La Verdad

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Sustancia gris
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Alberto Aguirre de Cárcer | 30-04-2017 | 06:04

Para el interés general sería positivo que Fernando López Miras tuviera éxito, pero cuesta verle sin una cierta aura de provisionalidad y sin el tutelaje de Pedro Antonio Sánchez. Estas cohabitaciones raramente funcionan

Con un desdén indisimulado, cada vez que el socialista Indalecio Prieto veía aparecer a Ortega y Gasset por el Parlamento susurraba «¡Ahí va la masa encefálica¡». ¿Apareció alguna durante las dos sesiones de investidura de López Miras? El discurso del nuevo presidente fue gris y tuvo poca sustancia, lo que no quita para que detrás exista sustancia gris. Alardes, desde luego, no hubo. Tampoco rebosó en las intervenciones de los portavoces de los cuatro partidos, lo que tampoco significa que no hubiera destellos. El periodista Julio Camba decía que la política española «sabe a pollo de hotel», pero el jueves solo se vieron gallos con espolones en el hemiciclo y el debate dejó regusto a pelea de corral. Aquello fue más bien un pollo. De todos contra todos. En pepitoria. Como el desenlace final estaba escrito y era conocido de antemano, lo mejor hubiera sido que todo se hubiera guisado en un día y se hubiera servido tras la primera votación. Pero ayer hubo de procederse a una segunda para completar el paripé de la «abstención técnica» de Ciudadanos, un palabro de la neolengua de la nueva política que solo mueve a la risa. Menos a los funcionarios de la Asamblea, supongo, que tuvieron que ir al tajo este sábado para que Miguel Sánchez, el líder naranja, pudiera disfrutar de las fiestas grandes de su municipio con este asunto de la investidura ya cerrado. Ya nos enteraremos de cuánto hubo de pagarse en horas extraordinarias a los funcionarios de la Asamblea y en kilometraje a los diputados solo para que Cs, con este postureo político, construya su particular relato público. En esa línea de ocurrencias tampoco se queda manco aquello del «gobierno legislativo» que propuso un revolucionado Urralburu para contrarrestar al Ejecutivo de Miras. Por aquello que propuso Montesquieu y porque, vistos los revolcones que nos puede dar el Constitucional con las leyes regionales del autoconsumo y de la vivienda, donde la oposición metió la cuchara a fondo, con un poder ejecutivo metiendo la pata ya tenemos bastante.
La próxima semana habrá uno nuevo. Liderado por Fernando López Miras, el cuarto presidente del PP en cuatro años. Será difícil que vuelva a repetirse un periodo de tanta inestabilidad, pero los populares están en racha e igual mantienen la línea. Lo sorprendente es que todo era previsible desde que Valcárcel se quitó de en medio dejando empantanados los grandes asuntos de la agenda política. Se veía venir desde la insumisión de Alberto Garre y la investigación en el TSJ de Pedro Antonio Sánchez hasta el nombramiento por este de un sucesor de contrastada lealtad y discreto perfil. Los populares se lo tienen que mirar. Pocas veces un partido político ha dilapidado su aplastante hegemonía de una forma tan torpe y por puros intereses personales. Para el interés colectivo sería positivo que López Miras tuviera éxito, pero cuesta verle sin esa aura de provisionalidad y tutelaje por Pedro Antonio Sánchez. Estas cohabitaciones raramente funcionan. Los propios estatutos del PP fueron redactados para evitar las bicefalias y los liderazgos compartidos. Para colmo de males, a los populares no paran de pasarle facturas los casos de corrupción que llegan a los tribunales. Por más que Rajoy insista en que lo importante es la economía (el expresidente Ignacio González parece que lo entendió en clave personal y se puso a ello), la pestilencia es insoportable. Suerte tiene de que el PSOE está como está y de que Podemos no para de lanzarle balones de oxígeno desde que Pablo Iglesias, con su ‘pacto de los botellines’, abandonó toda suerte de transversalidad y se apuntó a la política-espectáculo más radical. Nada podía venirle mejor a Mariano Rajoy en estos momentos que una fallida moción de censura presentada por Podemos para visualizar que hoy no existen alternativas posibles al Gobierno del PP.
La gravedad reside en que, en plena senda de crecimiento, el país está políticamente parado. Aún está pendiente la aprobación de las cuentas públicas y la producción legislativa es nula. En realidad, la legislatura no ha comenzado y no sabremos qué derroteros tomará hasta que el PSOE cierre su crisis, si es que lo logra. En la Región sucede otro tanto. Después de meses de parón, el próximo miércoles habrá otro gobierno, probablemente continuista, aunque esta vez tendrá que trabajar sin un pacto con Ciudadanos. El PP regional se ha quedado solo y con un timonel con las hechuras justas. Todo un panorama.

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