En el caso de la mujer encerrada, agredida y abusada en una vivienda de Murcia, durante dos largos años, algunos medios han resaltado que el agresor era de nacionalidad española. Otros medios lo que han recalcado es que la víctima era extranjera.
Mientras un comentarista explicaba, que el secuestrador se llevó a la mujer a la fuerza, cuando se la encontró caminando por la calle, en otra cadena, un tertuliano aseguraba que agresor y víctima eran pareja.
Muchas crónicas de sucesos, a lo largo de esa semana, se han ido recreando en las agresiones, las amenazas y las vejaciones sexuales que describían como continuas, consiguiendo fijar en nuestra retina, a una mujer encerrada, desnuda, atada y a la intemperie.
Algunas notas de prensa añadían que se había imputado también a dos vecinos, que conociendo la situación, no habían hecho nada.
Mientras, otros decían que las detenidas eran dos mujeres, que colaboraban con el agresor, vigilando a la víctima y llevándola al hospital, cuando este se pasaba de rosca.
Sin terminar de explicar lo ocurrido pero dispuesto a aumentar las audiencias, el calvo de la cuatro tv, en primerísimo plano, se tiró varios minutos insultando al agresor, llamándole: asesino, psicópata, monstruo, mal nacido y, como no, hijo de su madre.
También mi vecina me ha reconocido que no cree lo que cuenta esa mujer, con la cabeza reventada, y que ella sabrá cómo se ha hecho tanto hematoma y tanta herida.
Para colmo, el marido, que asentía con la cabeza, mientras la escuchaba embelesado, terminó por rematar el asunto.
“Mira Emilia, perdona que os corrija a las dos, pero la víctima no era una mujer, era una mora”
¡ Qué asco de ciudadanía!