“Las AAPP colaboran y se coordinan muy bien cuando quieren. Por ejemplo, para cobrar impuestos o multas” Manuel Arenilla , en una conferencia impartida en Murcia en 2013
Durante décadas, las administraciones públicas han intentado combatir la burocracia mediante la incorporación de nuevas tecnologías. Sin embargo, en muchos casos, la digitalización se ha limitado a trasladar los mismos procedimientos tradicionales al entorno electrónico. Formularios, certificados, solicitudes y procesos complejos continúan existiendo, aunque ahora se gestionen a través de una pantalla. El resultado es una mejora en la accesibilidad, pero no necesariamente la transformación profunda, la metamorfosis del funcionamiento administrativo que requieren los tiempos.
La principal causa de esta situación es que las administraciones siguen operando de forma fragmentada. Ministerios, comunidades autónomas, ayuntamientos y organismos públicos mantienen estructuras independientes, con sistemas de información poco conectados entre sí. Esta falta de coordinación obliga a los ciudadanos a realizar trámites repetitivos y a aportar información que, en muchos casos, ya posee alguna administración pública.
En este contexto emerge una tecnología con capacidad para cambiar radicalmente este modelo: la inteligencia artificial agéntica. A diferencia de la IA generativa, que actúa como un asistente capaz de redactar textos, resumir documentos o responder preguntas, la IA agéntica puede actuar de forma autónoma por medio de agentes inteligentes que son capaces de planificar acciones, consultar bases de datos, coordinar distintos sistemas y ejecutar tareas sin necesidad de una supervisión constante.
Su potencial para mejorar los servicios públicos es enorme. La visión que propicia es la de una “Administración única”, sin costuras, donde el ciudadano no tenga que preocuparse por qué organismo es competente para cada trámite. Los agentes inteligentes se encargarían de coordinar automáticamente los procesos internos y de intercambiar la información necesaria entre organismos. El ciudadano únicamente validaría el resultado final, desde su móvil o cualquier dispositivo digital.
Un ejemplo sencillo es el nacimiento de un hijo. Actualmente, este acontecimiento obliga a realizar múltiples gestiones ante diferentes administraciones. En un modelo basado en IA agéntica, los sistemas públicos intercambiarían automáticamente la información requerida y generarían las actuaciones necesarias, reduciendo la intervención del ciudadano al mínimo imprescindible.
Esta evolución da lugar a un concepto especialmente relevante: la burocracia invisible o zero-click, término recogido por Andrés Pedreño , fuente inagotable de inspiración, en su último libro, de imprescindible lectura: IA autónoma y sistemas multiagente. Se trata de un modelo en el que los procesos administrativos se ejecutan de manera automática mediante la interacción máquina a máquina (M2M), eliminando desplazamientos, formularios y trámites innecesarios. El ciudadano deja de ser el intermediario entre organismos públicos y pasa a convertirse en el beneficiario de un servicio integrado y proactivo.
Uno de los referentes internacionales en este ámbito es Estonia, considerada un auténtico laboratorio de innovación pública digital. Su iniciativa Bürokratt persigue precisamente la creación de una capa de asistentes inteligentes interoperables que permitan a los ciudadanos relacionarse con toda la administración como si fuera una única entidad. Además, el gobierno estonio está explorando mecanismos para dotar de identidad jurídica y trazabilidad a los agentes inteligentes que actúen dentro del sector público.
La IA agéntica también podría impulsar una nueva era de transparencia institucional. Información sobre contratos públicos, subvenciones, asesores, presupuestos, indicadores de gestión o el cumplimiento de las promesas electorales podría consultarse mediante lenguaje natural. La transparencia dejaría de sustentarse en un conjunto de documentos difíciles de localizar para convertirse en información accesible, comprensible y útil para cualquier ciudadano. En este escenario, cuanto más invisible sea la burocracia, más visible será la rendición de cuentas y más eficaz la lucha contra la corrupción.
Como nos enseña el caso de Estonia, el principal desafío no es tecnológico. El verdadero reto es organizativo y de voluntad política. Integrar sistemas informáticos es complejo, pero mucho más difícil es superar las barreras institucionales, los intereses departamentales y las resistencias al cambio que caracterizan a muchas organizaciones públicas.
En definitiva, para avanzar hacia esta burocracia invisible habría que marcarse cinco objetivos fundamentales: fomentar una auténtica cultura de colaboración entre todas las administraciones; crear un órgano nacional con capacidad de liderazgo transversal para impulsar la transformación inteligente del sector público; establecer la interoperabilidad obligatoria entre administraciones; formar a los empleados públicos en nuevas competencias relacionadas con la supervisión de agentes inteligentes y la auditoría algorítmica; y, por supuesto, movilizar las inversiones necesarias en integración de sistemas, calidad de datos y ciberseguridad que generarían cuantiosos ahorros de costes en un plazo razonable.
La conclusión es clara: la cuestión ya no es si disponemos de la tecnología necesaria para construir una administración más eficiente, proactiva, centrada en el ciudadano, transparente y facilitadora de la actividad empresarial. La pregunta es si seremos capaces de superar las inercias organizativas y las rivalidades institucionales para aprovechar plenamente el potencial transformador de la IA agéntica. El reto está servido y el tiempo apremia.
Enlace a mi libro: Metamorfosis y Concordia
La hipertrofia silenciosa de la Administración
La Inteligencia Artificial, motor de innovación
La importancia de las Matemáticas en el desarrollo de la Inteligencia Artificial
La Inteligencia Artificial , un futuro presente
La Inteligencia Artificial, el nuevo fuego
“En realidad, nosotros no quisimos crear un Estado digital. Era una cuestión de supervivencia. Enseguida nos dimos cuenta de que la Administración Pública y la burocracia gubernamental eran muy caras”, Linnar Viik, Director of Smart Governance (Estonia)