No hay mayor satisfacción para un médico que la percepción de la mirada y sonrisa de gratitud del paciente al que le solventa un problema de salud. Curiosamente, la manifestación de este agradecimiento no guarda relación con la complejidad del tratamiento aplicado ni de las horas invertidas en la consulta o en el quirófano. En este sentido, se podría decir que existe la misma magia tras una laboriosa cirugía de laringe que en la extracción de un simple pero molesto tapón de cera del interior del conducto auditivo.
Hoy les hablo de un paciente muy contento con su médico que suplementa su sonrisa de agradecimiento con la dedicatoria en una composición sin par en la Historia de la Música. Sergei Rachmaninov (1873-1943) sufre una depresión a los 24 años tras el fracaso de su Primera Sinfonía y sigue los consejos de su tía Varvara Satina para que visite al Doctor Nikolai Dahl, experto en hipnosis, que la ha tratado con éxito de una neuropatía de origen psicosomático. Sergei, tras una terapia basada en sesiones relajantes, comienza a componer un concierto de piano cuyas bellas ideas melódicas brotan de su cerebro con relativa facilidad. La obra se estrena en Moscú el 27 de octubre de 1901, dedicado al Doctor Dahl.
El concierto para piano número 2 en do menor opus 18, es la obra más importante de la carrera de Rachmaninov. Pablo de Torres Pérez (Murcia, 1993), el galardonado pianista que actualmente completa su formación en el Conservatori del Liceu de Barcelona, nos comenta los aspectos más relevantes de esta composición: “Muchos estudiantes de piano eligen el Segundo Concierto para piano de Rachmaninov para interpretarlo como obra final de carrera, ya que esto es equivalente a alcanzar la cima interpretativa”.
Pablo, que comienza a tocar el piano a los 6 años y desde muy pronto compagina sus estudios en el Conservatorio Profesional de Murcia con la asistencia a clases magistrales, destaca que: “Para tocar los tres movimientos del concierto núm. 2 de Rachmaninov, hay que poseer todas las cualidades un buen intérprete. Los pasajes virtuosistas de gran complejidad técnica se intercalan con otros más lentos de extrema belleza y dificultad interpretativa. Además, el trastorno del crecimiento que padece el compositor ruso, le dota de unas manos prodigiosas capaces de interpretar acordes grandiosos resueltos en simples y preciosistas melodías. También destacaría los fragmentos del piano como solista seguidos de otros con una textura más de acompañamiento de la orquesta”.
En su interesante libro “Rachmaninov, Orchestral Music”, Patrick Piggot aclara que el famoso acompañamiento del comienzo del segundo movimiento está basado en una Romanza para seis manos que el maestro compone en 1890 para las tres hijas de su amigo Skalon. Además, el tema principal del finale del Segundo Concierto surge del motivo musical de una obra espiritual que compone en 1893 con motivo de una celebración religiosa rusa. Pablo de Torres piensa que: “Más allá de la complejidad de la interpretación, lo que hace grande a esta pieza es la belleza con la que Rachmaninov escribe cada parte y cómo es capaz de armonizar los cantos ortodoxos en los que se basan varios de sus temas de una manera totalmente natural. Rachmaninov crea texturas donde piano y orquesta son un único ser a disposición de la melodía sin perder su esencia original. Además del archiconocido primer tema con el que entra la orquesta tras la introducción del piano – y que reaparece a lo largo del movimiento -, destacaría el tema principal del segundo movimiento donde la melodía es conducida entre diferentes miembros de la orquesta y el piano. A lo largo del movimiento, de nuevo, melodía y acompañamiento se reparten entre la orquesta y el piano hasta que se agotan de la manera más natural con una intervención del solista que da entrada al tercer movimiento. Para mí es, sin duda, el pasaje más bello de toda la pieza.”
Es un privilegio hablar de Rachmaninov con un músico como Pablo de Torres. Este joven murciano que ha participado en el “Festival Europeo de las Artes” (2010), que ha sido seleccionado por la Embajada y Consulado Polaco para conmemorar el 200 aniversario de Chopin con una gira y la grabación de un disco y que ya ha interpretado en Murcia el difícil Concierto para piano número 23 de Mozart, tiene un gran presente/futuro profesional. En mayo de 2013 interpretó en Barcelona la obra “Pierrot Lunaire” de Schoenberg como miembro del conjunto de música contemporánea “Denken Ensemble” y,hace unos meses, participó en el Festival Internacional de Jazz de la ciudad condal en concierto “Weill & Jazz” donde se homenajeó al músico alemán.
El próximo jueves podemos disfrutar de todos los contrastes de luz y oscuridad contenidos en este célebre concierto con los que Pablo de Torres nos ha ilustrado.
Ya saben, “Rachmaninov nunca falla…”
Jueves 27 de febrero, 20 horas. Auditorio Víctor Villegas de Murcia. Concierto para piano número 2 de S. Rachmaninov. Francesca da Rimini y Romeo y Julieta de P.I. Chaikosvky. Orquesta Filarmónica de Novosibirsk. Ekaterina Mechetina (piano). Gintaras Rinkevicius (dirección musical). Precios: 40, 30 y 20 euros.