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SOLUCIÓN AL 27/5/2017 COOPERACIÓN NATUROTÉCNICA

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COOPERACION NATUROTÉCNICA

Las ciencias estudian la Naturaleza para conocerla y comprenderla. De esta forma se puede llegar a desentrañar los secretos que guarda. Se pueden conocer los procedimientos que emplea y se pueden emular los procesos que sustenta. Ha sido una constante en la Historia de la Humanidad. Conforme se han ido conociendo las características y los mecanismos que operan en la Naturaleza, se han ido desarrollando técnicas que, basadas en el conocimiento científico, han impulsado el progreso de la Humanidad. El vuelo de las aves, la vida submarina o la captación de la luz por las plantas han inspirado los esfuerzos por imitar estos sobresalientes comportamientos de la Naturaleza, buscando un provecho humano de los mismos. En muchos sentidos, la sabiduría de la longeva Naturaleza que ha depurado sus procesos con la parsimonia que se desentiende del tiempo, va perfeccionando constantemente su eficacia.

 

En casos, se ha pretendido lograr una auténtica cooperación en la que algún elemento natural pone su parte y la tecnología suple lo restante, intentando lograr algún dispositivo o herramienta capaz de aportar una posibilidad de resolver algún problema o aportar un procedimiento eficaz que, igualmente, haga progresar. Sabido y conocido es que el mejor sensor para determinados compuestos volátiles es la propia nariz humana, como viene ocurriendo con la detección del ácido sulfhídrico que tiene su umbral en diezmilésimas partes por millón. Las prótesis cada vez con mayor frecuencia mezclan elementos humanos con tecnología capaz de superar las deficiencias que se plantean, unas veces mecánicas, otras de visión, otras, facilitando tareas rutinarias.

Una propuesta naturotécnica se abre paso por su originalidad y por la aplicación capaz de abordar uno de los problemas acuciantes derivados de excesos de la propia Humanidad. Hablamos de las minas contra personas. Mueren anualmente en torno a 30.000 personas. No obstante, están diseñadas para herir y no matar, porque los heridos de guerra generan situaciones más problemáticas que las de los muertos, ¡tremendo! Son fruto de la locura humana que no es posible comprender por una mente racional sana. Se estima en más de 100.000 los ejemplares repartidos por un centenar de países, mayormente en África. La limpieza y erradicación de los campos de minas presenta muchos problemas. Se han usado, muy frecuentemente, a perros para localizar las minas. Tanto el que maneja el perro, como el propio perro, pesan demasiado y provocan la explosión, por lo que la tarea resulta muy arriesgada. Se ha propuesto una solución muy audaz que emplea a abejas, entrenadas para oler el explosivo de las minas, en lo que se emplea solamente un par de días. Para ello inyectan en la comida de las abejas los componentes del explosivo en cantidades traza. Las voraces abejas buscarán las fuentes de alimento que emitan el mismo olor. Con un entrenamiento de uno o dos días es suficiente y la elevada sensibilidad al olor que tiene un umbral de unas pocas partes por millón le hacen ser una herramienta de alta sensibilidad para localizar las minas contra personas. Cuando las abejas localizan una mina vuelan en torno a ella, hasta que alcanzan la fuente, donde se detienen, antes de seguir. Cubierta la parte identificativa de la mina, la natural, irrumpe la tecnológica que tiene que seguir a las abejas en su cometido. El dispositivo es un sistema LIDAR, consistente en un láser que barre horizontalmente con una frecuencia de 532 nanometros, como ensayan Wilson y Seldomridge de la Universidad de Montana. El láser es de Nd: YAG pulsado, de 100 milijulios y con una frecuencia de repetición de 30 Hz. Se emite el disparo láser que rebota en las abejas y los fotones que retornan se recogen a través de un telescopio. Usando decenas de miles de abejas, el sistema LIDAR puede detectar una densidad elevada de abejas que se concentran en la pluma de los compuestos químicos de la mina. La única restricción deriva de que el tiempo que las abejas permanecen sobre la potencial mina es de solo unos segundos. Es un reto para el láser que tiene que efectuar barridos con suficiente velocidad para detectar esos instantes. Otra dificultad a soslayar es que las abejas vuelan a ras de suelo y la detección LIDAR no distingue si el rebote del haz proviene de las abejas o de la vegetación. Superados estos inconvenientes salvables, una herramienta naturotecnológica viene a resolver un grave problema que la falta de cabeza de la Humanidad viene generando desde hace demasiado tiempo.

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Atanor es una herramienta de búsqueda. Esta sección pretende ser una vía por la que se vierten aspectos relevantes de la Ciencia y la Tecnología: hechos, reflexiones, consideraciones, aspectos destacables. Pretende recoger todo aquello que forma parte de lo que queremos conocer, pretendemos saber y no no está bien que forme parte de la ignorancia.

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