Cuentan, aunque nadie andaba por allí para verlo, que tiene más de mil años. Y se conoce que, como se dice en la huerta, «cogió sentimiento» al ser trasplantado en plena plaza de Juan XXIII, en el corazón de la ciudad. Otros señalan que alguien intentó secarlo, vaya usted a saber la razón. Se trata de un espléndido olivo que, cuando muchos lo daban por perdido, nos sorprende estos días retoñando. Así, un pollizo asoma de su tronco remoto, hendido por el rayo del tráfico en la ciudad y carcomido, que diría Machado. A ver si aguanta otros mil años.