El verano llega como un auténtico terremoto y no exagero. La “mascletá” de la Plaza Luceros se siente como un temblor por todo el cuerpo; Los disparos pirotécnicos marcan su ritmo y tienen su tiempo establecido. El público sigue el compás de esta desmesurada partitura de pólvora.
El estruendo es de tanta intensidad, que en una ocasión hasta llegó a romper los cristales de una entidad bancaria cercana. Eso sí, la multitud es tal que cuesta poder acercarse hasta la Plaza Luceros que es dónde cada día retumba la ciudad entera. Los balcones y terrazas próximos son una posición privilegiada para ver este espectáculo sonoro.
Calles repletas de arte efímero
Si la “mascletá” es el momento más esperado del día (a las 14horas), también se puede hacer una ruta por la ciudad para ver todas las “Hogueras” (aquí los de fuera tenemos que llevar cuidado porque si les llamamos “Fallas”, la equivocación no la encajan bien los lugareños. Comparaciones que no siempre gustan).
Cada escultura (realizadas en su mayoría de cartón) expresa una narrativa visual propia (incluso algunas tienen una lectura por un lado; y otra distinta si se ve por el contrario). Eso sí, la nota común es el tono de sátira, alegoría y, hasta filosófico. En esta ocasión una de las hogueras está dedicada al matrimonio; Otra al (¿excesivo?) culto al cuerpo y, como no, otra también a los conflictos bélicos. Todas, de máxima actualidad. 
Son costeadas, en parte, por las Asociaciones que llevan trabajando en la idea y preparándola todo un año. Y claro, esta muestra de arte efímero sorprende al visitante: “Es como la vida”, me respondía el guía cuando explicaba el sentir más profundo de la quema (“la quemà”): “que todo desaparece”.
Están ubicadas en plazas y cruces de calles. Son un desafío al equilibrio ya que, algunas de ellas, apenas se apoyan sobre uno o dos puntos en su base.
Uno de los momentos más divertidos es cuando, una vez que se han quemado por completo, los bomberos dirigen sus mangueras hacia el público que agradece este baño refrescante a presión por las altas temperaturas: “la banyà”.
A salvo del fuego
Eso sí, hay algo que sí permanece. Es el “ninot indultado”. Aquella figura que, por su especial belleza y originalidad, se salva del fuego.
Este año este reconocimiento lo ha sido para la figura de una mujer arropada por un manto que se convierte en un mar repleto de peces con la ciudad de Alicante en una bola de oro, llena de luz y palmeras (simula una cueva a sus espaldas); Toda una alegoría al mar y a la tierra.
El tiempo y los contrastes
Estas fiestas de mucho ruido; de fuego (el de verdad -la hoguera se transforma en una gran llamarada-. Y, los artificiales con drones sobre el mar); de arte; de gastronomía (las barracas y los “racós”) son toda una bienvenida al verano: Las fechas coinciden con la famosa Noche de San Juan.
Esta tradición y rituales con fuego se remontan a tiempos paganos (previos al Cristianismo). Resulta curioso cómo algo efímero, sí ha permanecido durante siglos. También es llamativo cómo la protección de las playas (zonas de tortugas, etc.), con tantas ordenanzas y decretos, por una noche queda todo a merced de la fiesta. Y sorprende igualmente cómo los amantes de la playas en silencio y tranquilas, nos arremolinamos para sentir la fuerza de este terremoto veraniego.
Son las grandes paradojas del vivir.