La Verdad

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Círculos de confianza
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Alberto Aguirre de Cárcer | 21-05-2017 | 05:36

Sánchez se fotografió en abril de 2016 con 22 directores y secretarios generales, la mitad de sus altos cargos. Todos, excepto uno, siguen con Miras. Ambos han reclutado otros 21 rostros para encarar las elecciones regionales de 2019

Guillermo Carrión / AGM

Yuri Gagarin fue ascendido de teniente a comandante minutos antes de entrar en la atmósfera. Las autoridades soviéticas creían que el primer hombre enviado al espacio tenía más posibilidades de morir en el descenso que de sobrevivir. Y si el héroe de la cosmonáutica iba a volar en pedazos, pensaron que lo justo era que lo hiciera con los máximos honores. Para evitar estrellarse en las urnas dentro de 25 meses, un suspiro temporal en términos políticos, el PP de Pedro Antonio Sánchez y Fernando López Miras ha culminado una semana de descartes, ascensos y nombramientos, que se han hecho coincidir con una reactivación interna del partido. Es poco tiempo para que la nueva tripulación garantice un final de trayecto exitoso, pero si Sánchez hubiera podido hacer una remodelación profunda del Ejecutivo regional, un asunto para el que no tenía fecha pero no descartaba una vez llegado al ecuador de la legislatura, se habría parecido mucho a la de López Miras, salvo en lo más alto de la cúspide, claro está. Y es que Sánchez y Miras han gestado al alimón todos los cambios y nombres del organigrama, dando el visto bueno a cada alto cargo, sin la aparente intervención de Valcárcel. Un proceso acometido con más hermetismo del habitual, en conversaciones bilaterales con cada consejero, para reclutar a la tropa de élite, evitando filtraciones sobre quiénes dijeron ‘sí’ y dijeron ‘no’ a la oferta.

Miras, sin lugar a dudas, no ha hecho su equipo solo. Como tampoco lo hicieron Garre ni el propio Sánchez. Ambos tuvieron que pactar con el presidente de su partido. La diferencia es que, una vez colocados determinados dirigentes con los que tenía compromisos, Valcárcel dejaba margen de maniobra. Pero entonces no estaba en juego el poder, como sucederá en 2019. En las actuales circunstancias caben pocas canongías. Solo hay sitio en los puestos clave para profesionales o militantes con vitola de eficaces y afines a las figuras de PAS y Miras. La imagen que ilustra esta página, del 9 de abril de 2016, es reveladora. El expresidente regional se reunió con veintidós directores generales, la mayoría de ellos de perfil más técnico y profesional que de adhesión ideológica y cuota de partido. Eran prácticamente la mitad de los altos cargos del segundo escalón de su gobierno y desde San Esteban se les señalaba como los ‘capitanes’ con más futuro en la Administración del PP. Así ha sido. Los que no aparecen en la foto con Sánchez, tampoco aparecerán en ninguna con López Miras. Prácticamente todos los que no fueron invitados a esa cita han sido sustituidos por veintiuna nuevas caras. Por el contrario, los veintidós directores generales presentes en esa reunión con PAS permanecen con Miras. Siguen en sus puestos, cambian de destino o ascienden, como es el caso del que fuera jefe de gabinete de Sánchez y exdirector del Info, el nuevo consejero de Turismo, Medio Ambiente y Cultura, Javier Celdrán. Solo tres de los veintidós ‘elegidos’ para la cita han quedado fuera, dos de ellos porque sus puestos son ahora subdirecciones generales.

Sánchez tiene un rasgo psicológico muy acusado que es útil para entender estos cambios. Como todos los políticos, quiere rodearse de dirigentes de la máxima confianza. Acentuado por su situación judicial, en su caso existe un plus: desconfía de casi todo. Y cada vez más. Es más desconfiado aún que López Miras y Rivera, el ‘tercer hombre’, y casi tanto como Robert de Niro en la película ‘Los padres de ella’, donde le explica a su futuro yerno, Ben Stiller, en qué consiste el ‘circulo de confianza’ familiar. Estar dentro significa poder, estar fuera es ser ignorado. Los ‘círculos de confianza’ de PAS en la familia popular son concéntricos. Los altos cargos de la foto formaban parte del anillo exterior. López Miras es en quien más confía y por eso le designó presidente, en previsión de su posible vuelta en 2019, si sale vivo políticamente de los casos ‘Auditorio’ y ‘Púnica’. También confía en Pedro Rivera, Juan Hernández, Noelia Arroyo… y demás miembros del Gobierno, aunque varía la intensidad. De ahí que estén situados en diferentes ‘círculos de confianza’ dentro del Gobierno. Las posiciones no son inamovibles. Cambios, como el de Martínez-Cachá, obedecen a esa dinámica. En el interno del Ejecutivo cada cual va percibiendo esas posiciones orbitales que ahora ocupa en relación al ‘rey sol’ y su ‘gran delfín’.

Sin adherencias valcarcistas, y con la incorporación de otros veintiún cargos (es sintomática la llegada de concejales de alcaldes próximos a PAS), el Ejecutivo regional ya puede arrancar este lunes con la vista puesta en la principal preocupación de Sánchez y Miras: las elecciones de 2019. Las más complicadas para el PP desde 1995. Sobre todo con los casos ‘Auditorio’ y ‘Púnica’ en los tribunales, algunos otros del pasado que están por cerrarse y otros por eclosionar (la desaladora de Escombreras), la reforma electoral y el riesgo de que Alberto Garre acabe dando el paso y lidere un partido de corte regionalista que arañe los suficientes votos para desequilibrar la balanza. Ahí está Miguel Ángel Revilla, que nunca ha ganado las elecciones en Cantabria y ya ha sido tres veces presidente autonómico. Miras se ocupará de la gestión y Sánchez de fijar el rumbo político, poniendo las pilas al partido. Ayer se acabaron los sábados de asueto en el PP regional. ¡Poyejali! (en marcha), gritó Gagarin al despegar. El del PP también puede ser un arriesgado viaje hacia lo desconocido.

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