Comenzábamos éste mes con una atractiva velada musical que no defraudó a nadie. El maestro Joaquín Achucarro, “el Artista Perfecto” como lo describe el Chicago Sun Times por su ejemplar trayectoria musical, nos deleitó con la interpretación del Concierto para piano nº4 en Sol Mayor de Ludwig van Beethoven, una de las composiciones del genio de Bonn que mejor resumen su legado creativo.
Estrenado en la maratoniana tarde vienesa del 22 de diciembre de 1808, con Beethoven como solista, el Cuarto concierto para piano opus 58 compartió su primera puesta en escena con las sinfonías nº 5 y nº 6, la Fantasía Coral, algunos movimientos de la Misa en Do mayor y las escena de concierto “Ah, Perfido”, además de algunas improvisaciones que el célebre intérprete tocó al teclado.
Cuatro hora de concierto dieron para mucho y, no faltaron los imprevistos en escena a consecuencia del ímpetu de Beethoven al dar entrada al primer tutti orquestal del concierto. Tal era la concentración en su interpretación que el pianista alemán dibujó tan gestualmente un esforzando con los brazos que impactó con las dos lámparas dispuestas a cada lado del instrumento, lo que obligó a comenzar da capo el concierto una vez se silenciaron las carcajadas del público. Como el hombre es el único animal que tropieza dos veces, al dar entrada a otro esforzando, la mano derecha del solista impactó en la boca de uno de los niños rescatados del coro para que situaran a cada lado del teclado y sujetaran las lámparas. El mal genio de Beethoven se tradujo en unas cuantas cuerdas rotas durante la ejecución del solo de piano.
Esa noche fue la última vez que el compositor actuó como solista con orquesta ante el público y, de una manera un tanto injusta, el Concierto en Sol Mayor causó tan fría impresión que quedo un tanto relegado. Beethoven pasaba en ese momento de su carrera por un periodo de intensa creatividad y así vieron la luz el Concierto para violín, la Sonata Apassionata y la Overtura Leonora.
El Concierto nº 4 para piano es una de las mejores e innovadoras composiciones de Beethoven ya que nos lleva a la antesala del Romanticismo. En conjunto, podemos etiquetarlo como de “expresivo diálogo entre leales”, ya que la orquesta se libera de su cometido de acompañamiento para entablar una equilibrada conversación con el solista.
El primer movimiento Allegro moderato comienza con una dulce frase del solista que llamó mucho la atención del oyente de la época, acostumbrado a escuchar la entrada orquestal preparatoria de la actuación del pianista. El constante diálogo entre la orquesta y el piano hacen que los dos temas que se contrastan en este movimiento envuelva con agrado nuestro sentido del oído.
El segundo movimiento es uno de los más sublimes y enigmáticos de la Historia de la Música. Considerado por los historiadores como un diálogo entre dos personajes imaginados por el compositor y que su biógrafo Adolf Bernhard Marx centra en el momento que Orfeo (piano) doma a las Furias del Reino de Hades (cuerdas al unísono).
El maestro Achucarro hizo una interpretación tan verosímil de este Andante con moto, que parecía estar refiriéndose a dos estados de una misma persona. Por un lado el de los impulsos gobernados por el instinto (la cuerda orquestal) sobre los que se impone de una manera serena y convincente la conciencia y las buenas maneras (el piano).
La obra se completa con un Rondo de perfil tradicional con mucho ritmo y que resulta tan inquietante como vital. La música de Beethoven siempre va hacia delante. Tanto es así, que nos lleva al futuro sobrepasando al Romanticismo.