Davos es una pequeña localidad suiza de apenas 12.000 habitantes, famosa por ser la sede del World Economic Forum (WEF), el “Foro de Davos” que desde 1991 viene convocando a los líderes políticos y empresariales más destacados con objeto de debatir y aportar soluciones a los problemas más acuciantes que deben afrontar todos los países a escala mundial.
Bajo el lema: “Mejorar el estado del mundo”, el WEF, que por cierto es miembro de la Coalición para Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), fundada por Melinda y Bill Gates, congrega anualmente a unas 3.000 personas, de las cuales aproximadamente la tercera parte son empresarios relevantes.
El Manifiesto de Davos 2020 incide en el propósito universal de las empresas en la cuarta revolución industrial, proponiendo una revisión del concepto tradicional de capitalismo y apostando por la innovación social con el objetivo de contribuir a la creación de un mundo unido y sostenible.
Una empresa debe ser algo más que una unidad generadora de riqueza. El nuevo modelo de empresa que se está acuñando debe incardinar en su ADN valores estratégicos como la transparencia, el respeto a la dignidad de los empleados, la ética en el trato con clientes y proveedores, el compromiso con el entorno y la colaboración en el desarrollo de las comunidades locales y de la sociedad en general.
La fatídica pandemia generada por el Covid-19 ha irrumpido bruscamente en una sociedad inmersa en un cambio de época. La nueva era, centrada en el ser humano, estará marcada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): lucha contra la pobreza y el hambre, seguridad alimentaria, nutrición saludable, educación inclusiva y de calidad, igualdad de género, sostenibilidad medioambiental, fomento de la innovación y de la economía circular, combatir los efectos del cambio climático, …son sus principales ejes de actuación.
En este contexto global, un terreno de juego embarrado por la tormenta y el tormento desencadenados por el coronavirus, es preciso conjugar las actuaciones relativas a la salud de las personas, cuestión absolutamente prioritaria, con las medidas que minimicen el impacto de esta devastadora pandemia en la economía.
Este es el descomunal reto al que nos enfrentamos como sociedad: salvar vidas pero también medios de vida, en lo posible, con carácter inmediato, y en segundo término, mientras no llega la ansiada vacuna o el remedio eficaz, preparar planes de contingencia para evitar indeseados rebrotes o para afrontarlos si se producen.
Por esta razón, las medidas a abordar deben planificarse con carácter de urgencia, con sentido de la anticipación, pero contemplando actuaciones en diferentes horizontes temporales. En mi opinión, se trataría de adoptar un enfoque más de carrera de fondo que de velocidad, empezando por las garantías sanitarias a todos los niveles.
El mundo empresarial debe adaptarse de forma ágil a este nuevo escenario que hemos descrito a grandes rasgos, mucho más exigente y competitivo, centrándose en ejes clave como la innovación, la digitalización, la ciberseguridad, la responsabilidad social, la transparencia…y la flexibilidad necesaria para asumir y superar situaciones límite, como la que estamos padeciendo u otras que pudieran venir.
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