La Verdad

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La arquitectura amable
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Miguel Rubio | 22-07-2015 | 18:53| 0

“La arquitectura es un milagro”. Lo ha dicho Víctor López Cotelo en Murcia, en su primera intervención pública tras alzarse con el Premio de Arquitectura Española 2015 por la recuperación del antiguo hospital militar de Granada. Un proyecto que le ha llevado dieciocho largos años de trabajo, con un sinfín de dificultades -”había dejado el tabaco, y he vuelto a fumar una cajetilla diaria”, reconoció ante el auditorio-  y en el que ha logrado plasmar una de sus obsesiones: que la mano del arquitecto pase inadvertida en el resultado final de la obra. En su charla, organizada por el Colegio de Arquitectos de Murcia (Coamu), López Cotelo, que en sus inicios colaboró con Alejandro de la Sota y que ha cumplido dos décadas impartiendo clases en Munich, desgranó qué es para él esta profesión. En resumen, el proyectista defiende que la arquitectura debe servir para “mejorar la vida de la gente”, creando un “ambiente que estimule al ciudadano en su libertad”. En este sentido, “al arquitecto no deberían pagarle por ver la realidad evidente, sino por saber apreciar la realidad oculta”. Una habilidad que radica en descubrir “qué necesita la sociedad, cuáles son sus anhelos”. Así el conferenciante, que siempre ha huido de las modas, comparó al profesional con una solitaria antena capaz de percibir esas demandas para después materializarlas en un proyecto, que puede ser un edificio, una ciudad o todo un territorio en el que “la vida sea lo más agradable posible”.

“No todo lo que se construye es arquitectura”, advirtió en otro momento. La diferencia está en que la buena arquitectura es la que “conmueve” incluso al más profano, algo que se consigue “cruzando continuamente el pensamiento lógico y la emoción”. En fin, unas reflexiones que, en la segunda parte de su conferencia, trasladó a su trabajo premiado: la nueva escuela de arquitectura de Granada en la antigua sede del hospital militar. Un proyecto diáfano, sin excesos, amable y respetuoso con la historia del inmueble. López Cotelo también firmó la reforma de la Casa de las Conchas de Salamanca. Recientemente, su nombre ha saltado a las páginas de la actualidad porque un juez de Santiago de Compostela obliga a derribar el 65% de su vivienda de Ponte Sarela, doblemente premiada, al incumplir la normativa urbanística. El arquitecto defiende la legalidad de la obra y achaca el fallo a una interpretación diferente de la norma.

Víctor López Cotelo. / Premios Enor (L. Díaz Díaz)

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Una perla moderna en El Palmar
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Miguel Rubio | 17-07-2015 | 21:57| 0

La arquitectura moderna de los años sesenta tiene sus perlas escondidas en la Región. Y el conjunto del psiquiátrico de El Palmar conserva engarzada una de estas pequeñas joyas: la capilla del recinto, un diseño de Enrique Sancho Ruano (Palma de Mallorca, 1923) que estará presente en la exposición que el próximo otoño le dedicará el Colegio de Arquitectos de Murcia por su larga y fructífera labor profesional.
A mitad de esa década, el proyectista (que trabajó como técnico de la Diputación Provincial de Murcia y del Obispado) ideó cuatro iglesias que hoy día están consideradas como un ejemplo de la modernidad a la que despertaba España, tras un relajamiento de la dictadura, y que también alcanzó a las artes. La capilla de El Palmar (1965) es uno de estos proyectos, al que acompañan las iglesias de Cabo de Palos (1965), ya desaparecida; Barranda, en Caravaca de la Cruz (1966), y la capilla del conjunto asistencial de Espinardo (1967), desacralizada desde hace años aunque en buen estado de conservación. En general, el diseño de estos templos responde a las doctrinas emanadas del Concilio Vaticano II: edificios de nave única pensados para fomentar la participación de los fieles e impulsar el sentimiento de comunidad de los creyentes; casi sin adornos, con el fin de favorecer la espiritualidad; con un papel destacado de la luz natural y donde los nuevos materiales (hormigón, hierro, piedra artificial) dominan la construcción. También estas iglesias, de líneas rectas y formas irregulares, dejan la puerta abierta a los nuevos artistas de la época, con vidrieras, murales, objetos de orfebrería y esculturas. En el caso de la capilla del psiquiátrico llama la atención el mosaico (con dos ángeles músicos y la Virgen) que domina el altar mayor y una pieza de un querubín trompetero de buen porte y corte abstracto. Ni el párroco ni las feligresas que le ayudaban a recoger tras terminar el oficio religioso supieron aportar pista alguna sobre la autoría de estas dos grandes obras. En lo alto del coro (que recuerda bastante al de la iglesia del complejo de Espinardo) una espectacular vidriera en tonos morados tamiza la luz que inunda la nave. Y poco más pude ver (algo del mobiliario original y una barandilla decorada) porque el sacerdote tenía prisa y el templo debía quedar cerrado. Si le interesa conocer esta perla de la arquitectura de los sesenta, debe saber que solo abre en horario de misa: los domingos a las 10.30 horas, con entrada desde la antigua carretera de Mazarrón. Es una pena que este patrimonio del siglo XX pase inadvertido y no aparezca ni en los catálogos de Cultura. La Consejería debería tomar nota e impulsar su difusión.

Mosaico y ángel trompetero en la capilla del psiquiátrico de El Palmar. / M. RUBIO

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Arquitectura para una mejor educación
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Miguel Rubio | 19-06-2015 | 11:53| 0

En menos de dos semanas, la Consejería de Cultura ha formalizado, mediante la publicación en el boletín oficial, la protección de dos construcciones educativas del siglo XX: las Escuelas Nuevas de El Palmar (Murcia) y el instituto Ibañéz Martín de Lorca. Ambas edificaciones son ahora bienes inventariados, lo que obliga a sus propietarios a asegurar la “integridad” del conjunto y a solicitar autorización a Patrimonio Histórico antes de llevar a cabo cualquier intervención.
Ambos expedientes suponen toda una novedad. Si ya resulta extraño que en los catálogos oficiales se haga un hueco la arquitectura moderna, más llamativo es que se trate de espacios dedicados a la enseñanza. Así, revisando por ejemplo la documentación de Plan Especial del Conjunto Histórico de Murcia cuesta encontrar equipamientos docentes que gocen de protección. En el caso de la capital aparecen el colegio Andrés Baquero (1910), en estilo neomudéjar; las Escuelas de San Antolín (1930), ecléctico-neomudéjar; y el colegio de El Carmen (1936), ecléctico, los tres del gran Pedro Cerdán. Otros catálogos, como el de la Fundación Docomomo Ibérico, amplían la visión, y citan las Escuelas de 22 grados, de Lorenzo Ros, en Cartagena; y las instalaciones de Maristas La Fuensanta (1971) y el colegio Monteagudo (1966), ambos de Pedro Pan da Torre, en la capital murciana.
Leyendo las resoluciones aparecidas en el BORM sorprenden, por ejemplo, varios nombres de profesionales destacados del momento que de una u otra manera tuvieron algo que ver. El diseño de las Escuelas Nuevas de El Palmar lleva la firma del arquitecto José Luis de Léon y Díaz-Capilla, quien dejó en la ciudad varias edificaciones singulares del Movimiento Moderno, como el bloque de viviendas conocido como ‘El acorazado’ en la plaza de San Domingo, 12. Por entonces, quien estaba al frente de la oficina técnica del Ministerio de Educación era Miguel Fisac, otro grande de la arquitectura del siglo XX, y quien certifica que el conjunto está acabado es Daniel Carbonell Ruiz, autor de uno de los referentes de la arquitectura industrial de los sesenta, la Central Lechera Murciana, en la carretera de Alicante.

Escuelas Nuevas de El Palmar. Al fondo, la entrada al comedor.

En fin, que la decisión adoptada por Cultura parece justificada. Y no solo por las soluciones constructivas adoptadas en estos diseños,  en lo referente por ejemplo a la iluminación o la ventilación, con el fin de hacer más cómoda la tarea del aprendizaje y la enseñanza, dentro de las corrientes racionalistas del momento. Estos edificios también contienen un “valor simbólico y rememorativo para la población local”, como se apunta en uno de los documentos oficiales. La pena es que muchos centros docentes con historia de la Región no han corrido la misma suerte. Ahí está sin ir más lejos el instituto Ramón Arcas de Lorca, una de las primeras obras del citado Fisac, que soportó mal la fuerza del terremoto que sacudió la ciudad en 2011. Todavía hay quien se lamenta de que su demolición fue una decisión precipitada.
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El Generalife murciano
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Miguel Rubio | 11-06-2015 | 10:56| 0

Durante casi un cuarto de siglo, entre los años 1147 y 1171, Murcia vivió una época dorada de la mano de Ibn Mardanis, conocido por las fuentes cristianas como el Rey Lobo. Hasta que el ejército almohade rompió el sueño, Murcia fue “un centro político y cultural equiparable con las principales capitales islámicas del momento”, como dejó escrito Miguel Rodríguez Llopis en su (imprescindible y ameno) libro ‘Historia de la Región de Murcia’. De aquella etapa de esplendor quedan restos arqueológicos que todavía hoy impresionan; el buque insignia es el conjunto palaciego y defensivo de Monteagudo. Ahora, una iniciativa del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), impulsada por el experto Julio Navarro, llama la atención sobre esta joya del siglo XII, y más concretamente sobre el Castillejo, que albergó las lujosas estancias cortesanas de Ibn Mardanis. Si ha visitado el Generalife de Granada ya puede soñar sobre lo que hubo.

Ocho siglos después, el proyecto Almunia (que adelantamos en ‘La Verdad’) aspira a rescatar del olvido este palacio-huerto, además del los restos del Larache y Cabezo de Torres. Hasta principios de 2016 no se conocerá si llega la necesaria financiación europea para esta ilusionante propuesta, que no solo pretende poner las bases para recuperar aquella fastuosa arquitectura, sino también el vergel (jardines, huertos, acequias) que la envolvía como el más bello papel de regalo.

Muros del Castillejo; al fondo, el Castillo de Monteagudo.

Muros del Castillejo; al fondo, el Castillo de Monteagudo.

Julio Navarro, que fue arqueólogo del Ayuntamiento de Murcia hasta que en 2001 se trasladó a Granada tras ganar una plaza en el CSIS, resalta que el complejo de Monteagudo, hoy abandonado y ruinoso, fue un “proyecto de Estado” que ordenó levantar el propio Ibn Mardanis para mostrar al mundo su poder. En esta estrategia (la arquitectura siempre ha sido una potente arma de ‘marketing’) se incluían otras obras no menos impresionantes, como los castillos del Portazgo y la Asomada, en el Puerto de la Cadena, cuya construcción no pudo terminarse debido al avance almohade.
Viendo los muros de tapial semiderruidos, las huertas olvidadas y los cauces entubados cuesta hacerse una idea de aquel lujo de la taifa mardanisí. Así que bienvenido sea el proyecto Almunia, que puede sentar las bases, si nuestros políticos abren bien los ojos, para la puesta en valor del conjunto arqueológico de Monteagudo (y del resto de yacimientos islámicos de la época) convirtiéndose en el atractivo turístico y cultural que le falta a Murcia.

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Colores de la mina en un altar
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Miguel Rubio | 20-05-2015 | 17:40| 0

La iglesia de San Andrés Apóstol (siglo XVI) de Mazarrón era conocida, sobre todo, por su artesonado mudéjar. Pero a partir de ahora también lo será por sus pinturas decorativas, realizadas durante la ampliación que experimentó el templo en el siglo XVIII. Los murales han recobrado su colorido gracias a las delicadas manos y la paciencia de los profesionales del taller Asoarte, dirigidos por la conservadora Loreto López, tras varios años de trabajo. El proyecto de restauración también ha permitido sacar a la luz el nombre del autor de esta obra, Diego Marín del Pino, un maestro dorador que visitó la localidad para tasar otra obra en la vecina parroquia de San Antonio de Padua, así como la fecha de terminación de la decoración, 1744.
López cree que Marín del Pino, un artesano del que se conocen pocos datos, tuvo que inspirarse en el colorido de las minas que rodean la localidad para llevar a cabo este proyecto. «En esos murales aparecen los pigmentos naturales de la zona: amarillos, ocres, grises, rosáceos, además de la almagra», explica la conservadora. Ese residuo procedente de la fabricación del alumbre es el que se ha empleado para recubrir todo el zócalo de la iglesia, afectado por la humedad.
En el templo resalta ahora la arquitectura fingida (realizada mediante la técnica del trampantojo) dibujada a todo color en el altar mayor, en el que aparecen las imágenes de San Clemente y San Enrique, así como un medallón con una Virgen Apocalíptica. Loreto López define el conjunto como “un dibujo armónico, en una composición acertada”. También llaman la atención las pinturas decorativas a ambos lados del crucero y en algunas de las capillas laterales. La recuperación ha supuesto un duro trabajo, debido al deterioro que presentaban los murales, ocultos bajo varias capas de yeso. Y aunque no se ha podido recuperar el acabado final que tuvo la obra, los feligreses sí que pueden hacerse una idea bastante completa de la decoración que recibió el templo hace ahora 250 años.

Altar mayor de la iglesia de San Andrés Apóstol. / Asoarte

La parroquia de San Andrés Apóstol, protegida por su interés cultural, fue levantada por encargo del duque de Escalona a raíz de sus florecientes negocios mineros, que pronto se repartió con su ‘primo’ el marqués de los Vélez. Este otro noble no tardó mucho en desear tener su propia iglesia, dedicada al patrón, San Antonio de Padua. Por eso, en Mazarrón se da la paradoja de que ambos edificios religiosos se encuentran uno tan cerca del otro. San Andrés Apóstol sufrió el abandono hasta que hace un par de décadas se acometió su restauración, recuperándose para los oficios religiosos. Ahora el templo que peor está es el de San Antonio, cerrado a la espera de una rehabilitación que nunca llega.

[La restauradora Loreto López explica hoy jueves, 21 de mayo, a las 20 horas, los detalles de la restauración en una conferencia que imparte en el Museo de Bellas Artes de Murcia, calle Obispo Frutos, 12. Teléfono 968 23 93 46]

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Un barco fenicio por San Juan
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Miguel Rubio | 13-05-2015 | 11:04| 0

Si no se tuercen los planes, la réplica del barco fenicio de Mazarrón tocará las aguas del Mediterráneo en una noche mágica, la del 23 de junio, la noche de San Juan. La botadura será en Málaga, a 364 kilómetros de donde se halla hundido el pecio, en la hoy irreconocible (da pena verla) playa de La Isla. La construcción de la nave a escala real ha corrido a cargo de los artesanos de uno de los últimos astilleros tradicionales que quedan: los astilleros Nereo. Su maestro de carpintería, Alfonso Sánchez-Guitard, ha contado a ‘La Verdad’ que los trabajos, realizados con las mismas técnicas y materiales de hace 3.000 años, han entrado en la fase final: la del embreado del casco. Un tratamiento que le dará el característico color negro que tenían las embarcaciones de la antigüedad. La única decoración sobre los maderos de pino carrasco de los Montes de Huelva será el Ojo de Horus; y no llevará una cabeza de caballo en la proa, como se barajó en un principio, porque científicamente no se ha demostrado que esto fuera así.

La réplica del barco fenicio de Mazarrón en los Astilleros Nereo.

Todo apunta a que el primer viaje será cruzar el Estrecho de Gibraltar, entre Estepona y Ceuta, el próximo mes de agosto. Una travesía que se realizará a vela y remo, aunque no ha trascendido cuántos hombres bogarán. Ese detalle está sujeto a una cláusula de confidencialidad, según Sánchez-Guitard, porque el proyecto de la réplica del barco fenicio forma parte de una completa investigación, con la colaboración del Museo Naval de Madrid, sobre arquitectura naval y sobre la navegación de este pueblo de la mítica Tiro (en el Líbano). Además, la iniciativa tiene otro objetivo: llevar un mensaje de concordia que sirva para estrechar lazos entre las ciudades mediterráneas de raíces fenicias. En esa experiencia la Región tendrá su sitio: la nave recalará en Mazarrón (posiblemente en otoño) y en Cartagena. Lástima que el ayuntamiento mazarronero haya quedado descolgado del proyecto. El exedil de Cultura y candidato a la alcaldía por UIDM, Ginés Campillo, quien en su día tomó parte en las negociaciones, asegura que el consistorio no fue invitado a entrar en el convenio suscrito entre el Ministerio de Cultura y la Fundación Málaga. Con todo, Campillo mantiene que su propuesta sigue en pie: dedicar 30.000 euros a la compra de la réplica del barco fenicio, que se destinaría a ofrecer a los turistas paseos por la bahía de Mazarrón. Ya veremos en qué queda la idea.

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Un tanatorio con premio
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Miguel Rubio | 07-05-2015 | 11:52| 0

Si los premios de arquitectura aspiran a ser una radiografía del momento que vive la Región, la última edición del certamen nos lleva a pensar que perduran los coletazos de la crisis económica y financiera, de la que el sector de la edificación tampoco escapa indemne. En general, y salvo alguna excepción, no hay grandes obras entre los galardonados, mientras que abundan los proyectos sencillos, funcionales y de menor entidad. De hecho, y por primera vez, el ‘premio gordo’  fue para un edificio con tan aparente escaso atractivo como es un tanatorio. A falta de que se haga pública el acta con el fallo de los 14 miembros del jurado, he aquí algunas pinceladas de las valoraciones que se formularon a la hora de otorgar los principales reconocimientos.

Tanatorio Campo de Cartagena (Premio Regional de Arquitectura), de Martín Lejarraga. Destaca la acertada reflexión que propicia en torno a un uso tan sensible, así como por su adecuada respuesta en un contexto -se levanta en mitad de un polígono industrial- frío y hostil. Llama la atención el jurado sobre la composición de volúmenes, el manejo de la luz natural y la austeridad de los materiales.
Centro de salud de Santiago el Mayor (Murcia), de Edith Aroca y José María López. Una pieza arquitectónica que conjuga funcionalidad y racionalidad, con una presencia abstracta que le da su propia identidad.

Capilla del tanatorio, de Martín Lejarraga.

Casa en la Mota del Río (Murcia), de Antonio Abellán y Javier Esquiva. Una actuación sensible al lugar (en plena huerta) que no solo interactúa con el paisaje, sino que va más allá al tratar de poner en valor el espacio agrícola que rodea la construcción, pegada al cauce del Segura.
Rehabilitación de una vivienda unifamiliar en el Campo de Cartagena, de Rosa María Ballester Espigares. Una acertada reinterpretación de la casa tradicional de esta comarca, con un lenguaje depurado y minimalista. Entre sus virtudes, la configuración de espacios y ambientes permeables al exterior.
Restauración de la capilla del Rosario (Lorca), de Juan Carlos Cartagena Sevilla. Rigor, coherencia y respeto en la rehabilitación del patrimonio histórico.
Plan integral de fachadas (207-2014) de Cartagena, de Marcos Ros Sempere. Una estratégica intervención para recuperar la identidad de un centro histórico, a la vez que se contribuye a la puesta en valor de todo el espacio urbano.
Además, el auditorio de El Batel (Cartagena), de José Selgas y Lucía Cano, se alzó con el premio a la permanencia de los valores arquitectónicos. En principio, podría haber sido un firme candidato para el máximo reconocimiento, sin embargo, las bases del concurso establecen que solo pueden aspirar al premio regional aquellos edificios terminados dos años antes de la convocatoria, esto es, a lo largo de 2013 y 2014. El que se marchó sin medalla (aunque estuvo entre los finalistas) fue el palacio de deportes de Cartagena, del estudio Ad-Hoc, salpicado, quizás, por el continuo cruce de reproches que ha salido a la luz pública a cuenta de los retrasos en las obras y el coste final. Sus autores lo defienden: “El edificio existe y responde, en bastante medida, a los presupuestos iniciales: economía, compacidad y plasticidad”.
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Moderno a los 90
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Miguel Rubio | 29-04-2015 | 11:54| 0

A punto de cumplir 91 años, Enrique Sancho Ruano recibe el reconocimiento de sus compañeros de oficio. En la última edición de los Premios Regionales de Arquitectura, el proyectista (Palma de Mallorca, 1923) recogió un galardón especial por su trayectoria profesional. Sancho Ruano destaca como un referente de la arquitectura moderna en la Región. Prueba de ello es que una de sus obras, la sede de la Consejería de Sanidad, figura en el selecto catálogo de la Fundación Docomomo, una entidad que vela por la conservación y la difusión de la arquitectura del siglo XX. El inmueble, enclavado en la murciana Ronda de Levante, data del año 1965 y “es el primer gran edificio público construido en la ciudad de Murcia que apuesta por un lenguaje decididamente moderno”, según queda recogido en la ficha de la citada base de datos. Como funcionario de la antigua Diputación Provincial (y después de la Comunidad Autónoma), en la carrera de Sancho Ruano ocupan un lugar protagonista los encargos de la Administración. Ahí están, por ejemplo, el centro psiquiátrico de El Palmar y las oficinas del Cebas, ambos iniciados en 1958, además de la citada sede de Sanidad. Varias iglesias de la Región también llevan su firma, como la de Barranda (Caravaca de la Cruz), San Pío X y Santa María de Gracia (ambas en Murcia) y la de San Pedro Apóstol de Alcantarilla.

Iglesia de la residencia de Espinardo (Sancho Ruano, 1965). / Mª Ángeles Muñoz Cosme

No todas sus construcciones han llegado hasta nosotros. Cuando en la mente de todo arquitecto resulta difícil de concebir la idea de que su obra desaparezca antes que el propio creador, Sancho Ruano ha tenido que ver cómo la pala acababa con varios de sus edificios, como el Club Remo de Murcia (1960) o la iglesia de Cabo de Palos (1965). Otro de sus proyectos pioneros también corre peligro ahora. Se trata del complejo residencial de Espinardo, junto al parque científico de Murcia, en el campus universitario. En su época (data de 1970) se situó como modelo a seguir de la edificación asistencial, con unas soluciones arquitectónicas propias del movimiento racionalista. Las crónicas hablan de una inversión de 200 millones de pesetas. Fruto del desarrollismo de los últimos años del franquismo, el régimen parece que no ahorró en gastos con el proyecto. Incluso recurrió a artistas del momento para ‘engrandecer’ aún más la obra. En la actualidad, varios de sus edificios están en desuso y abandonados. Entre ellos, la iglesia, con esculturas de Francisco Toledo y Juan González Moreno, y el teatro. La Comunidad Autónoma, propietaria del recinto residencial, quiere deshacerse de estos inmuebles, aunque de momento no ha encontrado comprador. Mientras,Cultura medita si protege el conjunto como bien catalogado. Habrá que esperar, pues, para ver cuál es el final de esta historia.

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Las 5.000 obras de Pedro Cerdán
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Miguel Rubio | 23-04-2015 | 11:19| 0

Ricardo Montes Bernárdez tiene la corazonada de que, durante su paso por la Escuela de Arquitectura de Madrid, Pedro Cerdán Martínez (1863-1947) quedó prendado de las cabezas de leones que adornaban los buzones de correos de la capital. Y así incorporó a estos felinos como elementos decorativos en las fachadas de algunos de sus edificios más singulares, por ejemplo, en el Real Casino de Murcia (calle Trapería). El investigador y presidente de los cronistas oficiales de la Región acaba de presentar un libro en el que aporta su grano de arena para conocer nuevos detalles sobre el arquitecto nacido en Torre Pacheco que protagonizó el cambio de una época de la mano de otros compañeros de profesión destacados, como Víctor Beltrí, Tomás Rico o Francisco de Paula Oliver Rolandi.

El autor resalta la impresionante producción de Cerdán, “más de 5.000 proyectos”, desde mansiones y palacetes para la floreciente burguesía del momento hasta todo tipo de obra pública, como jardines, mercados y colegios. Su cara más comprometida (debido a su vinculación con el Círculo Católico)  la ofreció a la hora de redactar de manera desinteresada los proyectos para la construcción de barrios obreros en varias localidades. Ese extenso legado tiene su explicación. A su enorme capacidad de trabajo se unió que, durante su larga vida (falleció a los 84 años), acaparó puestos de responsabilidad relacionados con su disciplina. Fue arquitecto provincial y de Hacienda, trabajó para la Diócesis de Cartagena y también para el Ayuntamiento de Murcia, además de ser profesor de instituto. Reconocido por la sociedad del momento, sus servicios profesionales fueron reclamados por muchas familias para que proyectara sus residencias.

Detalle de la fachada del Casino de Murcia. / M. BUESO

La obra casi al completo de Cerdán Martínez está repartida por la Región, aunque es la localidad alicantina de Novelda la que acoge uno de sus edificios más bellos: el hoy Museo Modernista. Pese a que el creador apenas trabajó fuera de las fronteras regionales, estaba al corriente de las nuevas tendencias de la arquitectura de principios del siglo XX, ya que solía viajar por Europa para tomar nota sobre ideas de diseño, materiales y medidas higiénico sanitarias para los edificios públicos. La plaza de abastos de Verónicas y la portada del cementerio de Nuestro Padre Jesús (Murcia), la Casa del Piñón y el Mercado Público (La Unión), y la Casa del Reloj (San Pedro del Pinatar) son varios de sus edificios más conocidos. Sobre otros proyectos aún quedan dudas, ya que mucha documentación no se ha conservado, en parte porque el propio arquitecto, en un arrebato, la destruyó. Así que el gran Cerdán parece que aún tiene mucho por descubrir.
['Vida y obra del arquitecto Pedro Cerdán Martínez, de Ricardo Montes Bernárdez, editado por Verabril Comunicación, se puede adquirir en la librería González Palencia y en la antigua Covachuela. Precio, 7 euros]
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33 proyectos buscan premio
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Miguel Rubio | 11-04-2015 | 21:14| 0

Los Premios de Arquitectura de la Región de Murcia prometen emoción hasta el final. En esta ocasión, y por primera vez, el nombre de los ganadores se desvelará en la misma ceremonia de entrega de los galardones, prevista para este miércoles. De hecho, según me cuentan, el jurado se reunirá unas horas antes para emitir su fallo, y de esta forma evitar filtraciones.

Lo que ya se conoce es a los 33 finalistas, tras una primera criba realizada entre los 91 trabajos presentados. De la selección hecha pública parece desprenderse que el diseño no es exclusivo de los faraónicos y costosos proyectos. También puede estar presente en un luminoso tanatorio (obra de Martin Lejarraga), en un funcional centro de salud (como el del barrio de Santiago el Mayor, de José María López y Edith Aroca) o en un pequeño local de comida y bebida para llevar (solo 11,25 metros cuadrados de superficie y una inversión de 3.120 euros), del citado Lejarraga y con la colaboración de Ángel Charris, que ha pintado el logo del establecimiento. También llama la atención que, en una disciplina dominada por los hombres, las arquitectas ganan protagonismo. Y así, junto a Edith Aroca o Patricia Reus, han sido seleccionadas María José Peñalver (remodelación de un concesionario de coches) y Rosa María Ballester (rehabilitación de una casa de campo).

Casa en la mota del río, del colectivo Huerta Bizarra.

En el apartado de nueva obra pública, Cartagena se lleva la palma con dos de sus proyectos estrella: el auditorio de El Batel (de los arquitectos Selgas y Cano) y el ‘eterno’ palacio de los deportes, del estudio Ad-Hoc. Este trío de arquitectos es el que más proyectos ha conseguido ‘colar’ en la recta final, ya que también aspira a cosechar premios con la piscina de Alguazas, el centro de acogida de Almadenes (Cieza) y el interiorismo del centro de estética Ana Gázquez.
Y si busca ideas para el hogar de sus sueños, el certamen trae variedad y eficiencia energética de la mano del estudio Clavel; los compañeros de oficio Pedro Díaz y Ángel Allepuz; Antonio Cerezuela y su ‘casa para un realizador’ (Blanca); la promoción de VPO Croma (en Totana) del desaparecido proyectista Venancio José Rosa Mayordomo, y la casa en la mota del río (que estuvo nominada para los premios europeos Mies van der Rohe) del colectivo Huerta Bizarra. Un grupo que, por cierto, ha aportado la idea más divertida a esta convocatoria: la chirinbicisolar, una cocina portátil y ecológica que se transporta en una bicicleta y que permite organizar almuerzos mientras se descubre los encantos de la huerta de Murcia.
En este enlace puede conocer los detalles de los 33 finalistas. A todos ellos, buena suerte.
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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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