En gastronomía, ya están popularizadas las minihamburguesas. Desaparecen en un par de bocados (quizás tan sólo en uno si estás cual Carpanta); En la moda, qué decir del furor que causó la minifalda. Y, ahora, cuando creíamos que no era posible impactar con más reducciones, llega el minibikini; En el sector inmobiliario, pasamos de la casa al apartamento y, en una reducción más, encogiendo un poco más el espacio: a los de una sola habitación (de la cocina al salón, es cuestión de dar un paso); Y, ¿en el arte? ¿También aquí se achican y encogen las exposiciones?
Un hotel repleto de galerías de arte
Les cuento la última ruta siguiendo esta versión chiquitita, casi de andar por casa. Mejor dicho, de andar por hoteles. Muchas galerías y, de todo el mundo (yo estuve intentando entenderme con los artistas japoneses: sí, a base de unas cuantas sonrisas de por medio para ello) que no exponen en la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid (ARCO), aprovechan este tirón de visitantes y exponen todas sus obras… ¡dentro de los hoteles!
Las habitaciones, pasillos, aseos, armarios… están repletos de artesanía, cuadros y de performances. Esta iniciativa de “habitaciones convertidas en galerías” tiene mucha expectación; Prueba de ello es la gran cola que había para poder acceder.
Por aquí, por allá
A mí me encanto la original puesta en escena de un galerista que utilizó, en lugar de las paredes de la habitación, una de las camas supletorias abierta a modo de “estantería”; En otras, para llegar hasta la cama, había que atravesar cortinas semitransparentes que eran parte de la puesta en escena.
En uno de los huecos de escalera, las obras aparecían colgadas como lluvia de pinturas de pájaros y flores gigantes. De este “bosque”, pasamos al “Yacuzzi”: ubicado en uno de los descansillos de las plantas, se encontraba la puesta en escena de esta pieza en la que dos sirenas leían “Una habitación propia” de Virginia Woolf, todo un guiño a estas estancias convertidas en salas decxposiciones.
Un laberinto de ir y venir de habitación en habitación. Algunas, con tanta gente que me recordaba el (mini) camarote de los Hermanos Marx.
“Sí, algunos clientes se han quejado por tanto trasiego”, me decía una de las chicas de recepción. Esta ruta del arte por las habitaciones del hotel colocó el cartel de “completo” en las dos plantas destinadas al arte contemporáneo.
El arte y la realidad
Muchas piezas eran muy originales. Y, lo mejor era que en estos pequeños espacios se creaba tanta intimidad, que los artistas confesaban todos sus secretos sentados en las esquinas de las camas. Los compradores estaban bien atentos a cualquier detalle. No sabría decirles si estos espacios-mini, el precio también se “achicó” un poquito.
Sí les confesaré que algunas obras de arte, la escala y el parecido era tan real que, concretamente una obra hecha con trazos de papel que simulaba un helado, nos llevó directamente tras la cena, a tomar un cucurucho pero… de los de verdad. Quedamos totalmente cautivados por el de la vitrina.
Y así fue como, desde el arte descubrí una de las heladerías más exquisitas de Madrid: Mistura. En ella, el helado lo preparan a base de darle unos golpecitos (sí, pequeños) que luego amasan con las coberturas que se elijan y forman entonces la bola. Ya les digo: el helado convertido casi en una obra de arte. Atención al helado de limón que está hecho con limones… ¡murcianos!
Pero, ya no nos quedamos en la versión mini, elegimos directamente los de dos bolas. Tal vez el hecho de que la gastronomía sea ya considerada como el Octavo Arte me despistó un poco y me dejé llevar.
Por cierto, ¿quién dijo que el arte contemporáneo no te acerca a la realidad?