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Carlos Escobar

Música inesperada

La experiencia de la vida

La noticia acapara las portadas de los diarios italianos. Hace tres días desembarcó en Bari el barco Vlora con 18.000 compatriotas que huían de la realidad albanesa y del conflicto de Kosovo en busca de un futuro mejor.

De camino hacia el Conservatorio de Santa Cecilia, donde imparto clases de violín, acudieron las imágenes de mi infancia en Tirana, el cuarto donde jugaba con Nesti y la pared donde colgaba el violín de su abuelo, un instrumento  inalcanzable para unos niños que años más tarde completaron sus estudios musicales tocándolo por turnos. Los dos fantaseábamos con lograr una beca que nos llevara a Moscú y de allí saltar a Europa y visitar Roma. El día del examen final de carrera, me precipité al cruzar la calle y Nesti salvó mi vida. Su brusco empujón logró que esquivara un droshky que pasaba a gran velocidad. Mi amigo sufrió el impacto del carruaje y quedó con severas lesiones en piernas y brazos. Yo pude examinarme mientras a Nesti lo trataban en el hospital y con la solvencia necesaria para obtener la ansiada beca de estudios. Después me enteré que él nunca pudo volver a tocar el violín y que su familia cayó en desgracia por escuchar una emisora de radio italiana, siendo llevado junto a sus padres a trabajar a una mina de carbón.

Los albaneses refugiados de Bari quedaron hacinados y expuestos al sol de agosto en un campo de fútbol, lo que propició que, durante la noche, centenares de ellos se fugasen y se dispersasen en distintas direcciones. Levanté la mirada y creí reconocer a unos pasos por delante de mí a alguien muy familiar. Posiblemente mis recuerdos me llevaron a pensar en Ridvan, el padre de Nesti, con un aspecto algo más envejecido, pero con sus típicos andares a pesar de la ayuda de una muleta. Atravesó con tanta agilidad la vía del Corso que, temiendo perder su rastro, crucé apresuradamente la calle sin percatarme de la motocicleta que me lanzó al asfalto. Aturdido y rodeado de transeúntes que recriminaban mi descuidada acción, escuche en un albanés perfecto: “Por fin juntos en Roma, pero esta vez no pude proteger al amigo”. Nadie me ayudó a ponerme en pie y recogí del suelo el estuche de mi violín mientras todos se alejaban sin dejar de mirarme con cierto desprecio. 

 

Identidad en tránsito es una exposición de Pedro Cano que se puede visitar hasta el 2 de febrero de 2022 en la Sala de Bóvedas de la Casa de la Panadería (Plaza Mayor, 27) de Madrid, de martes a domingo, de 11 a 20 horas.

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por Carlos Escobar

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