica y merece la pena invertir en ambas, pase lo que pase, con la vista en el medio y largo plazo. Fue así como generaron un genuino patriotismo, aquel que no inventa banderas identitarias sino que piensa en las generaciones venideras. Nuestra precaria situación se agravó con la crisis y los jóvenes se van por falta de trabajo y de ayudas para seguir formándose. Salir ya no es una opción para perfeccionar lo aprendido. Quedarse y apostar por el autoempleo puede ser una vía, pero emprender sin crédito roza lo milagroso. De ahí que subir las tasas universitarias o debilitar los fondos del Cebas o el Imida, por ejemplo, serían pasos en la dirección equivocada porque hipotecarán la competitividad futura del capital humano y del sector agroalimentario en la Región. Alemania nos anima a enviar a su país médicos, ingenieros y expertos en telecomunicaciones y a que perseveremos en el turismo de sol y playa. Sigamos sus consejos y pronto la nueva Europa será como la prehistórica, donde los Homo sapiens innovaban en el norte del continente y los neandertales sobrevivían en el sur de lo que daba la naturaleza; eso sí, con un clima estupendo.

El exilio interior del presidente

2013 abril 28
por Alberto Aguirre de Cárcer

En aquellos meses previos a las generales, cuando los sondeos daban por segura la victoria de Rajoy, se instaló la idea de que la llegada del nuevo inquilino a La Moncloa tendría casi un efecto mágico en el curso de la crisis. Fue tal el estrépito crepuscular de Zapatero y arrollador el deseo de cambio que muchos pensaron que bastaría con la llegada de un nuevo actor principal para recuperar casi de inmediato la confianza exterior, restaurar el ánimo de un sociedad abatida y poner a España en la senda de la recuperación. Cierto es que Rajoy evitó el rescate del país, que la financiación exterior y el balance comercial mejoran y que la desconfianza de los inversores empieza a disiparse. Pero los recortes draconianos del gasto público han estrangulado la economía, en medio de un incremento de la presión fiscal a los ciudadanos y un desempleo que supera ya los seis millones de parados. Rajoy llegó con el objetivo prioritario de darle la vuelta al paro, pero esta semana éste batió su récord histórico y el propio Gobierno vaticina que al final de la legislatura, en 2016, todavía uno de cada cuatro españoles estará sin trabajo. El Consejo de Ministros aprobó el viernes una larga batería de medidas para impulsar la economía, aunque parecen más una respuesta a las exigencias de Europa con el déficit que una estrategia ambiciosa e hilvanada de crecimiento económico. Todas esas iniciativas, incluso una nueva subida de distintos impuestos, quedaron eclipsadas por la rectificación de las previsiones macroeconómicas, que ahora dibujan un escenario mucho más sombrío para España en los próximos años. Rajoy y su Gobierno siguen desprendiendo un persistente aroma de impotencia. Quizá por eso los sondeos revelan que muchos de sus votantes ya piensan que quizá el presidente, sensato pero desprovisto de audacia, no era la persona adecuada para semejante reto. Reacio a comparecer en los momentos más delicados para trasladar mensajes a la ciudadanía y para someterse a las preguntas de los informadores, el presidente se arriesga a que lo que puede ser prudencia se confunda con desdén y falta de liderazgo. Sumido en una especie de exilio interior, Rajoy transita por un laberinto que solo conoce su guardia pretoriana de ministros. Ya ha dejado incluso de ser previsible, uno de sus activos personales. Puede decir un miércoles que no subirá los impuestos y hacer lo contrario dos días después. El estilo de gobierno de Rajoy ya está definido y en eso sí no caben sorpresas. Conviene pues prepararse anímicamente para una larga travesía. Si en la crisis de 1993-1994 se tardó trece años en bajar del 20% de paro a un 11%, ahora que estamos en el 27% la cosa puede alargarse más de un lustro. Mucho dependerá de un cambio de política económica en la UE, pero también del acierto de un Gobierno que no termina de dar con las recetas adecuadas, ni de poner en marcha algunas reformas necesarias.

La ‘paradoja de barbie’

2013 abril 21
por Alberto Aguirre de Cárcer

Todas las modelos de Barbie en Estados Unidos están hechas con el mismo material y tienen el mismo número de complementos, pero varían sensiblemente de precio en función de la profesión de la muñeca. Aparentemente, no hay ninguna razón que explique por qué la Barbie paleontóloga o ingeniera informática cuesta hasta tres veces más que la Barbie gimnasta o cocinera. Según el economista Matthew Notowidigdo, de la Universidad de Chicago, la explicación de la ‘paradoja de Barbie’ es que los vendedores explotan la esperanza de los padres norteamericanos de que sus hijas acaben dedicándose a esas profesiones bien remuneradas y prestigiadas si tienen contacto con ellas en la niñez a través del juego. La percepción del precio de las cosas y los sacrificios que las personas están dispuestas a hacer por el bienestar de los suyos son el resultado de procesos mentales sutiles, que se agudizan aún más cuando el consumo y el ahorro están bajo mínimos por una crisis como la que ha empobrecido a los españoles. Muchos observadores se preguntan cómo es posible que en nuestro país no se hayan producido estallidos sociales con tasas de desempleo del 25%, y se acepten todo tipo de sacrificios para salir de esta sima. Da la impresión de que la sociedad acepta las severas medidas de control del gasto público, o la flexibilización del mercado laboral, por la expectativa de que este atajo por un duro y peligroso desfiladero nos conducirá por fin a la salida de una travesía angustiosa que dura ya cinco años. Si además nuestro sistema de pensiones corre riesgo y nuestros hijos pueden acabar siendo una generación perdida por falta de expectativas laborales, la capacidad de asumir renuncias se multiplica hasta límites que no sospechábamos. El precio que hay pagar parece hasta ahora soportable para una mayoría de la población que, pese a estar harta e indignada, no lleva su malestar a la calle. Y eso que la capacidad de resistencia ante la crisis de las familias murcianas no puede dar mucho más de si. La Región fue la segunda donde más cayó el consumo en 2012. Y los datos que hoy revelamos muestran un desplome del crédito en el último trimestre de 2012 en la Región, que fue la única, junto con Navarra, donde también cayó el ahorro en el mismo periodo. El Gobierno regional está obligado a hacer un nuevo ajuste de sus cuentas, que quiere sustanciarse con un aumento de los impuestos y las tasas. El vicepresidente Juan Bernal señala que todas las figuras tributarias están en revisión y nada hay decidido. Antes de hacerlo debería estudiarlo con cautela, porque el impacto de una fuerte vuelta de tuerca a la fiscalidad sería devastador, e injusto mientras no se haga la prometida reforma de la Administración, para miles de murcianos que de verdad no llegan a fin de mes. Para ellos, la encrucijada no es qué muñeca elegir, sino cómo garantizar el pan de sus hijos y el próximo pago de la hipoteca.

Transparentes

2013 abril 14
por Alberto Aguirre de Cárcer

La divulgación de los bienes y rentas de los diputados regionales ha dado pie a uno de los episodios más absurdos de los últimos tiempos. Lo que se había planteado como una iniciativa para que los políticos recuperaran credibilidad terminó por propiciar el efecto contrario, soliviantando aún más unos ánimos ya suficientemente caldeados por el desempleo y el empobrecimiento general. Cuando el presidente Valcárcel apunta que se ha montado un circo quizá no le falte la razón, pero olvida que esta iniciativa no responde a una demanda de la ciudadanía, sino que surge como una estrategia de defensa del presidente Rajoy para demostrar que no cobró sobresueldos opacos del extesorero Bárcenas. No han sido los ciudadanos quienes trajeron el circo a la ciudad y luego sacaron las fieras a la pista. Fue la cúpula del Partido Popular en Madrid, curiosamente sin que todavía haya secundado la medida. A los españoles les interesa conocer las retribuciones de los cargos electos y sobre todo en qué se gastan el dinero de todos, pero más bien poco si han heredado o cuántas hipotecas tienen, a no ser que haya indicios de delito apuntados por un juez. Pero en vez de echar a los posibles corruptos de sus filas, los políticos han decidido hacerse todos transparentes. No me extraña que el vicepresidente Bernal sea reacio a participar en un desnudo patrimonial colectivo en el que todos los políticos parten como presuntos sospechosos. Comprendo incluso que algunos piensen si merece la pena seguir dedicado al servicio público cuando hay individuos que ocultan su identidad en las redes sociales pero exigen con virulencia transparencia a los políticos. Dicho todo eso, Bernal cometió un serio traspiés porque su decisión personal iba en contra de la posición de su propio partido y, lo que es peor, contra un acuerdo de todos los grupos de la Asamblea Regional. Tendrá que rectificar pronto si quiere seguir estando legitimado para pedir más sacrificios y disciplina presupuestaria. Es evidente que Valcárcel también se equivocó con estrépito al declarar que tenía 122 euros en su saldo bancario porque, pudiendo ser cierto, como no dudo que lo sea, no resulta creíble a no ser que de inmediato se explique. El presidente pudo evitarse las aclaraciones de haber hecho las cosas de otra manera ante una opinión pública donde lo que pesa no es la verdad, sino la verdad percibida. Mal empezamos un largo camino de regeneración en el que la transparencia debe ser el punto de partida, no el final del viaje. De qué servirá un sistema político translúcido si permanece caduco y sin las profundas reformas que reclama la sociedad civil. Si duelen como una piedra en el riñón estos primeros esfuerzos para recuperar la confianza, qué ocurrirá cuando los partidos se enfrenten a los cambios de calado, como la limitación de mandatos, las listas abiertas, la independencia de los órganos judiciales y la lucha contra la corrupción.

Sobre el acoso

2013 abril 7
por Alberto Aguirre de Cárcer

Aquel verano de 2006, cuando mi entonces compañera Cristina de la Hoz desconectó la grabadora, Mariano Rajoy se liberó de esa tensión que le produce responder a preguntas y la conversación tras la entrevista en su despacho de Génova pasó de la actualidad política al deporte y de ahí, no recuerdo por qué, al relato de un desagradable episodio vivido por el hoy presidente del Gobierno cuando, a cuenta de la gestión del caso ‘Prestige’, fue increpado por un grupo de personas mientras paseaba por El Grove con su mujer. Ese suceso es uno más de los miles que han vivido los políticos, de todos los partidos, desde el inicio de la democracia. Los han sufrido también Zapatero, Bono, Valcárcel… e innumerables modestos concejales de todas las formaciones en pequeños y grandes municipios. Ninguno comparable a los acontecidos durante décadas en un País Vasco amenazado por el terrorismo de ETA. Nada hay peor que vivir con el miedo a morir de un tiro en la nuca o por una bomba colocada bajo el coche. Lo saben bien las familias de numerosos políticos, pero también de empresarios, periodistas, policías… A raíz de la campaña de escrache de la plataforma antidesahucios, el acoso a los representantes públicos vuelve al primer plano. Hace lo correcto el PP al denunciarlo y también Rubalcaba al calificarlo de ‘presión injustificable’. La legítima protesta, aunque sea pacífica, resulta inaceptable cuando se desplaza del espacio público a la esfera privada y deviene en acoso personal. Pero el acto reflejo no puede ser criminalizar a todos los grupos antidesahucios o convertir este asunto, por grave que sea, en el centro del debate, orillando la atención sobre todo lo demás. Si fuera por la intensidad y extensión del grado de intimidación, habría razones para anteponer a otros colectivos en el escaparate público. Solo de enero a junio de 2012 se comunicaron en la Región de Murcia 88 agresiones de médicos, de las cuales 35 se denunciaron en hospitales y 53 en centros de atención primaria. Y en toda España, 3.352 docentes manifestaron durante el curso pasado que sufrieron situaciones de conflictividad y violencia en las aulas. Son muchos los colectivos y profesionales que se sienten hoy injustamente acosados, maltratados o insultados. Como todos los españoles, los políticos tienen los cauces propios del Estado de Derecho para defender su honor y la integridad de ellos y sus familias. Si alguno se siente injuriado o intimidado, lo que debe hacer es denunciarlo en los tribunales y dejar a un lado el victimismo. Ahora, cuando ni España ni la Región están precisamente en el punto álgido de su imagen reputacional, los dirigentes políticos no deben transmitir lamentos personales, sino liderazgo, fortaleza, templanza y capacidad para encajar la crítica razonada. De lo contrario no generarán confianza ni proyectarán la sensación de estar centrados y en condiciones de solucionar esta crisis.

‘Hans el listo’

2013 marzo 31
por Alberto Aguirre de Cárcer

Clever Hans (‘Hans el listo’) era el nombre de un caballo que, a principios del siglo XX, alcanzó gran fama en Alemania por su aparente habilidad para resolver operaciones matemáticas. Con golpes de pezuña respondía con acierto tanto a sumas como a multiplicaciones y divisiones. Fue tal el interés público que suscitó ‘Hans el listo’ que la Junta de Educación Alemana creó un variopinto comité para dilucidar si existía un posible fraude. Ese panel de expertos, dirigido por el filósofo Carl Stump, estaba integrado por el gerente de un circo, el director del Zoológico de Berlín, un veterinario, un oficial de caballería y varios maestros. Tras analizar las aparentes aptitudes del equino, el ‘comité Hans’ descubrió que el caballo acertaba cuando quien hacía la pregunta, su adiestrador, conocía previamente la respuesta. Era a partir de sutiles señales involuntarias de su examinador, como gestos o tonos de voz, como el animal intuía que daba en el clavo. Este fenómeno se conoce desde entonces como ‘efecto Clever Hans’ y se incorporó a todos los estudios sobre psicología cognitiva y social. Así, ni el individuo sujeto a experimentación ni el encuestador deben saber el tema de investigación, para que las respuestas sean neutras. En la crisis chipriota, donde la UE experimentó un modelo de rescate que creíamos diseñado para un paraíso fiscal, pero que ahora sabemos que es exportable, se vio un comportamiento que recuerda el episodio del caballo Hans (la Comisión Europea) y su adiestrador (el Gobierno de Merkel). Y no lo digo porque el Ejecutivo comunitario actuara con limitada inteligencia y un tanto a lo bestia con la ciudadanía, que se llevó una injustificada coz sobre sus ahorros por la vía del ‘corralito’ y de una tasa sobre los depósitos con freno y marcha atrás. El paralelismo emerge, sobre todo, porque Bruselas fue, como ‘Hans el listo’, variando su plan de rescate a lo largo de una semana agónica hasta percibir un gesto de asentimiento definitivo de quien lleva la fusta en la Europa de la disciplina y la austeridad. Ya basta con un arqueo de cejas o un carraspeo en Berlín para que el ‘diktak’ alemán se imponga sobre las instituciones de gobierno de la UE. El resultado fue casi tan decepcionante como las formas. Si había que lanzar un salvavidas a Chipre, para también proteger el euro y de paso mandar un recado a Rusia, que hizo de la isla un lavadero de dinero negro, se podían haber elegido fórmulas, tiempos y mensajes que no terminaran por sembrar una alarma generalizada, como ocurrió tras alcanzarse un acuerdo en la madrugada del lunes. La caída generalizada de las bolsas europeas, arrastrando en su pánico a los bancos españoles, fue el colofón de la lamentable gestión de una crisis que viene a profundizar la desconfianza de los ciudadanos en la Unión Europea. Se ve que a este caballo europeo, domado y llevado del ronzal por Ángela Merkel, le falla algo más que las matemáticas.

Agua…cero

2013 marzo 24
por Alberto Aguirre de Cárcer

Cuando los conflictos complejos derivan en enfrentamientos enquistados que acaban con claros ganadores y perdedores, la paz suele ser efímera. A propósito de las disputas territoriales por recursos escasos, como el agua y la financiación, contaba hace un año en esta página cómo Bill Clinton, apoyado en los trabajos del norteamericano Robert Wright, abogaba por desenlaces para crisis internacionales donde no haya vencedores y vencidos, donde nadie salga claramente derrotado. En la jerga de la teoría de juegos, soluciones de ‘suma no cero’. Eso ha intentado el ministro Miguel Arias Cañete con un nuevo Plan de Cuenca del Tajo que trata de conjugar el mantenimiento del Trasvase, la sostenibilidad medioambiental del río y la existencia de suficientes reservas para Castilla-La Mancha y Madrid. El acuerdo, fruto de una negociación entre tres líderes territoriales del PP (Valcárcel, Cospedal y Fabra), incluye una reserva ‘política’ de hasta 400 hm3 en la cabecera, lo que ha hecho que los regantes hayan puesto su apoyo en cuarentena a la espera de compensaciones pendientes de negociación. De momento, o aceptaban o planeaba de nuevo la inviabilidad de unos desembalses de los que dependen 80.000 puestos de trabajo directos y el sector económico más competitivo de la Región. Si lo crucial era salvar el Trasvase, que estaba condenado con el borrador elaborado por el equipo de Barreda, este Plan dirigido por el Ministerio podría darse por bueno. Se mantienen las actuales condiciones durante un periodo de adaptación de cinco años y no se toca la ley del Trasvase. Todas las partes ceden, aunque si comparamos la situación venidera con la actual, entonces emerge una desproporción más acentuada entre la cuenca cedente y la receptora. Quien más gana es Castilla-La Mancha, bien es cierto que no tanto como pretendía, y quien menos la Región de Murcia, porque si bien se limita el caudal ambiental en Aranjuez, se endurecen las condiciones para recibir excedentes con una reserva estratégica que podría suponer un serio obstáculo en casos de periodos prolongados de sequía. Estamos ante un pacto político de mínimos que evita lo que habría sido una catástrofe, aunque ni despeja todas las incertidumbres ni mucho menos resuelve el déficit estructural de agua en la Región. El Plan del Tajo es una ‘solución no cero’, pero solo para la guerra territorial que tan pocos beneficios ha reportado desde la insensata derogación del trasvase del Ebro, exceptuando para quienes hicieron del conflicto una fuente recurrente de votos. La raíz del problema del agua sigue ahí, abordable por la ciencia medioambiental y la ingeniería, pero sin ser arrancada por la clase política. Solo cuando esté sobre la mesa el prometido nuevo plan hidrológico nacional veremos si finalmente este lastre para nuestro país desaparece de una vez y todos los españoles podemos sentir, por fin, que salimos ganando.

Presente continuo

2013 marzo 17
por Alberto Aguirre de Cárcer

Durante todo el siglo XX, la humanidad estuvo obsesionada con el futuro. Los avances tecnológicos se sucedían vertiginosamente y los conocimientos acumulados se duplicaban cada diez años. En ‘El shock del futuro’, Alvin Toffler teorizó en 1970 que los cambios se estaban produciendo tan rápidamente y en tan corto plazo que millones de personas no estarían preparadas para ese mundo que se avecinaba. El futuro llegaría precipitadamente y habría un fuerte choque adaptativo. Ese tiempo ya habría llegado y estaría produciendo una transformación sustancial en nuestras vidas: ahora solo nos preocupa el presente. Esa es la tesis del libro ‘El shock del presente’, que acaba de publicar el norteamericano Douglas Rushkoff. Vivimos el mundo del ahora, asevera este experto en cultura y comunicación. No hay tiempo para mirar atrás ni para anticipar lo venidero. Con las tecnologías de la información, además del espacio, se ha comprimido el tiempo. En la práctica, lo que nos ocupa es aquello que acontece en cada instante. Lo demás se orilla porque nuestra preocupación primaria es gestionar la avalancha de información de última hora y urgente que llega por el móvil, el correo electrónico, la televisión y las redes sociales. Pero que nos enteremos de los hechos de inmediato no significa que los entendamos mejor. Los medios de comunicación masivos, como la CNN, solemnizaron la información en tiempo real, pero luego la transformaron en un espectáculo donde la veracidad es casi un elemento secundario. La alternativa de las redes sociales, como Twitter, favorece la conversación y la participación, pero no la comprensión de la realidad. Al contrario, acentúan la prevalencia de lo fugaz, con una estructura narrativa donde la información fluye a ráfagas de forma descontextualizada. En la política, el cortoplacismo siempre fue la tónica, pero ahora más que nunca priman el presente continuo y el viaje con luces cortas. El debate pierde enjundia porque se traslada de los crepusculares hemiciclos a las bulliciosas redes sociales, donde descolla el refuerzo ideológico entre afines y el regate corto con 140 caracteres. Agobiados por las cuitas del presente, apenas se inquiere a esos políticos por sus proyectos de futuro. Ellos, como todos los demás, están volcados en lo urgente. Regiones como la de Murcia, pero también otras muchas, siguen estancadas en la indefinición estratégica, a la espera de que un cambio de ciclo las catapulte de nuevo hacia arriba. Mientras, el esfuerzo se centra en gestionar la escasez para cumplir objetivos a un año vista, no más. El éxito es superar el día a día, aunque no haya nadie tomando distancia para averiguar hacia dónde conviene ir y de qué manera. Pero si para acelerar el despegue hay que bregar colectivamente, lo inteligente sería definir primero cuál es el mejor destino y cuál es la hoja de ruta. Siempre será mejor intentar construir el futuro que esperar a que venga y no estemos preparados.

Ratzinger y la crisis

2013 marzo 10
por Alberto Aguirre de Cárcer

Las crisis financiera y política polarizan la atención de instituciones y agentes sociales, nacionales e internacionales, sin querer percatarnos de que ambos fenómenos son afluentes de otra crisis superior. Antes de que la economía implosionara en 2008 ya se había producido un progresivo desplome de ideas, valores y referentes intelectuales, en un mundo globalizado donde las viejas ideologías habían quedado caducas y se habían esfumado muchos de los principios más arraigados de la ética social. Desde entonces, los líderes políticos intentan renovar sus señas identitarias, o articular otras nuevas, para adaptarse a un veloz cambio de época que no acabamos de entender. Asistimos a una proliferación de fundaciones y organizaciones que pretenden ser laboratorios de ideas, pero lo cierto es que el manantial del pensamiento contemporáneo está medio seco. Si algo nos faltaba ahora, además de la depresión de la economía y de la confianza en las instituciones democráticas, era una crisis espiritual que añadiera, a la falta de liderazgo político, una ausencia de liderazgo moral. Por todo eso, y porque los precedentes se remontan varios siglos atrás, la inesperada renuncia de Benedicto XVI conmocionó al mundo. En cuestión de días, la silla de Pedro volverá a estar ocupada por alguien con la fuerza que le flaqueaba al frágil Ratzinger. Lo que será muy difícil, a priori, es que su sustituto pueda superar su talla intelectual. En su pontificado hay sombras y luces, fracasos y éxitos, pero lo que muy pocos discuten es el valor de sus escritos, en especial una de sus tres encíclicas, ‘Caritas in veritate’, de marcado carácter social y rabiosamente incardinada con la realidad política y económica que vivimos. Redactada durante dos años y presentada en 2009, en vísperas de una reunión del G-8, ‘Caritas in veritate’ es una de las obras de pensamiento más clarividentes alumbradas desde aquella fatídica quiebra de Lehmann Brothers. En esa encíclica, Benedicto XVI actualizó la doctrina social de la Iglesia y dejó profundas reflexiones, para creyentes y agnósticos, que en la antesala de su relevo no conviene olvidar dado que los problemas que abordaba no han desaparecido aún. Ante los nuevos desafíos, el Papa emérito defendió que el ser humano está por encima de la economía y que, por tanto, debe ser el principal capital que se ha de salvaguardar en una sociedad en vías de globalización, que debe articularse bajo los criterios de la justicia y el bien común. Atribuyó el origen de la crisis a un déficit de ética en las estructuras económicas, por lo que instó a las empresas a guíarse por principios como la honestidad y la responsabilidad. Y abogó por preservar un papel activo del Estado, por fortalecer las nuevas formas de participación de la sociedad civil y por el respeto al medio ambiente. El Papa pensador permanecerá ahora «escondido para el mundo», pero nos queda su obra, lúcida, valiente y comprometida.