La Verdad
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Categoría: Personales
Gracias a la vida, pero también al cáncer

Lo recuerdo perfectamente, miraba a mi niña y me preguntaba si llegaría a verla crecer, convertirse en mujer. Lo que más me importaba era poder compartir su felicidad en los momentos felices y aplacar su pena en los momentos duros que la vida te impone sin pedir permiso. Ese fue mi combustible durante los 23 meses que duró la batalla. 

“Cuanto más bella es la vida, más feroces sus zarpazos… ”

El 31 de enero hizo diez años que recibí el diagnóstico de cáncer, de esa experiencia que relataba en mi primer post y que mantuvo mi corazón encogido por el miedo y el dolor durante mucho tiempo, demasiado.

Esta vez han coincidido la conmemoración y una de mis revisiones oncológicas, que siguen siendo semestrales puesto que sigo recibiendo tratamiento. Le comenté a mi oncóloga, Juana Campillo, que ha han pasado diez años y ella me regaló una nueva mirada de las suyas, franca y directa como siempre.

Juana: ¿Y qué?

Isabel: Pues que tú y yo, las dos, estamos mejor hoy que hace diez años. Eso.

La efeméride nos permitió reflexionar sobre la situación en que nos encontramos hoy en día, cuando de cáncer se trata. Yo le contaba que mi hija salió hace pocos días de clase abatida porque una profesora había dicho que el cáncer es hereditario y todos sus compañeros, inmediatamente, se volcaron con ella para tranquilizarla.

La imprudencia y la ignorancia de esa persona forzaron que mi hija recibiera la correspondiente charla sobre genética y probabilidades de padecer cáncer que yo hubiera querido ofrecerle más adelante. No obstante, estaba preparada para ello, porque hace apenas unos meses recibía el resultado del cribado genético que me indicaba que ninguna, ni mi hija, ni mi hermana, ni mis sobrinas, tenían más probabilidades de padecer cáncer que el resto de mujeres.

Indignación justificada, sin duda, pero minúscula ante la que yo siento cada vez que veo que el cáncer es tratado con una celebración, que a las personas que viven la experiencia casi les ponen una banda como si fueran las reinas de la fiesta de la vida y que los demás piensan que todo está controlado y sufrir un cáncer de mama es como padecer una gripe. Porque no es así.

Para empezar,  no he visto que a quienes sobreviven a un accidente de tráfico se les trate de igual manera, ni a quienes padecen cualquier otra enfermedad crónica. Me parece injusto, y sé que esto probablemente no guste, que estemos más preocupados por señalar a quienes hemos sobrevivido a un cáncer como si fuéramos héroes, cuando solo somos afortunados porque los adelantos médicos nos han bendecido con su acierto a la hora de tratarnos y porque el cariño de quienes nos rodean, y también su sufrimiento, ha cimentado nuestra lucha un día detrás de otro, y así durante años.

Que conste, no somos supervivientes, somos sobrevivientes, y ya es bastante porque es traumático, doloroso y deja secuelas, siempre.

Necesitamos menos celebraciones y más interés real por lo que ocurre cuando una persona pierde su puesto de trabajo por culpa de la enfermedad, o cuando pierde la vida porque no se ha tratado adecuadamente por miedo a perder el trabajo, o cuando las secuelas son tan serias que le impiden trabajar o volver a ejercer la misma profesión y el sistema no está preparado para dar una respuesta adecuada, o por la falta de cobertura a quienes ya saben que el final se acerca y no pueden trabajar, pero tampoco vivir dignamente.

Ese es un debate real y necesario que debemos mantener vivo para avanzar y mejorar las condiciones de quienes sufren ahora y sufrirán en el futuro, de aquellos que hoy, como yo antes, miran a su alrededor preguntándose si se encuentran en el epílogo de su vida o será posible escribir nuevos capítulos.

Perdemos mucho por el camino, y afirmo rotundamente que quien lo niega miente, pero también ganamos con la mirada positiva que te permite una experiencia como esta, con el nuevo orden de prioridades que acaba de una vez por todas con lo superficial, con esa autoridad que el sufrimiento otorga para cesar de nuestra vida a las personas tóxicas y con la certeza de que el tiempo es finito y, por tanto, no se puede malgastar.

Aprendemos también mucho, muchísimo, sobre nuestra propiedad del sufrimiento, sobre la presencia del dolor en el día a día de muchas personas y de la muerte como parte de la vida.

Por todo ello, hoy doy gracias a la vida, y también al cáncer, porque me ha permitido convertirme en una persona que me gusta más hoy de lo que me gustaba hace diez años.

 

 

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Una persona clave para el futuro del cáncer de mama

Estos días he comenzado el proceso de detección de posibles factores genéticos presentes en el cáncer de mama que yo sufrí. Hace poco más de un año me envío mi oncóloga a la unidad responsable de este trabajo, avisándome de que la lista era larga y la espera debía ser paciente.

Finalmente, hace unos días estuve frente a la oncóloga responsable de este proceso, Pilar Sánchez Henarejos, que me explicó todas las opciones posibles. Decir, ante todo, que solo es necesario someterse a un sencillo cuestionario sobre la familia y una extracción de sangre para que todo se ponga en marcha.

El cuestionario en mi caso fue difícil, porque carezco de datos médicos sobre la mitad de mi ascendencia, aunque el trago estuvo compensado por la amabilidad de los profesionales que este servicio y la sencillez de la extracción de sangre.

Lo primero que me explicaron es que el estudio consiste en la investigación de tres genes que aparecen mutados en las pacientes diagnosticadas de cáncer de mama. Resulta que son diversas las posibilidades que cabe esperar, y aunque no me acuerdo muy bien de toda la información, voy a intentar detallarlas.

La primera de ellas, es que el análisis resulte positivo en mi caso, lo que activaría el protocolo en mis parientes directos; hermanos e hija, a los que se realizaría el mismo análisis de sangre que a mi. Primera sorpresa, los hombres pueden portar el gen, aunque no sufran la enfermedad, y transmitirlo a sus hijos. El estudio continuaría con los descendientes de aquellos de mis hermanos que dieran positivo. En lo que a mí se refiere, es aconsejable extirpar los ovarios y realizar un seguimiento del pecho -dentro de la llamada cirugía profilactica-, aunque también es posible vaciar las mamas y quedar solo en manos de las revisiones oncológicas periódicas.

Puede que el resultado sea negativo, lo que no significa al 100% que mi cáncer no sea genético, o que mis parientes den negativo tras dar yo positivo, lo que tampoco implica que ellos no vayan a sufrir el mismo cáncer.

En fin, es complejo y difícil de saber, lo que no ayuda mucho, la verdad.

Mi principal inquietud en todo este proceso son mi hija, mis sobrinas y, por supuesto, mi hermana. No sé cómo voy a encajar la noticia si doy positivo, que yo sea la única portadora del gen y que se lo haya transmitido a mi hija, es una de las combinaciones posibles, y eso es algo que genera inquietud.

Dos son los argumentos a los que aferro mientras espero que pasen los tres meses que faltan para conocer el resultado: mi hija es muy joven y es muy difícil que este cáncer se desarrolle con menos de 25 años de edad y, precisamente por eso, la investigación solo puede avanzar para evitar que pase por la experiencia que vivió su madre.

Y así sigo, justo cuando me encuentro en las redes sociales con un vídeo que me recuerda quién es la persona clave para el futuro del cáncer de mama y me emociono al compartir con los testimonios que muestra muchas de sus afirmaciones; “pensar en un mundo sin la amenaza del cáncer de mama es la mejor herencia que le podríamos dejar a nuestras hijas”, “ella es mi tesoro y pensar que no va a pasar por esto…”

Os dejo con él. Espero vuestras impresiones.

Generación Cero (Haz click aquí)

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La mejor manera de celebrar el 19 de octubre (Día del Cáncer de Mama)

Cuando compruebas que comienza a pasar el tiempo, y que cada vez se aleja más tu vivencia cara a cara con el cáncer, te das cuenta de que esta va a ser una experiencia que te acompañe de por vida. Y, por tanto, que fechas como el 19 de octubre serán siempre detonantes de los recuerdos, pero también oportunidades para reflexionar, elaborar los recuerdos y tratar de fijar en tu vida las lecciones que te ha dado la experiencia.

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Haciendo músculo

Nada más lejos de la realidad que pensar que llegará el momento en que uno pueda cerrar la puerta tras el cáncer y dejar atrás todo lo vivido. Han pasado más de seis años y aquí seguimos, dando vueltas a la experiencia, a los tratamientos que parece no acabarán nunca y a los efectos que todo esto sigue teniendo en mi vida.

Músculo ante el cáncer

Ejercitando los músculos para afrontar la vida


Quizá lo menos destacado de todo, una vez que colocas cada tema sobre la mesa, sea la prolongación de los tratamientos que inicialmente iban a durar cinco años a una década. Pero es importante. Me impactó tanto la noticia que incluso me planteé muy seriamente abandonar. Dejar que mi organismo y la suerte obraran mientras huía de la bien intencionada tiranía de tanto tratamiento que me persigue durante años. Tranquilos, al final rechacé la idea por la responsabilidad que tengo hacia mi hija, y por mi compromiso con la felicidad.

Aún recuerdo cómo me avisaron las enfermeras, el día que recibí el diagnóstico, de que el cáncer iba a cambiar mi vida por completo. Y también recuerdo cómo los primeros meses vivía con un ingenuo orgullo pensando que eso no me iba a ocurrir a mí. Han pasado seis años y la conclusión es que, efectivamente, ha removido toda mi vida de una u otra manera. Aún recientemente he sufrido una experiencia muy dolorosa que considero está relacionada directamente con aquel diagnóstico y el sacrificio que ha exigido a todo mi entorno.

Pero lo más importante de todo es que te levantas cada día a poner en marcha tu vida de nuevo con dos ideas fundamentales en la cabeza; llegar al final de la jornada sin dejar a medio ninguna de las cosas importantes para ti y desarrollar las horas que tienes por delante sin olvidar las lecciones que la experiencia te ha enseñado.

Esto último es lo más difícil, porque lo bueno y lo malo van de la mano y resulta imposible separar. Si vuelves a realizar tu vida tal cual, entonces es como si el sufrimiento no hubiera servido para nada. Pero si tratas de hacer valer las lecciones aprendidas, es como si el cáncer fuera una mancha en la cara que no puedes ignorar ni siquiera durante un solo minuto.

En ese punto de inflexión es donde hacemos músculo. El necesario para llevar con buen ánimo ese protagonismo excesivo de la enfermedad y el que te exigen las experiencias para sobrellevar los efectos que aún sigue teniendo en tu vida. Y no es figurado, es real, he retomado mis carreras y cada vez me siento más ligera, más rápida y más fuerte.

Un fuerte abrazo para todas las personas que están realizando ahora esta ‘travesía’ y a sus familiares.

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Adiós Tito Bernal

 

Tito Bernal (fotoperiodista)

 

Fue la segunda persona con que tuve contacto en La Verdad, tras Miguel Ángel Ruiz. Yo era entonces una ‘pipiola’ de poco más de 20 años. Finalmente había aceptado el encargo del periódico para enviar informaciones de Alcantarilla, venciendo mi razonable miedo a no estar a la altura y echando mano de la experiencia que me había proporcionado mi colaboración previa con Diario 16 Murcia.

Tito nunca estaba asustado, ni cansado, ni desanimado, y si lo estaba disimulaba bien. Era como ese pilón al que se amarra un barco al llegar a puerto. Pasara lo que pasara, si Tito estaba cerca, no te sentías sola. Eso sí, mejor de amigo, porque toda esa fuerza en contra de uno era demasiada.

Recuerdo la primera vez que vino a buscarme a la televisión local en que trabajaba para cubrir una información. Un empresario de Murcia quería instalar una planta de tratamiento de residuos hospitalarios en el Polígono Industrial Oeste y un grupo empresarial muy potente había sembrado de anónimos Alcantarilla y las localidades de alrededor anunciando que se iba a instalar una incineradora de residuos hospitalarios “muy contaminante”.

Era una maniobra hostil en toda regla. Y mientras la noticia podía parecer que estaba en los mensajes anónimos que recibía la población, lo cierto es que se encontraba en el hecho de que una empresa utilizara este método para hacer fracasar el proyecto de la competencia. La Verdad lo descubrió.

Me costó mucho localizar al empresario afectado, el que quería instalar e instaló finalmente la empresa. Y cuando lo conseguí no podía ir sola, ponerle cara a la persona que estaba siendo objeto de ese acoso era importante. Tito se vino conmigo y me acompañó durante toda la entrevista. Cuando salimos me dijo “tú eres buena, podrás hacer lo que quieras”, a lo que yo halagada le contesté “yo solo quiero ejercer el periodismo y pasar desapercibida”. Ni dos segundos después me soltaba eso de “Nena, tú nunca podrás pasar desapercibida”. Lo intenté durante años, y casi lo consigo. Por el camino resultaron incontables las ocasiones en que recordé las palabras de Tito y pensé ¿por qué no dejarme llevar y hacer ruido?

Ahora, veinte años después de aquello, he podido comprobar que si me hubiera creído lo que me decía Tito, todo pudo ser distinto.

Hace unos días me enteraba por las redes sociales de que Tito y yo volvíamos a compartir una experiencia. Esta vez una que ninguno de los dos hubiéramos deseado para nosotros mismos o el otro, estoy segura. Y pude comprobar como echaba mano de nuevo de esa garra que él tenía para afrontar la situación. “Esto no va a poder conmigo” se presentaba, algo que todos pronunciamos.

Cuando te diagnostican un cáncer no sabes si morirás de esa o de cualquier otra enfermedad, pero aprendes que vas a morir. Cuando asistes a la muerte de alguno de tus compañeros de experiencia no sabes si serás la siguiente, pero sabes que ha sido demasiado pronto para él o ella.

Para Tito también, ha sido repentino porque si se pudiera elegir seguro que lo habríamos retrasado por mucho tiempo.

Ahora nos quedan, no solo el recuerdo, sino también las lecciones que él nos enseñó aferrándose a la noticia hasta extraer de ella todo lo posible, adaptándose a las circunstancias según la vida se las fue presentando y luchando con fuerza ante las adversidades hasta el último instante.

Amigo, lástima que no te pueda escribir algo mejor, porque te lo mereces. Ya sabes, no sé si seré la siguiente, pero como exista otra vida después de esta te pienso buscar. Seguro que allí también tendremos algo que compartir.

 

 

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Sobre estímulos humanos y la verdadera riqueza de las personas

Algunas cosas requieren su tiempo, y escribir en este blog es una de ellas. Me siento ante el teclado de mi ordenador para hacer un poco de submarinismo por las emociones que me produce mi experiencia con el cáncer y esta es mi primera parada;

 

Después de más de veinte años, él también mantiene aún una relación con el cáncer

Foto: Caterina Barjau

 

Es la entrevista que concedió hace unos días José Carreras, uno de nuestros tenores internacionales, a El País Semanal. En ella se detiene a realizar algunas afirmaciones que me llaman la atención porque, una vez más, se comprueba que todos sentimos lo mismo ante determinadas situaciones, que nada nos iguala más que la salud y que por mucho que pasen los años, algunas experiencias se nos quedan grabadas a fuego.

Dice Carreras que, pese a lo que pueda parecer, ahora considera que el diagnóstico de cáncer recibido a los 40 años cuando estaba en la cumbre de su carrera “fue para bien” y define su fundación como “un estímulo humano”. Señala también que es importante aprender a decir ‘no’ “aunque es difícil, en lo profesional y en lo privado” y sobre la experiencia con el cáncer que “Fue duro. Después de meses de aislamiento, uno debe reconstruir su fortaleza mental, tuve la suerte de conseguirlo.” Pero lo que más me llama la atención es su reflexión posterior; “uno tiene tiempo de pensar en todo: en lo consecuente y extraordinariamente sabio que vas a ser cuando salgas del atolladero, y después resulta que no es verdad. En el momento que empiezas a encontrarte bien, vuelves a caer, no siempre, en lo que en ese periodo te planteaste no volver a hacer, los mismos errores”. ¡¡Qué razón tiene!!

Mi segunda parada hoy es para recordar algo que repito muy a menudo; la realidad siempre supera a la ficción y si te pones caprichoso con la vida, los acontecimientos se superan continuamente. Cuando imitaba una funda de sofá a causa de la escasa fuerza con que me dejaba la quimioterapia tuve la ocasión de comprobar por primera vez tras el diagnóstico cómo todo se puede volver en nuestra contra con la mayor crueldad. Mientras yo me lamentaba de mi suerte, que me había llevado a estar luchando por mi vida en vez de jugar con mi hija de apenas dos años, 154 personas morían en el accidente de Spanair que tuvo lugar en Barajas el 20 de agosto de 2008.

Entonces me planteé que, por muy desgraciado que uno se pueda sentir, es fácil que otro sufra una desgracia aún mayor. Allí estaba yo, literalmente hecha polvo, pero con la oportunidad aún de luchar por mi vida mientras esas personas la habían perdido en un instante en que, probablemente, incluso se sentían felices con la suya. La enfermedad debilita, aisla y golpea, pero también te ayuda a reflexionar. Después el reto es no olvidar, tratar de separar una mala experiencia del aprendizaje que conlleva y mantener vivas las conclusiones a que has llegado para que te acompañen el resto de tu vida. Sea lo que sea lo que significa ‘el resto’.

Hace unos días, unos amigos recibían una impactante noticia; la pérdida de su hija apenas unos días antes de su fecha prevista de nacimiento. Como madre, no se me ocurre mayor desgracia que recibir una noticia así y tener que dar a luz a un ser sin vida mientras lloras por su pérdida. Ahora ellos me han recordado que lo importante es saber extraer lo positivo de cada experiencia a través de su blog y la grandeza del corazón humano cuando, incluso estando encogido por el dolor, encuentra un hueco para dar las gracias como ellos lo hacen en este vídeo:

Gracias por vuestro cariño y apoyo

No se me ocurre mayor demostración de entereza, de riqueza humana, de cercanía.

El próximo 25 de octubre acabo con el tratamiento de Tamoxifeno, la denominada ‘quimioterapia suave’ (¡como si hubiera una quimioterapia suave!) Con el fin de este tratamiento, que ha durado cinco años, creo que se cierra todo un plazo, toda una experiencia. Por eso vivo con expectación moderada estos días, ante esa fecha, y vuelvo sobre mis pasos para hacer mía la reflexión de Carreras. La respuesta me sacude ¿Sabia yo? No, más bien necia.

 

 

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Sobre el autor Isabel Franco
Periodismo. Social Media. Formación. Aprendiz eterna. Sobreviviente del cáncer. Una entre tantos. Ni más, ni menos.

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