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Juan José Ríos

La i de innovación

Los artistas y los colores en la economía

El último número de la revista digital “El llavero” de COTEC se hace eco, entre otros temas,  de las dificultades que padecen  las investigadoras en España por su condición femenina o de la aparición de nuevos modelos formativos no reglados que facilitan la empleabilidad inmediata de los alumnos.

Sin desmerecer al resto de contenidos, mi propósito de hoy es intentar establecer una conexión, más directa de la que en apariencia pudieran tener, las temáticas de dos de los artículos publicados en la citada revista:  la economía circular y el papel de los artistas en la generación de riqueza.

 

(Leonardo Da Vinci. Foto recogida de la revista XL Semanal)

En efecto, “El llavero” recoge un informe que alerta sobre el estancamiento en España del desarrollo de la economía circular, un concepto surgido con fuerza en 2008, con motivo de la crisis económica, que aboga por la sustitución del clásico sistema lineal de producción y consumo de un solo uso por el de reciclaje y reutilización de los residuos.

Siguiendo la moda “colorista” imperante, este nuevo modelo productivo encaja con el paradigma de la llamada economía azul, cuyo lema es aplicar la lógica de los ecosistemas de la Naturaleza al ámbito empresarial.

Su impulsor, Gunter Pauli, se encerró durante 3 años con un equipo multidisciplinar de 80 científicos para gestar las bases de este emergente paradigma económico, creando como consecuencia la red ZERI (Zero Emissions Research and Initiatives), constituida en la actualidad por más de 3.000 personas creativas de todo el mundo. Recordemos, una vez más, la potencia innovadora del efecto Médici.

Pauli plantea su modelo azul como alternativa al de la economía verde, a la que acusa de elitista, porque, en su opinión, penaliza por su carestía tanto a los usuarios como a los  accionistas de las compañías: “todas las empresas tienen que ser ecológicas, pero a precios asequibles para el usuario final.  Y esto se consigue con innovación

Llegados a este punto, conectamos con el segundo término del binomio:  ¿Hay que tener alma de artista para innovar? ¿Cómo contribuye este amplio y diverso colectivo a la aparición de nuevos productos y servicios? ¿Qué cabe esperar de la unión de tecnología, arte y emprendimiento?

Apuntemos, de entrada, que las industrias creativas y culturales (artes en general, moda, diseño, turismo, sector audiovisual, publicidad, impresión 3D, desarrollo de SW,..)  aglutinadas desde hace apenas una década bajo la denominación de economía naranja , están generando, en conjunto, ingresos sectoriales, que de imputarse a un solo país lo convertirían en la cuarta potencia económica mundial.

Los argumentos que despliega Nir Hindi,  autor del artículo titulado “El arte en la creación de negocios” , se resumen en que la aplicación de la mentalidad típica de los artistas es clave para promover innovaciones disruptivas.

Hindi es un ingeniero israelí que conjuga su pasión por el diseño con su formación tecnológica y su dedicación al mundo empresarial, reivindicando el espíritu renacentista cuyo máximo exponente es el genial y polifacético Leonardo Da Vinci. 

“El mundo actual necesita volver a pensar a la manera multidisciplinar del Renacimiento. Es preciso combinar distintos saberes para generar avances innovadores”.

En su opinión, el arte implica una forma de pensar diferente, supone mezclar conceptos de forma creativa, tener un espíritu iconoclasta, anticipar tendencias, … características similares a las que aprecia entre los emprendedores.

No debe de estar muy equivocado Hindi cuando, en la actualidad, el 20% de las empresas unicornio (valoración superior a 1.000 M$)  han sido fundadas por emprendedores con acreditada experiencia en el mundo del arte, de la arquitectura, del diseño o de la música.

 

 

 

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Sobre el autor

Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio, soy Director Adjunto de la Cátedra Internacional de Innovación de la UCAM y participo en un proyecto empresarial.


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