La Verdad

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Categoría: sexo
Compañeros de piso

 

 

 

Decían Masters and Johnson que un matrimonio sin sexo es poco matrimonio. Esta afirmación que parece de cajón no es compartida por un gran número de personas. Cuando digo esta frase en algún foro de chat o grupo de whatsapp levanto ampollas. Literalmente.

Detesto estos memes cursis que proclaman que el amor en pareja es compartir, cuidar y apoyar y no son besos, sexo o pasión. Los detesto porque son falsos. Si usted está en una pareja moribunda o cadáver desde hace 15 años, tales afirmaciones le convienen para mantenerse en su zona de confort. Desean pensar que con perpetrar un polvo marital protocolario cada 6 meses, o tres semanas como mucho, es suficiente para mantener a salvo la relación. Es posible. Pero ¿De qué forma?

Cada pareja es un mundo, justifican. Cierto es, puntualizaría Yoda. Pero yo que tengo menos arrugas, y alguna que otra experiencia vital, pese a todo, les digo: las parejas que tornan su actividad en compañerismo estudiantil derivarán peligrosamente por una senda de escapismo. Porque el vacío es insalvable y enfrentarlo muy incómodo.  Estamos bien, proclamará su monólogo interior. Estamos bien pero cada uno, poco a poco, casi sin notarlo comenzará por vivir un destino, unas fantasías y unos deseos no compartidos. Poco a poco, el muro se engrosa, vamos que se hace gordo de narices. Poco a poco, las palabras más escasas.

Y del silencio a la mentira hay un paso.

La pareja real debe compartir sus miserias, sus mentiras, sus miedos, sus fracasos, sus ensoñaciones con otros lechos, o sus realidades manifiestas con otras personas. Y ese es un primer paso para que esos dos —que se ven quizá únicamente a la hora de la cena— puedan retomar aquello que les unió hace diez, quince o veinte años atrás.

Pero vamos al sexo que es lo que molesta sobremanera. ¿Qué pasa con las parejas de ancianos que permanecen juntas? Me preguntan. No pasa nada. Aunque a usted le desagrade la visión de dos cuerpos desgastados, plagados de huellas del tiempo, aunque a usted le escandalice, la gente mayor practica sexo. De acuerdo, no se enredarán en intricadas posturas del Kamasutra pero sus ratos de regocijo —como explicaba una mujer muy sabia y cercana— los tienen.

¿Qué pasa con los parapléjicos o mal llamados discapacitados?

—¿Qué pasa?— Les pregunto yo.

No pasa nada, que también practican sexo cuando pueden y encuentran al partenaire adecuado. Igual y igual que homos y heteros de toda clase y condición.

El gran error es creer que todo el sexo es coito. El sexo tiene mil caras. Las palabras lo son, las sensaciones, los juegos de la piel. De hecho, las terapias de Masters and Johnson para prevenir la eyaculación precoz y la falta de erección proponen erradicar el coito durante un tiempo. Prohibición expresa para aliviar la presión, la ansiedad y la angustia de si llegaré, si me mantendré, sin conseguiré una relación sexual completa y normal. Esos pensamientos también son erróneos. Nada es normal. Normal es un programa de la lavadora.

La relación completa sexual no se define en ningún lugar, cada uno la construye con sus herramientas, opciones, decisiones y elecciones.

Pero no se engañen. Cuidar y acompañarse es muy saludable, nadie lo niega, pero eso no es el amor de pareja. Como practicar el coito esporádicamente con una misma persona tampoco convierte el evento en una relación de pareja.

Entiendo que en este mundo de prisas y sobresaltos cueste tanto encontrar el equilibrio pero mentirse a uno mismo y mentir a los demás no es justo para nadie.

Ustedes mismos. El tiempo pasa. Y no perdona.

Foto de  Katharina Shumskaya

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Muera el amor

 

 

 

¿Os acordáis de la famosa canción de Rocío Jurado? Parece que alguien me la ha metido en vena por vía subliminal. De un tiempo a esta parte todos los tíos me parecen sosos, aburridos, feos o muy feos. Llega la hora de la cita y comienzan los bostezos, la pereza monumental, las pocas ganas de arreglarse para nadie. Total ¿Para qué?

El amor que nos venden en el cine, ese donde los dos llegan juntos al orgasmo, se da unas pocas veces. No digo que no exista. Incluso yo he vivido en carne propia eso de conseguir ese goce brutal del uno con el otro al unísono. Una temporada me dio por bautizarlo como “follación sincronizada”. Pero ya está. Se acabó. Porque después de todo eso lo que viene siempre son sinsabores, decepciones, promesas rotas o relaciones que se mantienen por un interés crematístico.

Como dice una compañera del máster es que los orgasmos tienen mucho tirón. A las mujeres nos dan un orgasmo y nos ponemos el mundo por montera. Y qué verdad es ¿Pero qué pasa con los hombres? Pues que en general sois unos mataos. Y el orgasmo os gusta, pero la comodidad os fascina. Algunos raros son capaces de romper su rutina por un amor verdadero pero si falla, pues ponen fin a la vida amorosa. El otro día conocí a un príncipe encantador que me confesó ser un Don Juan. Hay que llegar a unos elevados niveles de desencanto para auto colocarse esa etiqueta.

Me he tropezado con un video que os recomiendo. Apenas dura tres minutos y se titula “True romance”. Y sentí envidia de mi misma algún tiempo atrás. Los protagonistas se besan en todos los sitios inimaginables: en medio de una manifestación, entre cables, por supuesto en el coche, en las estanterías de un supermercado, en la cornisa de un edificio. Son besos reales: con mucha lengua, con saliva, con barbas, con sudor. Ese es el amor explícito, salvaje y maravilloso que cualquiera añora, no la comedia barata de Hollywood que ya nadie se cree.

Cuando uno ha vivido ese amor y sale mal resulta que le pasa como al príncipe encantador, como a mi. Que ya nos hemos blindado. Que simulamos divertirnos pero en el fondo nos sabemos de memoria el guión de esa película. De hecho, la hemos protagonizado varias veces . ¿Quién es el valiente que se atreve ahora a ir a pecho descubierto con un corazón palpitante al aire?

Un video como el de “True romance “puede motivar. Quizá exista alguna terapia de cincel, pico y pala para desbloquear esa coraza. Miraré algún tutorial de Youtube que uno encuentra de todo.

Es posible que encuentre el valor necesario para desterrar toda mi educación judeo cristiana y me convierta en ágama. Los ágamos rechazan el amor, se rigen por la razón como máxima autoridad decisoria, reintegran las relaciones al ámbito de la ética. Su prédica también incluye el rechazo al concepto de género y al concepto natural de belleza (para ellos es un concepto construible). La agamia sustituye la sexualidad por erotismo, los celos por indignación (que me da la risa) y la familia por agrupación libre

No sé si, con tantos pájaros cinematográficos y musicales en mi cabeza, podré desprogramar todo el romanticismo que me han inculcado y que tanto me gusta y me inspira.

Queridos lectores del punto G: Ante los desengaños y sinsabores ¿Serían capaces de elegir algo como la agamia? ¿Serían capaces de vivir a base de folla amigos?

Ojalá pudiera, de verdad. Mi vida sería más fácil. Pero, como cantaban los Panchos, lo dudo.

Rocío Jurado tiene la culpa.

 

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En cierto punto

 

 

El otro día se me acercó una señora muy sigilosa para preguntarme dónde estaba el punto G. Podía haberle contestado como hablaban los surrealistas. Le podría haber dicho: en cierto punto. Y no le mentiría ¿Verdad?

Hablar de sexo ante amas de casa que sobrepasan la cincuentena es algo muy rico . Se aprende. Para explicar donde se halla cualquier elemento de la geografía humana, un dibujo es lo gráfico, lo fácil, lo evidente pero, ante la imposibilidad de tener uno a mano —con un lenguaje de manos entre flamenco, simiesco y grotesco— traté de poner fin a su duda.

El ser humano se mueve con especial soltura por entre lo desconocido y lo misterioso. Quizá lo que no salta a simple vista nos emociona e intriga más que otros atributos tan o más sexuales que el tan famoso y pregonado Punto G ¿Pero yo me lo puedo palpar? Pues depende del dibujo de sus entrañas. De lo largos que sean sus dedos… Depende. Todo es en cierto punto.

Como la noté algo angustiada por sus relaciones sexuales con el marido de toda la vida intenté tranquilizarla: esto no es el salto de pértiga, lo importante, amiga, es pasarlo bien ¿Ha probado a pedir que la bese en el cuello? Quizá eso la excite más que el saber que su esposo anda perdido entre sus grutas buscando tesoros. ¿Será suficientemente hábil para encontrarlos? ¿La herramienta será la adecuada?

El kamasutra explicaba cómo no todos los hombres son compatibles con todas la mujeres. Hay órganos sexuales que encajan como un puzle y otros que no hay forma, vaya. Todo es ortopédico y más complicado que una pirueta de El circo del sol.

Pero más allá de los genitales buceemos precisamente ahí, en ese cierto punto, esa complicidad que se tiene o no se tiene, que se tuvo o se perdió, y que es la base de la diversión y el juego entre las sábanas. Si convertimos hacer el amor ,o follar en una gymkana, estamos perdidos.

-Pero es que yo con el clítoris voy muy bien

-Pues mejor para usted, si eso le satisface, fantástico.

-Claro que lo otro no lo he probado

Como ya discurríamos en esas intimidades, en confianza le comenté que el orgasmo “con clítoris” como decía ella es estupendo pero, personalmente prefiero gozar por cuantos más sitios mejor.

La sonrisa de picardía era indescriptible: “lo del clítoris está bien, amiga, pero lo otro es el premio gordo. No sólo eso, que si se relaja puede encadenar un orgasmo con otro. Vamos, que es mi experiencia, pero sin obsesiones ¿vale?”

No sé cómo le irá a esta señora y su marido. El caso es que me encantó esa frescura a la hora de comentar esas intimidades. Las mujeres de cierta edad son la antítesis de la mojigatería. Los que consideran que nuestra Región es retrógrada, que se asomen por algunas asociaciones de amas de casa. Quizá les pregunten algo que no sabrán siquiera responder.

Mi sueño es ser como la Streisand en los “Padres de ella” y enseñar a todo el mundo a disfrutar de su sexualidad con alegría, sin complejos y sin miedos. Y si son parejas mucho mejor. Y si sobrepasan la cincuentena, mejor aún.

Igual que un mapa de Murcia no huele a Murcia; es un dibujo sobre un papel; una abstracción que jamás podrá recoger las emociones de una tierra, sus playas o sus cielos increíbles; que alguien sepa exactamente donde se encuentra ubicado el punto G es sólo fundamental en la sexualidad y sexuación de una persona… hasta cierto punto

 

Imagen de ALI CABELLO

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500 variedades del kiki

 

 

El marido de una amiga mía le regala zapatos. Pero no un par, sino varios de golpe. También lencería fina. A ver si aprendéis los demás.

Un modo de cuidar a la pareja es éste. Participar juntos en un juego. Él juega a comprarle zapatos y ropita como si fuera su muñeca y ella accede encantada a entrar en ese mundo. Y se divierten juntos. Que conste, que yo también accedería.

A lo que voy es que en el entorno de la pareja y las relaciones afectivas, amorosas y eróticas, lo lúdico es muy importante. Y nadie es sospechoso de ser raro porque le guste vestir a su chica. Incluso si le gusta ponerla de chico con sus propios calzoncillos y camisas.

Otra pareja que conocí tenían un hábito muy gracioso. En cada encuentro amoroso (vivían en ciudades diferentes y alejadas) él se quedaba las bragas de ella. A cambio, él —un personaje conocido— le tocaba ir a unos famosos grandes almacenes a comprarle ropa interior nueva…y retransmitirselo.

En muchas ocasiones. Un objeto, un fetiche como los zapatos, forma parte del ese ritual del cortejo y la seducción. Y así debiera ser una vez y otra. Las parejas mueren por falta de alimento, por falta de atención y de tiempo. Si una vez hubo amor, deseo, sexo y pasión, todo eso puede regresar, salvo que uno de los dos, o los dos al mismo tiempo, hayan cambiado tanto que ya ni se reconozcan.

A veces, es el mejor camino. La vida es hermosa y nunca se puede hablar de fracaso. Es una experiencia más. Mucho más positivo crear nuevos recuerdos continuamente con otras personas que vivir estancado en calendarios amarillos y fechas que se retrotraen a décadas atrás ¿Para qué?

La vida es rica. Y las parejas que juegan son las más saludables.

No he visto Kiki, la última película de Paco León, pero sé que analiza la excitación que provocan determinadas conductas ajenas. Las fantasías con el sexo violento, por ejemplo, son muy comunes ¿Estamos mal de la cabeza por ello? Ni hablar. A otros les encanta el sexo sucio y otros se excitan con ver a alguien dormido. Ni raro, ni normal, sino todo lo contrario.

Hace mucho tiempo que la Asociación de Psiquiatría Americana reconoce que no hay nada de enfermo en estas y otras querencias. Sólo se puede considerar patológico en el caso de que esa excitación y deseo cause malestar en la persona que lo siente y que las conductas involucren a otros sin su consentimiento, o que no estén en condiciones para poder oponerse a las mismas.

Los hay a los que les excita mirarse en un espejo (ipsofobia); desnudarse en la consulta de un médico (latrunodia) o ver a una chica inflar un globo y luego explotarlo (balloning).  La filia más peligrosa y que ha ocasionado más de una muerte es la hipoxifilia (impedir la respiración propia si es masturbación, o de la pareja).Lo más nuevo son aquellos que se excitan tocando las partes íntimas de un robot (robofilia) pero el catálogo conocido hasta el momento supera las 500 variedades

Y eso sin comentar las cientos de miles de fantasías que nos ponen. Es sorprendente encontrar en el libro “El jardín secreto” de Nancy Friday, la cantidad de mujeres que se excitan al pensar en sexo con otras mujeres, incluso con animales. Y la fantasía es efectiva, es decir, funciona, porque precisamente se queda en este terreno de lo no realizado e irrealizable.

Las mías van por otros derroteros y están más elaboradas. Pero es lo que tiene ser escritora y crecer viendo Poldark o Retorno a Brideshead. Ni raro, ni normal, sino todo lo contrario.

 

Imagen: diseño de Alma Bloom

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Tinder bueno

 

 

 

Veamos. Esta semana he estado probando una red social de ligoteo que se llama Tinder. La cosa es un poco como un mercao de carne. La aplicación te busca chicos compatibles contigo y te los va presentando uno tras otro, como una sucesión de diapositivas: este sí, este no…en plan Chimo Bayo.

Hay varias cosas que he deducido tras este divertido e intenso trabajo de campo. Tinder es para ligar, ligar. O sea, nada de hacer amigos, nada de hablar en plan tranqui. Cuando hay interés, las propuestas son de lo más variopintas. Desde los que te invitan a probar una experiencia swinger,  a los que te dicen de subir a las antenas en bicicleta. “Sudar, jadear, pedirme que pare hacerlo todo con ropa puesta”, decía él. Tenía gracia el joío.

Como juego y primera toma de contacto no está mal.  A esto hemos llegao. Ya pasó el tiempo de los boy scouts, de las alegres pandillitas juveniles y de las verbenas de pueblo. Como decía el otro día el humorista Kalderas: el tinder es la verbena de pueblo de hoy.

Qué verdad más grande.

Los defensores del mundo antiguo insisten en que lo importante es verse y tocarse. Y también descubrir al otro y sus habilidades sociales en vivo en directo. Yo estoy de acuerdo. Quedarte en el terreno de lo puramente virtual es mortalmente bostezante y la prueba del algodón siempre van a ser los olores, las caricias, las risas, el ingenio y el encanto del cara a cara y del cuerpo a cuerpo.  Pero a herramienta práctica para contactar no le ganan todos los paseos que los mozos y mozas del pueblo se den por el Tontódromo de cada lugar.

Además, qué pereza. Súbete en los tacones, ponte toa guapa y luego, aguanta a los cuatro moscones pesaos toda la noche. Vamos, que no me pillan.

Siempre he tenido muy claro que nunca encontraré a un gran amor cerca de la barra de un bar.

En el gimnasio, puede; aprendiendo alguna disciplina, puede; dando una charla o recibiéndola, puede; en una entrevista de trabajo, puede pero…en un bar, de noche, pasadas las dos de la madrugada, lo único que me puedo encontrar  es la caca de algún perro, un chicle pegoteao, colillas, restos de Gin Tonic y camareros con camisetas ajustadas a lo Marlon Brando. Puaj.

Tinder, además, ejercita la agudeza visual. No os podéis imaginar la rápido que puedo llegar a pasar las diapositivas. En décimas de segundo decides si alguien “te interesa” o no. Este sí, este no, este no, este no, este ni de coña, este sí. Tus amigas: “pero dale a ese, ese es mono”.

¿Esta aplicación supone la ley del mínimo esfuerzo? Es posible. No tienes que salir de casa ni adaptarte al horario y preferencias de nadie. Yo creo que todo depende del after-tinder, igual que el after-love. Del flechazo se puede pasar a la ignorancia absoluta en cuestión de horas.

Creo que es un buen remedio para matar esos minutos tontos de espera tan frecuentes en nuestro día a día.  También otro modo de ejercitar y re ejercitar eso de la autoimagen. Da gusto saber que todavía estás en el mercado. Así como recurrir al rollo epistolar, muchos siglos después de que Choderlós de la Clós escribiese Las Amistades Peligrosas.

El peligro del Tinder es lo falsamente fácil que resulta todo. La comodidad máxima que puede suponer llamar al folleteo de dos semanas “relación” y también, claro, esos perfiles de mentira que sólo se abren para cotillear.

Aunque de eso también hay mucho en la vida real

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Huevos, capullos y mariposas

 

Todos los artículos tienen su historia. Es la intrahistoria de las columnas.

Comencemos con una anécdota. Mi amigo Emilio me la regaló el otro día. Emilio contaba: “Mi abuela Pepa, con lengua viperina – y que se fue al otro mundo con 98 añicos — repetía mucho un dicho: “Crecen los años, mengua la vida; crecen las cejas, mengua la vista;  crecen las bolas, mengua la picha, pero cuando la picha mengua, crece la lengua y sigue la dicha”.

Las bolas tienen tantos nombres que podríamos aburrir. Realicemos un barrido somero: testículos, gónadas, huevos, cataplines, cojón, turma, criadilla.

Sorprende la fascinación por el huevo. Esas delicadas bolsas recubiertas con una piel fina, pelos y que contienen el germen de las generaciones futuras. Ya saben ustedes que apretar mucho la casquería resulta perjudicial. Igual que el calor extremo. Las generaciones futuras cada vez menguan más por la calidad del semen e, imagino, por la calidad de vida que nos toca en este destino.

Pero, a lo que voy.

Lo importante de los testículos, o cojones, no es toda la palabrería, ni el dolor que sienten ellos al atentar contra singular parte. No en balde, más de una nos hemos quedado con ganas de lanzar algo a semejante sitio, sabedoras de que puede equiparar en dolor a determinadas humillaciones. No en balde, yo que estoy aprendiendo lucha, he de confesar que hay una patada que nos enseñan y que va expresamente a la sagrada bolsita.

Lo importante, decía, es esa línea que divide los cataplines en dos, como un tatuaje, realizada con milimétrica precisión. “En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios”, que decía el tonto de Calixto.

Ustedes, mirénselo un ratito. Fíjense qué proeza del diseño. Increíble.

Pues bien, atentos. El ser humano se gesta en el vientre de la madre con dos estructuras. La estructura doble y la estructura única. Esa línea perfecta que ven los seres sexuados masculinos, es nuestra vulva vaginal en las mujeres. Esos labios son así, porque antes estuvieron unidos. Llega un momento de diferenciación. Los proto ovarios y proto testículos se transforman. Llegado determinado momento, o bien se reabsorbe el testículo, o bien, lo que se reabsorbe es el proto ovario. O bien se funde en una bolsa escrotal. O bien se mantiene la separación labial.

Hasta ese punto los hombres son en el fondo mujeres y las mujeres somos, en nuestro inicio más primigenio, hombres.

¿Y la gente se extraña porque haya personas que en ese proceso tengan cuarto y mitad más de uno con el cuerpo de otro?

El vello abundante es, normalmente, un rasgo masculino pero ¿Acaso no hay mujeres peludas y hombres lampiños? ¿Y qué pasa?

La naturaleza es sabia pero igual que un día el gazpacho te sale pasado de vinagre o el bizcocho corto de azúcar, también puede equivocarse en las dosis hormonales. Y ya tenemos el lío.

Pero créanme. Lío ninguno. Piensen que sus escrotos se hubiesen separado como alas de mariposa. Y, señoras piensen en sus vulvas cerradas, infladas, con una fina línea perfecta dividiéndolas simétricamente en dos.

La naturaleza está repleta de ejemplos. Nuestros órganos sexuales repiten patrones creados en otras áreas: en la flora, en la fauna, en la botánica.

No soy hombre ni mujer, sólo un ser humano

Hoy, que esa palabra carece de sentido dado el trato que estamos dando a otros compañeros de especie, debería estar más vigente que nunca.

El mundo debe dejar de mirarse el ombligo, o las gónadas, o la vulva.

El mundo debería desplegarse como alas de mariposa porque todos somos uno y todo lo que hago vuelve a mi.

 

La imagen es de AKA

http://www.studioaka.co.uk/

 

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Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

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