La Verdad

img
Categoría: Arquitectura religiosa
Cinco escenarios de un milagro

Aquellos sí fueron tiempos difíciles, y no los de ahora, pese a ese ‘tsunami’ llamado crisis. A finales de 1585, el pueblo de Mazarrón parecía precipitarse hacia su desaparición, acosado por las deudas para pagar el privilegio de villa, los ataques de los piratas berberiscos y la decadencia de la minería. Sin embargo, un milagro cambió el rumbo. Según las crónicas transmitidas hasta nuestros días, la madrugada del 17 de noviembre de aquel lejano año una misteriosa amazona apareció para ahuyentar a los corsarios del temible Morato Arráez,  que, sigilosos y aprovechando la oscuridad, habían desembarcado en la cercana costa para asaltar la localidad. 430 años después, el prodigio se sigue celebrando con la romería más alegre que conozco. La cita es este domingo, con salida a las 8 de la mañana. He aquí cinco escenarios para sacarle todo el partido a esta celebración.

1) Iglesia del convento. Punto de partida de la romería, en la plaza del mercado. La arquitectura de este edificio data del siglo XVIII. Destacan las pinturas del camarín del altar mayor, obra de los religiosos franciscanos. La iglesia se levantó en el paraje del Romeral, donde en el siglo XVI estuvo una ermita dedicada a la Purísima Concepción.Según los testimonios de la época (recogidos en las ‘Nueve declaraciones’), los vecinos escucharon tañir las campanas del pequeño templo coincidiendo con el prodigio. Y cuando llegaron, observaron que el rostro de la imagen religiosa mostraba unas gotas de sudor, que la talla miraba ahora hacia el sur, en dirección a la mar, y que en su manto había restos de arena. A los devotos ya no les quedaron dudas, y atribuyeron a la intervención de la Virgen la desbandada de los piratas.Un cuadro recuerda ese episodio. En el templo también se guarda la bandera del milagro, una enseña que, según cuentan, abandonaron los corsarios en su apresurada huida. La restauración de esta pieza hace unos años sacó a la luz la inscripción en la tela de unos versos del Corán, aunque no se pudo determinar la fecha exacta del tejido.
2) Torre de los Caballos. Anexa a esta atalaya, frente a la playa de Bolnuevo, se localiza la ermita donde reposa la imagen de la Virgen del Milagro todo el año, salvo cuando llega la romería. Es el punto final del festejo. La torre defensiva, de planta cuadrada y dos pisos, se construyó en el siglo XVI para proteger a la población de los piratas. Formaba parte de un cordón defensivo compuesto además por las torres de Santa Elena (La Azohía), la Cumbre (Puerto de Mazarrón) y el Molinete (Mazarrón). Hoy acoge un centro de interpretación, y estos días se organizan visitas guiadas (teléfono 968 594 426) con motivo de la romería del Milagro.

Subida de la Virgen del Milagro a Mazarrón. Este domingo será la romería de vuelta a Bolnuevo. / J. M. RODRÍGUEZ

3) Calas vírgenes. Desde Bolnuevo y en dirección a Águilas se abre un paraje de playas desiertas y aguas cristalinas, todavía hoy libres del ladrillo. En una de ellas, llamada Cueva Lobos (por una colonia de focas monje que hubo tiempo atrás) parece que desembarcaron los corsarios comandados por Morato Arráez, de madrugada, para no ser vistos por las patrullas a caballo encargadas de vigilar la costa. En verano, bañarse en estas calas es un lujo; en invierno, pasear por ellas aporta un bálsamo contra el estrés.
4) Bolnuevo. La amplia playa de fina arena, con un pequeño poblado de pescadores, acoge a los miles de romeros que, una vez terminado el camino, dedican el resto de la jornada a disfrutar de un almuerzo en familia y con los amigos. No faltan las sardinas asadas, la típicas migas y los arroces cocinados en la leña. Dice la leyenda, adornada a los largo de los siglos, que por esta playa fue vista la misteriosa amazona, y que por donde pisó todavía hoy crecen las azucenas.
5) Minas de alumbre. El origen de Mazarrón hay que buscarlo a mediados del siglo XV gracias a la explotación del alumbre, en aquella época un residuo mineral fundamental para la industria textil. El negocio se lo repartieron los marqueses de Villena y de los Vélez gracias a un privilegio real. Los nobles levantaron castillos para proteger sus posesiones e iglesias (San Antonio y San Andrés) para prestar socorro espiritual a sus vasallos. La riqueza hizo germinar el sentimiento independentista, y en 1572 Felipe II firmó el título de villa (hoy desaparecido por un robo) que otorgaba a Mazarrón su autonomía de Lorca.
El alumbre ya es historia, pero  la romería del Milagro está más viva que nunca.

Ver Post >
Una perla moderna en El Palmar

La arquitectura moderna de los años sesenta tiene sus perlas escondidas en la Región. Y el conjunto del psiquiátrico de El Palmar conserva engarzada una de estas pequeñas joyas: la capilla del recinto, un diseño de Enrique Sancho Ruano (Palma de Mallorca, 1923) que estará presente en la exposición que el próximo otoño le dedicará el Colegio de Arquitectos de Murcia por su larga y fructífera labor profesional.
A mitad de esa década, el proyectista (que trabajó como técnico de la Diputación Provincial de Murcia y del Obispado) ideó cuatro iglesias que hoy día están consideradas como un ejemplo de la modernidad a la que despertaba España, tras un relajamiento de la dictadura, y que también alcanzó a las artes. La capilla de El Palmar (1965) es uno de estos proyectos, al que acompañan las iglesias de Cabo de Palos (1965), ya desaparecida; Barranda, en Caravaca de la Cruz (1966), y la capilla del conjunto asistencial de Espinardo (1967), desacralizada desde hace años aunque en buen estado de conservación. En general, el diseño de estos templos responde a las doctrinas emanadas del Concilio Vaticano II: edificios de nave única pensados para fomentar la participación de los fieles e impulsar el sentimiento de comunidad de los creyentes; casi sin adornos, con el fin de favorecer la espiritualidad; con un papel destacado de la luz natural y donde los nuevos materiales (hormigón, hierro, piedra artificial) dominan la construcción. También estas iglesias, de líneas rectas y formas irregulares, dejan la puerta abierta a los nuevos artistas de la época, con vidrieras, murales, objetos de orfebrería y esculturas. En el caso de la capilla del psiquiátrico llama la atención el mosaico (con dos ángeles músicos y la Virgen) que domina el altar mayor y una pieza de un querubín trompetero de buen porte y corte abstracto. Ni el párroco ni las feligresas que le ayudaban a recoger tras terminar el oficio religioso supieron aportar pista alguna sobre la autoría de estas dos grandes obras. En lo alto del coro (que recuerda bastante al de la iglesia del complejo de Espinardo) una espectacular vidriera en tonos morados tamiza la luz que inunda la nave. Y poco más pude ver (algo del mobiliario original y una barandilla decorada) porque el sacerdote tenía prisa y el templo debía quedar cerrado. Si le interesa conocer esta perla de la arquitectura de los sesenta, debe saber que solo abre en horario de misa: los domingos a las 10.30 horas, con entrada desde la antigua carretera de Mazarrón. Es una pena que este patrimonio del siglo XX pase inadvertido y no aparezca ni en los catálogos de Cultura. La Consejería debería tomar nota e impulsar su difusión.

Mosaico y ángel trompetero en la capilla del psiquiátrico de El Palmar. / M. RUBIO

Ver Post >
Colores de la mina en un altar

La iglesia de San Andrés Apóstol (siglo XVI) de Mazarrón era conocida, sobre todo, por su artesonado mudéjar. Pero a partir de ahora también lo será por sus pinturas decorativas, realizadas durante la ampliación que experimentó el templo en el siglo XVIII. Los murales han recobrado su colorido gracias a las delicadas manos y la paciencia de los profesionales del taller Asoarte, dirigidos por la conservadora Loreto López, tras varios años de trabajo. El proyecto de restauración también ha permitido sacar a la luz el nombre del autor de esta obra, Diego Marín del Pino, un maestro dorador que visitó la localidad para tasar otra obra en la vecina parroquia de San Antonio de Padua, así como la fecha de terminación de la decoración, 1744.
López cree que Marín del Pino, un artesano del que se conocen pocos datos, tuvo que inspirarse en el colorido de las minas que rodean la localidad para llevar a cabo este proyecto. «En esos murales aparecen los pigmentos naturales de la zona: amarillos, ocres, grises, rosáceos, además de la almagra», explica la conservadora. Ese residuo procedente de la fabricación del alumbre es el que se ha empleado para recubrir todo el zócalo de la iglesia, afectado por la humedad.
En el templo resalta ahora la arquitectura fingida (realizada mediante la técnica del trampantojo) dibujada a todo color en el altar mayor, en el que aparecen las imágenes de San Clemente y San Enrique, así como un medallón con una Virgen Apocalíptica. Loreto López define el conjunto como “un dibujo armónico, en una composición acertada”. También llaman la atención las pinturas decorativas a ambos lados del crucero y en algunas de las capillas laterales. La recuperación ha supuesto un duro trabajo, debido al deterioro que presentaban los murales, ocultos bajo varias capas de yeso. Y aunque no se ha podido recuperar el acabado final que tuvo la obra, los feligreses sí que pueden hacerse una idea bastante completa de la decoración que recibió el templo hace ahora 250 años.

Altar mayor de la iglesia de San Andrés Apóstol. / Asoarte

La parroquia de San Andrés Apóstol, protegida por su interés cultural, fue levantada por encargo del duque de Escalona a raíz de sus florecientes negocios mineros, que pronto se repartió con su ‘primo’ el marqués de los Vélez. Este otro noble no tardó mucho en desear tener su propia iglesia, dedicada al patrón, San Antonio de Padua. Por eso, en Mazarrón se da la paradoja de que ambos edificios religiosos se encuentran uno tan cerca del otro. San Andrés Apóstol sufrió el abandono hasta que hace un par de décadas se acometió su restauración, recuperándose para los oficios religiosos. Ahora el templo que peor está es el de San Antonio, cerrado a la espera de una rehabilitación que nunca llega.

[La restauradora Loreto López explica hoy jueves, 21 de mayo, a las 20 horas, los detalles de la restauración en una conferencia que imparte en el Museo de Bellas Artes de Murcia, calle Obispo Frutos, 12. Teléfono 968 23 93 46]

Ver Post >
Calle Mayor

El comentario de un lector me lleva a La Ñora. Una información publicada en ‘La Verdad‘ denunciaba cómo el deterioro y el abandono avanzaban sobre una casa solariega, en la calle Mayor de dicha pedanía murciana, pese a estar protegida por su interés arquitectónico, y el internauta animaba a recorrer unos metros más de esa arteria principal para comprobar los desperfectos en otra vivienda singular: la antigua casa del médico. Tengo que darle la razón (y también las gracias por la invitación). De la decrepitud del inmueble dejan constancia  los andamios en su puerta principal, tratando de evitar que posibles desprendimientos pongan en peligro a los transeúntes. Aparece como un edificio sencillo, de dos alturas, sin decoraciones, salvo en sus ventanas y balcones, pero con una equilibrada fachada gracias a los huecos que se abren en ella, tres en cada nivel que se van haciendo más pequeños conforme se asciende, consiguiendo de esta forma alargar su perfil.

Pero de esta visita fugaz me sorprende que la calle Mayor de La Ñora cuenta con otros encantos, si se sabe mirar. Estamos ante una línea recta que une dos puntos singulares:  la ermita de Nuestra Señora de los Dolores del Paso (siglo XVII) y la noria de origen árabe que da nombre a la pedanía. A izquierda y derecha de la vía (no tan ancha como cabría esperar por su nombre) se suceden ejemplos de arquitectura popular (casas de planta baja y líneas rectas, de coloridas fachadas) y edificios de mayor porte y presencia, como la citada casa del médico, el centro instructivo ñorense o casino, la iglesia de Nuestra Señora del Socorro (XVIII) y, ya en el cruce con La Carrera, la casa solariega de estilo ecléctico (principios del siglo XX) que abría este ‘post’.

Fachada de la antigua casa del médico de La Ñora.

Pese a que la mañana amanece fresca, la vida se asoma a la calle Mayor sin atisbo de pereza. Los vecinos se saludan por sus nombres al cruzarse de camino al médico o a la compra, y varias mujeres barren briosas las puertas de sus hogares. Da gusto pasear por esta arteria y echo de menos más información sobre su historia. La calle Mayor de La Ñora conserva todavía la esencia de esas arterias principales que han tenido todos los pueblos y que, por desgracia, van desapareciendo conforme crecen las urbanizaciones del extrarradio y mueren los cascos antiguos.

Ver Post >
El ‘Calixtino’ y otros pergaminos

Un agente, con el privilegio de las clarisas de Murcia. / G. C.

El juicio por el robo del Códice Calixtino (siglo XII) de la catedral de Santiago de Compostela me ha hace recordar otro caso que está en manos de la justicia. Me refiero a los 28 documentos históricos (el más antiguo, el privilegio de Sancho IV del año 1248 otorgando a las clarisas su monasterio de Murcia) recuperados por la Guardia Civil en un puesto ambulante de antigüedades. La investigación todavía debe arrojar luz sobre los misterios del periplo que siguió este patrimonio documental, de incalculable valor, para terminar en otras manos que no eran las de sus dueños originales y, quizás lo más importante, quién a partir de ahora debe guardarlos.

No ha trascendido de momento si en el transcurso de las indagaciones se han hallado pruebas que permitan concluir que ese tesoro documental fuera objeto de un robo, cómo sí ocurrió con el famoso ‘codex’ de Santiago. Así que varios interrogantes siguen esperando respuestas. Por ejemplo, cómo y cuándo estos pergaminos se esfumaron de sus lugares de origen: el monasterio de Santa Clara la Real de Murcia (24 de los 28 documentos), el Archivo de la Catedral de Murcia y el de la Diócesis de Cartagena. Al menos en el caso de las clarisas hay quien piensa que pudieron desaparecer con motivo de algunas de las dos grandes reformas que en los últimos tiempos se han acometido en el convento: una tras la Guerra Civil y otra hace poco más de una década.

Ahora se plantean dos escenarios. Puede darse el caso de que a quien se le incautaron estos manuscritos justifique su propiedad, por ejemplo, con un documento que acredite la cesión. En caso contrario, deberían volver a sus primeros dueños. Y otra incógnita se abriría entonces: ¿disponen éstos de los medios adecuados para asegurar su conservación? La Consejería de Cultura (que de momento los custodia en depósito hasta que haya una resolución judicial) ya advirtió en su día de que los pergaminos se encuentran en un deficiente estado, “con dobleces, roturas y restos de humedades”. Y avisó de que exigirá a sus propietarios que los restauren, garanticen su mantenimiento y permitan su estudio o consulta por parte de los investigadores. De momento, las clarisas (que a raíz de la información publicada por ‘La Verdad’ se interesaron por el descubrimiento) han dado un paso adelante y han solicitado a la directora general de Bienes Culturales, María Comas, que los 24 pergaminos regresen al archivo del convento.

Si algo parece haber quedado claro es que, por suerte, la Región ha recuperado un pedacito de su historia escrita.

Ver Post >
El tercer campanario más alto

Desde su reapertura al público, la Torre de la Catedral de Murcia se ha convertido en uno de los monumentos más visitados de la ciudad. En verano, el horario cambia: desaparecen los pases de la tarde pero, en su lugar, martes y jueves se ofrecen recorridos especiales (el precio es de 6 euros) a la luz de la Luna. Los interesados deben saber que para el mes de julio apenas si quedan ya plazas libres. Así que conviene reservar en el teléfono 968 219713.  En 2011, tuve la oportunidad de recorrer de arriba a abajo el imponente campanario. Aquí os dejo un resumen de aquella experiencia, que os recomiendo. Espero que la disfrutéis.
‘Dieciocho rampas y 44 peldaños conducen al ‘techo’ de Murcia. Desde las alturas, la ciudad aparece impasible y perezosa, como un mar calmoso de azoteas y tejados todos diferentes. Más allá de los edificios surge una huerta verde y esponjosa; y si no fuera por la imponente muralla rocosa del Puerto de la Cadenas puede que la vista alcanzara hasta el mar. En fin, una panorámica única. Es la recompensa por ascender a la Torre de la Catedral, en un paseo que permite recorrer 400 años de la historia de Murcia [...]. Es un edificio único, por varios motivos. Con 95 metros, es el tercer campanario más alto de España, después de la Giralda de Sevilla y la Sagrada Familia de Barcelona. Su sucesión de cuerpos (otra de sus singularidades) suponen toda una lección de historia del arte: desde el renacimiento italiano al neoclasicismo, pasando por el barroco. Claro que hubo tiempo para todo. Porque el monumento empezó a levantarse en el año 1519 y no se remató con la veleta hasta 1893. Casi cuatro siglos.

La plaza de Belluga, el río y el barrio de El Carmen, desde la Torre de la Catedral. / V. VICENS

¿Y a qué se debió tanta demora? Pues porque surgieron problemas, y no pequeños. Al llegar al segundo cuerpo, la torre se inclinó hacia el este. Y todavía sigue torcida. Si se coloca en Trapería lo podrá comprobar. Más de doscientos años tardó el Cabildo catedralicio en decidirse a terminar las obras. Ya estaba el famoso imafronte barroco de Jaime Bort acabado cuando se halló la solución: todos los elementos de la parte oeste de la torre serían el doble de anchos, y por tanto de pesados, para contrarrestar la inclinación. Y funcionó. Porque, la Torre ahí sigue, pese a terremotos e inundaciones, contemplando el paso del tiempo. Claro que no fue el único ‘imprevisto’. A la hora de rematar el campanario, se presentaron varias ideas. Los canónigos recurrieron entonces a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y el arquitecto Ventura Rodríguez diseñó el último cuerpo con una bóveda octogonal y linterna. ¿Gustó el resultado? Pues no mucho; los murcianos, en tono socarrón, calificaron el remate como un bebedero de palomas.
En el interior de la Torre, de planta cuadrada, también es posible contemplar esa sucesión de estilos artísticos. Hasta los llamados conjuratorios, la estructura acoge varias estancias. En la rampa siete está el archivo, que atesora cientos de legajos y documentos, incluidas cartas manuscritas de Alfonso X. Un poco más arriba se localiza la conocida como sala de los refugiados, pues era el lugar donde se guardaba el tesoro de la Catedral en caso de riada. Y encima, la sala del reloj, que aún conserva la maquinaria del año 1940. Ahora ya no es necesario que suba el relojero cada tres días a darle cuerda, porque está conectado vía satélite al atómico de Berlín, que lo mantiene puntualmente en hora. Esta estancia, donde vivía el campanero, es conocida también como la sala de los secretos. Pura ironía, porque la bóveda vaída le otorga una acústica tan especial que resulta casi imposible susurrar unas palabras sin que se escuchen en la otra esquina de la habitación.
[...] Tres rampas más arriba se accede por fin al exterior de la torre a través del balcón de los conjuratorios. Abierto a los cuatro puntos cardinales, otros tantos templetes, coronados por las imágenes de los santos cartageneros, adornan cada una de las esquinas. Es un espacio singular, que no se da en otras catedrales españolas, y cargado de historia. Hasta aquí subían dos canónigos cada vez que amenazaba tormenta o existía riesgo de riadas. Con la reliquia del ‘Lignum crucis’ entre sus manos, pronunciaban unos salmos con respuesta como conjuro para librar a Murcia de la previsible desgracia. Si pese a los rezos, la situación no mejoraba, entonces era el obispo el que subía (y no a caballo, como cuenta una leyenda popular) para pronunciar el llamado conjuro de emergencia desde un balcón suspendido sobre la fachada que da al río.
 [...] Una escalera de caracol asciende al cuerpo de campanas, la última estancia visitable de la torre. Solo por las vistas ya ha merecido la pena. Pero no conviene perderse la explicación sobre el tesoro que conserva la Catedral en las alturas. El conjunto de bronces es especial por su sonoridad. Y es que, hasta no hace mucho tiempo, las campanas regían la vida de los murcianos. Debían escucharse en toda la huerta porque avisaban no solo de la hora, también en el caso de registrase un incendio o una riada, y por supuesto gobernaban las tandas de riego. La torre cuenta con veinte campanas, cinco en cada lado. La más pesada, ‘Santa Águeda’, con 6.420 kilos (la sexta más grande de las catedrales españolas); la más famosa, ‘San Victoriano’ (1.158 kilos) conocida como la Nona, por marcar la hora nona (3 de la tarde), cuando murió Jesús en la cruz, según la tradición cristiana. Es fácil distinguirla porque tiene estampada una lagartija.
Una última curiosidad antes de la despedida acerca de este gigante de piedra. Cuando el obispo Mateo mandó su construcción pretendía lanzar un aviso a la vecina Orihuela, que por entonces ya aspiraba a tener diócesis propia. El prelado ordenó que la torre fuera lo suficientemente alta para que se viera desde la localidad alicantina como muestra de poder y dominio. Y vaya si lo consiguió. Si el día está claro, es posible adivinar la figura del campanario de la seo oriolana. Sin embargo, con el tiempo el esfuerzo resultó baldío, porque Orihuela logró independizarse. Y Murcia ‘solo’ se quedó con un monumento único’.

Ver Post >
Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

Últimos Comentarios

Vaya-tela 09-02-2017 | 09:47 en:
Cultura y los faros
mrubio 28-02-2016 | 11:53 en:
El hotel de los felices 70

Otros Blogs de Autor

Últimos Comentarios

Vaya-tela 09-02-2017 | 09:47 en:
Cultura y los faros
mrubio 28-02-2016 | 11:53 en:
El hotel de los felices 70