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Categoría: Google
Google se pone serio con los relojes

La versión 2.0 de Android Wear, el sistema operativo de Google para los relojes inteligentes, ya está aquí. Tras una larga espera que ha incluido varios retrasos sobre las fechas iniciales, la renovación del sistema ha sido anunciada de la mano de dos nuevos relojes desarrollados por LG: el LG Watch Sport y el Watch Style.

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Microsoft, Google y Apple preparan otro 2013 movido

En el último trimestre la situación en el decisivo enfrentamiento entre Microsoft, Google y Apple se ha aclarado un poco. Este mes de octubre fue el elegido por las tres compañías para mostrar sus cartas de cara a los próximos meses. Así como las pistas sobre sus planes de futuro.

Microsoft presentó Windows 8 para ordenadores y tabletas, así como su propia visión de lo que una tableta debe ser con Surface y Surface Pro; y Windows Phone 8 para los smartphones con el apoyo de Nokia y su Lumia 920 como bandera.

Chromebook

Google, por su parte, mostró la última versión del Chromebook, una propuesta, sin réplica en otras compañías, que entiende el ordenador portátil como un dispositivo de entrada a los servicios en línea que olvida el almacenamiento local para confiar los contenidos a ‘la nube’. Sus ventajas son su precio, su velocidad, y su concepción como elemento prescindible. Puesto que todo está en la nube, su extravío no supondrá el menor problema de seguridad ni la pérdida de datos. Un nuevo Chromebook, introducir la contraseña y listo. Su principal virtud, sin embargo, es su mayor problema. Las ventas indican que la mayoría de los consumidores prefieren tener un mayor control sobre sus datos que cederlos a a los servidores de Google.

Pero el Chromebook no es la apuesta estrella de Google. La empresa del buscador está mucho más confiada en la posición de Android. Y lo ha demostrado con la ambiciosa renovación de toda su su gama de terminales Nexus, es decir: el teléfono (Nexus 4), que esta vez ha diseñado en colaboración con LG; y su tablet de siete pulgadas (Nexus 7), que ahora suma a su ya atractivo precio de entrada de 199 euros, una capacidad de 16 Gigas; pero a estos dos se les ha sumado un hermano mayor y vitaminado, el Nexus 10, un tablet con pantalla de alta definición de 10 pulgadas que compite de forma directa y muy agresiva en precio y características con el iPad. Su precio de partida es de 399 euros para el modelo de 16 Gb y cuenta con una resolución que supera a la del último iPad con retina display.

Apple, por su parte, no se ha quedado atrás y ha lanzado en solo dos meses su nueva versión del sistema operativo móvil iOS 6, el iPhone 5, el iPad mini, la cuarta generación del iPad, los Macbook Pro retina display de 15 y 13 pulgadas, el rediseño del iMac, y la renovación del Mac Mini.

Sin embargo, el que probablemente sea el movimiento más importante de Apple este año, no tiene que ver con un producto, sino con su reorganización interna. La salida anunciada ayer del vicepresidente del sistema operativo iOS, Scott Forstall, que abandonará la compañía el próximo año, y del responsable de las tiendas Apple Retail Store, John Browett, son toda una declaración de intenciones del CEO de la empresa de la manzana, Tim Cook, que parece decidido a no permitir que algunas polémicas salpiquen la imagen de la marca. Forstall, fue pieza clave en el nacimiento del iPhone, que se ha convertido en la mayor fuente de ingresos de Apple, sin embargo, su dirección de dos proyectos de tanta importancia como Siri los mapas, ha metido en algunos aprietos a la compañía de California, que prometió en ambos casos más de lo que podía ofrecer, una costumbre totalmente contraria a la filosofía de Apple, que habitualmente se muestra muy conservadora para asegurarse que los consumidores encuentran más de lo que esperan.

Lo cierto es que en el último año, los productos que han dependido de Forstall han dado cierta sensación de deriva. El vicepresidente de iOS realizó en el lanzamiento del iPhone 4S una presentación de Siri en la que obvió por completo las limitaciones de un servicio que se lanzaba como versión beta. En el caso de los mapas, la situación fue mucho más obvia. Forstall anunció como una gran noticia la sustitución de Google Maps en los dispositivos iOS por el servicio de mapas de Apple, que calificó como el “más bonito y poderoso”, una forma muy optimista de verlo, tanto que Apple tuvo que pedir perdón a sus consumidores por lanzar una aplicación que no cumplía con sus estándares de calidad.

También en la interfaz de iOS, otra de las responsabilidades de Forstall, se han visto en los últimos tiempos algunos titubeos poco propios de Apple, con la aparición de inconsistencias en el diseño de aplicaciones e iconos.

En este apartado, parece una buena noticia para los usuarios de Apple que el reputado responsable del diseño de los productos Jonathan Ive, vaya a ocuparse también del diseño del interfaz. El británico ha demostrado sobradamente su buen hacer en el diseño industrial de Apple durante las últimas dos décadas, y ahora tendrá la posibilidad de extender su visión al software.

Parece claro que cuando se lance iOS 7, habrá sorpresas.

Bob Mansfield, Eddy Cue y Craig Federighi también han sumado peso en la compañía. Todos son nombres de una trayectoria consolidada.

Con estas cartas boca arriba, parece que 2013 será nuevamente un año bastante movido.

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Apple contra Samsung y la protección de las ideas

Apple ha ganado la que probablemente sea la segunda batalla legal más importante de su historia. La decisión de un jurado federal estadounidense de condenar a la surcoreana Samsung a pagarle 1.000 millones de dólares por copiar la tecnología del iPhone y del iPad en algunos de sus dispositivos, marca de forma definitiva un punto de inflexión en el avance de los dispositivos móviles.

Si ésta es la segunda más importante, ¿cuál fue la primera? La primera fue con Microsoft, y Apple perdió. La compañía de la manzana acusaba entonces a Microsoft de violar su propiedad intelectual por copiar el diseño de la interfaz gráfica del Macintosh.

El precedente de los 90

Apple había licenciado a Microsoft algunas partes de la interfaz gráfica de su sistema operativo Mac OS, que utilizaba la metáfora del escritorio, las ventanas y los iconos que se hizo tan popular posteriormente y que llega a nuestros días. Así, con el acuerdo, Microsoft dio vida a Windows 1.0. Pero cuando llegó la segunda versión del sistema, Apple consideró que Microsoft estaba sobrepasando los límites del acuerdo y que directamente estaba copiándoles. Y no se referían solo a las funcionalidades, sino al denominado ‘look and feel’ o aspecto y sensación general del sistema, es decir, los detalles. Apple, como ya he dicho, perdió, y desde ese momento, Microsoft pudo copiar legalmente, amparada por su acuerdo de licencias, la interfaz que había hecho diferente al mac.

El litigio marcó la evolución de ambas compañías con resultados conocidos: Microsoft se convirtió en líder de la industria de los sistemas operativos con Windows mientras Apple se acercó peligrosamente a la desaparición, con Steve Jobs fuera de su propia empresa durante una etapa especialmente creativa de su vida en la que fundó Pixar y NeXT.

Samsung y la ‘inspiración’ californiana

El enfrentamiento entre Apple y Samsung recuerda poderosamente a la guerra con Microsoft de los 90. Apple inició con el impulso de un enfadado Jobs una guerra a los clones del iPhone. Es innegable la carrera del sistema Android de Google y de los fabricantes de teléfonos por ofrecer terminales similares al iPhone desde su aparición en 2007. No hay más que echar un vistazo a cómo eran los teléfonos antes del primer iPhone, presentado en 2007, y todo lo que ha venido detrás.

En el caso de Samsung, la cuestión es, además de obvia, ciertamente sonrojante. Los documentos que han salido a la luz durante el juicio evidencian un estricto marcaje de la compañía surcoreana a los productos de Apple, con extensos informes que desgranan las características que los hacen existosos y que ordenan cambios a su imagen y semejanza para mejorar los de Samsung.

Samsung Relative Evaluation Report on S1, iPhone

He leído en algunos sitios que esta guerra la pierden los consumidores porque reducirá la oferta de productos de su gusto, y no puedo estar más en desacuerdo. Samsung, que recurrirá la sentencia, podría tener que pagar esta suma, y posteriormente podría seguir utilizando algunas tecnologías previa licencia con Apple, pagando una canon por cada dispositivo, pero eso es un procedimiento habitual en el mundo de la tecnología, cada producto paga por usar algunas tecnologías mayoritarias pero que no son de su creación una suma en patentes.

Windows 8 también utiliza tecnología de Apple, pero la ha licenciado. La creadora de Windows paga un precio por ello a cambio -esta vez Apple ha estado más lista- de no crear ‘clones’ de los productos de la manzana. Curiosamente, este hecho no ha supuesto ningún problema para que Windows 8 llegue con un halo de sistema de éxito. La nueva versión se presentará con una interfaz con personalidad propia a una distancia suficiente de la idea de Apple como para que no haya suspicacias, y con algunos enfoques innovadores que parecen haber cosechado el favor de sus futuros usuarios.

Lo que Apple ha pedido a la Justicia es que proteja las ideas, y que no permita la copia impune. Esta batalla, a la larga, hará ganar, no perder, a los usuarios, porque fomenta la creación contra la copia. Esta sentencia le dice a las empresas tecnológicas que trabajen sus propias ideas, porque si dan con alguna que se convierta en el estándar, ganarán mucho dinero, bien vendiendo sus productos, bien licenciando su tecnología a la competencia.

Permitir la copia sin exigir un precio por ello desincentiva la creatividad y penaliza a las compañías que invierten grandes recursos y esfuerzos en el desarrollo de nuevas tecnologías. El camino es peligroso porque envía el mensaje de que es mejor y más barato esperar a que lo inventen otros y copiarlo que malgastar el dinero en explorar caminos propios que no se traduzcan en éxito comercial.

Es importante mantener un equilibrio judicial que evite la guerra de patentes como norma de comportamiento entre compañías tecnológicas y que, a la vez, deje clara la existencia de líneas rojas en el respeto a la propiedad intelectual de los competidores.

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Google Drive, Dropbox, Cubby. Tus archivos vuelan

Mucho se ha rumoreado en los últimos meses sobre la llegada del servicio de almacenamiento en la nube de Google, un territorio donde hasta ahora Dropbox ha sido el rey. Dropbox lo ha hecho todo bien y eso ha llevado a esta pequeña empresa de la nada al todo. Es un ejemplo más de que la creatividad y el cuidado por los detalles pueden encumbrar en internet a una ‘startup’ valiente. Dropbox ha vivido casi sin adversarios hasta ahora y ha logrado incluso el apoyo económico de alguna que otra celebridad, como el no siempre acertado en sus inversiones cantante de U2, Bono.

Pero la cosa se complica a toda velocidad. Y quizá conscientes de ello, Dropbox acaba de presentar algunas novedades. Entre ellas destaca su nuevo sistema para compartir archivos públicamente que incluye la posibilidad de verlos en ‘streaming’. Eso permitiría ver, por ejemplo, películas que un amigo haya subido al servicio…, o un desconocido… ¿Te suena? Exacto, eso era más o menos lo que ofrecía Megaupload.
Interesante movimiento porque, como decía, los frentes se abren en muchas direcciones. Hace solo unos días la empresa LogMeIn lanzó la versión beta de Cubby, su visión sobre el almacenamiento en la nube y la compartición de archivos en internet. Su gran baza es que ofrece más espacio que Dropbox (5Gb gratis frente a 2) y que permite enviar archivos de un usuario a otro a través del protocolo p2p, es decir, sin pasar por ningún servidor ni almacenarse en ninguna parte, sencillamente de un dispositivo a otro. Buen golpe. La privacidad es posible. Yo ya tengo mi cuenta en Cubby.

Ahora ha llegado el que será seguramente el competidor más duro. Drive, la alternativa de Google. También ofrece 5 Gigabytes. ¿Su punto fuerte? Permite editar documentos de forma colaborativa, ideal para trabajos en grupo y, por supuesto, es de Google, una página que casi todos visitamos varias veces al día. Eso hará que no haya nadie que no se entere de su existencia, una ventaja que no tienen sus rivales.

Yo de momento uso Dropbox y miro con curiosidad Cubby. De Drive esperaba más, alguna característica que marcara la diferencia. Veamos cómo evolucionan. Dropbox empezó a correr antes de que el juez disparara la pistola y aún puede permitirse mirar atrás y calcular los esfuerzos que le van a ser necesarios para ganar la carrera.

¿Y tú? ¿Con cuál te quedas?

Dropbox
Cubby
Google Drive

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Los japoneses no miran, sospechan

La función de autocompletado de Google es como una de esas pelotas de goma que botas y nunca sabes hacia dónde va a salir disparada. El funcionamiento es automático y como todo lo automático tiene sus peligros. Desde hace un tiempo, cuando escribes cualquier cosa en la barra de búsqueda de Google comienzan a aparecer de forma instantánea sugerencias para completar la frase. La idea es ahorrar tiempo al usuario, hacer más rápidas las búsquedas.

Pongamos un ejemplo. Con tan solo escribir una ‘p’, Google, raudo y veloz, te sugiere que lo que deseas buscar es ‘películas yonkis’. Para ofrecer esta ‘ayuda’, el buscador emplea una mezcla de algoritmos y datos almacenados de los usuarios para predecir los términos deseados. Esto, claro, es la teoría. En la práctica la cosa no es tan sencilla.

Un tribunal japonés ha solicitado recientemente a Google la retirada de algunos términos del servicio de autocompletado tras la denuncia de un usuario que aseguraba que, al escribir su nombre, éste aparece relacionado con delitos que no ha cometido. Desde Google aseguran estar “revisando esta petición”.

Por el momento este hombre tendrá que seguir soportando que al escribir su nombre Google sugiera resultados relacionados con delitos.

Tengo una amiga que siempre ha considerado de lo más divertido esto del autocompletado. Solía retarla a que encontrara casos cómicos, y ella siempre respondía superando con creces mis expectativas. Me envía capturas de pantalla cada vez que encuentra uno. Revisando algunas de ellas, puedo entender que Japón haya sido el primer país en pedir modificaciones en el servicio. Os invito a hacer la prueba. Escribid “los japoneses” en el campo de búsqueda. Google hará el resto. ¿Algoritmos y estadísticas? La compañía explica que los resultados de Autocompletado “se producen por múltiples factores como la popularidad de los términos que se buscan” y especifica que  “Google no determina esos términos de manera manual” así como que “todas las palabras que aparecen han sido escritas por los usuarios en el buscador previamente”.
Si es así, el sentido del humor de algunos está jugándole malas pasadas.  Ahora haced lo mismo escribiendo “qué probabilidades”. Estoy seguro de que el resultado os va a sorprender.

Actualización: He añadido al texto la versión oficial y algunas explicaciones adicionales de Google sobre cómo actúa el servicio después de que el departamento de prensa en España del buscador se pusiera en contacto conmigo para aclarar la postura de la compañía.

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La obsesión de Google

Como un arquero con las manos frías, Google va acercándose lentamente a la diana. Su intención es crear una red social de éxito. Es una obsesión no disimulada. El número uno de las búsquedas quiere el trono de Facebook. Podría decirse que Google+ (léase plus) es la primera flecha lanzada que no va fuera.

La red social recién presentada ha logrado despertar el interés de los usuarios como ningún otro acercamiento de Google al internet social, y ha sido así gracias a un concepto más maduro y mejor diseñado que los anteriores. La forma de introducirlo también ha sido mejor que en otras ocasiones. El intento anterior, de nombre Buzz, llegó como un elefante a una cristalería. Google decidió incrustarlo en el servicio de correo Gmail con la idea de que su presencia, forzada, fomentara su uso. La realidad fue más cruel. La imposición generó tal rechazo que Buzz se convirtió en un cadáver tecnológico casi sin haber terminado de arrancar. Nadie lloró.

Google+ aterriza de forma más amable. Para acceder a la nueva red social es necesario recibir una invitación, al menos durante este periodo inicial de pruebas. Esto ha hecho que en los últimos días las peticiones de invitaciones se hayan disparado, lo que supone un buen montón de marketing gratuito para Google.

Pero no es solo la escasez de invitaciones el motivo por el que Google+ ha atraído las miradas. También algunas ideas interesantes aplicadas al concepto popularizado por Facebook.

Uno de los aciertos, por lo funcional y por lo estético, es la forma en la que se comparten los contenidos con otros usuarios. Cuando publicas un comentario, una foto, un enlace o lo que quieras, debes arrastrarlo hasta un círculo que conforman las personas que hayas elegido. Así, puedes tener los círculos ‘Amigos’, ‘Familia’, ‘Trabajo’, etc, y gestionar de forma sencilla lo que compartes y quién puede verlo. Facebook incluyó hace tiempo algo similar con ‘Grupos’, pero la implementación de Google se antoja bastante mejor porque te obliga a pensar a quién va destinada cada cosa, mientras que en Facebook es más sencillo caer en la inercia de publicar todo para todos tus contactos.

Otra característica llamativa es la inclusión de las ‘quedadas’, que ofrece la posibilidad de marcar el estado como disponible para iniciar un videochat individual o grupal con cualquier contacto que lo desee. La idea es que esperes a ver quién pasa por ahí. No parece que vaya a suponer revolución alguna. Por lo demás, fotografías que se suben automáticamente desde dispositivos Android para elegir a posteriori si se comparten con algún círculo, chat grupal a la manera de WhatsApp con integración en los dispositivos móviles y poco más. ¿Suficiente? Las cartas parecen buenas, aunque es difícil ganar cuando te sientas a jugar con la partida empezada.

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Sobre el autor Rubén García Bastida
Periodista en la edición digital de 'La Verdad'. Escribo sobre tecnología y redes sociales en #estosemueve y guardo un rincón para las cosas pequeñas en 'La esquina doblada'. En Twitter soy @garciabastida

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