Piotr Illych Tchaikovski (1840-1893) compone su última sinfonía días antes de morir. Posteriormente, se da la coincidencia de que más de un director de orquesta fallece poco después de interpretarla, lo que hace que la Sexta sinfonía, en si menor “Patética” , opus 74, esté rodeada de un halo de misterio, de fatalidad y de justificaciones para todos los gustos.
Como dice Carlos Gómez Amat en “Notas para conciertos imaginarios” es fácil asociar esta obra con un adiós a la vida. Tchaikovski es un músico con tendencias depresivas, atemorizado por sus antecedentes familiares de demencia y epilepsia, con una mente llena de sombras y angustiado por su incomprendida sexualidad. Pero no parece lógico el presentimiento de un final próximo y mucho menos de un suicidio. El título de “Patética” es de Modest, hermano del compositor, y todo apunta a que Tchaivosky fallece por una epidemia de cólera que asola la ciudad de San Petesburgo.
Musicalmente es una pieza soberbia. El maestro la considera la mejor y más sincera de sus obras y en ella muestra su naturalidad en la invención melódica y su dominio en la orquestación. Para Gómez Amat, Tchaikovski “más que una despedida personal, se despide de su propio tiempo y lo hace desde su misma angustia”.
Tchaikovski dedica la “Patética” a su primo Vladimir Davydov, al que escribe en febrero de 1893 comentándole que tendrá un “programa fundamentalmente subjetivo”.
Los cuatro movimientos de la Sinfonía Patética (Adagio-Allegro non tropo; Allegro con grazia; Allegro molto vivace; Adagio lamentoso) son musicalmente sublimes. La pasión, la esperanza y el sufrimiento, entre otros sentimientos contenidos en sus compases, necesitarían un análisis más extenso y preciso.
Como anticipo de lo que escucharemos en directo en Murcia y Cartagena, les adjunto una imagen del facsímil de la partitura y un vídeo con parte del primer movimiento de la obra. En el vídeo apreciarán la incertidumbre creada por el solo de fagot y la oscura sonoridad de las violas. El tema melódico de los violines tan lleno de esperanaza (a partir de 5:13 y de nuevo tras 7:50) es de una belleza que no necesita palabras. Como explica Leonard Bernstein en su libro “El maestro invita a un concierto”, es atractivo y sugerente por el uso que hace Tchaikovsky de la repetición de la frase musical. Las pequeñas variaciones que se suceden no evitan que ya la tengamos para siempre en la memoria.
Yo, como Bernstein, les invito a escuchar el concierto el la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Descubrirán la respuesta que Tchaikovski propone a la incertidumbre del destino, un tema que después de Beethoven no es tratado con tanta maestría.
Martes 4 de febrero, 20:30 h, Auditorio Víctor Villegas de Murcia. Goyescas de Granados, Concierto para piano de Grieg y Sinfonía Patética de Tchaikovski. Miguel Martínez “Murami” (piano). Virginia Martínez (dirección musical). Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Entradas: 12 euros. Socios de Promúsica gratis.
Miércoles 5 de febrero, 20:30 h. Auditorio El Batel de Cartagena. Adagio para cuerdas de Barber, Concierto para piano de Grieg y Sinfonía Patética de Tchaikovski. Miguel Martínez “Murami” (piano). Virginia Martínez (dirección musical). Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Entradas: 14,12 y 8 euros. 19:45 h: Charla preconcierto.