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Juan José Ríos

La i de innovación

Tendencias para una década incierta

Davos es una pequeña localidad suiza de apenas 12.000 habitantes,  famosa por ser la sede del World Economic Forum (WEF), el “Foro de Davos” que desde 1991 viene convocando a los líderes políticos y empresariales más destacados con objeto de debatir y aportar soluciones a los problemas más acuciantes que deben afrontar todos los países a escala mundial.

Bajo el lema: “Mejorar el estado del mundo”, el WEF, que por cierto es miembro de la Coalición para Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), fundada por Melinda y Bill Gates, congrega anualmente a unas 3.000 personas, de las cuales aproximadamente la tercera parte son empresarios relevantes.

El Manifiesto de Davos 2020 incide en el propósito universal de las empresas en la cuarta revolución industrial,  proponiendo una revisión del concepto tradicional de capitalismo y apostando por la innovación social con el objetivo de contribuir a la creación de un mundo unido y sostenible.

Una empresa debe ser algo más que una unidad generadora de riqueza. El nuevo modelo de empresa que se está acuñando debe incardinar en su ADN valores estratégicos como la transparencia, el respeto a la dignidad de los empleados, la ética en el trato con clientes y proveedores, el compromiso con el entorno y la colaboración en el desarrollo de las comunidades locales y de la sociedad en general.

La fatídica pandemia generada por el Covid-19  ha irrumpido bruscamente en una sociedad inmersa en un cambio de época. La nueva era, centrada en el ser humano, estará marcada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS):  lucha contra la pobreza y el hambre, seguridad alimentaria, nutrición saludable, educación inclusiva y de calidad, igualdad de género, sostenibilidad medioambiental, fomento de la innovación y de la economía circular, combatir los efectos del  cambio climático, …son sus principales ejes de actuación.

En este contexto global, un terreno de juego embarrado por la tormenta y el tormento desencadenados por el coronavirus, es preciso conjugar las actuaciones relativas a la salud de las personas, cuestión absolutamente prioritaria, con las medidas que minimicen el impacto de esta devastadora pandemia en la economía.

Este es el descomunal reto al que nos enfrentamos como sociedad: salvar vidas pero también medios de vida, en lo posible, con carácter inmediato, y en segundo término, mientras no llega la ansiada vacuna o el remedio eficaz, preparar planes de contingencia para evitar indeseados rebrotes o para afrontarlos si se producen.

Por esta razón, las medidas a abordar deben planificarse con carácter de urgencia, con sentido de la anticipación, pero contemplando actuaciones en diferentes horizontes temporales. En mi opinión, se trataría de adoptar un enfoque más de carrera de fondo que de velocidad, empezando por las garantías sanitarias a todos los niveles.

El mundo empresarial debe adaptarse de forma ágil a este nuevo escenario que hemos descrito a grandes rasgos,  mucho más exigente y competitivo, centrándose en ejes clave como la innovación,  la  digitalización, la ciberseguridad, la responsabilidad social, la transparencia…y la flexibilidad necesaria para asumir y superar situaciones límite, como la que estamos padeciendo u otras que pudieran venir.

 

 

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Sobre el autor

Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio, soy Director Adjunto de la Cátedra Internacional de Innovación de la UCAM y participo en un proyecto empresarial.


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