La Verdad

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Aquellas fábricas de sueños
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Miguel Rubio | 19-05-2014 | 18:06| 3

Ginesa ‘la barquillera’ no solía faltar al pase de cada tarde de domingo, con su puesto ambulante de pipas sobre su falda, a las puertas del Teatro Circo de Mazarrón. Las sesiones de cine de aquella infancia lejana eran una ventana abierta por la que se escapaba volando la imaginación. Y cuando la pantalla se apagaba, entonces volvía a aparecer un pueblo de futuro incierto, en blanco y negro. Ahora se cumplen treinta años de la última función. Esta fábrica de sueños cerró en 1984; después sufrió un incendio que redujo a cenizas su interior. Las llamas respetaron la fachada, la misma que hoy luce un cartel de ‘se vende’. Dudo de que el Teatro Circo (escenario también de zarzuelas, sainetes y conciertos, en ocasiones protagonizados por los propios vecinos) entre en el inventario de cines singulares del siglo XX en peligro de desaparición que está redactando el Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE), pero, desde luego, forma parte de la historia (y de los recuerdos) de este pueblo minero y marinero. ¿Es la piqueta el destino que se merece?

El citado catálogo, que prepara un equipo de investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela, dirigidos por el profesor Jesús Ángel Sánchez, deberá estar listo este mes de junio. Habrá que aguardar hasta entonces, explican desde el IPCE, para conocer si algún cine de la Región se incluirá en dicho documento, aunque se da por seguro que habrá representación murciana. El trabajo recopilará 150 salas “de especial relevancia, tanto por su arquitectura como por sus sistemas de proyección o por la importancia social que tienen o han tenido en los lugares en los que están ubicadas,” según informa el Instituto en su web. El objetivo es dar “una primera aproximación”, precisa una conservadora, sobre cuál es el estado de las principales salas, todavía en funcionamiento o ya clausuradas, que destacan por su “singularidad o interés cultural”. El siguiente paso consistiría en una labor de depuración hasta conseguir un listado que recoja aquellos elementos que habría que proteger, para, posteriormente, lanzar un plan de recuperación con ayuda de los presupuestos del Estado.

Fachada del Teatro Circo de Mazarrón, en una foto de archivo. / V. VICÉNS

De momento, pocas salas han conseguido la declaración de bien de interés cultural (BIC), una tarea pendiente que ahora se quiere corregir. El inventario forma parte de un plan nacional, más ambicioso, con vistas a la salvaguarda del patrimonio del siglo XX, siempre amenazado debido, fundamentalmente, a su proximidad temporal. Incluirá no solo la arquitectura, el urbanismo y la ingeniería civil, sino también las artes plásticas y los registros fotográficos, audiovisuales y sonoros.

Fue a principios de la década de los años veinte cuando en la Región se empezaron a levantar salas específicas de exhibición. En Cartagena estaba, por ejemplo, el Gran Salón Sport, que fue acondicionado por el arquitecto Lorenzo Ros, autor de otros inmuebles singulares de la época. En Murcia apenas si quedan en funcionamiento cines históricos. Se mantienen el Rex, remodelado por Martínez Albaladejo (otro proyectista destacado del Movimiento Moderno), y los Salzillo, que ahora acogen la Filmoteca Regional. ¿Alguien guarda una vivencia especial que quiera compartir aquí?

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Un paisaje de película
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Miguel Rubio | 14-05-2014 | 19:01| 0

El mogollón de cámaras, actores y decorados desembarca este fin de semana en el coto minero de San Cristóbal-Los Perules, en Mazarrón, para rodar escenas del cortometraje ‘El centinela’, un nuevo trabajo de los directores Bernat Gual y Aitor Iturriza, producido por La Periférica, que cuenta las vivencias de un niño en su paso a la adolescencia, en una colonia de África. No es la primera vez que la industria cultural pone el ojo en este paisaje de chimeneas y castilletes abandonados, protegido por la Consejería de Cultura como sitio histórico. Por ejemplo, el mismo paraje fue elegido para grabar parte del último videoclip de Luz Casal para su canción ‘¿Por qué no vuelves, amor?’  Y no hace mucho que un equipo de profesionales de la imagen escogió este escenario (la antigua mina San Antonio) para tomar la fotografía nocturna iluminada más grande hecha en España. Lleva por  título ‘Mazarrón, un siglo después’, y fue adquirida recientemente por el Ayuntamiento, después de pasearse por las televisiones de España.
Todo ello da argumentos a quienes apuntan que el distrito minero (el segundo en importancia de la Región) tiene más futuro como recurso turístico que por la riqueza de metales que todavía atesora. Esto último, aseguran, sería “pan para hoy y hambre para mañana”. Otro botón de muestra de este atractivo son los cada vez más numerosos visitantes que acuden admirados por el colorido paisaje de terreras y ruinas. Y también es parada casi obligada para los alumnos de la facultad de Bellas Artes de Murcia por las posibilidades que ofrece para la inspiración artística. Por eso, estas mismas voces defensoras temen que las explotaciones vuelvan a ponerse en marcha, más aún después de escuchar la precisión deslizada por Patrimonio Histórico de que la protección como bien cultural de los cotos no tiene por qué resultar incompatible con un resurgir de la actividad minera.

Ruinas y terreras de la mina San Antonio, en Mazarrón. / G. CARRIÓN

La declaración histórica del sitio minero acaba de recibir un espaldarazo por parte del Tribunal Superior de Justica. Pero el valor que atesora no le ha servido de mucho a la hora, por ejemplo, de protegerse de ‘cazatesoros’ y ladrones de chatarra. Ahora ha recibido otro ‘zarpazo’, según la denuncia publicada en ‘La Verdad’,  porque han abierto una zanja para desecar una de sus lagunas emblemáticas. Una charca de postal mil veces fotografiada. Desde la Consejería de Industria argumentan que la obra era necesaria para evitar deslizamientos de vertidos que podían poner en peligro a la población. El tema amenaza con tener más recorrido, porque, me adelantan, profesores de la Universidad de Murcia piensan hacer público un escrito de queja contra este “ataque al patrimonio minero”.

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¿Vuelve la arquitectura tradicional?
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Miguel Rubio | 12-05-2014 | 19:39| 0

Escuchando a María Pía Timón Tiemblo, experta del Instituto del Patrimonio Cultural de España, en la presentación, en Murcia, del Plan Nacional de Arquitectura Tradicional, daba la impresión de que esas edificaciones vernáculas forman parte del futuro más que del pasado. Porque algunos de los principios que inspiraron a sus anónimos constructores (acordes con la naturaleza que tenían más a la mano) siguen vigentes para la arquitectura contemporánea, a la que la crisis ha zarandeado hasta desnudarla de fuegos artificiales y dejarla casi en lo básico, alejada de los costosos megaproyectos que hicieron furor no hace tanto tiempo. En la arquitectura tradicional se imponen técnicas y oficios de antes, así como materiales reutilizados. “Es un ejemplo de sostenibilidad”, matizó María Pía Timón en su detallada explicación en los Molinos del Río. Sin adornos superfluos, aunque sin renunciar a la originalidad en los detalles, estas construcciones destacan por su utilidad y su adaptación al entorno. Y muchos de estos mismos fundamentos han estado presentes, por ejemplo, en la última edición de los Premios Regionales de Arquitectura, donde han destacado la recuperación y la integración en el paisaje. También el arquitecto japonés Shigeru Ban, Premio Pritzker 2014, tiene aún mucho que decir de los proyectos sencillos y humildes.

Molino Alfatego, en la acequia del mismo nombre, en Murcia.

El Plan Nacional de Arquitectura Tradicional no solo abre la puerta a la rehabilitación de norias, almazaras, yeserías, mataderos, potros de herrar, tahonas, posadas, pozos de nieve, caseríos y alquerías (entre otros muchos elementos); además, despeja el camino para un nuevo nicho de negocio: el de los oficios y materiales que se han ido perdiendo con la industrialización y la globalización. Desde el Instituto del Patrimonio Cultural se anuncia la elaboración de un censo de artesanos y un catálogo de productos que ayuden en las labores de rehabilitación de esas construcciones tradicionales. Unas edificaciones que rompen con la monotonía de lo moderno, ésa de fachadas uniformes que no nos permite distinguir si estamos en uno u otro lugar.
En unos días, el Ministerio de Cultura colgará en su web el tomo completo de este nuevo plan nacional, adelantado con motivo del Congreso de Molinología. A partir de entonces, una comisión de seguimiento se pondrá en marcha para llevar a la práctica el documento. Entre los principales cometidos destaca sensibilizar a la población para que aprecie, de una vez, la importancia de este patrimonio. En Murcia, por ejemplo, la asociación Huermur se ha topado con este problema a la hora de conservar los antiguos molinos. Ahora espera que el plan de arquitectura tradicional sea una tabla de salvación para esos ingenios hidráulicos.

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Una mancha en la vía verde
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Miguel Rubio | 07-05-2014 | 20:54| 5

La estación de la Ribera de Molina se cae a pedazos de puro abandono. Su deterioro se ha agravado en las últimas semanas con el derrumbe de parte de la balaustra de ladrillo que corona y adorna el coqueto edificio. El inmueble pertenece a la antigua línea de tren que unía Murcia y Caravaca de la Cruz. Este corredor ferroviario, de casi 79 kilómetros, ha sido transformado en un itinerario ecoturístico, dentro del proyecto de vías verdes, para darle una nueva vida a estos caminos de hierro, que a principios de la década de los setenta no pudieron soportar la competencia del transporte por carretera.
Según un catálogo sobre el patrimonio histórico ferroviario elaborado en 2004, dieciséis estaciones daban servicio a lo largo de esta línea, que conectaba las productivas vegas del Segura con las tierras altas del Noroeste. Solo doce han soportado el paso del tiempo. Siete de ellas se han convertido (con mayor o menor respeto a la arquitectura original) en albergues para turistas; otras, sin embargo, no han corrido tan buena suerte, como la citada de la Ribera de Molina, la de los Baños de Mula y la de la Puebla de Mula, que parecen aguardar tiempos mejores.
El diseño fue obra del ingeniero Manuel Bellido. Datan de principios de los años 20 del pasado siglo y responden a un modelo parecido: la planta baja se destina a los viajeros y el piso superior acoge la casa del jefe de estación. Eso sí, se aprecian diferencias en las dimensiones y el ornato según la categoría de cada una de ellas, como ocurre en la estación de cabecera, en la Redonda de Murcia, y que desde hace años alberga oficinas de la empresa Aguas de Murcia. También se introducen cambios en algunas terminaciones de los edificios atendiendo a su emplazamiento, y así los apeaderos localizados en zonas muy expuestas al sol se equipaban con grandes marquesinas para el resguardo del pasaje.

Desperfectos en la estación de la Ribera de Molina.

La recuperación de la línea Murcia-Caravaca para uso turístico aún presenta asignaturas pendientes (a veces no se tiene la sensación de estar paseando por un antiguo eje ferroviario, porque se han perdido muchas de sus referencias), pero eso no desmerece el enorme trabajo realizado para la puesta en valor de un patrimonio que cada vez cuenta con más seguidores. Por cierto, que este sábado, con motivo del Día de las Vías Verdes, se ofrece una buena oportunidad para adentrarse en este corredor. La cita es en Alguazas y hay que inscribirse en la web murciaturística.es. Además de conocer un trocito de la historia del ferrocarril, la visita tiene otras dos paradas importantes: la iglesia de San Onofre, con una magnífica portada renacentista, y la Torre Vieja, ejemplo de la arquitectura defensiva medieval.

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¿Qué más tesoros guarda La Isla?
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Miguel Rubio | 05-05-2014 | 21:16| 5

Parece mentira que, veinticinco años después del hallazgo de los barcos fenicios de La Isla (Mazarrón), todavía no se sepa a ciencia cierta qué más tesoros arqueológicos pueden permanecer aún hundidos en esta playa. Así que la prospección que se ha comprometido a acometer el Ministerio de Cultura, según se acordó en una reunión mantenida con el Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma, seguro que arrojará más de una sorpresa para el patrimonio subacuático de la Región. En principio, la tarea principal será confirmar si existen más naves de la misma época bajo el lecho marino, como creen algunos expertos. La hipótesis que se baraja es que un temporal pudo sorprender a toda una flotilla y que las olas terminaron por mandar a pique las naves, cargadas hasta arriba de mineral.

El futuro del yacimiento de La Isla (tampoco se entiende cómo ha tenido que pasar un cuarto de siglo para que se declare bien de interés cultural) afronta una semana decisiva. En los próximos días, los técnicos de Protección del Patrimonio Histórico deben perfilar los detalles de ese estudio, como, por ejemplo, la superficie a abarcar en la exploración y los medios humanos y técnicos necesarios para los trabajos. Será entonces cuando el Ministerio podrá redactar el correspondiente proyecto y preparar la adjudicación de los trabajos, cuya ejecución requiere de los conocimientos de empresas especializadas. De forma paralela, las tres administraciones deben poner en marcha una comisión de expertos encargada de arrojar luz acerca de qué hacer con el barco fenicio que se conserva, ya excavado, dentro de un arcón metálico. Hasta ahora se han barajado dos posibilidades: extraerlo y exponerlo en seco en un museo o construir una urna de hormigón y cristal para mostrar la nave ‘in situ’.

Tres buzos realizan trabajos de mantenimiento en el barco fenicio. / ARQUA

El mayor problema es que el tiempo corre en contra. Las alarmas se han encendido tras el aviso lanzado por el Ayuntamiento: la brusca transformación que sufre la playa de La Isla está provocando una elevación del pecio. Y si cuando se descubrió estaba a cuatro metros de profundidad, ahora solo queda poco más de metro y medio de agua por encima, lo que supone un peligro añadido para la conservación de este bien tan frágil.
Independientemete de la decisión que se adopte, da la impresión de que, por fin, las tres administraciones empiezan a remar en la misma direccióbn. Y, además, están de acuerdo en que, como en una casa, lo primero es empezar por los cimientos, esto es, saber qué restos quedan en la zona, para después abordar su puesta en valor. Es más, la prospección arqueológica puede despejar el camino de cara a otra asignatura pendiente para Mazarrón: la regeneración de esta playa urbana de la que tantos buenos recuerdos conservan miles de vecinos y turistas, que la conocieron en sus años de esplendor.

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El hotel de los felices 70
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Miguel Rubio | 30-04-2014 | 18:56| 7

El Dos Playas no es un hotel cualquiera. La mole de seis plantas simboliza el despegue turístico que experimentó a finales de la década de los años sesenta no solo Mazarrón, sino también buena parte del litoral mediterráneo. Es más, se trata de una construcción singular y digna de ser conservada, a juicio de la Fundación Docomomo, una organización internacional creada con el objetivo de inventariar, divulgar y proteger el patrimonio arquitectónico del llamado Movimiento Moderno. Levantado entre los años 1965 y 1971, en la carretera que une Bolnuevo y el Puerto de Mazarrón, frente a la playa de la Ermita, es obra del arquitecto Juan Guardiola Gaya, autor de un buen número de edificios en la fachada marítima de la alicantina playa de San Juan. Según la ficha del citado catálogo, “la imagen abstracta del edificio deriva de la repetición de los huecos correspondientes a las terrazas de las habitaciones”. Y remarca, también, que “la contundente horizontalidad de la pieza, destacando sobre la escala doméstica de las construcciones vecinas, aparece subrayada por su contraste con la imposible esbeltez del edificio Paula”.
Hace más de dos décadas que el Dos Playas se reconvirtió en residencia para los empleados del BBVA. Tras un tiempo con este uso, echó el cierre definitivo, y, ahora, Anida, la inmobiliaria del citado banco, lo tiene a la venta  por un precio de 4,8 millones de euros, aunque se admiten ofertas a la baja. La parcela aparece clasificada como terreno terciario, por lo que solo se permiten equipamientos. Llegado el caso, ¿será suficiente para salvar de la piqueta el imponente edificio?

El hotel Dos Playas, a la derecha; junto al esbelto edificio Paula. / J.M. RODRÍGUEZ

Sus muros guardan una historia sentimental. En su época dorada, en los años 70, el hotel Dos Playas no solo fue una fuente de ingresos para el municipio, sino que también supuso una bocana de aire fresco para la localidad, que despertaba a un nuevo tiempo más ilusionante y divertido. El turismo no solo dejaba divisas, con él también llegó la modernidad a un pueblo que languidecía tras el cierre de las últimas minas. Las fiestas en aquel hotel se hicieron famosas en buena parte de la Región. Hay fotos de Felipe González disfrutando de una velada trovera, pocos meses antes de su primer triunfo electoral. Largas colas para poder acceder al recinto, veladas hasta la madrugada en la terraza con la piscina iluminada, bingo y discoteca todas las noches. Los empleados corrían de un lado para otro para atender al aluvión clientes, y, en ocasiones, apenas si disponían de tiempo para retirar las ‘huellas’ del sarao nocturno y montar el servicio de desayunos. ¿Algún nostálgico se ofrece a compartir aquí sus recuerdos?.

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Arquitectura bajo tierra
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Miguel Rubio | 28-04-2014 | 21:54| 0

La tarde que llego a Caprés, el viento sopla con fuerza. Eso sí, nada comparable al día que las rachas tumbaron la antigua ermita dedicada a San Jerónimo. Esta pedanía fortunera, a poco más de 7 kilómetros al norte de Los Baños, está formada por tres caseríos, desperdigados a la sombra de la sierra del Corque, entre un paisaje agreste y reseco, salpicado de oliveras centenarias. Se trata de uno de los pocos núcleos de la Región donde sus vecinos aún mantienen viva la tradición de morar en casas cuevas. Tierra de fronteras y de primitivos eremitas, aparezco en Caprés con el mejor guía que podía llevar, el chef Cayetano Gómez, ganador de la Copa de Jerez en 2011. Sabe de mi atracción por estas viviendas, tan antiguas como el hombre, excavadas en la tierra, y él se ofrece a mostrarme la suya, en la que ya vivieron sus abuelos maternos. Fuera, el sol aún pica, pero dentro se echa de menos la manga larga. De techos abovedados y paredes encaladas, destaca el hogar de la cocina, con su gran chimenea y un horno moruno.

Las casas cueva siempre mantienen una temperatura agradable, sea cual sea la estación del año. Pero lo que más me llama la atención es la paz que se respira en el interior. Un silencio que se cuela por los poros de la piel, y que resulta el mejor bálsamo para desconectar de la vida mundana. Sin embargo, aún hay más. Porque las vistas desde la puerta de la cueva de mi amigo te dejan boquiabierto. Estamos a 420 metros de altitud, y, al anochecer, se ve cómo aparece una alfombra de luces desde Abanilla a Murcia.

Chimenea de una casa cueva en el campo de Molina de Segura.

Caprés ha sido mi último descubrimiento. Pero existen otras aldeas y barrios con vida subterránea. También me sorprendió Comala, en el campo de Molina de Segura, cerca de Campotéjar y La Albarda. Sus viviendas cueva datan del siglo XIX y fueron horadadas en pequeños promontorios por los jornaleros que llegaron de la Vega Media en busca de trabajo. En esta guía tampoco podía faltar Lorquí. Hace dos décadas, 2.000 de sus 5.000 vecinos seguían utilizando las casas cueva, bien para vivir o bien para guardar aperos. Hoy, su futuro es incierto debido al deterioro que presentan. Un estudio publicado por el departamento de Geografía de la Universidad de Murcia en 1993, ya advertía del peligro que corría este “patrimonio etnocultural”, de gran valor para analizar la evolución social de la población. En otras localidades de fuera de la Región, se le ha sacado partido a esta arquitectura popular como alojamientos turísticos. Aquí también se han rehabilitado algunas con este fin. Eso sí, quien mejor ha sabido ver las posibilidades que ofrecen estas construcciones ha sido el Ayuntamiento de Puerto Lumbreras. Su poblado bajo el castillo de Nogalte, que incluso llegó a tener escuela, merece una visita para hacerse una idea de cómo es la vida bajo tierra.

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Un 'mini-Arqua' para el barco fenicio
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Miguel Rubio | 14-04-2014 | 16:42| 0

Vuelta al principio con el barco fenicio. El alcalde de Mazarrón, Ginés Campillo, ha dado marcha atrás en su idea de poner en valor el pecio de 2.700 años de antigüedad en el mismo sitio donde está: a 1,80 metros de profundidad en la playa de La Isla. El regidor se había mostrado dispuesto a que el Ayuntamiento sufragara en solitario los 712.000 euros que costaba construir una urna de hormigón y cristal, unida a tierra con una pasarela, para contemplar desde arriba la embarcación sin moverla del lecho marino. Pero, finalmente, el primer edil se ha rendido a la opinión expresada por los expertos en el congreso científico celebrado en la localidad sobre esta joya del patrimonio subacuático, que aseguraban que la mejor opción era extraer la nave, de 8,10 metros de eslora y 2,25 de manga, y exponerla en seco, eso sí, sin que abandonara el municipio. El principal valedor de esta alternativa es el catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza Manuel Martín Bueno. Y la propuesta no es nueva, la planteó en 2010, cuando el ya desaparecido consorcio turístico de Mazarrón encargó un estudio acerca de qué hacer con el barco fenicio. En el reciente congreso, Martín Bueno mantuvo lo mismo que defendió entonces: que existen los medios técnicos para llevar a cabo con éxito la operación de extracción del pecio, para después tratar la madera con un barniz especial y, finalmente, exponer la embarcación en un museo. A la vez, este catedrático advertía de que instalaciones como esa de la urna de cristal y hormigón resultan “caras de mantener”.

Dos técnicos supervisan el barco fenicio.

La opción de sacar del mar el barco fenicio entraña riesgos, debido a que la nave es extremadamente delicada. Pero también abre otras posibilidades, debido a que permitiría desarrollar una campaña de excavación en profundidad para comprobar si existen más restos bajo la arena. Los expertos ya han avisado de que puede haber toda una flotilla fenicia hundida. En cualquier caso, al tratarse de un yacimiento protegido, Patrimonio Histórico tiene la última palabra. Y habrá que estar atentos también a lo que diga la Demarcación de Costas, que tiene pendiente la regeneración de la playa de La Isla, afectada por una profunda degradación que la ha transformado por completo.
Con todos estos mimbres, Ginés Campillo ya tiene cita en el Ministerio de Cultura para ver qué cesto componer. El 28 de abril, el primer edil viajará a Madrid con el fin de recabar el apoyo del departamento de Wert para el proyecto de extraer el pecio, ‘restaurarlo’ y exponerlo al público. El Ayuntamiento quiere construir unas instalaciones que funcionen como una delegación del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua) de Cartagena -parece que su director, Iván Negueruela, estaría de acuerdo- en las que mostrar el pecio recuperado del fondo del mar. Ya se barajan dos posibles emplazamientos para este centro: una parcela en la subida al faro y la Casa Rolandi, una villa de veraneo del principios del siglo XX, en la playa del Rihuete, que el Consistorio comprará a sus propietarios.

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La belleza de una fábrica
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Miguel Rubio | 09-04-2014 | 18:25| 0

Con la vista puesta en el Año Europeo del Patrimonio Industrial (que será en 2015), cabe repasar si, en esta materia, la Región progresa adecuadamente. Para el Instituto de Patrimonio Cultural de España, “los testimonios de la industrialización constituyen un legado imprescindible para comprender la historia de los dos últimos siglos”. Y añade que esos elementos “han desempeñado un importante papel en la evolución del territorio y en la formación del carácter histórico de sus sitios, lugares y paisaje”. En fin, que no es una cuestión baladí.

La Región tiene donde elegir. Por ejemplo, el Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (TICCIH) elaboró un catálogo con cien bienes, y cuatro de ellos se localizan en estas tierras: el embarcadero del Hornillo (1903), en Águilas; el paisaje minero de La Unión-Cartagena; el coto minero de San Cristóbal-Los Perules, en Mazarrón, y el arsenal de Cartagena. Los dos primeros ya se han puesto en valor para explotarlos turísticamente, a través de rutas y visitas guiadas. En cuanto a los otros dos espacios, aún queda camino por recorrer. El distrito minero mazarronero sigue abandonado a su suerte, víctima de un expolio feroz, lo que no impide que despierte el interés de los visitantes y que también se haya convertido en escenario para videoclips, por su paisaje de mil colores y sus 2.000 años de historia. Respecto al arsenal, se trata de un complejo militar y defensivo, además de un polo de la industria naval, y no admite visitas debido a que es un enclave estratégico para la defensa del país.

Fábrica de la pólvora, en Javalí Viejo, que acaba de cumplir 150 años. / I. SÁNCHEZ

Pero hay más recursos en nuestro territorio. Un equipo de investigadores de la Universidad de Murcia ha inventariado un centenar de bienes inmuebles de los siglos XVIII, XIX y XX, entre astilleros, fundiciones, instalaciones ferroviarias, fábricas, almacenes y estaciones hidroeléctricas. En el citado catálogo, que ha supuesto un laborioso trabajo de cinco años, merecen un apartado especial las llamadas Reales Fábricas, un conjunto de industrias que tienen sus orígenes en el siglo XVIII. Enclavadas en Murcia, se incluyen la fábrica de la seda de La Alberca; la fábrica de seda piamontesa (solo se conserva la fachada en el edificio de los 9 pisos) y las fábricas del salitre, en la capital, y de la pólvora, en Javalí Viejo. Esta última acaba de cumplir 150 años. Sus pabellones principales fueron diseñados por Francisco Bolarín Gómez, el mismo arquitecto que ideó el edificio original del Casino de Murcia, pero ni los propios historiadores de la Universidad han podido acceder, por los mismos motivos que el arsenal de Cartagena. Además de Águilas y La Unión, otras localidades han puesto sus ojos en el patrimonio industrial como recurso turístico. Molina de Segura trata de sacarle partido a sus antiguas conserveras, a través de una ruta por lo que queda de ellas: sus chimeneas. En ese recorrido también se repasa un interesante patrimonio inmaterial: el recuerdo de las cientos de mujeres que levantaron con su trabajo este imperio.

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La perla de 'La Mazarronera'
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Miguel Rubio | 07-04-2014 | 18:08| 0

Entre el olvidado y saqueado patrimonio minero de Mazarrón surge una perla. Lleva por nombre ‘La Mazarronera’ y es la única instalación que luce restaurada en todo el distrito (el segundo más importante de la Región, tras la sierra de La Unión-Cartagena), por lo que ha aparecido como imagen para ilustrar algunos carteles turísticos. En los últimos años, el Ayuntamiento ha expresado su compromiso de poner en valor las antiguas explotaciones de mineral. Pero las promesas han caído en saco roto, y ni siquiera se ha conseguido frenar el expolio. Así que, en mitad de tanta desolación y abandono, sorprende el oasis que representa ‘La Mazarronera’ y su pozo San Carlos. Su remozado aspecto es fruto del trabajo llevado a cabo por el propietario, que rehabilitó la mina con sus propias manos. En una ocasión, contacté con él para dar a conocer su historia, pero rehusó cualquier publicidad. Es más, en sus palabras noté un cierto tono de disgusto porque, cuando pidió ayuda a la Administración para acometer las obras, no encontró respuesta.

Mina 'La Mazarronera', en las Pedreras Viejas. / M. RUBIO


‘La Mazarronera’ (al igual que las minas Santa Isabel y San Francisco) se esconde en mitad de las Pedreras Viejas, una erosionada franja de terreno en la pedanía de Leiva, entre la carretera de Águilas y la autopista de Vera. De los tres cotos mineros del municipio, quizás éste sea el más desconocido, aunque no por ello goce de menor relevancia histórica. Según recuerda el catedrático Pedro María Egea Bruno, varias de las principales explotaciones de alumbre se localizaron aquí. Este mineral, empleado en la industria textil para el tintado, es el de “mayor tradición” en Mazarrón. Los marqueses de los Vélez y de Villena se repartieron su explotación en el siglo XV, y, con grandes altibajos, la actividad se mantuvo viva hasta 1953.  Llama la atención, pues, que las Pedreras Viejas carezca de la misma protección que el Coto Fortuna y el del cerro de San Cristóbal-Los Perules. Hace unas semanas supe que, mientras que estos dos parajes mineros cuentan con la declaración de bien de interés cultural (BIC), aquél solo está protegido por el planeamiento urbano, un escalafón menor en la normativa. Aún así, desde el Ayuntamiento aseguran que este patrimonio “no corre peligro” y que la Consejería de Cultura sigue los trámites para lograr la protección BIC también para las Pedreras Viejas. No hay fecha para completar el papeleo. A ver cuánto tiempo transcurre.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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