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SOLUCIÓN AL 22/4/2017 MAGIA Y CIENCIA

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MAGIA Y CIENCIA

Wittgenstein fue un filósofo, matemático, lingüista y lógico austriaco, que influyó notablemente en los positivistas lógicos que formaron el Círculo de Viena, aunque él nunca consideró pertenecer. Vivió entre 1889 y 1951. Hijo de uno de los hombres más ricos del mundo en su época, inició sus investigaciones en ingeniería, llegando a patentar un motor relevante en la construcción de helicópteros, pero pronto se interesó por la filosofía matemática. Discípulo de Bertrand Russell, en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Renunció a su parte de herencia y dedicó su vida a la enseñanza universitaria y la investigación filosófica. Su Tractatus lógico-philosophicus publicado en 1923 es su obra más referenciada y el único libro que vio publicado en vida. Establece que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. En una nota escrita en 1931 decía “Por simple que parezca, la distinción entre magia y Ciencia puede expresarse diciendo que en la Ciencia hay progreso, mientras que, en la magia, no. La magia no tiene tendencia interna a desarrollarse”. Claro que el hecho de que haya progreso, no implica, en modo alguno, que tengamos que adoptarlo. Los corredores, en cualquiera de las modalidades, cada vez lo hacen más rápido. Pero, en modo alguno, ese hecho implica que tengamos que hacerlo nosotros. La Ciencia es algo especial, por cuanto la misión de la Ciencia es conocer la Naturaleza y lo hace cada vez mejor; predice con mayor precisión y permite un control más ajustado.
Wittgenstein fundamentó que no podemos utilizar la experiencia como base de la inducción, rememorando la propuesta de Hume de que no podemos basar la causación en la experiencia. No podemos basar un procedimiento en una justificación filosófica, pero podemos usarlo siempre y cuando lleve a un éxito notable. Por ejemplo, afirmar que un chamán (o un Obispo) puede hacer que llueva, contradice la experiencia y no hay evidencia de que conduzca a un éxito notable. Supone un enfrentamiento entre Ciencia y magia, del que la magia resulta ser inferior. Hay que creer en hechos que la gente transmite de una determinada forma, como afirmaría Wittgenstein, como los hechos históricos, químicos, geográficos, etc. Así es como aprendemos las Ciencias. Aprender se basa en creer. Una vez que aprendemos algo que hemos visto en un libro, en un mapa, etc, decimos que lo sabemos. Y esto lo hacemos, como insiste Wittgenstein, porque esta manera de hacerlo nos ha demostrado que “nos trae cuenta”. No podemos demostrar que el Teide tiene 3.700 metros, pero podemos creerlo a partir de la autoridad que concedemos a un mapa o a un libro que lo relate. Este tipo de “procedimientos sociales” permite referir hechos, sin poder justificarlos, pero dado el éxito que tienen, nos “traen cuenta”. Justifica que los empleamos.
Ciertamente, lo que creemos depende de lo que aprendemos, como diría Witgenstein. El nivel de credulidad es función directa de lo que sabemos. Creemos que no es posible estar simultáneamente en Murcia y en Cartagena. Pero esto no quiere decir que no haya gente que pueda creer que es posible. Los que sabemos que no es posible, decimos que esa gente que piensa que es posible no sabe muchas cosas que nosotros sí sabemos. Están equivocados y nosotros lo sabemos. Su sistema de conocimiento debe ser más deficiente que el nuestro. Cabe, no obstante, que ellos piensen lo mismo de nosotros. Pero, el conocimiento científico es superior, muy superior al conocimiento mágico de una cultura de iluminados actual o pasada. Esto nos lleva a que determinados tipos de conocimiento son superiores a otros, porque muestran utilidad, “traen cuenta”, suponen progreso y no contradicen los hechos conocidos. La Ciencia no ofrece una justificación filosófica satisfactoria de ese conocimiento, pero funcionan y se debería reconocer la utilidad de ese conocimiento (mapas, libros, etc.). De esta forma aparece de forma natural el hecho de que cuando el punto de vista científico nos abandona y se ve sustituido por otro nuevo, es porque se piensa que éste último es mejor para tener éxito, “traer cuenta”. Es decir, la Ciencia evoluciona y ello es posible porque las teorías que no consiguen desarrollarse o son incapaces de adaptarse al enfrentarse con los nuevos hechos o descubrimientos, sencillamente, son eliminadas.
Según Wittgenstein solo puede haber Ciencia buena y Ciencia mala y esto requiere visión retrospectiva para poder valorarlo. No podemos soslayar esta visión, porque de hacerlo, perderíamos una de las características más peculiares de la Ciencia: el que progresa.

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Sobre el autor

Atanor es una herramienta de búsqueda. Esta sección pretende ser una vía por la que se vierten aspectos relevantes de la Ciencia y la Tecnología: hechos, reflexiones, consideraciones, aspectos destacables. Pretende recoger todo aquello que forma parte de lo que queremos conocer, pretendemos saber y no no está bien que forme parte de la ignorancia.

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