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Carlos Escobar

Música inesperada

La paleta de Gustav (I)

Queda menos de un mes para que escuchemos en directo la Sexta Sinfonía de Mahler en el Auditorio Víctor Villegas y por ello en Música Inesperada comenzamos ya a profundizar en los aspectos más relevantes de la misma. 

Cuando Gustav Mahler termina su Cuarta Sinfonía, en cierto modo cierra un periodo en el que su música necesita de palabras que ayudan a comprender sus ideas metafísicas, religiosas, humanísticas y filosóficas. Como dicen Robertson y Stevens en The Pelican History of Music, las cuatro primeras sinfonías conforman un primer periodo “sentimental” en el que el compositor muestra abiertamente sus ideas sobre la piedad, sufrimiento, muerte y afectos.

Pero con la entrada del siglo XX, el compositor entra en su fase instrumental, donde la música ya no tiene el fin de expresar nada en sí misma y predomina más la preocupación por el desarrollo de la forma sinfónica. A Mahler ya no le interesa tanto buscar la explicación del universo de las cuatro primeras sinfonías, sino mostrarse al mundo como el gran compositor que es.

Esta Sexta Sinfonía es una obra de arte. Cada vez que la escuchamos descubrimos cosas nuevas en ella. De forma tradicional, se considera la sinfonía de la “batalla perdida” o del “No”, dado el pesimismo que la inunda, llena de ideas de desesperación y de una existencia que no gusta. El compositor la etiquetó por estos motivos como “su Trágica”.

Aunque hablaremos con detalle de la música contenida de esta obra magna, a modo de pincelada general diremos que es una partitura que refleja muy bien la personalidad de su creador. Mahler maneja sus ideas musicales de una forma original y al mismo tiempo hace un claro guiño a músicos como Beethoven en los amplios y expresivos desarrollos, como Brucker en la manera de alargar la melodía hasta dejarnos exhaustos o como Schubert o el propio Bach, del que conocía perfectamente El arte de la fuga.

La imaginación es una de las virtudes de Mahler en el sentido más amplio de la palabra y esto tiene ecos en la Sinfonía Trágica. De este modo, la energía del tercer movimiento (Scherzo) recuerda la ilusión y vitalidad de los niños cuando juguetean entre ellos. Otro buen ejemplo sería la incorporación de ritmos de marcha que impulsan el primer movimiento de la Sexta y que es una constante en el corpus mahleriano desde la primera a la séptima sinfonías.

Para terminar esta primera aproximación, me gustaría insistir en la imaginación sonora de este compositor al emplear y combinar los instrumentos de la orquesta. Mahler en alemán significa pintor y el maestro hace gala de su apellido al mezclar los sonidos de su paleta de una manera tan increíble que su música se hace reconocible para la eternidad, cumpliendo con su deseo y su predicción en vida.

(continuará)

Viernes 8 de marzo: Save the date.

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por Carlos Escobar

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