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Juan José Ríos

La i de innovación

Un innovador de libro

Hace un par de semanas asistí a una charla que me sorprendió de manera especial. El ponente fue un empresario de éxito, Rafael Juan, Consejero Delegado de Dulcesol, compañía líder en el sector alimentario español, con una facturación que supera ampliamente los 300m€ anuales.

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Este reconocido industrial valenciano, químico de formación,  acudió a la Cámara de Comercio de Murcia, a instancias de la activa Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de la UCAM, dirigida por mi amigo Víctor Meseguer, quien tuvo el detalle de invitarme.

Rafael comenzó su presentación relatando brevemente la historia de su empresa familiar, comentando con toda humildad el fracaso de algunas iniciativas de su padre, fruto de su inquietud y resaltando la visión y creatividad de su madre (inventora de las famosas magdalenas cuadradas Gloria), que, a su avanzada edad,  todavía sigue interesándose por la marcha del negocio.

Tras un rápido repaso a las cifras y atributos corporativos de la empresa, en los que no abundaré por ser fácilmente accesibles por los lectores interesados, Rafael, con una gran claridad expositiva, y sin el menor atisbo de afectación, fue desgranando las claves que han hecho de Dulcesol un imperio empresarial.

Al principio, reconozco que esperaba un discurso que incidiera únicamente en las actuaciones de Dulcesol en materia de RSC, incardinadas en las típicas áreas económica, social y medioambiental, y sobre el impacto que generan las actividades de la empresa entre sus empleados, consumidores, clientes y sociedad en general.

Pero sin dejar de contemplar estas actuaciones como una prioridad para una empresa socialmente responsable como la suya, y sin restarles un ápice de importancia, lo que me llamó especialmente la atención de Rafael Juan fue su conocimiento en materia de innovación y sobre todo, la aplicación práctica de conceptos teóricos cuya implementación no resulta nada sencilla.

Si la RSC y la innovación en general se consideran un tándem de competitividad imbatible, sin duda, Dulcesol me parece un ejemplo de libro, digno de estudio, de emulación y de reconocimiento en estas materias. 

Sus inobjetables resultados económicos son la parte visible y la consecuencia de una estrategia que apuesta decididamente por la internacionalización y por la innovación en todas sus vertientes: tecnológica y operativa, de producto, de servicio y sobre todo por la implantación de una cultura innovadora, aspecto diferencial de las organizaciones que se sitúa en la cumbre de la famosa pirámide de Hamel.

Instalar la cultura de la innovación sistemática en Dulcesol pasa inevitablemente por impulsar la motivación y el compromiso de los empleados, por movilizar la inteligencia colectiva.

Un gran reto que ha superado Rafael, a tenor de su testimonio, aplicando grandes dosis de liderazgo y desterrando en parte, no sin dificultades, los arcaicos paradigmas jerárquicos, típicos de la sociedad industrial.

En sus propias palabras: “Ninguno de nosotros es tan inteligente como todos nosotros juntos”. “Quiero que los empleados se lleven los problemas de la empresa a casa, que piensen sobre ellos”.

Al son del discurso sereno de Rafael, fuí reconociendo, aplicados con éxito, muchas de las recomendaciones y conceptos teóricos recogidos en la literatura especializada en materia de innovación: el liderazgo, la organización dual, la orientación a cliente, la vigilancia tecnológica, la creatividad, la apuesta por el talento, la motivación, el trabajo en equipo, la tolerancia al fracaso, la redarquía, la holocracia, el intraemprendimiento,…

En particular, me consta, porque lo citó expresamente, que compartimos la admiración por Frederick Laloux y su libro: “Reinventar las organizaciones”, que me sirvió de inspiración para un post.

Definitivamente, Rafael Juan, que, además es de los pocos empresarios que tiene un blog propio, y que acaba de poner en marcha un Centro de Innovación Nutricional es un innovador de libro.

 

Juan J. Ríos Piñera (Web personal)

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Sobre el autor

Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio, soy Director Adjunto de la Cátedra Internacional de Innovación de la UCAM y participo en un proyecto empresarial.


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