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Sin ciencia no hay futuro

Vivíamos las mieles del despegue de la investigación en España cuando el ministro de Educación y Ciencia, Javier Solana, convocó en 1990 a los medios de comunicación nacionales a la flotadura del buque ‘Hespérides’ en Cartagena. Cuatro años antes se había aprobado la Ley de la Ciencia, existía un plan nacional bien dotado y nacía un crucial programa de estancias posdoctorales para formar científicos en el extranjero. Además surgían los primeros centros de excelencia y acogíamos grandes infraestructuras internacionales, como los telescopios europeos de Canarias. Veintitrés años después, he vuelto a coincidir en la Región con Solana, último invitado del Foro Nueva Murcia, aunque hoy la salud de la I+D+i es diametralmente opuesta por la crisis. Para sacudirse de encima el ‘caso Bárcenas’, Rajoy pidió esta semana que «de vez en cuando conviene hablar de temas importantes» (como si ese escándalo político no lo fuese). Hagámoslo, pues, del desmoronamiento del sistema nacional de ciencia y tecnología y de su efecto en la competitividad de la economía. Hace unos días lo hizo el presidente del CSIC, el mayor organismo público de investigación, cuando avisó de un «cataclismo» si no llegaban 100 millones antes de fin de año. La asfixia de esa institución es tan extrema que los fondos que los investigadores ganaron de manera competitiva para sus proyectos son bloqueados y utilizados para hacer frente a gastos corrientes. Una medida desesperada para mantener abiertos los más de 120 centros del CSIC, la clave de bóveda, junto a las universidades, de la ciencia española. Hoy todo es posible. Por ejemplo, que no volvamos a ver al ‘Hespérides’ partir hacia la Antártida y sí a una bióloga valenciana del CSIC de vuelta a concursos de TV para lograr dinero y seguir investigando una enfermedad rara. En esta dramática situación se dirime nuestro progreso económico y social. Las exportaciones sostienen hoy a la Región porque el sector agroalimentario apostó en su día por la I+D+i, con el concurso y el conocimiento generado en el Cebas, un centro puntero del CSIC. El liderazgo regional en gestión del agua tampoco es casual. Es producto de innovaciones en tecnologías de depuración acometidas en el pasado. Y, si queremos asegurar la futura calidad asistencial de la sanidad pública, habrá que hacer más inversiones como la realizada en la ‘sala blanca’ de la Arrixaca para terapias celulares. Hoy les contamos que la Consejería de Universidades, Empresa e Investigación ultima una convocatoria de ayudas a la investigación tras un largo parón. Es evidente que esto no solucionará la grave situación de la I+D+i, pero al menos supondrá un balón de oxígeno para los grupos de excelencia y para la formación de otros nuevos. En un contexto de recortes, la buena gobernanza consiste en fijar prioridades y tomar decisiones pensando no solo en el corto plazo. Recortar sin freno en ciencia e innovación es simplemente suicida. Los investigadores tienen razón: sin ciencia no hay futuro.

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Las claves de la actualidad analizadas por el director editorial de La Verdad

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