La Verdad

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Ruano, el renovador
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Miguel Rubio | 08-11-2015 | 16:00| 0
Para descubrir la rompedora arquitectura del final de franquismo en la Región, solo hay que acercarse, a partir de este martes, a la sede del Coamu (calle Jara Carrillo, Murcia). El Colegio de Arquitectos acoge una exposición para rendir homenaje al proyectista Enrique Sancho Ruano, que a sus 92 años encarna la renovación que experimentó la edificación hace casi medio siglo. Supo captar las nuevas corrientes de la época y, lo que parece más importante, tuvo la valentía de incorporarlas en las construcciones que comenzó a idear en los años 60. En España, entonces, se daba por acabado el periodo gris de la autarquía surgida de la postguerra. La muestra, comisariada por Edith Aroca y José María López, va más allá de un repaso a la obra de ese creador. Porque arquitectura y arte se dan la mano en esta propuesta expositiva que pretende llamar la atención sobre el valor del patrimonio del siglo XX, no suficientemente reconocido y, por lo tanto, amenazado por la piqueta.
Enrique Sancho Ruano, nacido en 1923 en Palma de Mallorca, desarrolló su carrera profesional en la Región con dos estudios, en Murcia y Lorca. Formado en Madrid, como arquitecto de la antigua Diputación Provincial (y después, con la llegada del Estado de las autonomías, de la Comunidad) firmó buena parte de la obra pública que desde la segunda mitad del siglo pasado impulsaron los tecnócratas del gobierno de Franco dentro de su política de modernización del país. Durante años, también desempeñó el puesto de arquitecto de la Diócesis de Cartagena, encargándose del diseño de una decena de iglesias. Y mantuvo, además, una intensa actividad privada. Así que el proyectista dejó una extensa obra, desde bloques residenciales a edificios administrativos, capillas, equipamientos públicos y oficinas. Hasta llegó a montar un astillero para hacer realidad una de sus pasiones: el diseño de barcos.
Aroca y López han dedicado varios meses a bucear en la obra de  Sancho Ruano con el fin de llevar a la exposición una selección de las construcciones más singulares, a través de planos, fotografías y otros documentos (incluida una página del diario ‘La Verdad’) cedidos por el Archivo Regional, el Municipal, la Consejería de Sanidad, la Dirección General de Patrimonio de la Consejería de Hacienda y por la propia familia del arquitecto. De entre los proyectos que han superado el paso de los años, destacan tres conjuntos: la sede de la Consejería de Sanidad, las instalaciones del psiquiátrico de El Palmar y el complejo residencial de Espinardo, que aspira ahora a obtener la protección de Cultura. En esa terna,  Sancho Ruano pone el diseño al servicio de la personas, con la funcionalidad, la practicidad y la comodidad como bandera.

López y Aroca, con planos que se expondrán en la muestra.

En el capítulo de construcciones religiosas, sobresalen la iglesia de Barranda (Caravaca de la Cruz) y las capillas integradas en los citados conjuntos de El Palmar y Espinardo. Hombre profundamente religioso, Enrique Sancho estaba al tanto de las nuevas doctrinas del Concilio Vaticano II, que también alcanzaron al arte. Frente al barroco recargado, los nuevos templos se limpiaron de ornamentos para no distraer la atención, facilitar la espiritualidad y favorecer la idea de comunidad entre los feligreses. Los espacios diáfanos, las líneas puras y los nuevos materiales (como el hormigón y la piedra artificial) ganan terreno, y la luz natural, coloreada con vidrieras, llena esos modernos espacios de recogimiento como un símbolo del camino hacia Cristo.
Pero la exposición no se centra exclusivamente en las soluciones arquitectónicas que introdujo Ruano. Un buen número de sus construcciones se completan con la creatividad de artistas del momento. Vidrieras, murales, esculturas, piezas de orfebrería y hasta mobiliario forman parte imprescindible de esas obras en “una concepción integral del proyecto”, resalta José María López. Así que un apartado importante de la muestra se dedica a las obras de estos escultores, pintores y artesanos que con sus obras contribuyeron a engrandecer esos edificios. En la iglesia del conjunto residencial de Espinardo destacan, por ejemplo, un grupo escultórico de González Moreno y un friso en bronce de Francisco Toledo. El templo de San Pedro, en Alcantarilla, conserva varias piezas de Anastasio Martínez Valcárcel. Y la capilla del psiquiátrico, del alicantino Miguel Losan (destaca un espectacular ángel trompetero junto al altar) y Párraga, mientras que Hernández Carpe dejó su sello en la parroquia de Barranda.En la obra civil también se cuidan esos detalles. De Manuel Muñoz Barberán son las vidrieras que se salvaron del Club Remo y que hoy se conservan en la biblioteca municipal de la pedanía de Santiago el Mayor. El mural exterior de la Consejería de Sanidad corresponde a un diseño del citado Martínez Valcárcel, y Párraga aportó su colorido a un edificio de viviendas del murciano barrio de Santa Eulalia

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Retrato de la ruina
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Miguel Rubio | 04-11-2015 | 16:47| 0

¿Puede atesorar algún destello de belleza el patrimonio condenado irremediablemente a la desaparición? Es la pregunta a la que el fotógrafo Juan Antonio Cerón ha intentado dar respuesta en su primera incursión artística. Y el resultado se puede ver, hasta el próximo domingo, en la sala los Postigos de Molina de Segura, a través de una selección de instantáneas de edificios que destilan cierto poder de atracción en mitad de la decrepitud y la ruina que los corroen. A este proyecto estético, Cerón ha dedicado dos años de trabajo; cientos de kilómetros recorridos por toda la Región en busca de localizaciones, 5.000 disparos con sus cámaras para, al final, quedarse con catorce fotografías. En ‘Donde habita el olvido’, que así se titula la exposición, el autor trata de mostrar “el último latido de belleza” de unos espacios deshabitados que se resisten a morir. Un homenaje a un patrimonio humilde de la arquitectura tradicional formado por escuelas vacías, cortijos abandonados, molinos parados para siempre, ventas en ruinas, viviendas olvidadas por su dueños. Una llamada de atención “al valor de las cosas cotidianas, tan cercanas que por lo general no vemos”, advierte el fotógrafo. “Cuando solo observamos la belleza en aquello que nos deslumbra, en la perfección, en lo ostentoso, ignoramos la bondad y la serenidad de las pequeñas cosas”, reflexiona Cerón. Las catorce imágenes de la exposición destacan por una apariencia plástica, como si fuera una pintura, que puede llegar a confundir al ojo del espectador, llevándole a pensar que el desconchón o la grieta de esa fachada se puede tocar con las manos. Para este trabajo, el artista se ha valido de lentes focales fijas, con valores de apertura muy bajos para retener la mayor cantidad de luz sin necesidad de trípode. Y, por supuesto, de mucha paciencia. Porque Cerón ha tenido que regresar en más de una ocasión hasta alguno de los escenarios escogidos con el fin de disponer de la luz necesaria para el enfoque perfecto.
‘Donde habita el olvido’ recorre desde Gañuelas (Mazarrón) hasta Raspay (Yecla), desde Fortuna a La Paca (Lorca), mostrando una arquitectura sin vida que emite un último pálpito antes de esfumarse. Un trabajo que aúna el aspecto histórico y documental del objeto fotografiado con un discurso estético basado en la fuerza de esas construcciones. “Viendo esos edificios abandonados he sentido ganas de llorar”, admite el fotógrafo. La muestra llegará a principios de año a Espacio Pático (calle San Lorenzo) de Murcia.

Juan Cerón, junto a la fotografía que abre su muestra.

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Del casino a Beltrí
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Miguel Rubio | 25-10-2015 | 19:26| 0

Recuperar el patrimonio olvidado es una de las asignaturas pendientes de Mazarrón. La tarea figura entre los deberes que surgieron del proyecto Arquitectura ON, una iniciativa impulsada por la Universidad Politécnica de Cartagena con el objetivo de proponer ideas para la regeneración urbana. La pelota está ahora en el tejado del equipo de gobierno, obligado a tirar del carro con soluciones imaginativas. Y, a la vista del desolador panorama que ofrece el antiguo municipio minero, el encargo resulta arduo. Parece claro que el Consistorio no dispone de músculo económico suficiente para abordar por sí solo el ambicioso proyecto; así que debe implicar a otras administraciones, captar la inversión privada con fórmulas atractivas y, por supuesto, movilizar a la adormecida ciudadanía. De momento, convendría realizar una radiografía de ese patrimonio olvidado, con vistas a fijar prioridades, no sea que se vaya a iniciar la casa por el tejado. En un análisis rápido, surgen edificios como el infrautilizado casino (de corte modernista), el castillo de los Vélez (desaprovechado desde que su recuperación quedó a medias), el casón burgués de la Cañadica (¿para cuándo el anunciado museo municipal?), la casa cuartel de la avenida Constitución (¿un albergue turístico? ¿un centro juvenil? ¿viviendas sociales?…), las instalaciones de la Benemérita del Puerto (una poderosa construcción en un lugar privilegiado), la Casa Rolandi (villa de veraneo de principios del XX), el teatro circo (o lo queda de él) y la vecina fuente adornada con hermosos azulejos (en mi opinión, uno de los rincones con más encanto del pueblo), por no hablar de los monumentos funerarios en los que el gran Beltrí dejó su sello. Claro está que no es posible olvidar otras joyas que aún esperan tiempos mejores y que aspiran a convertirse en el ‘buque insignia’ de la oferta turística y cultural de Mazarrón: los tres cotos mineros y el yacimiento fenicio de la playa de La Isla. Por supuesto, la lista queda abierta para que usted, lector, aporte sus sugerencias.

Azulejos de la fuente junto al teatro circo. / M.R.M.

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Visita gratis a una casa con premio
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Miguel Rubio | 07-10-2015 | 11:43| 0

La arquitectura de nuestros días llama a la puerta. Así que, adelante, anímese y pase. Durante dos meses, el Coamu celebra el Día de la Arquitectura con visitas guiadas, cine, conferencias y una exposición (abrirá al público el 5 de noviembre) dedicada a Enrique Sancho Ruano, el proyectista que contribuyó a la renovación del diseño en la edificación durante la década de los años sesenta en Murcia. Es una oportunidad única para adentrarse en las nuevas tendencias de esta disciplina capaz de despertar nuestros sentidos y que debería contribuir a hacernos la vida más cómodo; también, para conocer de primera mano algunas de las construcciones que triunfaron en la última edición de los Premios Regionales de Arquitectura. Las celebraciones arrancan este jueves con un recorrido por dos de esas edificaciones laureadas: la Casa en la Mota del Río (de Antonio Abellán y Javier Esquiva) y el centro de salud de Santiago el Mayor (obra de Edith Aroca y José María López). Lo mejor de todo es que serán los autores quienes acompañarán al público para explicarles los detalles de sus proyectos, cómo idearon sus diseños, las dificultades a las que tuvieron que enfrentarse y si alcanzaron los objetivos marcados. Lo dicho, una buena ocasión para descubrir con otros ojos hacia dónde camina la arquitectura salida de la imaginación de nuestros creadores. Estas visitas se reanudarán el 14 de diciembre con otras dos paradas obligadas: el tanatorio del polígono industrial La Palma, en Cartagena, con el que Martín Lejarraga se alzó con el Premio Regional de Arquitectura, y la casa de campo, en pleno Campo de Cartagena, rehabilitada por Rosa María Ballester Espigares, una reinterpretación de la vivienda tradicional de esta comarca con un lenguaje depurado y minimalista. Estas visitas son gratuitas, solo es necesario inscribirse llamando al teléfono 968 213268.

Casa de la Mota del Río, en Murcia. / CARM

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Cañas con toques modernistas
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Miguel Rubio | 20-09-2015 | 17:24| 0

La plaza del Cardenal Belluga, en el corazón histórico de Murcia, gana en interés artístico. La apertura de un establecimiento de hostelería (El pasaje de Belluga) en los bajos del singular edificio del número 5 (fácilmente reconocible por su fachada ricamente decorada y recién rehabilitada) ha permitido poner a la vista los adornos modernistas que dan color a la recuperada estancia. Escayolas, yesos y capiteles lucen con su llamativa policromía original gracias a la labor realizada por el taller de restauración que dirige la experta Loreto López. El edificio, de principios del siglo XX, es obra del proyectista valenciano Joaquín Dicenta Vilaplana, que llegó a la capital del Segura en 1918 tras conseguir el título de arquitecto del Catastro de Hacienda, según recuerda la restauradora. Su formación en Barcelona permitió a Dicenta entrar en contacto con las corrientes románticas de la época. El arquitecto fue uno de los seguidores del denominado medievalismo fantástico, que se distingue en las construcciones por el uso de elementos góticos. Joaquín Dicenta, que colaboró con Ribes Marco en el diseño del edificio de Correos de Castellón de la Plana, dejó otros inmuebles singulares en Murcia y Alcantarilla; quizás el más conocido sea ‘la Casa de los Jarrones’, en el plano de San Francisco, frente al cauce del Segura. Loreto López indica que también es autor del retablo del Cristo del Refugio, en la iglesia de San Lorenzo de la capital murciana.

Uno de los capiteles recuperados. / Asoarte

El edificio del número 5 de Belluga (con un lenguaje arquitectónico que mezcla varios estilos) ha permanecido durante años cubierto con mallas y andamios a la espera de su recuperación. Ahora luce como nuevo, para disfrute de quienes pasean por este céntrico entorno. Lo mejor de todo es que, además, es posible adentrarse en varias de sus estancias para disfrutar de un aperitivo entre toques modernistas. La restauración del inmueble (las plantas superiores se destinan a viviendas) supone el colofón a la puesta en valor del frente de construcciones civiles residenciales de la plaza más conocida de Murcia, frente a la sede del Palacio Episcopal, revitalizando un entorno histórico remarcado por la portada barroca de la Catedral y las líneas puras del edificio anexo de Rafael Moneo

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'Okupas' en Torre Falcón
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Miguel Rubio | 31-08-2015 | 12:31| 0

Quienes casi a diario paseamos por el carril de Torre Falcón, desde la Senda de Granada a la urbanización Joven Futura, en Murcia, asistimos con una mezcla de pesar y asombro a la degradación que va consumiendo la casa torre que da nombre a este camino. A los hundimientos en parte de la techumbre se unen ahora las pintadas (ahí dejo una foto) aparecidas en la fachada trasera de esta construcción típica de la huerta. Por si fueran pocos males, varios tramos de la valla que protege el inmueble están caídos y  los huecos han dejado el paso libre a unos nuevos inquilinos. Por unas de las ventanas del primer piso asoma un viejo sofá (acompaño imagen), por lo que los ‘okupas’ han decidido ponerse cómodos en una propiedad que es municipal, aunque da la impresión de que al Ayuntamiento, con su alcalde José Ballesta a la cabeza, le trae sin cuidado lo que ocurra en este rincón alejado de La Glorieta y del bullicio de la Gran Vía.

La casa de Torre Falcón es uno de los edificios que aparecen en la lista roja del patrimonio arquitectònico de la huerta por su peligro de desaparición, al lado de otros elementos etnográficos de relevancia como los molinos del Batán (Zarandona), Alfatego (Espinardo) y del Amor (La Albatalía). El colectivo Murcia huerta viva, surgido de una escisión en el seno de Huermur, se ha presentado públicamente haciendo una llamada de atención para impedir que el abandono termine por arruinar estas edificaciones tradicionales. Y ha hecho llegar a los cinco grupos políticos del Consistorio una iniciativa para la puesta en marcha de una escuela taller que se encargue de la recuperación de esta página de la historia de Murcia. La propuesta, que probablemente se debata en el próximo Pleno, sugiere que la escuela taller debería estar formada por “un equipo multidisciplinar”, en colaboración con universidades y colectivos vinculados a la conservación del patrimonio cultural y natural. En este taller de empleo se prepararía a parados que quieran formarse en la utilización de materiales tradicionales y antiguos oficios. La idea tiene buena pinta. A ver en qué queda cuando desembarque en el Salón de Plenos.
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La casa de Fisac, antes y después
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Miguel Rubio | 14-08-2015 | 11:22| 1

En uno de sus muchos viajes, allá por 1969, Miguel Fisac (1913-2006), uno de los renovadores de la arquitectura española del siglo XX, descubrió la belleza aún salvaje de la bahía de Mazarrón, y decidió levantar aquí su casa de veraneo. Ahora, 46 años después, es posible conocer con detalle el proyecto a través de los planos originales del chalé que por primera vez se exponen en Murcia. Forman parte de una muestra que hasta finales de septiembre puede visitarse en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos y que, además, incluye los diseños de otras cinco obras maestras de Fisac: el Instituto Laboral de Daimiel (1951), el Instituto de Microbiología (1949-1956), el complejo de los dominicos de Alcobendas (1955), el Centro de Estudios Hidrográficos (1961) y el edificio IBM (1967).
La residencia de Isla Plana, conocida por los vecinos de la zona como La Cajonera,  fue un reto personal del proyectista, un experimento a modo de ensayo para una nueva arquitectura turística. Aprovechando la pendiente del terreno, con una inclinación de 30 grados, Miguel Fisac superpuso cuatro módulos rectangulares, de color blanco, en los que repartió las distintas estancias de la vivienda. El geométrico edificio, con las mejores vistas al Mediterráneo, pretendía ser lo más respetuoso con el entorno, en línea con la sensibilidad a la que despertaba la arquitectura de mediados del siglo XX. Transcurridos los años, Fisac cambio la babía de Mazarrón por Palma de Mallorca para sus vacaciones estivales. Y la residencia fue pasando de manos hasta caer en el olvido. En 2006, los nuevos propietarios acometieron unas obras de ampliación que no han terminado de gustar. Desde la Fundación Miguel Fisac, su secretario, Diego Peris, se lamenta de que “no es un buen ejemplo de conservación. El resultado final está lejos de respetar, integrarse o camuflarse con respecto a la obra original”. La protección que hoy día le otorga el plan urbano de Cartagena al famoso chalé parece que llegó tarde. La fotografías que acompañan a estas líneas muestran el antes y el después, y que cada uno saque sus conclusiones.

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¿Otro nombre para el Ibáñez Martín?
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Miguel Rubio | 29-07-2015 | 17:33| 0

Mis primeros recuerdos del colegio se sitúan en la hoy plaza de la Libertad de Mazarrón, no muy lejos del hogar familiar. El antiguo parvulario era un sólido inmueble con portón a la entrada y ventanales ovalados en la fachada. Dentro, un pequeño patio y las aulas, algo tristes, donde los alumnos nos repartíamos separados por sexo: ellas con doña Juanita y nosotros con doña Leonor. De aquella escuela de nuestras primeras letras y juegos queda el solar y, también, las imágenes y sensaciones que aún atesoramos en nuestro interior quienes acudimos allí durante la niñez. Es éste un patrimonio inmaterial y nostálgico al que se refieren expertos como el catedrático de la Universidad de Murcia Antonio Viñao, para impulsar la protección de la arquitectura escolar de la Región. Dos edificios de épocas distintas se han sumado recientemente al catálogo de Bienes Culturales: las escuelas nuevas de El Palmar, un modelo que hunde sus raíces en la II República; y el instituto Ibáñez Martín, de Lorca, ejemplo del nacionalcatolicismo que imperaba en pleno franquismo. Por cierto que quizás haya llegado el momento de plantearse un cambio de denominación para este centro de enseñanzas medias. Hay quien piensa, y puede que con bastante razón, que José Ibáñez Martín, ministro de Educación entre 1939 y 1951, no se merece tal honor. Más que nada porque entre sus ‘méritos’ figura haber orquestado y dirigido la mayor represión contra el profesorado y la ciencia del siglo XX. El libro ‘Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950)’, firmado por los investigadores Manuel Castillo Martos y Juan Luis Rubio Mayoral, y que acaba de editar la Diputación de Sevilla y Vitela Gestión Cultural, dedica un apartado a este desmantelamiento por motivos religiosos. En las páginas de ‘La Verdad’, el catedrático Viñao ya llamó la atención sobre esta aparente incongruencia.
Y es que en bastantes ocasiones la arquitectura escolar ayuda a comprender el modelo educativo de cada época. Así, volviendo al IES Ibáñez Martín, se trata de un edificio con planta en forma de cruz latina -al que se le añaden dos pabellones alargados- para recordar que la religión ocupa un papel central en la sociedad del momento. En la Región hay otros ejemplos aunque de diferente corte. Ahí están las primeras escuelas graduadas, en la calle Gisbert de Cartagena, con aulas para cada edad o grado; la ciudad portuaria también cuenta con uno de los llamados colegios al aire libre (la Casa del Niño), mientras que por la geografía regional se reparten un buen número de escuelas rurales. En los ficheros de Cultura aparecen una veintena de edificios docentes de todas las épocas que cuentan con algún tipo de protección. Destacan los cuatro colegios que Pedro Cerdán diseñó para Murcia: Andrés Baquero, Cierva Peñafiel, El Carmen y San Antolín. Un dibujo original con la fachada de este último se puede ver estos días en la exposición que organiza el Archivo General de la Región por su décimo aniversario.

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La arquitectura amable
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Miguel Rubio | 22-07-2015 | 18:53| 0

“La arquitectura es un milagro”. Lo ha dicho Víctor López Cotelo en Murcia, en su primera intervención pública tras alzarse con el Premio de Arquitectura Española 2015 por la recuperación del antiguo hospital militar de Granada. Un proyecto que le ha llevado dieciocho largos años de trabajo, con un sinfín de dificultades -“había dejado el tabaco, y he vuelto a fumar una cajetilla diaria”, reconoció ante el auditorio-  y en el que ha logrado plasmar una de sus obsesiones: que la mano del arquitecto pase inadvertida en el resultado final de la obra. En su charla, organizada por el Colegio de Arquitectos de Murcia (Coamu), López Cotelo, que en sus inicios colaboró con Alejandro de la Sota y que ha cumplido dos décadas impartiendo clases en Munich, desgranó qué es para él esta profesión. En resumen, el proyectista defiende que la arquitectura debe servir para “mejorar la vida de la gente”, creando un “ambiente que estimule al ciudadano en su libertad”. En este sentido, “al arquitecto no deberían pagarle por ver la realidad evidente, sino por saber apreciar la realidad oculta”. Una habilidad que radica en descubrir “qué necesita la sociedad, cuáles son sus anhelos”. Así el conferenciante, que siempre ha huido de las modas, comparó al profesional con una solitaria antena capaz de percibir esas demandas para después materializarlas en un proyecto, que puede ser un edificio, una ciudad o todo un territorio en el que “la vida sea lo más agradable posible”.

“No todo lo que se construye es arquitectura”, advirtió en otro momento. La diferencia está en que la buena arquitectura es la que “conmueve” incluso al más profano, algo que se consigue “cruzando continuamente el pensamiento lógico y la emoción”. En fin, unas reflexiones que, en la segunda parte de su conferencia, trasladó a su trabajo premiado: la nueva escuela de arquitectura de Granada en la antigua sede del hospital militar. Un proyecto diáfano, sin excesos, amable y respetuoso con la historia del inmueble. López Cotelo también firmó la reforma de la Casa de las Conchas de Salamanca. Recientemente, su nombre ha saltado a las páginas de la actualidad porque un juez de Santiago de Compostela obliga a derribar el 65% de su vivienda de Ponte Sarela, doblemente premiada, al incumplir la normativa urbanística. El arquitecto defiende la legalidad de la obra y achaca el fallo a una interpretación diferente de la norma.

Víctor López Cotelo. / Premios Enor (L. Díaz Díaz)

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Una perla moderna en El Palmar
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Miguel Rubio | 17-07-2015 | 21:57| 0

La arquitectura moderna de los años sesenta tiene sus perlas escondidas en la Región. Y el conjunto del psiquiátrico de El Palmar conserva engarzada una de estas pequeñas joyas: la capilla del recinto, un diseño de Enrique Sancho Ruano (Palma de Mallorca, 1923) que estará presente en la exposición que el próximo otoño le dedicará el Colegio de Arquitectos de Murcia por su larga y fructífera labor profesional.
A mitad de esa década, el proyectista (que trabajó como técnico de la Diputación Provincial de Murcia y del Obispado) ideó cuatro iglesias que hoy día están consideradas como un ejemplo de la modernidad a la que despertaba España, tras un relajamiento de la dictadura, y que también alcanzó a las artes. La capilla de El Palmar (1965) es uno de estos proyectos, al que acompañan las iglesias de Cabo de Palos (1965), ya desaparecida; Barranda, en Caravaca de la Cruz (1966), y la capilla del conjunto asistencial de Espinardo (1967), desacralizada desde hace años aunque en buen estado de conservación. En general, el diseño de estos templos responde a las doctrinas emanadas del Concilio Vaticano II: edificios de nave única pensados para fomentar la participación de los fieles e impulsar el sentimiento de comunidad de los creyentes; casi sin adornos, con el fin de favorecer la espiritualidad; con un papel destacado de la luz natural y donde los nuevos materiales (hormigón, hierro, piedra artificial) dominan la construcción. También estas iglesias, de líneas rectas y formas irregulares, dejan la puerta abierta a los nuevos artistas de la época, con vidrieras, murales, objetos de orfebrería y esculturas. En el caso de la capilla del psiquiátrico llama la atención el mosaico (con dos ángeles músicos y la Virgen) que domina el altar mayor y una pieza de un querubín trompetero de buen porte y corte abstracto. Ni el párroco ni las feligresas que le ayudaban a recoger tras terminar el oficio religioso supieron aportar pista alguna sobre la autoría de estas dos grandes obras. En lo alto del coro (que recuerda bastante al de la iglesia del complejo de Espinardo) una espectacular vidriera en tonos morados tamiza la luz que inunda la nave. Y poco más pude ver (algo del mobiliario original y una barandilla decorada) porque el sacerdote tenía prisa y el templo debía quedar cerrado. Si le interesa conocer esta perla de la arquitectura de los sesenta, debe saber que solo abre en horario de misa: los domingos a las 10.30 horas, con entrada desde la antigua carretera de Mazarrón. Es una pena que este patrimonio del siglo XX pase inadvertido y no aparezca ni en los catálogos de Cultura. La Consejería debería tomar nota e impulsar su difusión.

Mosaico y ángel trompetero en la capilla del psiquiátrico de El Palmar. / M. RUBIO

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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