La Verdad

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Categoría: Plazas
Un mexicano enamorado

 

Ellas, que ya de por sí son “bien guapetonas”, van estos días y, ¡se perfuman! Y claro… se hacen irresistibles. Les hablo de esas ciudades del sur de España –y del levante también- justo en ese momento en que el azahar de los naranjos dice: “Aquí estoy yo” y expande generoso toda su fragancia por las calles.

Sevilla tiene un aroma que… ¡fomenta el amor!

Así me sucedió hace poco en Sevilla en un congreso internacional. Nos habíamos reunido para hablar de ética. En la comida un mexicano sentado a mi lado me preguntaba, muy intrigado, qué perfume era ese que “recorría la ciudad”.  Me contaba que quería llevárselo a su mujer. Y claro, a priori, este gesto de amor tan bonito parecía complicado. ¿Cómo poder compartir esta experiencia olfativa allende los mares?

Sevilla aromática. Esos naranjos...

A mí me gustó tanto este detalle amoroso que le ayudé a buscar un perfume lo más parecido posible a la flor del naranjo. Y lo encontré. Le mostré la foto y la dirección que había tomado en la tienda a mi colega mexicano. ¿Saben lo que hizo? Se escapó de una de las charlas para ir a comprarlo.

Y cuando una se pone a ayudar, pues… no sé si me pasé un poco. Porque, ya puesta en faena, le dije que también podía comprarle a su esposa un tarrito de mermelada de naranja amarga. Si le llevaba el aroma, ¿por qué no también la fruta? El mexicano, no se amedrentó por la falta de dulzor y, hete aquí que noté su ausencia en otra de las charlas. Fue entonces ya cuando dejé de ayudarle. De seguir en mi empeño, él no hubiera cumplido la asistencia mínima exigida para obtener el diploma. Y yo ya me sentía cómplice cuando veía su silla vacía en las conferencias. Y claro, hablando de ética, vaya que no parecía muy honrado aquello de fomentar sus escapadas.

Recorridos olfativos ¿olvidados?

El caso es que yo no sé cómo las Oficinas de Turismo no han ideado recorridos callejeros siguiendo el trazado de estas calles y plazas invadidas de naranjos. Sé que es algo efímero. Pero ya nos avisó el poeta: lo breve, cuando es bueno, se duplica.

En mi descargo les diré (no quisiera que se quedaran con mi falta de ética confesada) que sí lo tengo hecho en Murcia. Y cuando en estos días de explosión de la primavera recibo amigos de fuera, ya tengo marcadas las calles por donde tienen que ir, por ejemplo, si quieren ver el río o visitar algún museo.

La verdad es que les engaño un poco –sé que no es muy ético, por eso fui también al congreso- diciéndoles que esas calles que ven marcadas en color son un atajo, para que así, el factor sorpresa sea aún mayor. A veces hasta les hago dar un pequeño rodeo pero, como caen rendidos ante el azahar, me lo perdonan enseguida. Y seguimos tan amigos.

Ciudades muy, pero que muy coquetas

Murcia. Un espejo que multiplica la belleza.

Bueno y si el paseo se prolonga hasta la noche y, junto a los naranjos hay también algún rincón con un jazminero (que también tengo unos cuantos en Murcia; Aquí me queda avanzar el mapa oloroso con nocturnidad), entonces ya la coquetería, que como en todo, hay grados, se eleva a la máxima potencia olfativa.

El summum es poder mirarse al espejo. Hay sabios rincones bien dotados en estas ciudades presumidas. El edifico Moneo en Murcia contiene uno de los espejos más grandes, calculado a la perfección con el imafronte de la Catedral; Una forma bonita de aumentar la belleza, ¿verdad?

En el próximo congreso le mostraré al mexicano enamorado estos rincones con jazmineros. Y es que la ética perfuma un poquito el camino de la vida

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Los cabizbajos también viajan

 

Que no se trata de ir buscando alguna moneda en el suelo. Aunque no podemos negar que ir con la mirada fija en el pavimento sí nos puede dar alguna que otra pequeña sorpresa económica.

De verdad que no exagero si les digo que se pueden encontrar auténticos tesoros… ¡a ras de suelo! Más allá de un billete arrugado, que algún despistado dejó caer en contra de su voluntad y que a otro le alegró el día.
Aquello de alzar la vista también da la oportunidad de descubrir cosas bonitas, pero… ¿qué pasa si inclinamos un poco el cuello hacia abajo?

Arte en Japón

Muchas tapas de las alcantarillas en Japón son casi obras de arte. El denominado Street Art allí, en lugar de estar en las paredes, lo han plasmado en el hierro del círculo. Las han convertido en un museo a pie de acera. Tanto, que hasta da pena pisarlas.

Hay unas en las calles peatonales más transitadas que contienen todo un propósito de buenas intenciones con los demás, con una señal de cigarro encendido (con su humo y todo). Llaman así la atención, casi como si fuera una señal de tráfico. Y todo bajo el aviso de que si los viandantes adultos llevan sus cigarros encendidos, al bajar sus brazos, la mano llega justo a la altura de las cabezas de los pequeños. ¡Qué forma tan sugerente de la advertencia del tabaco! Y sin mediar palabra.

En Córdoba le ponen mucha inteligencia práctica

Si vamos con tacones, toca sufrir un poco y hasta hacer pequeños movimientos de compensación para equilibrar el paseo. Pero si ese día toca zapato plano, entonces ya la cosa se ve con otra perspectiva.

Lo llaman “chino cordobés”. Les cuento el pequeño invento: El suelo, en patios, calles y muchas plazas, está formado con piedras de canto rodado, colocado a dos alturas, con apenas un pequeño desnivel entre ellas. De forma que cuando se riega, el agua queda un buen rato en la zona más baja con el fin de crear un microclima más húmedo que refresca cuando aprietan los calores. ¿Quién dijo que el aire acondicionado no podía estar en el suelo? ¡Y sin pagar factura de luz! A mí me encantan estos inventos que rebosan –agua sí pero también- mucha inteligencia práctica.

Los cordobeses no se quedan cortos en ponerle también su nota artística. Es casi toda una competición silenciosa con las alcantarillas japonesas. Con las piedras han sabido hacer diseños que parecen auténticos mosaicos romanos. Que si distintas tonalidades con efecto de claroscuro; que si el fondo de una fuente tienes hasta diseñados unos delfines…

En estos paseos por Córdoba uno pasa un buen rato entretenido mirando el suelo y pisando por aquí y por allá.  Y sujetándose al amigo para no caerse, también. Que estos cantos, encierran su peligro.

En Valencia los supersticiosos andan preocupados

No quisiera yo que les entrara dolor en las cervicales de tanto pasear cabizbajos. Así que toca ya terminar esta ruta con una última parada en Valencia, concretamente en el barrio del Carmen. Es de esos llenos de callejuelas para ir sin rumbo y perderse en ellas. Todo un laberinto de rincones con bares, tiendas escondidas y teatros y… claro, como vamos mirando fijamente al suelo, topamos con ellos… ¡los gatos negros!

En muchas esquinas están pintados a tamaño real, en posturas tan creíbles que, a nada que uno se haya tomado un par de vinos… piensa que son auténticos.

En este barrio los supersticiosos van a sufrir un poquito porque hay muchísimos gatos. Difícil no verlos. Menos mal que la sabiduría de Groucho Marx sale al rescate para evitarnos la mala suerte cuando dijo aquello de “cuando un gato negro se cruza en tu camino significa que el animal va a algún sitio”.

Espero que en este paseo sus cervicales no se hayan resentido más de lo debido. ¡Cuídense!

 

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Posaderas y un ósculo un poquito más arriba

 

¿Se animan a un viaje hasta “los límites de la honestidad”? No se alarmen ¡por favor! Nada de cometer un delito. Seguimos aquel juego lingüístico cervantino y con él llegaremos a cuatro lugares que se encuentran justo… “donde la espalda pierde su honesto nombre”. ¡Ejem! Ya me entienden.

Oviedo, vista al fondo

Comenzamos “a lo grande”.

La primera parada, en Oviedo, en la calle Pelayo donde se encuentra la famosa estatua “Culis Monumentalis” de Úrculo. Aquí el latín se deja traducir fácilmente. Recuerdo que cuando paseábamos, un amigo me dijo que esta calle te arrastra, quieras o no, hacia  ”el  monumento”. Vaya que tiene una “vis attractiva” –que también dirían los latinistas-, que te hace cambiar la ruta inicial y evitar cualquier otra trayectoria distinta que no sea la línea recta. Convendrán conmigo que es fácil entender las muchas razones por las que Woddy Allen cayó seducido por el embrujo ovetense. Y es que, esta ciudad es de las que atrapan a todo visitante.

Coimbra, nalga con mucho ritmo

Nalgas al son de la música

En Portugal tenemos otra parada con nalgas bellas, en este caso, unidas al mundo de la música. Escondida en una pequeñísima plaza de Coímbra, callejeando por el casco histórico, se puede admirar una estatua en forma de guitarra muy sexy y, por partida doble, esto es, se mire por delante o por detrás. En la foto, por aquello de no ser demasiado indiscreta he puesto la parte trasera nada más.

Yo la descubrí porque vi a un señor dando una vuelta en redondo por la plaza con una gran sonrisa pícara. Y la curiosidad –y la intriga por saber la razón de su sonrisa- me alertó del secreto que aquella guitarra tenía. Para más inri, se trata de una guitarra típica portuguesa que, como saben, en su forma, es más curvilínea y abombada que la española. Sobran las semejanzas para inspirarse. Éstas, saltan a la vista.

Madrid, atención a las zonas más brillantes de la estatua

La felicidad que transmite una hermosa posadera

Este recorrido por el mundo trasero nos lleva a Madrid. Ahora menos escondida. Es un lugar muy fotografiado: la estatua de Botero en la Plaza Colón y que también es fácil que nos haga sonreír.  Pues sí, a falta de playa, ella parece que está tomando el sol. Y tranquilamente además. El dato gracioso es prestar atención a qué partes de la estatua son las que están más brillantes. Vaya que se nos van las manos.

Barcelona, donde una dama desnuda posa sin que nadie la visite

Barcelona, una "culé" desconocida en la plaza Cataluña

Pero ahora sí que sería un delito –con su agravante y todo- hacer un recorrido por zonas vinculadas con esta parte de la anatomía humana y no detenernos en Barcelona, tierra de “culés”. Qué buena fotografía, digna de estar en el museo por supuesto. En ella, los aficionados, todos alineados en lo alto de un muro, con sus cuerpos hacia delante, a modo de contrapeso y, también para no perder el equilibrio, y con los culos respingones.

La última parada de este tour tan sexy, la hacemos en Barcelona, con los glúteos de una buena moza que pese a estar en la transitada Plaza Cataluña, es toda una desconocida y eso que tiene mucha sensualidad y belleza. Es una dama con una postura parecida –pero más sugerente, dónde va a parar- a los de los “culés”. La cosa es que, estando a tiro de piedra de la futbolera fuente de Canaletas… pues eso que las posaderas de esta bella dama pasan desapercibidas.

Helsinki, diseño de una silla muy amorosa por la espalda

Ósculos también por la espalda

No quería yo terminar este recorrido sin un ósculo a modo de despedida que, como no, también lo es por la parte trasera del cuerpo humano. Pero ya, saliendo de la zona peligrosa de las lumbares y subiendo a las dorsales.

No es el sillón rojo besucón de Dalí, pero tiene su puntito amoroso también. Tomen asiento –¡qué mejor silla!- si esta ruta se les antojó larga. Y lo dicho, el viaje termina hoy con una silla-beso del Museo del Diseño de Helsinki.

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¡Agárrense que vienen curvas!

 

Reconozco mi pasión por los lugares que saben comunicar sin necesidad de palabras. Sobre todo cuando lo hacen los museos. Con un poquito de inteligencia por aquí y un toque de humor por allá, consiguen hacer entender un mensaje utilizando, en este caso, piezas de arte. Y lo mejor de todo, comprensible sin necesidad de saber idiomas ni de ser un experto en Picasso o Kandinsky.

Muy cerca tenemos una buena muestra: Los valencianos con sus fallas, rozan la perfección en esto de la narración de historias a través de figuras. Ya les digo, sobran las palabras ante los Ninots.

"Pasen y vean" sin necesidad de palabras. Fachada del Museo del Diseño

La línea curva en su máxima expresión

Con el círculo viajamos un poco más lejos, a Helsinki, concretamente al Museo del Diseño. Una de sus exposiciones las dedicó al inventor Eero Aarnio, gran amante de la línea curva. Y no piensen mal, por favor.

Este museo es de los que saben narrar sin palabras. Les cuento algunos de sus “trucos lingüísticos”: Antes de entrar, vas caminando tranquilamente por la calle y junto a la fachada “sin mediar palabra”, nos atrapa. ¡Vaya que si lo hace! La plaza que está junto al museo ya tiene unas réplicas de algunas piezas del museo colocadas sabiamente.

Al verlas, uno se pregunta: ¿Qué hacen aquí estos perritos tan monos? Así que, si uno iba caminando distraído, caerá enseguida en la cuenta de que el edificio que casi se pasaba por alto, “esconde” algo bonito. Bien es cierto que el edificio ya en sí lo es. Pero muchas veces, los que somos despistados corremos el riesgo de estar justo en el sitio y no darnos cuenta. Estos perritos hacen las veces del famoso: “Pasen y vean”.

Cuando “la joya de la corona” sale a tu encuentro.

En muchos museos la pieza más valiosa está casi escondida. Hay que recorrer plantas, salas, etc. para dar con ella. No sé si también les ha pasado a Vds., yo he llegado a perderme en estos laberintos de arte en más de una ocasión buscando una obra que me interesaba. No sucede así en el Louvre con “La Gioconda”, donde una multitud con sus cámaras nos avisa.

En este museo la cosa cambia: Es la pieza maestra la que tranquilamente se pasea a tu lado. Sí, como si fuera un visitante más. La joya de la corona es la famosa silla-bola. Hollywood tiene escenas curiosas –y muy sexys- con este sillón.

A su aire por el Museo. Y es que, con esas curvas... imposible pasar desapercibida!!

Su autor, Eero Aarnio logró sin ninguna línea recta, idear un cómodo asiento con apoyabrazos, reposacabezas y, por supuesto, su pie de apoyo. La belleza de la línea curva es la gran protagonista del sillón, que casi te abraza y te cobija a la vez. Hasta se puede jugar al escondite en ella y todo. ¡Cuánto ingenio Sr. Aarnio!

En el museo han sabido darle “la vuelta a la tortilla”: es ella, la silla-bola la que avanza contigo por las salas. Sí, en sentido literal. Para lograr este “recorrido del balón” a sus anchas por todas las salas, lo han colocado sobre una pequeña plataforma (redonda, como no podía ser menos) que se mueve con un sensor incorporado que detecta la presencia de los visitantes y, se va apartando para no chocar con ellos o con las columnas.

Esta colocación magistral permite verla por todos los datos y hasta parece estar dotada de vida propia, con este ir y venir a su antojo por el museo. Estuvimos las dos juntas un buen rato. Yo me entretenía haciéndola variar de dirección tan pronto detectaba mi presencia.

Vd. puede ser un artista, láncese.

El “broche final” está pensado para que ningún visitante –niño y adulto- se marche sin probar sus dotes como artista. Y es que, entre tanto diseño tan minimalista, siempre surge aquello de: ¡Esto lo haría cualquiera! Pues… dicho y hecho. Hay una sala especial para poder diseñar, colorear y dejar la obra expuesta en la pared. Uno sale sintiéndose casi un artista.

La despedida también, sin mediar palabra.

¿Le ha gustado el Museo? Encuestas sin necesidad de papel ni bolígrafo

Incluso al salir el museo te pide tu opinión. Te pregunta: ¿Qué le ha parecido?”. Y de nuevo, lo vuelve a hacer “sin mediar palabra”. Buen ingenio los de marketing: Al entrar, el ticket contiene una pegatina y en la pared de la escalinata de salida del museo hay pintadas unas caras gigantescas (a modo de emoticones). Desde el ceño fruncido hasta la sonrisa gigante. Y uno puede colocar esta pegatina según le haya gustado más o menos. El museo tiene así su encuesta y, el visitante que muchas veces no sabe qué hacer con la entrada, puede darle un uso provechoso.

Hoy no me queda otra que hacer mutis por el foro a modo de despedida. Ya me entienden. Y es que, ante el arte, sobran las palabras.

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Toledo, verso a verso

 

Nada de paso a paso,

sería algo prosaico en este caso.

Durante un fin de semana, esta ciudad tiene una métrica especial: la poesía, la razón de “la venida y estada en esta tierra”. 

Poesías en plazas a la hora del vermut

Si a Toledo le sobran razones para visitarla, añadimos una más: el Festival Voix Vives. Y prepárense que el recorrido no es sólo horizontal, sino que se descubre la ciudad literalmente “de arriba abajo”: Los poemas se pueden disfrutar en terrazas, azoteas, balcones, escaparates, junto al río… En fin, que toda la ciudad está “hecha un poema”. O, como destacó la directora del Festival, jugando con las sílabas, en To(le)do, “todo es poesía”.

De viva voz

El Festival se celebra de viernes a domingo, normalmente a principios del mes de septiembre. En él más de 130 poetas se reúnen para recitales, encuentros, talleres. Todo ello combinado con música, danza, teatro… La ciudad ya ha previsto toldos y hamacas para que el momento sea de deleite y comodidad. Hasta golosinas en unas mesitas pusieron en un balcón.

Así, cuando los poetas recitan en una azotea, se une el aliciente de poder ver el atardecer tocando sobre todos los tejados toledanos; cuando el poeta está en un baño árabe, allí al remojo uno cree que está en el mismísimo paraíso acuático. Si Vds. van acompañados y a su partenarie no le gusta la poesía, no se preocupen “aunque dello no me aprovechara, con la vista dello me consolara”, y es que esta ciudad solo con verla, apasiona.

Las hamacas y la poesía, puro deleite

Poemas por doquier

Toledo tiene la muralla y, “al otro lado no la necesita, para eso tiene el Tajo”, dicen orgullosos sus habitantes. Dentro de estas coordenadas se desarrolla el Festival. Desde las “Cuatro calles”, hasta Zocodover, en cualquier recoveco, terraza, plaza, allí suena un poema. A la pena de ser ciego en Granada, se une ahora la de ser sordo en Toledo justo los días de este Festival.

Incluso en las calles más estrechas, sí en esas en las que estirando los brazos podemos dar la mano a los vecinos de los dos lados, sorprendentemente, en ellas también, hay cabida para unas sillas para la escucha. Los transeúntes también encantados.

Conocí a una chica que repite ya varios años. Me contaba que hay tantas actividades, que ella se tiene que hacer un planning para poder elegir e ir a las que más le gustan. Y la verdad es que para los que vamos de fuera, como la ciudad es un poco (¡qué digo poco!) laberinto, se complica el ir “de aquí acullá”, porque es fácil perderse. Así me sucedió varias veces.

La insigne Toledo "invadida".

Ante este trajín por las “angostas calles”, cosa buena es acudir a los voluntarios para que en este dédalo toledano, nos hagan de lazarillos. No se pierdan un bonito botón de muestra de cómo estos chicos se integran en el fin de semana poético. Por su atuendo los reconoceréis: una camiseta blanca en la que por detrás está el logotipo del festival y, por delante cada uno de ellos ha escrito una poesía.

Hasta las tantas

Lo mejor sin duda es la posibilidad de ver los lugares más bonitos de Toledo al son de los versos: que si la Escuela de Traductores se abre para proyecciones; la Sinagoga del Tránsito deja entrar un torrente de luz que se mezcla con el recital.

Los poemas comienzan a la hora del desayuno, y se alargan hasta la madrugada. Por la noche la cita es junto al río. Allí este año han sido poemas llenos de humor y sátira, cantautores, etc. Y, como no, destacando el valor de nuestra querida letra “ñ” que tanta personalidad nos da.

Este evento poético también tiene lugar en otras ciudades del Mediterráneo. La francesa Sète en la Costa Azul está casi hermanada en sonetos y rimas con la toledana. Lo digo porque la poesía, así esparcida por una ciudad, a mí me da que me está creando adicción.

El rincón de Cervantes, también invadido por la poesía

La ocasión la pintan calva

Así que si Vd. ya disfrutó de lo lindo de todos los pareados típicos veraniegos: granizado y bronceado. También si Vd. fue uno de los que se tuvo que conformar con un estío de cuartetos escuetos con las famosas 4.P: playa, paseo, pipas y parchís; Y no digamos si rozó el summum de la ensoñación: sombrilla en primera línea; yate del amigo; barbacoa sobre el césped, cine a la fresca… para todos esta despedida del verano con toque poético puede venir que ni pintado. Y a buen seguro hasta puede ayudar a hacer mejor el tránsito al mundo laboral.

Nuestro guía particular

Pues sepan Vuestras Mercedes que si desean recorrer una ciudad invadida por la poesía, nos vemos en septiembre. El pregonero que cómo habrán intuido nos ha guiado por esta ciudad, ha sido el genial Lazarillo de Tormes que bien la conocía y ya nos lo anticipó cuando decía que Toledo es lugar de fiestas y “desta manera se está tres días con paso acompasado, a papar aire, embelesado por las calles”.

 

 

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Confesiones de la torre de una Catedral

 

Puedo ver la huerta por todos los puntos cardinales. He sido testigo durante siglos de cómo la ciudad ha ido creciendo.

Estuve más de 200 años un poquico torcida. Pero luego, vino un arquitecto y con su escuadra y cartabón me enderezó. De no ser así, ahora podría competir –salvando las distancias- con la Torre de Pisa, porque aún -si se fijan bien-, se me nota la inclinación.

Los días con mucha visibilidad puedo saludar a la Catedral de Orihuela.

La Giralda y yo tenemos casi un duelo en la altura. Ella creció unos metros más. Pero yo estoy muy contenta porque, como la sevillana, soy también muy “bonica”. Estamos las dos “estilizadas” por la parte alta con unos balcones. Cosas de aligerar el peso, oí decir a los arquitectos.

Le hago un guiño al Museo D’Orsay. Tengo también un reloj que se puede ver “al revés”.

Sí, también soy un poco presumida. Y es que me pusieron ese “espejo gigante” en el edificio Moneo y no me resisto a coquetear con él. El imafronte es el que más tiempo se pasa mirándose. Claro que como lo tiene justo enfrente, pues…

Me gusta mucho el fútbol. Amo por igual al Atlético y al Real Madrid. Ahí no me puedo pronunciar. Será, tal vez porque el arquitecto Ventura Rodríguez que culminó mi linterna también diseñó las Plazas Neptuno y Cibeles.

Algunos días, sobre todo en primavera, me pongo un poco “tontica”: Es cuando el perfume del azahar de los naranjos de la plaza que está a mis pies me llega hasta la veleta. ¡A ver quién se resiste…! ¿Vds. me entienden verdad? Estilizada, perfumada… Un primor vaya.

También me he llevado algún que otro susto en mi vida. Tengo que confesarles que pasé un poco de miedo cuando la riada de Santa Teresa cubrió más de dos metros toda la base de la Catedral. Tengan en cuenta que quien les habla no sabe nadar. Pero… ¡resistí como si fuera pura roca! Oí decir a los canteros que tengo los cimientos muy bien puestos (¡ejem!). Hasta Víctor Hugo escribió en la prensa francesa para pedir ayuda para toda la ciudad. Aquello me conmovió tanto que casi se me saltaban las lágrimas cuando lo leí.

Me gusta mucho escuchar cuando acuden los profesores de geografía con sus alumnos a explicarles desde mis balcones: la huerta, los trazados de la ciudad, la parte medieval, etc. Siempre aprendo algo nuevo.

Pero no vayan a pensar que porque esté muy atenta soy una cotilla. Soy muy discreta: sé guardar muy bien un secreto. Tengo una sala en la que lo que cuentes por una pared, sólo lo oirá quién esté en la otra esquina en diagonal con la oreja pegada al muro. ¡Hagan la prueba! Por algo se llama la “Sala de los Secretos”.

Me gusta trasnochar, sobre todo en verano. Muchos me visitan buscando el fresco de las alturas y… ¡qué vistas! (Sí, también ¡qué brisa!). Siempre ver una ciudad iluminada al destello de la luna tiene mucha magia. Y más cuando se siente, además del embrujo lunar, la melodía de los cantantes callejeros que se ponen en la plaza. “A mi manera” es mi favorita. He observado que es la que más detiene a los paseantes. Y los hace más generosos con la gorra. 

A pesar de mi edad, me sé cuidar. Con mis casi 500 años tengo un corazón que palpita a ritmo de campanas. Cuando suena la grandota, Santa Agueda, me retumban todas las entrañas (las piedras, digo). Claro es que son más de seis toneladas en movimiento. Sólo su badajo pesa más de 200 kilos. Antonio Lechuga, el campanero me cuidó mucho tiempo. Sus grafitis aún están marcados en “mi epidermis”. La casa del campanero me gusta muchísimo: parece una palmera arquitectónica.

Sé un poquito de leyes de regadío. Hace siglos yo tocaba los cuartos. Después repicaban las parroquias y así, se regulaban los tiempos establecidos para regar las tahúllas de la huerta de modo equitativo con reparto por igual del uso del agua. Y es que detrás de un repique, casi siempre hay una advertencia legal.

Y sobre todo, cuando quienes me visitan, al llegar a lo más alto, exclaman: “De aquí a la gloria”, yo me contagio de felicidad al escucharlo.

Como habrán intuido por estas confesiones personales, soy sí ¡¡murciana!! por los cuatro costados.

 

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Sobre el autor Inma

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