La Verdad

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El ‘paladar global’
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Pachi Larrosa | 06-02-2017 | 17:59| 0

Un aspecto central de las  cocinas tradicionales regionales es su condición de barrera frente a dinámicas como la globalización y sus efectos de homogenización. El mundo es cada vez más pequeño, los centros de poder se desplazan de los estados a las grandes corporaciones que imponen  a marchas forzadas la uniformidad, preparando a los habitantes de la tierra, sin distinción de origen, para un ‘paladar global’, homogéneo, desconectado con el territorio a escala humana.  En palabras de Javier Urroz, decano de los periodistas gastronómicos del País Vasco, «los medios han trasmitido al público una realidad determinada, la de los cocineros galácticos, que sienta las bases del fenómeno: el de la modernidad forzada. La imagen emitida se desentiende de  nuestra memoria gustativa, de nuestra cultura expresada a través de sus platos, de su renovación paulatina. Se les ha visto el plumero». Y continúa: «Nadie previene a un público que no sabe, que no discrimina que lo que realmente se está guisando es el menú del futuro: sin arraigos culturales, sin productos de temporada, sin sabor local… la globalización no puede permitirse esas menudencias». Movimientos como Slow food, nacido en Italia, kilómetro cero, o el sello con el que los restaurantes franceses pueden identificar en sus cartas la comida de elaboración ‘casera’ son manifestaciones de esa ‘resistencia’ a la homogeneización culinaria y cultural y social que la globalización dominada por el mundo anglosajón pretende instaurar en todo el mundo a mayor gloria y beneficio de las grandes corporaciones alimentarias. El malogrado Santi Santamaría sostiene en su libro  ‘La cocina al desnudo’ que «si aceptamos que la gastronomía y la cocina en particular forma parte de nuestro patrimonio, este debe ser preservado y divulgado». No lo duden: nos va nuestra forma de vida –y nuestra salud– en ello.

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La sala, salvar a Cenicienta
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Pachi Larrosa | 31-01-2017 | 11:45| 0

Juan Moll. Los participantes con la directora del CCT, Carmen Reverte (dcha.). El salón, repleto. Nuria España.

Cuando valoramos a los cocineros lo hacemos porque les consideramos creadores, diseñadores de sensaciones, experiencias… y les ponemos cara y nombre. Sin embargo, muy poca gente cree que  los profesionales del servicio de sala sean creadores, diseñadores; los vemos (salvo quizá en el caso del sumiller) como simples pasaplatos. Un gran error, inducido en parte por el propio sector y por los propios profesionales, que es necesario corregir. Así empezó si disertación Mar Milá,  responsable editorial de Gastronostrum.com, en la jornada ‘Re-volucionando la Sala’ que, organizada por el CCT tuvo lugar en su sede el día 30. Y es que si estamos de acuerdo en que la experiencia gastronómica en un restaurante debe ser global, la intervención de la sala es fundamental. Y además, la primera que afecta al cliente.  Las causas de esta situación  desequilibrada en la percepción de la cocina y la sala están, por un lado, en el ‘boom’ que la cocina española ha vivido desde los años 70 (Arzak, la nueva cocina vasca, el resurgir de las cocinas regionales y su renovación a golpe de innovación, la posterior disrupción de El Bulli y Ferrán Adriá y ahora, la eclosión de la tapa española en todo el mundo), pero también a la falta de profesionalización  de la sala salvo en el caso de los grandes restaurantes gastronómicos) y de dignificación de la figura del camarero. Una situación en la que las responsabilidades están muy repartidas: empresarios que no se preocupan de la formación de su personal o que contratan en condiciones leoninas, la estacionalidad de los picos en el sector, el aspecto refugio de la hostelería para el desempleo en otros sectores económicos, la crítica gastronómica profesional que se ha volcado en la cocina y ha olvidado reiteradamente a la sala… Para mar Milá, “la sala es donde vive el cliente, y lo que se va a llevar este a casa es, sobre todo, una sensación clara sobre cómo ha sido tratado”.

Javier de Andrés,  director gastronómico de las empresas del grupo valenciano  La Sucursal, situó el origen del problema. El servicio clásico español es una copia del francés. Pero es que la cocina española ha roto con todos los moldes clásicos y lleva décadas innovando. Ese tipo de servicio encorsetado ya no sirve para un menú degustación de 20 platos. De Andrés reivindicó que, de la misma manera que hay una cocina española reconocible, haya un servicio a la española.  En estos momentos en los que se habla de la cocina de la libertad, en los que surgen nuevos modelos de negocio, en los que aparecen modos innovadores de relación con el cliente, en los que los espacios físicos del establecimiento gastronómico rompen muros y compartimentos estancos para integrar en un todo armónico cocina y sala, ésta no puede seguir atada al clasicismo. Javier de Andrés habló de la acción de las ‘neuronas espejo’, aquellas que se activan cuando un animal (una persona)  ejecuta una acción y cuando observa esa misma acción al ser ejecutada por otro individuo, especialmente un congénere. Para él esta es una clave del trabajo en la sala. Si un camarero sonríe a un cliente, estas neuronas provocarán que él también lo haga, lo que facilitará inmediatamente la conexión. Si queremos que el cliente esté feliz, debemos empezar por demostrarle con la mirada que nosotros lo estamos. De Andrés habló también de la aplicación de la teoría de la programación neurolingüística en las estrategias de comunicación que se producen en la interacción entre la sala y el cliente.

Por su parte, Juan Moll, supervisor general de servicio de Joel Robuchon, habló de la comunicación no verbal, del poder de la sonrisa y de la inteligencia emocional en el servicio de sala que, según contó, para Joel Robuchón, el cocinero más galardonado del mundo, supone el 60%  del éxito de un restaurante. Sus consejos para afrontar esos momentos de crisis (o de relajación cuando el servicio está acabando)  que viven los restaurantes cada día fueron atentamente seguidos por el público  que llenó el salón de actos.  Para él, todo se reduce a una frase: “El cliente con mayúsculas”. Para Juan Mol, la sonrisa es importante desde el mismo momento en el que se contesta a una llamada telefónica para hacer una reserva. Porque la sonrisa modula la voz, algo que es percibido por el interlocutor. Ya en el restaurante, extrema amabilidad con ellos, capacidad analítica y de observación para poder hacer una radiografía inmediata de su carácter, actitud, impresión recibida al entrar en el establecimiento… y grosor de su cartera. Porque hay que evitar por todos los medios hacer sentirse mal al cliente, o humillado. No podemos ofrecer un  vino disparatadamente caro respecto de sus posibilidades, no podemos hacerle sentir incómodo haciéndole ver su ignorancia sobre algún aspecto de la carta… debemos hacerle sentir especial. Moll desgranó las habilidades que debe atesorar un profesional de sala: Sentido común, inteligencia social, sentido práctico, capacidad analítica, compresión y expresión verbales, memoria, concentración, constancia y control de emociones.

Para terminar la jornada, Nuria España, Sumiller del restaurante alicantino Monastrell (1 estrella Michelin) puso la nota pasional al hablar de su trabajo, que acabó desatando sus emociones y las del público. “Tenemos que saber gestionar las emociones de todas las personas que están en el restaurante (compañeros y clientes) a la vez que controlamos las propias”, señaló. España trasladó a los asistentes de modo emocional y gráfico a ese momento en el que faltan pocos minutos para la apertura del servicio “con mariposas en el estómago y la incertidumbre de si esa será una tarde de gloria… a habrá sangre”. Pero hay que saber dominarse “y llenarse de belleza”, señaló la sumiller.

La primera jornada del ciclo Re-volucionando la sala terminó con un turno de debate en el que se abordaron asuntos como el hecho de que en el curriculum formativo de sala no hay una sola palabra sobre inteligencia emocional, y con el papel de las mujeres en la sala. La siguiente jornada del ciclo tendrá lugar el 27 de febrero y contará con la presencia de Eika Silva, formadora y experta en marketing gastronómico; para la jornada de marzo se está gestionando la presencia de Didie Fertilati, jefe de sala de Quique Dacosta; y para abril la mirada se desvía hacia las nuevas tecnologías aplicadas a la gestión de un restaurante, de la mano de la empresa Baltaric.

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Re-volucionando la sala
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Pachi Larrosa | 27-01-2017 | 18:51| 0

Javier de Andrés, Juan Moll, Nuria España y Mar Milá.

Durante mucho tiempo, ser cocinero en este país no era precisamente una buena tarjeta de presentación para muchas presuntas suegras. Se trataba de una profesión que se ejercía en oscuros y calurosos cubículos, escondidos a la vista, alejados de las luces, las ricas telas y los brillantes suelos de las salas de los restaurantes. Incluso se escondía la profesión de cocinero. Con las sucesivas revoluciones de las cocinas españolas y la fulgurante mediatización de los multiestrellados chefs, el péndulo cambió al otro extremo y el servicio de sala pasó a un segundo plano. Parece claro que debemos parar ese péndulo justo en la vertical. Cocina y sala  deben estar en equilibrio estable, más aún, en perfecta simbiosis para que todo funcione en un restaurante.  Conscientes de la importancia de re-impulsar el servicio de sala, de proporcionarle el protagonismo que se merece, los responsables del CCT han programado un ciclo, sobre la base de una jornada al mes, sobre todos los aspectos que concurren es esta área clave del negocio de la restauración. Y van a comenzar a lo grande. Los cuatro profesionales que aportarán su visión sobre este tema, ese lunes 30  en el CCT, a partir de las 10 horas están en el primer nivel de sus respectivas áreas de trabajo.  Juan Moll es  Supervisor General del servicio del Grupo Robuchon, Propietario del restaurante La Sort y socio y fundador de Food &Beverage Consulting. Recordemos que el imperio del chef francés Joel Robuchon cuenta con decenas de restaurantes entre los que se reparten una treintena de estrellas Michelín. Mar Milá  es la responsable editorial y decontenidos de la revista online Gastronostrum.com y directora de programación de los congresos Gastrónoma y GastroAlicante. Javier de Andrés es  director gastronómico del grupo de empresas La Sucursal, miembro del comité asesor de Invatur, vicepresidente de la Asociación de Restaurantes de Valencia, miembro fundador de Valencia Premium y profesor en diversos Máster de Turismo y Protocolo. Y Nuria España es sumiller del restaurante alicantino Monastrell y ganadora del III Certamen Nacional de Gastronomía en la categoría de sumiller. Un póker de especialistas de primer nivel para debatir el presente y el futuro del servicio de sala, el área de la restauración más cercana al cliente y la clave de la imagen que éste se hace del restaurante.

Qué: Re-volucionando la sala
Dónde: Salón de actos del CCT
Cuándo: Lunes, 30.
Horario: De 10 a 13 horas

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A Dios rogando…
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Pachi Larrosa | 23-01-2017 | 18:28| 0

Y con el mazo dando. O más propiamente en este caso, con la mano del almirez. Los recetarios monacales han sido siempre reservorio de una cocina tradicional, sencilla, pegada al terreno, con productos cultivados en el entorno de los muros de monasterios y abadías. Cocina de temporada, sin alharacas, equilibrada y ligera, destinada a  alimentar más que a proporcionar placer, aunque con matices. Al igual que en los monasterios medievales se  preservaron la lengua culta y los conocimientos de la época con su paciente labor de trasladarlos a la lengua escrita,  monjas  –muy volcadas hacia la repostería– y monjes fueron poniendo por escrito y conservando miles de recetas, algunas de las cuales han dando carácter al propio convento o a la localidad donde éste se ubica. Intramuros siempre se buscó una economía de autoabastecimiento, y tiempo –‘ora et labora’– es lo que sobraba. Así, la cocina monacal se basaba en la propia provisión y elaboración de los productos que acaban en la olla. Horticultura, vitivinicultura, herboristería, apicultura, pastelería, quesería, conserva molienda y panadería…  prácticamente todas las labores propias de la transformación alimentaria se han realizado, a pequeña escala en los recintos conventuales. El tan ‘moderno’ y ahora reivindicado ‘kilómetro cero’, en realidad tiene miles de años de historia. Judiones del convento,  potaje de cuaresma, huevos de clausura, tetillas de monja… recetas que remiten al divino oficio de la cocina. Este año, en el que Caravaca de la Cruz celebra su jubileo, es una buena portunidad para acercarse a estos divinos recetarios. Y, de paso, conocer la sustanciosa gastronomía tradicionala de Caravaca y de la comarca del Noroeste. Las migas, la tartera caravaqueña de cordero, el cabrito en salsa, los guíscanos, potajes, puré de monte, caracoles, los andrajos y el ajoharina. Y para los más golosos,  el alfajor y la yema de Caravaca. Y si optamos por la sana costumbre tan española del tapeo, busquemos la pimpirrana, los ‘caíllos’, los ‘tigres’, las ‘alpargatas’ de sobrasada, la torta de boquerones, la oreja, las patatas con ajo y los michirones, entre otras muchas posibilidades. Pero los tiempos adelantan que es una barbaridad, que decía el otro. Y la cocina conventual ha saltado los gruesos muros medievales y ha llegado al mundo virtual. El primer ‘torno online’ de España: www.declausura.com pone el cielo a golpe de clic. Una página web que ya está saturada de pedidos de mantecados, turrones o mazapanes hechos con manos divinas.
¡Si sor Citröen levantara la cabeza…!

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La ‘cocina tradicional’
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Pachi Larrosa | 17-01-2017 | 19:29| 0

El antropólogo estadounidense Sydney Mintz asegura que la alimentación cumple a la vez las funciones de comunicación y de identificación con el grupo al que se pertenece: «Los alimentos que se comen tienen historias asociadas con el pasado de quienes los comen: las técnicas empleadas para encontrar, procesar, preparar, servir y consumir esos alimentos varían culturalmente y tienen sus propias historias. Y nunca son comidos simplemente; su consumo siempre está condicionado por el significado. Estos significados son simbólicos». De hecho, la cocina siempre ha sido uno de los relatos básicos en la conformación de las amalgamas locales, grupales, regionales. Naturalmente, es en la cocina tradicional donde se concentran los referentes personales (la cocina de la memoria, ‘la cocina de la abuela’) y colectivos (el relato identitario) que forman parte de nuestra herencia. Una cocina la tradicional que, desde luego, evoluciona con el tiempo, cambia, incorpora elementos de otras cocinas aportados como consecuencia de la permeabilidad de los territorios donde estas cocinas se elaboran. Pero esta cocina tradicional regional es mucho más que un simple conjunto de referentes anclados en el pasado, constituye un motor de desarrollo local , al concentrar en su elaboración y consumo muy diversos ámbitos de la vida y la economía de la colectividad: salud y dietética, producción agroalimentaria, turismo y gastronomía, tradiciones, relaciones sociales, empresa y negocios, innovación tecnológica… Y un aspecto central: la condición de las cocinas tradicionales regionales como barrera frente a dinámicas como la globalización y sus efectos de homogeneización. Movimientos como ‘slow food’, kilómetro cero, o el sello con el que los restaurantes franceses pueden identificar en sus cartas la comida de elaboración «casera» son manifestaciones de esa ‘resistencia’ a la homogeneización que la globalización pretende imponer en el planeta.

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Assido en la cocina
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Pachi Larrosa | 13-01-2017 | 18:10| 0

Impresionaba entrar ayer en las cocinas de Centro de Cualificación Turística.  Decenas de personas se movían en un ritmo frenético por las amplias instalaciones del centro. Sin embargo, salvo momentos de euforia de un grupo u otro, la concentración era total. Provistos de higiénicas batas blancas y altos gorros de cocinero allí se pelaba, cortaba, picaba, desescamaba, guisaba, salteaba y cocía como si no hubiera mañana. Lo extraordinario estaba en que todas esas personas que se afanaban con sepias, picantones, salmonetes y postres  pertenecían a Assido.

“Lo único imposible es aquello que no intentas” es el lema bajo el que se desarrolló ayer en el CCT el III Concurso de Cocina de la Asociación para las Personas con Síndrome de Down. Quince jóvenes de la asociación trabajaron en tres equipos dirigidos por los tres estrellas de la cocina solidaria: Pablo González Conejero, Estrella Carrillo y Cayetano Gómez, tres grandes cocineros y tres grandes personas  con una acreditada trayectoria en su compromiso desinteresado con los demás. El jurado, compuesto por Joaquín Reyes, director de la revista ‘Gastrónomo’, Luis Lorente, directivo de Assido, Ana Guijarro, directora general de Personas con Discapacidad, Carmen Reverte, directora del Centro de Cualificación Turística, Francisco Hernández, periodista de ‘La Opinión’ y yo mismo, cató los tres platos que presentó cada uno de los equipos, formados bajo sugerentes nombres: ‘Los Picantones’, ‘Los Decretos’, y ‘Los tigres’, que fueron servidos por alumnos del CCT y presentados por los propios participantes, mientras otro de los jóvenes de Assido los iba presentando. El encuentro, al que asistió  un entregado público compuesto por familiares, terminó con la entrega de diplomas y un alegre fin de fiesta iluminado por las sonrisas y los gestos de ilusión de los jóvenes participantes.

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Cocina española, el factor social
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Pachi Larrosa | 08-01-2017 | 19:09| 0

Una de las claves del lugar de vanguardia que ocupa la cocina española (las cocinas españolas, en realidad) en el mundo es el carácter eminentemente socializador que presenta la relación de los españoles con la comida. Algo por cierto que entronca directamente con los inicios de nuestra especie como civilización. El descubrimiento del fuego permitió el descubrimiento de la cocina, pero también agrupó a las gentes en torno a un hogar, regularizó los horarios de comida y convirtió el acto de alimentarse en un gran motor de socialización y civilización. Pero volviendo  a la actualidad, hay dos aspectos clave que han alimentado este potencial socializador y en consecuencia, la presencia de la cocina española en el mundo: las tapas, una manera grupal, gregaria de utilizar la comida como vehículo de comunicación e interacción social; y la costumbre española-mediterránea, de comer en grupo dedicando a esa actividad un amplio margen de tiempo (frente a las costumbres anglosajonas de considerarla un mero trámite que se resuelve con un sándwich o un perrito caliente comidos en solitario en el banco de un parque o en la propia oficina. Hay estudios que señalan, entre los factores que contribuyen a que los franceses no tengan problemas de obesidad ni colesterol, a pesar de sus quesos y patés, a que dedican a la comida diaria más de una hora y lo hacen en compañía. Y respecto de las tapas,  España no solo ha exportado la cocina. Ha exportado a todo el mundo con gran éxito un sistema propio de disfrutar de la comida en compañía y de una manera informal: el tapeo. Es esa potencia socializadora de nuestras formas de relacionarnos con la comida la que constituye el caldo de cultivo adecuado en el que se ha asentado el predominio mundial de las cocinas españolas.
Digo yo.

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¿Tercera vía?
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Pachi Larrosa | 05-01-2017 | 18:26| 0

El Premio Nacional de Gastronomía Philippe Regol señala en su blog ‘Observación gastronómica’ que, para superar lo que denomina falsa polémica «entre la llamada cocina de vanguardia y la cocina tradicional, lo mejor es ocupar el centro. De hecho, esta es la cocina (que he llamado a veces de tercera vía) que se está practicando en el 99% de los restaurantes modernos actuales». Bueno, al fin y al cabo, ‘vanguardia’ y ‘tradicional’ no dejan de ser simples etiquetas. Simples, pero necesarias. Eso es lo que hacen las palabras: acotan, discriminan, delimitan parcelas de la realidad en la mente del hablante, de tal manera que pueda percibirla como un conjunto de elementos discretos. La expresión ‘tercera vía’ tiene más enjundia. Su origen está en una propuesta del papa Pío XII abogando por una fusión entre el socialismo y el capitalismo hacia el fin del siglo XIX. Pero metidos en cocina y echando la vista atrás, remontando revoluciones ‘bullinianas’, despegues coquinarios regionales, nueva cocina vasca… nos lleva a la definición de cocina de mercado, tal y como Paul Bocuse estableció en los años 70: un compromiso entre las cocinas regionales tradicionales y la innovación. Hay quien dirá que para semejante viaje no hacían falta tantas alforjas, pero si bien estamos volviendo a la cocina de lo auténtico, sin la disruptiva contribución de Ferran Adrià, las diferentes cocinas españolas (que hay muchas) no tendrían ni de lejos el papel de vanguardia del que gozan hoy en el mundo. Hay una línea continua que se ha mantenido a lo largo de los años y a través de evoluciones y revoluciones, de mudanzas, modas y experimentaciones, de nuevas filosofías del gusto y nuevas tecnologías, de vanguardias y postvanguardias: una línea basada en el respeto; respeto al producto y a los productores, respeto a la despensa local y regional y al patrimonio gastronómico de un territorio, junto con una apuesta por la innovación. ¿Tercera Vía? Llámalo ‘x’.

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A setas o a Rolex
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Pachi Larrosa | 20-12-2016 | 18:20| 0

Tengan mucho cuidado con esto de las setas. Hay que ser prudentes, no vaya a ser que por un par de hongos, nos vayamos a criar… malvas. Y si no tienen ni idea, pregunten a un experto. Ya saben, al César lo que es del César. Aunque no es que sea este el dicho más adecuado para la ocasión, teniendo en cuenta que al César lo retiraron de este mundo por el hábil método de meterle un par de amanitas faloides en el plato de amanitas cesáreas que tanto le gustaban. (Bueno, en realidad, entonces no se llamaban así, claro). El caso es que el catador imperial, el eunuco Halot, que había sido aleccionado por Agripina, probó sólo las oronjas comestibles, dejándole a Claudio las setas venenosas que le ocasionaron la muerte al cabo de pocas horas. ). Para que te fíes de los.. eunucos, y sobre todo, de Agripina.
Es posible que las lluvias caídas últimamente aseguren una buena cosecha de hongos, aunque en los mercados ya hemos visto níscalos a buen precio, en torno a los cinco euros el kilo.  Aprovechen y háganlas salteadas, en revuelto, cortadas en láminas y aliñadas en crudo como en ensalada, asadas a la plancha, infusionadas… de mil y una maneras. Pero ojo: hagan lo que hagan, nunca las laven con agua al chorro. Con un paño, o mejor, con un pincel; es la mejor manera de limpiarlas conservando todo su sabor.
Y en cuanto al hongo por excelencia, la trufa, deben saber que nada como una buena cerda, con perdón. Aunque en España se suelen utilizar perros adiestrados, parece que el mejor buscador de trufas es el cerdo, o mejor dicho, la cerda, debido a su finísimo olfato. Una buena cerda trufera puede extraer en una sola mañana hasta quince kilos de trufas. Sin embargo, su adiestramiento no es tarea fácil, además de ser un proceso bastante lento. Este animal presenta el inconveniente de ser un auténtico goloso en busca de su apreciado manjar y tiende a devorarla en cuanto las descubre, la muy guarra.
Y ya lo saben: a setas, o a Rolex.

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Cocineros solidarios
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Pachi Larrosa | 17-12-2016 | 18:30| 0

Hacer olvidar a familias sin recursos de la Región las dificultades de su día
a día, hacerles partícipes, aunque sea una noche, del espíritu de la Navidad y, especialmente, proporcionar a esos niños unos momentos de alegría y diversión. Todo eso forma parte del objetivo de la I Mesa de la Felicidad, que organizada por Estrella Carrillo, chef y propietaria del restaurante Santa Ana y secundada por otros cuatro cocineros de primer nivel de la Región, se va a celebrar el próximo día 28 en su establecimiento. Pablo González Conejero, chef de La Cabaña, Juan Antonio García, de El Churra, Cayetano Gómez, del Promenade, y Tomás Écija, de El albero y la Maíta cocinarán con Estrella Carrillo para este evento. Ayuntamiento de Murcia, Comunidad Autónoma, empresas, proveedores y particulares van a contribuir con sus productos y aportaciones económicas.
Además se ha puesto a disposición de cualquier persona, la posibilidad de reservar en la mesa ’0′, y se ha abierto una cuenta para recibir donaciones (ES15 0487 0056 5520 0700 3575), que irán íntegramente destinadas a la asociación Ayuda a Familias Sin Recursos de la Región de Murcia. Esta iniciativa que nace de Estrella Carrillo es una continuidad a la trayectoria de más de diez años trabajando activamente con asociaciones como Columbares, Cáritas, Assido y Fundow, dando formación y oportunidad laboral a personas en riesgo de exclusión social. En esta I Cena Solidaria participan, además, Jesús Abandonado y Cáritas.

Se trata de una muestra más de una saludable tendencia que está haciendo fortuna enre los grandes cocineros españoles: su sentido de la responsabilidad social, su convencimiento de que la alta cocina debe ser, además de muchas otras cosas, solidaria. El ejemplo de Estrella y sus cuatro compañeros, dedicando tiempo, dinero y esfuerzo de manera desinteresada a aquellos que carecen de todo, dignifica su profesión y es un valioso ejemplo para todos.

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Sobre el autor Pachi Larrosa
Periodista, crítico gastronómico. Miembro de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia. http://gastronomia.laverdad.es/almirez.html

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Pachi Larrosa 18-09-2016 | 15:58 en:
Gastrovin se hace mayor
cosicasclaras 12-09-2016 | 11:47 en:
Gastrovin se hace mayor

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