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Carlos Escobar

Música inesperada

Claudio.

Hace tan solo unas horas, el maestro Abbado nos ha dejado. La mayoría de articulistas, directores de orquestas, músicos y cantantes, han destacado todas las virtudes y sabiduría de este gran humanista del mundo de la música.

Personalmente, me ha afectado mucho esta triste noticia. Abbado es uno de mis directores favoritos por muchos motivos. Además de haber escuchado una y otra vez sus grabaciones de absoluta referencia de la 5ª sinfonía de Mahler, de las obras de Ravel, de la ópera Macbeth de Verdi y de La Cenerentola de Rossini, entre otras, siempre me ha impresionado la personalidad y actitud de este maestro ante la orquesta.

En una de mis visitas a Berlín, conversando con Martín Baeza, excelente anfitrión y trompetista, me contaba detalles de los ensayos y conciertos con Abbado. Martín es músico de la Deutsche Oper de Berlín y de la Orquesta del Festival de Lucerna que cada 25 de agosto se constituía en torno al director italiano. Uno de los episodios más significativos del carácter de Abbado es el de la gira por Tokio de la Filarmónica de Berlín con motivo de la representación de Tristán e Isolda. Martín Baeza era uno de los trompetistas que fue testigo de la determinacion de Claudio Abbado para abandonar por unas horas la UCI y dirigir de memoria, al borde del desfallecimineto, las distintas representaciones de la célebre ópera de Wagner. Baeza destacaba que, tan agotadora era la obra en sí misma, como las repetidas veces que el venerado maestro tenía que salir a saludar al público.

Hace algo más de tres años, tuve la oportunidad de saludar a Claudio Abbado con motivo del concierto en Madrid de Ibermúsica con la Orquesta de Lucerna y la interpretación de la Novena Sinfonía de Mahler. Mi buen amigo Pedro Olivares y yo tuvimos el honor de estrecharle la mano y conversar con él, que nos atendió amablemente e inclusó firmó la partitura de la sinfonía que llevábamos al auditorio. En ese momento, nos sentíamos tan privilegiados que no podíamos imaginar lo que Abbado nos tenía reservado en la sala.

Escuchar a Mahler a través de intérpretes del nivel de Kolja Blacher, Wolfram Christ, Lucas Macías, Sabine Meyer, Reinhold Friedich, entre otros músicos de la Orquesta de Lucerna, es una experiencia fuera de lo común. Pero, el maestro milanés que a los siete años decidió ser director, consiguió despertar la emotividad de músicos y de público con una interpretación sublime. Creo que es difícil entender la espiritualidad contenida en la música de Mahler si no hay alguien que la explique en directo como Abbado. Tengo que reconocer, que en los últimos compases del Adagio, al mismo tiempo que se oscurecía gradualmente la sala, creí que era mi visión la que declinaba con la emoción del momento. Al final, cuando la orquesta interpretó la última nota, el maestro mantuvo la batuta y el silencio se prolongó durante 3 minutos inolvidables. Esa era la magia de Claudio.

Como homenaje a Claudio Abbado les invito a escuchar el vídeo del final de la Sinfonía nº 2 “Resurrección” de Mahler en la que comprobarán el poder de la mirada y del gesto del maestro italiano.

Evocando a uno de los lieder más conocidos de Mahler: “A menudo  pienso que Claudio no se ha ido. ¡Pronto regresará a casa! ¡No esteis inquietos! Sólo está haciendo una larga caminata. ¡Es un bello día sobre las altas colinas!”

 

Propuestas para el fin de semana:

Jueves 23, 20h. Auditorio Víctor Villegas. Sinfonía nº3, Danza macabra y Suite Argelina de Saint-Saëns. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Silvioa Márquez (solista). Virginia Martínez (dirección).

Viernes 24, 20 h. Aula Cultural Gran Vía de Cajamurcia. Cuarteto nº12 “Americano” de Dvorak y Cuarteto nº14 “La Muerte y la Doncella” de Schubert. Cuarteto Salzillo.


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