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Juan José Ríos

La i de innovación

La pandemia y la burocracia

“En realidad, nosotros no quisimos crear un Estado digital. Era una cuestión de supervivencia. Enseguida nos dimos cuenta de que la Administración Pública y la burocracia gubernamental eran muy caras, Linnar Viik, Director of Smart Governance (Estonia)

Si  hay un país que tuvo que construir su propia infraestructura institucional desde cero, tras su separación de la Unión Soviética, en 1991, fue Estonia, considerada hoy la nación más digitalizada del mundo y un referente en ciberseguridad.

Sólo tres gestiones requieren la presencia física, casarse, divorciarse y adquirir propiedades. Aparte de la eficiencia que hace ganar al sistema, la digitalización supone un ahorro anual del 2% del PIB. La clave fue la educación: todas las escuelas estaban on line en el año 2000.

El ejemplo de Estonia está siendo estudiado por otros muchos países con la idea de replicarlo. Pero con la tecnología no basta. Igual que las grandes empresas, el sector público necesita reformas organizativas innovadoras.

Como dice Linnar Viik, al que tuve ocasión de saludar en Barcelona, hace 5 años, “los Gobiernos no pueden quedarse atrás en la carrera por la innovación. Basta de excusas. No es una cuestión de dinero ni de tamaño. Tan sólo se necesita voluntad política

En 2013 había en España unas 100.000 leyes, 67.000 de ellas de carácter autonómico, que contabilizaban en total, 1 millón de páginas impresas. El coste de esta “madeja legislativa” era de unos 45.000 M€ .

En Italia existían 150.000 leyes, algunas tan absurdas como la que permitía a los mandos militares disponer de coche oficial porque el protocolo les prohibía llevar paraguas. Por contra, había sólo 3.500 en Gran Bretaña. En Portugal, se estima que existen más de 1.500 normas obsoletas pero aún vigentes, como la prohibición de aparcar delante de un banco.

El último informe del Banco Mundial, Doing Business, que evalúa la legislación burocrática asociada a las actividades empresariales sitúa a España en el puesto 30, por delante de Portugal (34ª) y de una Italia más regazada ( 51ª), pero en el apartado concreto de la facilidad para abrir un negocio ocupamos el lugar 86º, a la altura de Mongolia.

https://www.libremercado.com/2017-05-25/la-losa-de-la-burocracia-espana-publica-900-leyes-y-960000-paginas-de-regulacion-al-ano-1276599688/

Hace unos días,  los medios de comunicación se hacían eco del manifiesto «Por un sector público capaz de liderar la recuperación», firmado por quince reconocidos expertos en gestión pública.

La excesiva politización,  el déficit gerencial, la opacidad,  la lentitud, la ilegibilidad, el tamaño, el alto coste,  las ineficiencias típicas de la maquinaria administrativa son de todos conocidas, y hasta aceptadas con resignación.

En opinión de sus autores, para que España pueda afrontar con éxito la situación post-Covid 19,  el sistema público debe aprovechar la ocasión para acometer reformas de calado que superen para siempre las históricas deficiencias estructurales de las Administraciones Públicas, inherentes al vetusto modelo burocrático que las rige, el cual permanece inmutable, incluso desafiante, desde hace más de un siglo.

No es casual la aparición de este documento en unos momentos tan críticos.  La necesidad suele ser fuente de innovaciones y un acelerador de decisiones drásticas. Estonia se convirtió en el país más digital del mundo porque no tenía otra opción.  Suecia abordó su valiente reinvención del Estado del Bienestar acuciada por una grave recesión económica.

Este grupo de expertos propugna una Administración que centre sus actuaciones en cuatro grandes ejes:  innovación y evaluación; internalización de la inteligencia y externalización del trámite; diversificación y flexibilización del empleo, y liderazgo y gestión profesional.

Consideran una prioridad la apuesta por el talento y la mejora de la  retribución de los profesionales más cualificados, que estiman mal pagados, resaltando que, por contra, los puestos de menor nivel tienen salarios por encima de sus equivalentes en el mercado.

Defienden la construcción de un sistema de dirección pública profesionalizada, y, de alguna forma, cuestionan la figura de funcionario vitalicio, reservando esta condición sólo para aquellos puestos que tengan una relación directa con la autoridad administrativa. No en vano, varios de estos reconocidos profesionales, como Francisco Longo o Carlos Ramió, verdaderas autoridades en la materia, ya vertieron estas ideas en un informe muy poco conocido que realizaron para el Gobierno de Cataluña en 2013, y que, al parecer fue relegado u olvidado.

La incógnita es si este manifiesto de 2020 correrá la misma suerte. Sólo es cuestión de voluntad política.

 

 

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Sobre el autor

Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio, soy Director Adjunto de la Cátedra Internacional de Innovación de la UCAM y participo en un proyecto empresarial.


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