La Verdad
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Categoría: Cartas del director
Ombligos

Mientras la sociedad debatía sobre la desigual remuneración de hombres y mujeres, descubrimos que el Gobierno regional andaba ocupado en resolver la brecha salarial de sus asesores. Todo un traspié, por el modo y el momento

La onfaloscopia era una técnica de oración que practicaban los monjes de una antigua secta cristiana de Grecia. Sentados desnudos en el suelo, rezaban mirándose el ombligo durante días enteros con la esperanza de atisbar la luz divina. En España, un país con 17 ombligos, uno por comunidad autónoma, caemos con frecuencia en esa práctica. Despojada de todo misticismo, pero igualmente enfocada a una introspección que nos aleja de la realidad y nos impide resolver los problemas colectivos. Le ha pasado al Gobierno regional, que tuvo esta semana su momento onfaloscópico. Mientras la sociedad debatía sobre el menguante poder adquisitivo de los pensionistas y sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres, descubrimos que, intramuros, los consejeros estuvieron, en apariencia al menos, ocupados parcialmente en resolver la brecha salarial de sus asesores. Así lo demuestran las actas del Consejo de Gobierno, donde algunos miembros del Ejecutivo proponían para su entrada en vigor en febrero subidas para doce asesores que llegaban hasta el 33%. Actas que no figuraban en el Portal de Transparencia, pero que salieron a la luz. Dice el Ejecutivo que todo fue un error subsanado en el siguiente Consejo. Que en realidad se trataba de propuestas para un estudio que permita la homologación retributiva del personal eventual de acuerdo a sus funciones, lo cual, en principio, sería razonable si no implica más gasto. Así lo hizo en su momento la Asamblea con los salarios públicos que paga por igual a los jefes de prensa de los grupos parlamentarios de PP, PSOE, Podemos y Cs, por cierto que con mejor retribución que la de algunos de sus homólogos del Gobierno regional. Pero con la filtración, por el modo y el momento, al Ejecutivo se le quedó el ombligo al aire (las actas no refrendan su relato) y sale de esta historia con una brecha autoinfligida en su discurso de transparencia y buen gobierno. Al menos parece que está sabiendo encajar las críticas y no me consta que se haya dedicado a idear en las redes sociales titulares alternativos para el asunto de los asesores, como por ejemplo hizo Podemos, con una información reciente de este periódico sobre el ‘ranking’ de la Fundación CYD, que sitúa al sistema universitario murciano formado por las dos públicas y la privada en el último lugar nacional por rendimiento en base a cinco criterios. A las universidades, como es natural, no les gustó el retrato del ‘ranking’ CYD y dos sacaron comunicados con los datos que consideraban más positivos. Podemos optó por una memez, entre injuriosa y amenazante. «Algún día la prensa regional será libre y objetiva… Digamos las cosas como son. Acabemos con la censura y la autocensura», escribía el diputado Miguel García Quesada, junto al titular alternativo «que hemos hecho en Podemos». Antes de que a alguien se le ocurra nacionalizarnos, y acabe con la libertad de prensa para que digamos «las cosas como son», visto lo visto, me limitaré a opinar libre y subjetivamente, como hacen todos los partidos políticos en este diario, que, para brechas, la profunda que ha dejado Antonio Urbina en su grupo parlamentario tras cumplir su palabra y marcharse a mitad de legislatura.

Incertidumbre en la UMU
Entre la votación del próximo martes, para elegir al próximo rector de la Universidad de Murcia, y la prevista para el próximo día 18, para designar al presidente regional del PP, no hay color en cuanto a incertidumbre. La victoria de Fernando López Miras se da por descontada. La única incógnita era cuántos afiliados votarían en las primeras elecciones directas, sin compromisarios, y hoy la desvelamos en ‘La Verdad’. Solo 1.430 militantes, de los teóricamente 37.640 que decían los populares contar en sus filas, se han registrado para depositar su papeleta en las urnas. Poco entusiasmo parece que han suscitado las ‘primarias’. Todo el interés se desplaza al contenido de las cinco comunicaciones del congreso. Ahí se verá hasta qué punto hay ruptura, discurso de futuro y acercamiento a la nueva realidad social. En las elecciones a la UMU, donde con toda seguridad habrá una segunda vuelta entre dos de los cinco candidatos, el principal interrogante será el grado de participación de los estudiantes, que con el sistema de voto ponderado puede resultar decisivo si la distribución de apoyos en el grupo de catedráticos y profesores titulares es amplia. Con sus diferencias apreciables, los cinco aspirantes son buenos candidatos y es imposible hacer pronósticos con un mínimo de base. Menos aún para un observador externo al mundo universitario, donde se vota con otro tipo de claves. Estoy convencido de que profesores, personal administrativo y estudiantes sabrán elegir a quién debe dirigir una institución académica tan relevante para el desarrollo de toda la sociedad murciana.

Luchadoras y valientes
Nunca la Región de Murcia había tenido tantas alcaldesas. Quince primeras ediles que se han reunido por primera vez a petición de ‘La Verdad’. Luchadoras y valientes, ellas han roto el techo de cristal de la política municipal. No lo han tenido fácil, pero ahí están, liderando municipios en tiempos complejos para la actividad pública. A todas las dificultades económicas o las derivadas de la desafección ciudadana con sus dirigentes, las alcaldesas suman la larga lista de obstáculos habituales por su condición de mujeres. Alguna incluso debe soportar a rivales con perfiles psicológicos inquietantes porque maltratan, por la vía del agresivo insulto de taberna, a sus adversarios, a periodistas, a ciudadanos de otros municipios… Visibilizar sus méritos, sus opiniones y sus experiencias personales debería contribuir a combatir la desigualdad de género. No fueron las primeras ni serán las últimas, pero todas ellas son un testimonio real de que los tiempos están cambiando. Para bien.

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Talento de exportación

Sin una ley de universidades bien planificada, un giro en el modelo productivo y un plan de I+D+i será difícil que dejemos de ser la tercera comunidad con los salarios más bajos, una desigualdad aún más dura para las mujeres

No han sido pocas las ocasiones en las que el lector de ‘La Verdad’ se ha encontrado reportajes de jóvenes investigadores murcianos realizando ciencia puntera en centros de referencia internacional. En esta edición dominical les mostramos a una decena de ingenieros informáticos formados en la Región, la mayoría exalumnos de la Facultad de Informática de la Universidad de Murcia, que han conseguido hacerse un hueco profesional en multinacionales como Toyota, WhatsApp, Amazon o en organismos públicos de investigación de la talla del CERN en Suiza. Son jóvenes excelentemente preparados que están siendo protagonistas, en distintos puntos del planeta, del veloz proceso de transformación digital y de la irrupción de la nueva economía globalizada basada en la innovación tecnológica. No hay fronteras para el talento y el esfuerzo. Afortunadamente. Porque aquí, en España, y especialmente en nuestra región, encuentran contadas oportunidades para desplegar sus conocimientos adquiridos. No hay apenas sitio en el modelo productivo de la Región de Murcia para la nueva hornada de jóvenes que apuestan por la innovación tecnológica, lo que desincentiva la incorporación de alumnos a los estudios superiores que serán el trampolín para los empleos más demandados a corto y medio plazo. Es un problema que ya sufren en sus carnes los responsables de la UPCT, que han puesto en marcha varias iniciativas para fomentar las vocaciones tecnológicas, fundamentalmente entre las mujeres. Ojalá sirva este reportaje para inspirar a nuestros jóvenes. Les va mucho en ello. En realidad, a todos, si aspiramos a una sociedad competitiva. La lectura positiva es que, en determinados grados universitarios, la formación recibida en los centros de enseñanza superior de la Región es de muy alta calidad. Dicho eso no cabe, lamentablemente, generalizar y sacar pecho. Los resultados del último ‘ranking’ CYD de la Fundación Conocimiento y Desarrollo sitúan el sistema universitario murciano, integrado por las dos públicas y la privada, en el escalón más bajo por comunidades autónomas, una vez analizados los rendimientos en enseñanza y aprendizaje, investigación, transferencia de conocimiento, orientación internacional y contribución al desarrollo regional. Siempre envueltos en la polémica, los discutidos ‘rankings’ académicos muestran las fortalezas, pero también las vergüenzas. Ocultarlas solo sirve para autoengañarse. De ellos hay que extraer reflexiones y actuar con eficiencia y sin dramatismos para huir de los cortoplacismos y actuar con ambición en la fijación de objetivos. A día de hoy son un motivo más que evidente de la necesaria nueva ley regional de universidades, de dar una vuelta de tuerca al debate sobre el modelo productivo regional y de elaborar un plan autonómico de I+D+i que no termina de llegar.

A vueltas con la brecha salarial

Si no se pone en marcha todo lo anterior va a ser complicado lograr que la Región deje a medio plazo de ser la tercera comunidad con los salarios más bajos de España. Ni tampoco se conseguirá reducir la brecha salarial entre hombres y mujeres, que muestra en nuestra comunidad una desviación del 26%. A nivel nacional, las diferencias laborales entre hombres y mujeres no se limitan a lo que cobran por sus empleos. En casi todas las variables del mercado, ellas se llevan la peor parte. El paro femenino crece con la recuperación y supera en 15 puntos al masculino. La tasa de actividad es 10 puntos inferior a la masculina. Tres de cada cuatro empleos a tiempo parcial son ocupados por mujeres. Y ellas asumen nueve de cada diez reducciones de empleo para el cuidado de hijos o dependientes. El Gobierno autonómico acaba de darse un plazo de un mes para pactar con los agentes sociales un plan de lucha contra la desigualdad y la brecha salarial. Todas las medidas puestas sobre la mesa parecen positivas para favorecer la igualdad, pero poco podrán conseguir si las ocupaciones peor pagadas, en sectores como la agricultura o la hostelería, continúan siendo desempeñadas mayoritariamente por mujeres. Aunque los factores que inciden en la brecha salarial son múltiples, entre ellos también figura la elección de estudios, tanto en FP como en la Universidad. En ambos casos no se ha logrado todavía atraer a mujeres en la proporción necesaria a los cursos y grados más técnicos, que en muchos casos son los más demandados y mejor remunerados por las empresas.

Retener el talento

El crecimiento económico y la generación de empleo son el punto de partida a fin de encarar esos retos, pero ambas premisas resultan insuficientes para restañar las desigualdades que la extendida precariedad salarial y la temporalidad llevan asociadas. Si debido a la digitalización una parte importante de los empleos tradicionales van camino de desaparecer, hace tiempo que la educación debería estar adaptándose al mercado laboral que se avecina. No es suficiente con conectar todas las escuelas a internet con banda ancha. O estimular las vocaciones tecnológicas desde edades tempranas. Hacen falta, además, oportunidades laborales propiciadas por un tejido productivo adaptado a los nuevos tiempos. Solo así la búsqueda de un puesto de trabajo en el extranjero se convertirá en una elección personal, y no en un forzoso exilio por la ausencia de horizontes profesionales en nuestra tierra. Demasiado talento formado eficazmente con dinero público se nos va fuera. Con lo que está por venir, el mayor de los errores sería creer que estamos sobrados de capital humano.

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Deuda permanente revisable

Para llegar a un acuerdo y satisfacer a todas las comunidades, Montoro estudia convertir en perpetua parte de la deuda con el Estado de las autonomías. Mientras no haya solución, el Gobierno regional debería actuar con cautela

Cuando Montoro sentenció el lunes en la comida de los barones del PP que no habría quita para la deuda autonómica, López Miras, contrariado, resopló: «Algo habrá que hacer». Después de que se impusiera el criterio del gallego Núñez Feijóo y del castellanoleonés Juan Vicente Herrera, la frase del presidente murciano sonó como aquella advertencia celebérrima del economista Keynes: «Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo». En otras palabras, que el Gobierno regional no está de entrada por la labor de devolver los préstamos por valor de 6.700 millones recibidos del Estado desde 2012, una cantidad que representa el 80% de la deuda pública murciana. Alega, como es totalmente cierto, que la Región ha estado infrafinanciada, al igual que la comunidad valenciana o la balear, desde que se instauró el actual modelo en 2010. Con los mercados financieros prácticamente cerrados y una prima de riesgo en cotas estratosféricas, Montoro creó en su momento los fondos de liquidez autonómica y de pago a proveedores para rescatar a las comunidades autónomas, pero ahora que llega el momento de ajustar cuentas, como paso previo a la negociación del nuevo modelo de financiación, la batalla territorial entre las regiones cumplidoras e incumplidoras del déficit amenaza con estallar incluso en el seno de las distintas formaciones políticas. Montoro, que conoce bien a Keynes, sabe que con el 56% de la deuda autonómica en manos de la administración central tiene un verdadero problema. Sobre todo ante Bruselas. No puede aceptar la condonación solicitada por la Región de Murcia, Valencia y Cataluña, porque mandaría un mensaje muy negativo sobre el cumplimiento de las reglas fiscales. Pero tampoco puede obviar la realidad de que una gruesa parte de los números rojos de esas comunidades incumplidoras se debe a la insuficiente financiación, aunque no toda, ni mucho menos, en el caso de la Región. Una solución que el ministro estaría barajando sería la eliminación del pago de intereses. Entre otras razones porque es discutible que, en su calidad de prestamista, el Estado obtenga ingresos de las asfixiadas autonomías. Otra consistiría en aplazar ampliamente los vencimientos de la deuda de las comunidades con el Estado, llegando incluso a plantearse, como adelantaba ‘La Vanguardia’, que una parte sustancial se convierta en perpetua, es decir, sin obligación de devolución ni vencimientos. Una especie de deuda permanente revisable. Dicho eso, lo que finalmente sucederá es imprevisible porque Montoro apunta cada día en una dirección diferente.

Pocos asuntos públicos son más áridos y aburridos pero a la vez tan importantes como el debate de la financiación autonómica. Tanto como el pacto educativo o el pacto del agua. La consecución de un acuerdo territorial en materia de financiación autonómica es crucial para asegurar la sanidad, la educación y el resto de prestaciones públicas básicas, que se comen prácticamente los presupuestos de las comunidades autónomas. Desde el inicio de la crisis, la deuda pública española, incluida la de la Administración central, se ha triplicado y alcanza ya los 1,14 billones de euros. El pasado año marcó un récord tras repuntar 37.424 millones, el mayor ritmo ascendente desde 2014. Ya representa el 98,08% del PIB nacional. Una auténtica barbaridad, aunque se encuentra en el límite fijado por Bruselas, gracias al crecimiento de la economía. Pero los bajos tipos de interés no durarán siempre y la compra de deuda pública española por el Banco Central Europeo empezará a paralizarse este mismo año. Entonces, el peso de la deuda se convertirá en un serio problema para todos los contribuyentes.

Algo habrá que hacer, como dijo López Miras. Por la parte que le toca al Gobierno regional, lo primero debería ser actuar con prudencia. Como lo están haciendo muchas familias y empresas murcianas, según se desprende del bajo incremento del crédito bancario, algo inusual en momentos de crecimiento económico. Quizá por la percepción de que el despegue no se ha consolidado, las familias se decantan por el consumo y el ahorro (aquellas que pueden) y las empresas por invertir parte de sus beneficios. Pero apenas se endeudan. El ministro Montoro ya ha advertido que el fondo de liquidez autonómica tiene los días contados, de forma que las comunidades deberán volver a los mercados financieros. Siete de ellas ya lo hicieron en 2017. Especialmente ahora, cuando aún se desconoce cómo será la reforma tributaria que anuncia el Ministerio para sustentar el nuevo modelo (Montoro habla de armonización fiscal del impuesto de sucesiones justo cuando se ha dejado aquí al mínimo posible), o cuánto dinero recibirá la Región si hay acuerdo para un reparto más equitativo, el Ejecutivo regional debería actuar con suma cautela. Más aún al no estar ni siquiera asegurado un pacto imprescindible con el PSOE de Pedro Sánchez.

En este incierto contexto solo el hecho de que estamos en año preelectoral explica que López Miras y su equipo hayan arriesgado tanto anunciando que bajarán el IRPF en el plazo de un año. Hace solo unos días, el consejero Andrés Carrillo añadía que «Murcia será la región donde menos impuestos se paguen», pero «lo haremos de manera paulatina y responsable, siendo conscientes de lo que supone mantener los servicios públicos esenciales». Son mensajes que suenan a música celestial en los oídos de los votantes, aunque no dejan de tener un timbre inquietante en la región campeona del déficit público cuando cada año el Tribunal de Cuentas nos recuerda el ‘agujero’ existente en las cuentas del Servicio Murciano de Salud o nos alerta del rampante gasto farmacéutico. La buena noticia de que la economía regional lideró el crecimiento en 2017 no debe llevar a la precipitación o a suscitar desmesuradas expectativas.

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Miedo escénico

Si la rebaja del IRPF se lleva a efecto y no queda en un recorte testimonial, Fernando López Miras dispondrá de una baza electoral importante. Pero si no cumple con las expectativas anunciadas, el batacazo será monumental

El miedo a la prisión ha quebrado el bloque independentista y ha dejado solo a Puigdemont con su lunática idea de gobernar Cataluña por vía telemática o, en su defecto, a través de un hombre de paja con boca de ganso. El denostado plasma pero llevado a su paroxismo, esta vez vía Skype.

El miedo a dar la cara tras el vapuleo a Podemos en Cataluña ha mantenido fuera de todo foco durante tres semanas a Pablo Iglesias, que al elegir la calle de en medio entre el constitucionalismo y el independentismo llevó a su partido hasta un callejón de difícil salida en el conjunto del país.

El miedo a un ‘sorpasso’ nacional de Ciudadanos entre los barones del PP ha provocado una cita, mañana en Génova, para fijar un plan de reactivación que detenga la hemorrágica herida infringida en las elecciones catalanas antes de que infecte a todo el cuerpo electoral. A ese encuentro llegan los dirigentes populares sin hacer autocrítica y con el pavor en el cuerpo por la primera encuesta que sitúa a Ciudadanos por encima del PP en intención de voto. Y del PSOE de Pedro Sánchez, que a la vista de las catalanas y los nuevos sondeos, temeroso, ya no reclama a Rajoy un adelanto electoral.

Y es el miedo a que al mordisco electoral de Cs se sume el de la formación de Alberto Garre lo que ha provocado, en buena parte, que el presidente López Miras anunciara esta semana una rebaja del IRPF con casi un año de antelación de su hipotética entrada en vigor. Excepto para Ciudadanos, que vive su momento más dulce, el panorama político secreta todo tipo de hormonas del miedo en vísperas de unas elecciones autonómicas y municipales que están a la vuelta de la esquina.

Dieciséis meses son un suspiro en términos políticos. Especialmente en una región como la nuestra donde los liderazgos políticos son más líquidos que sólidos y todo indica que nos encaminamos a una fragmentación aún mayor del arco parlamentario. La posibilidad real de que el PP pierda el poder (por el desgaste de tantos años de gobierno, no pocos errores de bulto, la circunscripción electoral única y el posterior proceso de alianzas) ha llevado a quien será su candidato autonómico a apostar fuerte con el anuncio de esa rebaja del tramo autonómico del IRPF. Una reducción fiscal, en línea con la bonificación del 99% del impuesto de sucesiones y donaciones, que está en consonancia con el ideario liberal en lo económico que Pedro Antonio Sánchez y ahora López Miras querían imprimir para dinamizar la economía, ahora que crece por encima del 2%, y recuperar de paso, así, el afecto de las clases medias de cara a las urnas. Pero no deja de ser una medida de alto riesgo y polémica porque la Región sigue necesitada de ingresos en sus arcas públicas y va a ser la única comunidad autónoma que incumplirá el objetivo de déficit en 2017. Un año más, el Tribunal de Cuentas nos acaba de recordar cómo fue necesario en 2015 aportar más de 400 millones adicionales a los presupuestados para mantener las prestaciones del Servicio Murciano de Salud.

Es verdad que buena parte de la infrafinanciación estatal procede del injusto modelo autonómico, y que existe una promesa política de reparar esa injusticia para con la Región a lo largo de este año, pero a día de hoy ni están aprobados los Presupuestos Generales del Estado de 2018 ni hay garantías de que el nuevo sistema autonómico de financiación se apruebe en cuestión de meses. Tampoco de que el Gobierno central acepte la propuesta de mutualizar la deuda de la Región derivada del fondo de liquidez autonómica. Y, entretanto, no serán pocas las comunidades que en el proceso de negociación del nuevo modelo echarán en cara al ministro Montoro que la región que más incumple los objetivos de estabilidad presupuestaria vuelve a bajar los impuestos.
Si esta apuesta política le sale bien y la rebaja del IRPF no queda en un recorte testimonial para el bolsillo de todos los murcianos, Miras dispondrá de una baza electoral importante porque prácticamente coincidirá la entrada en vigor de la reforma fiscal con la llamada a las urnas. Si, por el contrario, el presidente no cumple con las expectativas anunciadas, el batacazo será monumental. Cuentan en San Esteban que la propuesta del IRPF tiene el visto bueno de Rajoy (no sería de extrañar que entre las medidas que el PPnacional ponga sobre la mesa haya una reducción de impuestos), pero lo cierto es que hasta que no se aprueben los Presupuestos Generales del Estado todas las comunidades autónomas van a tener una merma mensual en sus ingresos. Y eso aumentará el riesgo de incrementar la morosidad de la administración regional en el pago a sus empresas proveedoras, lo que en nada ayudará a la dinamización económica. Al contrario.
López Miras ha precipitado su anuncio de manera plenamente consciente. Reconoció que aún no se han hecho los estudios necesarios para saber cuándo y cuánto se reducirá el IRPF. Pedro Antonio Sánchez anticipó con meses de antelación que suprimiría el impuesto de sucesiones y López Miras cumplió después con ese compromiso. Por tanto, si se hizo con anterioridad, esta nueva promesa fiscal puede volver a concretarse. Pero esta vez el objetivo es mucho más comprometido porque el Gobierno regional actuará sobre el tramo autonómico de un impuesto estatal que puede sufrir variaciones en Madrid, bien por decisión política del Gobierno central antes de las elecciones o bien durante la negociación del modelo de financiación autonómica. Precisamente, una de las hipótesis sobre la mesa apunta a una mayor cesión de lo recaudado por IVA e IRPF a las comunidades autónomas. De ahí que el objetivo político marcado por el presidente regional sea mucho más complicado que la eliminación del impuesto de sucesiones y donaciones. Miras sabe que tiene poco tiempo para consolidarse y ha decidido jugar fuerte, intentando marcar agenda política desde el arranque del año. Esta es, de hecho, su primera apuesta personal de cierta entidad. Ocurre que el riesgo de una decisión equivocada o precipitada no solo afecta al futuro político de quien hoy está al volante de la Comunidad, sino al conjunto de la sociedad murciana. Es de esperar que esté suficientemente meditada. Lo contrario sería para echarse a temblar.

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Doce uvas, doce deseos

Los seres humanos, según planteó el filósofo Isaiah Berlin, se pueden dividir en erizos y zorros. Mientras los primeros creen que un gran principio ordenador permite explicar y dar sentido a los acontecimientos históricos y sucesos individuales, los segundos piensan que pueden tener innumerables explicaciones y responder a principios distintos y hasta contradictorios. Pero aunque somos la única especie con conciencia del mañana, con permiso de las cigarras, ni erizos ni zorros podemos predecir el futuro. En las páginas siguientes, la Redacción de ‘La Verdad’ anticipa los acontecimientos que, en principio, centrarán la atención pública e informativa en la Región durante 2018. Lo que sigue bajo estas líneas son doce deseos personales para el próximo año.

Bajar de la barrera de los 100.000 desempleados

1. Las cifras de paro en la Región, pese a la evolución positiva en términos de afiliación, siguen siendo socialmente inasumibles. Precariedad, temporalidad y bajo nivel adquisitivo son la cruz de un mercado de trabajo revitalizado. Las políticas de empleo deberían atender fundamentalmente a los jóvenes. De los 229.000 murcianos de entre 16 y 29 años, 43.400 ni estudian ni trabajan. Uno de cada cuatro. El 82% de ellos están ya inscritos en el programa de Garantía Juvenil, que debería multiplicar sus frutos.

Ni una víctima mortal más por violencia de género

2. 2017 se cerró con tres mujeres asesinadas. 2018 llega con las numerosas medidas previstas en el Pacto de Estado alcanzado en julio, aunque algunas tardarán en entrar en vigor porque exigen cambios legislativos. Trabajar con eficacia, decisión y fondos suficientes para dejar a cero los crímenes machistas debería ser una prioridad para el Gobierno regional y los partidos políticos.

Última oportunidad para proteger el Mar Menor

3. La ley de medidas urgentes que se tramitará en la Asamblea Regional no puede quedar en un mero maquillaje. Puede que esta oportunidad sea la última. La prioridad debe ser medioambiental porque de la salud de ese valioso ecosistema dependerá todo el desarrollo socioeconómico de la comarca. Los criterios de sostenibilidad, basados en el consenso científico, deben imponerse a las urgencias políticas. Habrá que dar soluciones a la agricultura del Campo de Cartagena y esta asumir las prácticas que sean necesarias para preservar la gran laguna salada.

 Pacto Nacional por el Agua, ya

4. La Región necesita como el comer que llueva en la cuenca del Segura y en la cabecera del Tajo, pero las previsiones no son halagüeñas. Un quinto año de sequía, con el Trasvase cerrado y las desaladoras lejos de su pleno rendimiento, puede ser letal para la agricultura más competitiva de España. Los regantes piden a los políticos que cumplan con su trabajo y busquen soluciones. No hay excusa posible para dilatar un Pacto Nacional por el Agua que no se ciña a una vaga declaración de intenciones. De no llegar soluciones estructurales en 2018, los votantes depurarán responsabilidades un año después.

Derecho a saber

5. La democracia muere en la oscuridad. 2018 debería servir de impulso al derecho a saber. Que la transparencia, participación y el buen gobierno no solo sean recursos dialécticos para mejorar la imagen pública de los gobernantes. La nueva ley de contratos públicos debe aplicarse en toda su extensión. Hacen falta más jueces para desatascar causas complejas de presunta corrupción, más rendición de cuentas y menos dobles varas de medir.

Es la educación

6. La peor política universitaria es la que no existe. Una cosa es la autonomía universitaria y la libertad de cátedra y otra bien distinta es la falta de ordenación, planificación y fijación de objetivos en la enseñanza superior. La ley de universidades regional debería salir adelante para adaptarse a una realidad muy cambiante y buscar parámetros de excelencia tanto en la investigación como en la docencia. Hay miedo a abrir ese melón y muy poca ambición. Los ‘ranking’ reflejan bien dónde estamos.

Sanear las cuentas públicas

7. Urge un nuevo modelo de financiación autonómica que no penalice a la Región. La deuda pública asciende ya a 7.000 millones y volvemos a ser campeones nacionales del déficit, incumpliendo además la regla de gasto. El Gobierno regional hace bien en bajar los impuestos, pero incumple con su obligación de garantizar el equilibrio financiero de sus cuentas. No todo es achacable al modelo de financiación. No debería olvidarlo en 2018. En año preelectoral las tentaciones de fiesta no son pocas.

Más foco en la Atención Primaria

8. Reforzar la red de Atención Primaria para mejorar la ratio de pacientes por profesional y descongestionar los centros más masificados (aún no ha llegado el invierno más duro y la saturación en las Urgencias ya ha causado la suspensión de intervenciones). Reducir las listas de espera debe ser otra prioridad ineludible en 2018.

Carreteras más seguras

9. Las cifras de siniestralidad en las carreteras de la Región durante 2017 exigen una actuación inmediata. Las constantes noticias de conductores profesionales que dan positivo al alcohol y drogas deberían conducir a la adopción de medidas contundentes para preservar la vida de las personas.

Apoyar la ciencia y la innovación

10. La Región no será competitiva mientras no dé un notable respaldo financiero a un plan de I+D+i con objetivos a medio y largo plazo, algo de lo que carecemos en la actualidad. Todo el talento generado escapará en busca de oportunidades en el exterior y las empresas irán perdiendo fuerza en un competitivo mercado globalizado y digitalizado. El cortoplacismo pasará factura.

Profesionalización del turismo

11. Nadie viaja a Venecia por la calidad o ubicación de su aeropuerto. La motivación del viajero es otra.  Corvera y el AVE lo pondrán mucho más fácil, pero hace falta una oferta turística bien armada, un sector tan emprendedor como el agroalimentario y destinar más fondos a promoción, si es que se quiere competir con los gigantes que nos flanquean. La ciudad de Murcia no tiene un hotel de 5 estrellas y Roquetas, más camas hoteleras que toda la costa cartagenera. Así seguirá siendo difícil.

Protección del patrimonio cultural

12. Asignatura pendiente en la que progresamos con lentitud en Murcia, Cartagena y Lorca. Despedimos 2017 con incertidumbre sobre la continuidad del proyecto de La Bastida y con la esperanza depositada en las excavaciones del anfiteatro de Cartagena. Nuestro patrimonio es valioso, amplio y diverso. Necesita en 2018 una defensa proactiva de las administraciones.

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Es la educación

Asombra ver las posiciones que ocupamos en los ‘rankings’ y escuchar cómo desde la cúspide de las universidades se exhiben, como parámetros de excelencia, el haber superado la acreditación de la Aneca o la alta demanda de plazas

Al exministro de Obras Públicas Josep Borrell le han ofrecido ir en el tercer puesto de las listas socialistas en las elecciones catalanas, pero a estas alturas no se le pasa por la cabeza volver a la política y se ha blindado contra cualquier tentación para poder así continuar con su vida profesional y personal. Solo en el plano de las hipótesis responde que si le ofrecieran hoy una cartera ministerial elegiría Educación. «España tiene hoy mucha infraestructura física y poca infraestructura personal. Nos gusta mucho inaugurar obras, porque se ven, pero los países que ganan la batalla son los que invierten en educación. Lo que necesita este país ahora es invertir en inteligencia, en capital humano», dijo Borrell el viernes en el Foro Nueva Murcia. Como en otros asuntos, acierta en el centro de la diana el expresidente del Parlamento Europeo, hoy una isla de racionalidad en este océano político donde se activan resortes emocionales y se falta a la verdad para movilizar adhesiones. Sí, es la educación. No lo duden. Y lo que es fundamental para España lo es especialmente para la Región de Murcia.

Este jueves, en su informe anual sobre Educación, la Comisión Europea nos sacaba una vez más los colores. España tiene la segunda tasa más alta de abandono escolar temprano de la UE. Nada menos que un 19%, casi nueve puntos por encima de la media de los Veintiocho. Pero si se analizan las diferencias territoriales el panorama todavía es más oscuro. Frente a una tasa de abandono del 7,9% en el País Vasco, Baleares alcanza el 26,8% y la Región de Murcia el 26,4 %. Esta semana el INE nos ha enviado otra fea fotografía emparentada con la anterior: las diferencias salariales entre regiones siguen en ascenso. En el País Vasco los sueldos medios ya son un 40% superiores a los de Extremadura o la Región de Murcia. Esa brecha de desigualdad salarial se concreta en unos 4.200 euros menos al año en los bolsillos de los murcianos. La causa directa es el diferente modelo productivo. La Región está reduciendo su tasa de desempleo gracias a la hostelería y la agricultura, pero son precisamente las actividades con el salario medio más bajo de las analizadas por el INE. Si esas dos son nuestras únicas grandes bolsas de trabajo, difícil lo tendremos para evitar que los adolescentes murcianos renuncien a completar su formación. Por el contrario, los jóvenes vascos abandonan en menor medida los estudios porque necesitan mayor cualificación para entrar en un mercado laboral más tecnificado y mejor remunerado.

Invertir más en la educación pública es imprescindible, aunque no basta si no se prioriza bien el gasto, si el modelo educativo no se adapta al entorno económico y social que muta irrefrenablemente por la globalización y la digitalización, y si no se producen cambios en el modelo productivo que prioricen áreas de actividad tecnológicas e industriales. A la vista está que el Pacto de Estado por la Educación y la apuesta por la I+D+i es ya una cuestión de pura supervivencia en este conectado y tecnológico mundo.

El Gobierno autónomo se ha fijado como objetivo convertir a la Región en un espacio de libertad económica que genere riqueza y empleo. Hace bien si elimina todas las trabas administrativas que alejan las inversiones productivas hacia otros territorios, siempre que no dañen nuestro patrimonio natural e histórico. Pero se equivocará si se limita a dejar hacer y no diseña una política industrial y educativa fijándose objetivos y tomando decisiones para emplear con eficacia los recursos públicos. Hace falta una estrategia regional claramente definida que priorice, por ejemplo, las industrias asociadas a la agricultura, desde la agroalimentaria a las empresas innovadoras en riego, semillas… El carajal que se ha creado con el cambio de modelo de las ITV y las primeras turbulencias por la prometida reforma universitaria muestran un Gobierno con ganas, aunque dubitativo, a veces torpón y con un discurso argumental tan básico que en ocasiones sonroja.

Quizá no sea el mejor momento para plantear la reforma de la ley universitaria regional, con elecciones al rectorado de la UMU a la vuelta de la esquina, pero más nos valdría que los partidos políticos y las propias universidades murcianas asuman que nuestros parámetros de excelencia, empleabilidad e internacionalización son claramente mejorables. Asombra ver las posiciones que ocupamos en los ‘rankings’ y observar cómo desde la cúspide de los centros superiores de enseñanza se exhiben, como parámetros de excelencia, el haber superado las acreditaciones de la Aneca (que solo fijan los mínimos exigibles) o la gran demanda de plazas, lo que bien puede explicarse por los precios de las tasas y la apetecible vida universitaria en una ciudad como Murcia. Que se cuenten por decenas de miles los universitarios en la Región de Murcia es un criterio tan endeble que vale para andar por casa, pero no para esgrimirlo en foros con una mínima altura académica. Si piensa el Gobierno regional que la mejor política universitaria es la que no existe anda muy equivocado. Es verdad que los efectos dañinos no se aprecian a corto plazo, pero son acumulativos y terminan por emerger. ‘Otra educación es posible’ es el lema del congreso Proyecto Aula que celebra este fin de semana ‘La Verdad’ con expertos en innovación pedagógica de dentro y fuera de la Región. Ahí se constata que no todo es negativo en nuestro sistema educativo. Al contrario, tenemos docentes excelentes y muy implicados, junto a no pocos alumnos brillantes. Hagamos de la educación un asunto central, dediquemos los recursos suficientes y fijemos objetivos ambiciosos. Los resultados terminarán por llegar.

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