Soy mucho de relecturas y de revisionados de películas, la mayoría de éstas españolas, a veces en blanco y negro, a pesar de las reticencias de mis hijos, que eluden el cine español como Drácula los ajos, los crucifijos y la luz.
Hoy quiero comentar un libro que estoy releyendo y una cinta que acabo de disfrutar por enésima vez.
En una cena reciente, al aire libre y con unos pocos amigos, todos abuelos ya, y por tanto en edad de contar batallitas de juventud, salió a colación una película que nos encantó en su momento: “Los chicos del Preu”.
Para los más jóvenes, recordemos que el Curso Preuniversitario (el “Preu”) fue sustituido en 1970 por el también extinguido COU, vigente hasta hace 20 años, que fue el que cursamos los estudiantes de mi generación, tras haber pasado previamente por las temidas reválidas del Bachiller Elemental y Superior (50% y 57% de aprobados de media, respectivamente. Compárese con los abrumadores índices de alumnos que superan las actuales pruebas EBAU en España)
Uno de aquellos presuntos estudiantes era Camilo Sesto, uno de los mejores cantantes españoles de todos los tiempos, que tenía 21 años entonces, al que, curiosamente, le doblaron la voz (¡?) en el film.
Esta película narra, desde la óptica del alumno, las peripecias de un grupo de estudiantes del extinto Preu, y me hace evocar aquella primera promoción de COU a la que pertenezco, que se impartió en el IES Diego Tortosa de Cieza.
En ella se recrea de forma magistral el ambiente de las aulas en el que, ya como profesor, he vivido la estimulante experiencia, como ocurre en la película, de haber tenido como alumno a mi propio hijo en 2º Bachillerato, precisamente el equivalente actual al antiguo Preuniversitario.
“Start-up Nation. La historia del milagro económico de Israel” , es un conocido best seller publicado en 2009 que desgrana las claves del segundo ecosistema más emprendedor del mundo, que cuenta con 714 empresas emergentes innovadoras por cada millón de habitantes mientras que en España esta cifra es de sólo 157 start-ups.
La prosperidad de los territorios va directamente ligada a su nivel educativo, la calidad de la la investigación aplicada y el fomento de la mentalidad emprendedora, aspectos en los que destacan naciones como Corea del Sur, que un año más lidera el ránking de los países más innovadores del mundo, una lista en la que España ocupa un discreto lugar 31º, dato que no debe extrañarnos, entre otras razones porque la mayoría de nuestros jóvenes aspiran a ser funcionarios.
En un meritorio 7º puesto, dadas sus especiales circunstancias geopolíticas, aparece Israel, una pequeña nación que siempre es noticia por unas razones u otras, pero que está siendo de las más ágiles y efectivas a la hora de afrontar la actual pandemia.
Con frecuencia la innovación surge de la necesidad, que suele agudizar el ingenio. Los israelitas tuvieron que desplegar todo el talento de su gente para sobrevivir en en un territorio árido y rodeado de enemigos.
La alta tecnología que han conseguido desarrollar ha tenido dos catalizadores fundamentales: la agricultura, siendo pioneros en las técnicas de desalación del agua del mar y en la implantación de modernos sistemas de regadío, y por otra parte, la defensa de sus fronteras, que obliga a su Ejército a diseñar sofisticados dispositivos que garanticen la seguridad nacional a los que luego encuentran ingeniosas aplicaciones civiles.
Hace más de 12 años ya se recogían en este libro predicciones futuras que hoy nos parecen realidades inminentes, como el auge de la inteligencia artificial y la llegada de la nanotecnología que permitirá descifrar las claves del cerebro humano , el misterio más insondable del Universo, sin olvidar la temprana apuesta por el coche enteramente eléctrico, siendo Israel uno de los países precursores en apostar por un mundo sin petróleo.
Otra clave importante del milagro económico israelí la protagonizó en el año 2003, Netanyahu, entonces ministro de Finanzas del Gobierno de Ariel Sharon, quien bajo el lema: “La economía privada es como un hombre delgado que carga a sus espaldas a otro gordo, el Gobierno”, abordó valientes reformas estructurales, reduciendo el tamaño del Estado, rebajando impuestos y privatizando empresas públicas.
No es fácil replicar el modelo de un país tan singular como Israel, pero sin duda su estudio merece la pena.
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