La Verdad

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Categoría: Siempre Wagner
Dimensión sobrenatural

La llegada de un foráneo a una comunidad cualquiera siempre tiene un efecto inicial perturbador y es uno de los grandes temas dramáticos de la Humanidad. Richard Wagner en su ópera El holandés errante nos muestra como la llegada de un extraño altera el equilibrio de una tranquila localidad de la costa de Noruega donde afloran una serie de conflictos latentes. El compositor alemán nos muestra esta particular situación en un mundo un tanto mítico para que entendamos que esta desorganización puede ocurrir en cualquier sociedad.

Con motivo de la versión semiescenificada que la Orquesta de Valencia y el Coro de la Generalitat dirigidos por Yaron Traub ofrecen este fin de semana en el Palau de la Música de Valencia, vamos a analizar brevemente uno de los fragmentos más célebres de esta partitura en el que precisamente canta el barítono murciano José Antonio López en el papel principal.

En el segundo acto de esta ópera, Wagner introduce un gran duo de amor con el texto Wie aus der ferne (Desde la lejanía de otros tiempos) con los monólogos de El holandés, un marino condenado a navegar eternamente, y Senta, una lugareña soñadora hastiada de su simple existencia. Los dos personajes quedan absortos desde que se ven en carne y hueso y al cruzar sus miradas se reconocen como el objeto de sus respectivos sueños.

Lo que Wagner hace con la música es fantástico. Lleva a los dos personajes desde una situación inicial de distanciamiento hacia el éxtasis derivado de la conexión sobrenatural y todo ello en los límites de la realidad. El holandés y Senta son seres que anhelan en demasía lo que no les corresponde. Senta ha mitificado al personaje de El holandés y éste a su vez busca en ella la salvación al precio que sea necesario. Hay que aclarar que el enigmático capitán del buque fantasma arrastra una maldición por la que debe errar sin destino por los siete mares hasta que encuentre una mujer que le sea fiel hasta la muerte, la única posibilidad que tiene para redimirse.

En el vídeo adjunto pueden disfruten del poder de la naturaleza de estos personajes con este famoso pasaje operístico iniciado con una declamación a media voz típicamente wagneriana que comienza sin acompañamiento orquestal. Es especialmente bello el fragmento en el que Senta canta y El holandés le acompaña con una conmovedora contramelodía (a partir de 4:00). Inmersos en la música de Wagner, estos seres se mantienen embelesados en un sueño que poco a poco acelera sus estados de ánimo.

En definitiva, estamos ante un magnifico ejemplo de insatisfacción y de intentar escapar de la realidad que refleja lo complicada que es la naturaleza de la psique humana.

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Gente corriente

“Los Maestros Cantores de Nuremberg” es el título de una ópera de Richard Wagner (1813-1883) considerada como pilar del arte alemán y distinta del resto de su producción por distintos aspectos.

En primer lugar, se trata de una comedia que el maestro sitúa en un lugar y momento histórico muy concretos y trata sobre gente normal y corriente, a diferencia de otras obras donde aparecen dioses, reyes, gigantes o enanos. Además, los personajes de “Los Maestros Cantores” en ningún momento están bajo el efectos de bebidas con poderes especiales ni sufren el influjo de la magia, tan presentes en otros dramas wagnerianos.

La denominada como “la más alemana de las óperas alemanas” fue la única que se representó en el Festival de Bayreuth (Alemania) durante la Segunda Guerra Mundial. El hecho de que el régimen nazi basase su ideología social y cultural en esta partitura, forma parte de la leyenda negra con la que está asociada. Sin embargo, Harry Kupfer la considera como la obra más utópica y optimista de Wagner, ya que muestra como la gente puede vivir democráticamente si existe voluntad en ello.

El preludio de “Los Maestros Cantores” va a ser interpretado el próximo lunes por la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia y en él, el maestro nos trasporta musicalmente al resto de la obra. En sus compases, e aprecia la perfecta orquestación que imprime Wagner a una música que nos habla de la alegría y de los sentimientos humanos.

Me apoyaré en la versión de Christian Thielemann al frente de la Orquesta Filarmónica de Viena para señalarles los Leitmotiv – temas asociados a personajes, entidades o conceptos – que emplea el compositor y que son perfectamente identificables.

 

0:07 – Pomposo motivo de los Maestros Cantores en el tutti orquestal.

1:00 – Motivo lírico del Amor (instrumentos de madera).

1:42 – La sonoridad de los metales en el motivo de la cofradía.

2:25 – Motivo de los Maestros Cantores y variaciones.

3:39 – Motivo del Amor Lírico en los violines. En 4:00 no se pierdan la bella escala del clarinete.

4:05 – Motivos de la juventud y la pasión en los instrumentos de cuerda.

5:22 – Motivos de los Maestros Cantores y del Amor Lírico en stacatto de maderas. Recuerda as scherzo de Beethoven.

8:05 – Motivos de la Cofradía en los metales.

9:15 – Tutti con el motivo de Maestros Cantores

 

Espero que escuchando esta música tan bella, comprendan mi debilidad por la densidad con la que envuelve Richard Wagner las emociones.

Lunes 23 de febrero, 20:30 h. Auditorio Víctor Villegas. Concierto número 500 de Promúsica. Carmina Burana de Orff, Idilio de Sigfrido y Preludio de Los Maestros Cantores de Wagner. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Coros del Conservatorio de Murcia. Berna Perles (soprano), Paolo Ruggiero (barítono), Pedro Pérez (contratenor). Dirección musical: Ángel Martín Matute.

 

 

 

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La colina verde

 

Todo amante de la música de Richard Wagner (1813-1883) anhela asistir alguna vez a Bayreuth, la última ciudad donde residió el compositor y donde construyó el famoso Festpielhaus, el teatro que él diseñó para representar sus dramas musicales en las condiciones acústicas y escénicas que consideraba ideales.

El edificio, a pesar de algunas modificaciones, conserva sus cualidades arquitectónicas esenciales  desde la apertura al público en 1876 tras cuatro años de construcción. Ese verano Hans Richter dirigió la primera representación de “El Anillo del Nibelungo”.

Este año he sido de los afortunados wagnerianos en asistir al Festival de Bayreuth, tras más de diez años esperando la oportunidad. Llegar a la colina verde es una experiencia social y cultural sin parangón, ya que, cada año, entre el 25 de julio y el 25 de agosto, el evento atrae a grandes personalidades políticas, literarias y artísticas, además de miembros de la “high society” europea.

Si nos centramos en lo puramente musical, la primera sorpresa que encontramos en el auditorio del Festpielhaus es su parecido a un anfiteatro griego, por la disposición de las columnas a lo largo de los flancos de la sala. El foso de la orquesta está casi totalmente cubierto, de forma que no podemos ver a los músicos por el pequeño espacio por donde la música difunde hacia el público. Esta disposición del foso fue una exigencia de Wagner en aras de conseguir una acústica especial, donde el sonido de los metales se propagase de una manera más lógica junto al del resto de los instrumentos. Los músicos, que acuden cada año al Festival de Bayreuth sin recibir compensación económica, se sienten muy cómodos porque pueden tocar vestidos de calle, pero el director musical tiene una exigencia mayor para compensar los planos sonoros y coordinar lo que ocurre en el foso y en la escena donde se mueve el coro y los cantantes.

Otra exigencia de la acústica del Festpielhaus es que no se puede climatizar la sala. Por un lado, se evita el molesto sonido del aire acondicionado, y por otro, se logra que el sonido difunda de una manera más natural. No es necesario que les confiese que los aficionados a las óperas de Wagner preferimos soportar el calor reinante en la sala, a privarnos de la esencia de la música del maestro de Leipzig.

En otra ocasión les hablaré de mi experiencia personal como oyente en los tres dramas musicales que he escuchado este año en Bayreuth. Actualmente podemos asistir a fantásticas representaciones de las óperas de Wagner en España y Europa, pero la magia y el sonido del Festpielhaus es singular.

Baureuth es una ciudad muy especial. El maestro se refirió a ella como “el lugar donde mis delirios encuentran la paz”.

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El helado de Viernes Santo

Muy de mañana y antes de tocar en una representación de ópera, trato de hacer algo de ejercicio trotando por las solitarias calles de la ciudad. Como trompista de la orquesta, necesito mantener mis pulmones en buen estado, al mismo tiempo que la mente despejada con vistas a la intensa tarde de trabajo que me espera.

Hoy es un día especial porque es Viernes Santo y tocamos “Parsifal”, la última obra que escribió Richard Wagner en 1883. La semana de ensayos ha sido muy interesante porque el director invitado conoce la obra muy bien y sabe transmitir perfectamente sus ideas con pinceladas de su expresiva mirada y con sus gestos faciales comedidos. Cómo miembro de orquesta, valoro mucho esta complicidad del maestro con nosotros e incluso me atrevería a decir que los músicos nos sentimos como si éste nos dirigiese desde hace años.

Además, aunque desde el foso orquestal no podré verlos, hoy vienen mis padres y mi hermana Elsa a la representación. Hace tiempo que no los veo y estoy deseando que llegue el momento de recogerlos en la estación de ferrocarril. La última vez que estuvimos reunidos fue hace tres meses, con motivo del triste fallecimiento de nuestra querídisima abuela Elisabeth. Seguramente hoy recordaremos la ilusión que ella tenía puesta en la tarde del Viernes Santo, día en el que Elsa y yo nos desplazábamos a su casa en tranvía y allí escuchábamos el tercer acto de Parsifal, saboreando su delicioso helado de nueces. Se sentaba entre nosotros en el sofá y abría la partitura de la ópera de Wagner para señalarnos con detalle todas las entradas de los instrumentos, al tiempo que cantaba con una excelente entonación todas las voces. La abuela ponía tanta emoción en ese instante que, al finalizar el último vinilo, los tres quedábamos ensimismados y en silencio durante minutos, con los ojos llorosos y a punto de vertir en la alfombra la derretida crema de nueces.

Desde que soy músico, cuando toco la música del Encantamiento del Viernes Santo, no puedo evitar esas lágrimas en la oscuridad del foso orquestal. El sonido en pianissimo de mi trompa envuelve con tanta belleza a las melodías del oboe y del tenor, que me convierto en el verdadero protagonista de este fragmento musical. Es un momento donde, de algún modo, siento que puedo guiar el dedo de mi abuela por el dibujo que trazan las notas de la partitura.

Esta tarde, al terminar la representación y cuando los demás músicos hayan abandonado el foso, me quedaré sentado en mi atril, una vez más inmovilizado por la profundidad del mensaje de Wagner.

 

Nota: Este post va dedicado a todas las personas de la Región de Murcia que, desde las butacas de cada auditorio, desde el podium de la dirección musical, desde los atriles, desde el backstage y desde la oficina, forman parte de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia.

 

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