“El abogado del diablo podría ser el mayor asesino de la innovación. ¿Cuántas personas tóxicas bajo esa autodenominación se permiten echar por tierra el trabajo de otros y sus ideas innovadoras?”(Tom Kelley)
Innovación, en corto y por derecho
Una definición de innovación que me encanta es la acuñada por Nesta, un referente mundial en la materia: “Nuevas ideas que funcionan”.
¿Quién tiene las nuevas ideas? Las personas creativas. La buena noticia es que la creatividad se puede aprender y perfeccionar. Es una cuestión de método pero sobre todo de actitud.
¿Qué significa que funcionan? Que resuelven un problema de forma creativa y aportan innovaciones que son reconocidas como tales por el mercado o por la sociedad.
¿En qué ámbitos? En todos: personal, profesional, social, público y privado.
¿Quién es el enemigo? Los clásicos ponedores de palos en las ruedas. Son tan antiguos como ellas.
Expertos en destruir
La expresión “abogado del diablo” tiene su origen en la figura del fiscal, del contradictor de buenas causas, en los procesos de santificación de la Iglesia. Destruir siempre es más fácil que construir, en todos los órdenes de la vida. Y más cómodo, y menos peligroso para los inmovilistas patológicos, expertos en destrucción masiva de nuevas ideas, que a ellos no se les suelen ocurrir. Encantados, además, de desempeñar ese papel por sistema.
Ojo, estamos denostando la actitud contumaz de estos especialistas en destrucción de ideas ajenas o en rebajar los méritos de los demás, que, con frecuencia ocupan cargos directivos, como caricaturiza Borja Adsuara. No estamos cuestionando, en absoluto, la necesidad obvia de filtrar las propuestas con objeto de seleccionar las mejores.
La crítica constructiva siempre ha sido, es y será un instrumento de mejora que, de hecho forma parte sustancial de las metodologías de generación de ideas innovadoras. De los 6 sombreros de pensar de Edward de Bono (que algunos consultores reducen a sólo 3), el negro es el que corresponde al encargado de “poner las pegas”, que no tiene por qué recaer en la misma persona, aunque a los “abogados del diablo” vocacionales les sienta especialmente bien ese color.
¿Y si el de la toga es el jefe?
Hay quien dice, jocosamente, que el jefe debería mandar al infierno a estos abogados del diablo profesionales que tanto abundan en las organizaciones, pero la realidad es que muchas veces, estos “asesinos de la innovación”, como les llama Tom Kelley, están instalados en la cúpula directiva.
Cuesta trabajo imaginar que los directivos de una empresa sean contrarios a la innovación pero la realidad es tozuda. A las empresas les cuesta innovar y si el jefe no quiere, la empresa no innova.
El abogado del diablo cuenta además con recursos impersonales como pueden ser la falta de tiempo o la temible burocracia, atenuantes razonables, en honor a la verdad. También disponen de un generoso arsenal de excusas para reforzar su inmovilismo empedernido, pero la más socorrida de todas es el tiempo.
Lo cierto es que muchos directivos se van a casa cada día justificadamente extenuados a causa de las múltiples gestiones y operaciones realizadas como consecuencia de la impulsividad de los negocios que les proporcionan sus ingresos actuales. Quizá deberían cuestionarse cuáles de aquéllas podrían evitar o delegar.
El diagrama de Alberto Ortiz de Zárate (Alorza), pensado para las instituciones públicas, es perfectamente aplicable a todo tipo de organizaciones. En él se puede apreciar el valor transversal de la innovación, que debe impregnar a todos los estamentos de la organización, pero en cuyo desarrollo el liderazgo es fundamental.
Que cada uno examine su día a día y que saque sus propias conclusiones, pero mi impresión es que la estrategia y la innovación no ocupan el espacio que se requiere en la labor directiva moderna.
El riesgo de que los líderes no les hagan un hueco en su agenda cotidiana a estos conceptos es la muerte lenta de la organización. Como el tabaco, vamos, pero al revés. Fumar mata, pero es como es poco a poco, mañana lo dejo. No innovar mata, pero como es poco a poco, mañana empiezo. Sin falta.
El silente boicot del día a día
Xavier Marcet, es una autoridad en la materia, que estuvo recientemente en Murcia deleitándonos con una magnífica conferencia de la mano de Bruno Dureux . En su magistral artículo “El silente boicot del día a día y la muerte lenta de las organizaciones” desliza algunas perlas, tan rotundas como éstas: