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Juan José Ríos

La i de innovación

La IA Agéntica y la burocracia invisible

Las AAPP colaboran y se coordinan muy bien cuando quieren. Por ejemplo, para cobrar impuestos o multas”  Manuel Arenilla , en una conferencia impartida en Murcia en 2013

Durante décadas, las administraciones públicas han intentado combatir la burocracia mediante la incorporación de nuevas tecnologías. Sin embargo, en muchos casos, la digitalización se ha limitado a trasladar los mismos procedimientos tradicionales al entorno electrónico. Formularios, certificados, solicitudes y procesos complejos continúan existiendo, aunque ahora se gestionen a través de una pantalla. El resultado es una mejora en la accesibilidad, pero no necesariamente la transformación profunda, la metamorfosis del funcionamiento administrativo que requieren los tiempos.

La principal causa de esta situación es que las administraciones siguen operando de forma fragmentada. Ministerios, comunidades autónomas, ayuntamientos y organismos públicos mantienen estructuras independientes, con sistemas de información poco conectados entre sí. Esta falta de coordinación obliga a los ciudadanos a realizar trámites repetitivos y a aportar información que, en muchos casos, ya posee alguna administración pública.

En este contexto emerge una tecnología con capacidad para cambiar radicalmente este modelo: la inteligencia artificial agéntica. A diferencia de la IA generativa, que actúa como un asistente capaz de redactar textos, resumir documentos o responder preguntas, la IA agéntica puede actuar de forma autónoma por medio de agentes inteligentes que son capaces de planificar acciones, consultar bases de datos, coordinar distintos sistemas y ejecutar tareas sin necesidad de una supervisión constante.

Su potencial para mejorar los servicios públicos es enorme. La visión que propicia es la de una “Administración única”, sin costuras, donde el ciudadano no tenga que preocuparse por qué organismo es competente para cada trámite. Los agentes inteligentes se encargarían de coordinar automáticamente los procesos internos y de intercambiar la información necesaria entre organismos. El ciudadano únicamente validaría el resultado final, desde su móvil o cualquier dispositivo digital.

Un ejemplo sencillo es el nacimiento de un hijo. Actualmente, este acontecimiento obliga a realizar múltiples gestiones ante diferentes administraciones. En un modelo basado en IA agéntica, los sistemas públicos intercambiarían automáticamente la información requerida y generarían las actuaciones necesarias, reduciendo la intervención del ciudadano al mínimo imprescindible.

Esta evolución da lugar a un concepto especialmente relevante: la burocracia invisible o zero-click, término recogido por Andrés Pedreño , fuente inagotable de inspiración, en su  último libro, de imprescindible lectura: IA autónoma y sistemas multiagente. Se trata de un modelo en el que los procesos administrativos se ejecutan de manera automática mediante la interacción máquina a máquina (M2M), eliminando desplazamientos, formularios y trámites innecesarios. El ciudadano deja de ser el intermediario entre organismos públicos y pasa a convertirse en el beneficiario de un servicio integrado y proactivo.

Uno de los referentes internacionales en este ámbito es Estonia, considerada un auténtico laboratorio de innovación pública digital.  Su iniciativa Bürokratt persigue precisamente la creación de una capa de asistentes inteligentes interoperables que permitan a los ciudadanos relacionarse con toda la administración como si fuera una única entidad. Además, el gobierno estonio está explorando mecanismos para dotar de identidad jurídica y trazabilidad a los agentes inteligentes que actúen dentro del sector público.

La IA agéntica también podría impulsar una nueva era de transparencia institucional. Información sobre contratos públicos, subvenciones, asesores, presupuestos, indicadores de gestión o el cumplimiento de las promesas electorales podría consultarse mediante lenguaje natural. La transparencia dejaría de sustentarse en un conjunto de documentos difíciles de localizar para convertirse en información accesible, comprensible y útil para cualquier ciudadano. En este escenario, cuanto más invisible sea la burocracia, más visible será la rendición de cuentas y más eficaz la lucha contra la corrupción.

Como nos enseña el caso de Estonia, el principal desafío no es tecnológico. El verdadero reto es organizativo y de voluntad política. Integrar sistemas informáticos es complejo, pero mucho más difícil es superar las barreras institucionales, los intereses departamentales y las resistencias al cambio que caracterizan a muchas organizaciones públicas.

En definitiva, para avanzar hacia esta burocracia invisible habría que marcarse cinco objetivos  fundamentales: fomentar una auténtica cultura de colaboración entre todas las administraciones; crear un órgano nacional con capacidad de liderazgo transversal para impulsar la transformación inteligente del sector público; establecer la interoperabilidad obligatoria entre administraciones; formar a los empleados públicos en nuevas competencias relacionadas con la supervisión de agentes inteligentes y la auditoría algorítmica; y, por supuesto,  movilizar las inversiones necesarias en integración de sistemas, calidad de datos y ciberseguridad que generarían cuantiosos  ahorros de costes en un plazo razonable.

La conclusión es clara: la cuestión ya no es si disponemos de la tecnología necesaria para construir una administración más eficiente, proactiva, centrada en el ciudadano, transparente y facilitadora de la actividad empresarial. La pregunta es si seremos capaces de superar las inercias organizativas y las rivalidades institucionales para aprovechar plenamente el potencial transformador de la IA agéntica. El reto está servido y el tiempo apremia.

 

 

Página web del autor

Enlace a mi libro: Metamorfosis y Concordia

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“En realidad, nosotros no quisimos crear un Estado digital. Era una cuestión de supervivencia. Enseguida nos dimos cuenta de que la Administración Pública y la burocracia gubernamental eran muy carasLinnar Viik, Director of Smart Governance (Estonia)

 

 

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Sobre el autor

Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio, soy Director Adjunto de la Cátedra Internacional de Innovación de la UCAM y participo en un proyecto empresarial.


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