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Pachi Larrosa

El Almirez

Feísmo

La Región necesita ‘acicalarse’ para que los turistas no solo vengan sino que vuelvan y difundan sus bondades en su entorno habitual

ESTRUCTURA DEL HOTEL DOBLEMAR SIN FINALIZAR EN LA MANGA

A  principios de siglo se celebró en Galicia el primer congreso sobre el feísmo urbanístico, en el que un grupo de arquitectos le puso ese nombre a un nuevo fenómeno que habían detectado. Se definió como «el conjunto de construcciones, infraestructuras y otras obras humanas con alto grado de mediocridad que degradan su entorno». Si usted vive en el campo, en la huerta o en las costas de la región de Murcia, seguramente no tenga más que levantar la vista de esta página para encontrarse con una muestra de lo que digo. Y desde luego, a ese congreso podríamos haber enviado delegados a explicarles a los gallegos lo que es La Manga del Mar Menor, compendio de la arquitectura kitsch donde los haya. En sentido más genérico, el feísmo es la tendencia artística que valora estéticamente lo feo y su manifestación es visible en pintura, literatura, cinematografía, así como en otras manifestaciones como la moda o en movimientos sociales más amplios (en los ochenta fue el punk; durante la crisis económica de los noventa, el grunge…).
En su ‘Historia de la fealdad’, Umberto Eco sienta tres categorías al respecto: lo feo natural o feo ‘per se’, lo feo formal, y lo feo artístico. A esas dos primeras categorías me estoy refiriendo. Queremos que vengan turistas a la Región, pero mucho más importante es que repitan, que vuelvan y, sobre todo, que hablen bien de ella, porque ese boca a boca positivo es una de las mejores promociones para un destino. Y si hablamos del turista gastronómico, con mucha más razón, ya que lo que busca esta tipología de visitante es una experiencia global relacionada, no solo con el momento de sentarse en un establecimiento a comer. Se gasta más dinero que el turista medio, pero también es mucho más exigente. Valora el entorno inmediato del restaurante, sus accesos y el  paisaje que lo rodea; la limpieza viaria, el mimo con el que estén cuidados los detalles, y huye despavorido del ‘feísmo’: esa farola rota, ese parterre descuidado, ese solar abandonado lleno de cascotes, esa vivienda sin enlucir, ese edificio a medio hacer que nadie derriba, (ver la mitad  del hotel Doble Mar), ese chiringuito que más parece una chabola, esa falta de paseos marítimos en muchas zonas de nuestro litoral… y así ‘ad infinitum’.
El Plan de Impulso del Turismo Gastronómico del Ejecutivo regional pretende «crear un producto competitivo, atrayente, de calidad y sostenible conforme a las expectativas de una demanda sofisticada, exigente y ávida de experiencias, emociones y actividades, que creará empleo y pondrá en valor la gastronomía de la Región de Murcia». Y una de sus propuestas es el «embellecimiento de los destinos», un piadoso –en algunos casos– eufemismo que choca con varios escollos cuya responsabilidad está en manos de las administraciones. Esta Región necesita, en primer lugar,  un incremento de la coordinación del Gobierno regional y los ayuntamientos, dado que en muchos casos las competencias sobre diversos aspectos relacionados con el turismo están dispersas. Así, los equipamientos playeros, por ejemplo, no guardan una estética uniforme, una imagen única de región, y  las normas locales y los requisitos para montar chinguitos son diferentes en cada municipio creando inseguridad a los empresarios (recordemos lo ocurrido recientemente con la concesión de estos espacios en Cartagena). Necesita también una más decidida acción ‘in vigilando’ de todas las administraciones, tolerantes en muchas ocasiones con establecimientos ilegales o alegales, mientras la burocracia y la presión impositiva dificulta la creación de nuevos negocios.  Y necesita un plan inversor destinado al  embellecimiento de los destinos turísticos. El propio plan estratégico del Gobierno regional apunta  a ese «escaso embellecimiento» como una de las debilidades de la Región.
El feísmo urbanístico imperante en La Manga (esa pulsión pseudo medieval que llenó hace décadas la lengua de arena de almenas) tiene ya difícil solución. Pero con cada repunte de la economía vuelven a levantarse torres de apartamentos y  algunas ilegalidades (incluso algunas con sentencia de por medio) siguen impunes. Poner coto a esos desmanes, afrontar con coraje político  el problema medioambiental del mar menor y potenciar ese entorno único, creando los recursos de ocio y servicios que doten de contenido ese destino a lo largo de todo el año (hay una reciente iniciativa de la Unidad de Marketing de Turismo Sostenible en este sentido) es un reto digno de un buen gobierno.
Como lo es hacerlo respecto de toda la Región.

Sobre el autor

Periodista, crítico gastronómico. Miembro de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia. http://gastronomia.laverdad.es/almirez.html


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