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F.B.M.R.M.

Federación de Bandas de Música de la Región de Murcia

Y si aprenden música… mejor

Actualmente es común escuchar que cada vez hay más jóvenes en nuestra sociedad que no tienen valores, que no respetan nada ni nadie, que sólo miran por sí mismos, que su actitud es de apatía y desidia….Quizás los que realmente somos responsables de dichas circunstancias somos los adultos, que no tenemos tiempo de transmitir esos valores, que no predicamos con el ejemplo….y, ¡claro! quien no recibe, no puede dar. Por eso esta carta está dirigida tanto a padres y madres, a profesores y tutores legales de menores de edad…y a todos aquellos que se consideren parte activa en la “educación” de niños y jóvenes, como a responsables políticos que supuestamente tan preocupados están por el bienestar y la buena convivencia de las nuevas generaciones.

Soy madre de dos chicos y dos chicas con edades comprendidas entre los 7 y los 16 años. Los tres mayores pertenecen a la banda de música de mi pueblo y cursan estudios a nivel profesional en uno de los conservatorios de la Región de Murcia. Hace unas semanas, tratando el tema de la subvención económica, un/a concejal/a de mi pueblo le hizo esta pregunta a el/la presidente/a de la banda: “¿Y para qué sirve una banda de música? ¿Qué hace la banda de música por el pueblo?” Visto que la ignorancia es tan atrevida, y que no creo que fuera la única persona que se hiciera estas preguntas, me decidí a responder con esta carta desde la experiencia como madre, y como habitante de dicho pueblo.

De modo general, ya el simple hecho de que más de un centenar de chic@s de un pueblo, en el que las alternativas de ocio son tan escasas, por no decir ninguna, estén “recogidos” alimentando y compartiendo una sana inquietud, ya merece la pena. Cuántos jóvenes vemos aburridos por las calles, sentados en algún portón, interactuando con otros únicamente mediante redes sociales, porque ni se hablan entre ellos. Y esto, en el mejor de los casos, porque en otros el aburrimiento les incita a hacer actos vandálicos (rotura de bancos, columpios,… en parques, rotura de cristales en paradas de autobús,…con total inmunidad. Así que, señor/a concejal/a, fíjese en lo que una banda de música puede hacer por un pueblo. Y si estos jóvenes aprenden música…..pues mejor aún.

A nivel particular, son varias las razones por las que decidimos apuntar a la banda escuela del pueblo a nuestro primer@ hij@ cuando cursaba 3º Infantil. Primero, porque tanto a su padre como a mí nos encanta la música, y segundo porque está más que demostrado las capacidades a nivel intelectual que potencia la música. Pero con el tiempo, nos dimos cuenta que esta actividad forma músicos, pero ante todo forma personas a las que se les potencian sus aptitudes y, se les enseñan actitudes. Y esto no es fácil encontrarlo en otras actividades extraescolares.

Asimilan más tempranamente que otros niños que el esfuerzo diario tiene su recompensa, y cada día de trabajo es un pequeño avance, aunque no lo vean a corto plazo. Comienzan a adquirir paciencia, ensayando una y otra vez la misma partitura hasta que su profesor considere que está bien. Por ello es muy importante la disciplina y la organización de un horario de trabajo diario. El estar supeditados a un horario implica también una ordenamiento diario de sus tareas escolares. Precisamente coincide que, la mayoría de los chic@s de la banda ha obtenido un elevado rendimiento escolar. Cuando me dicen que mis hijos no tienen tiempo para nada, yo les contesto que ¡Claro que tienen, hasta para aburrirse tienen tiempo!

Se dan cuenta de que de los errores se aprende y, cuando ocurren, es necesario la humildad para aceptar la corrección de sus profesores o del director de la banda. En relación a esto, muestran un compañerismo, en general, que es admirable. Cuando hay un concierto, y algún músico ha cometido un error, sufren por él, lo justifican y les muestran su apoyo animándolo para la próxima vez. En el caso de que la actuación solista de algún miembro de la banda sea un éxito, se alegran mucho por él, de corazón, y se enorgullecen de pertenecer a la misma banda. El reconocimiento y admiración de los músicos hacia compañeros más virtuosos para tocar ciertos instrumentos, no es muy común en nuestra sociedad, donde prevalecería la envidia y el afán por superarlos.

Por otra parte, conciben la banda como una gran familia en la que todos sus miembros tienen en común su afición por la música. En esta gran familia hay lugar para todos: estudiantes de ESO, bachillerato, grado universitario,.., incluso gente sin estudios,….padres, madres, hij@s, hermanos, primos,…., de derechas, de izquierdas y apolíticos, ateos y creyentes….El que mis hijos compartan tantas horas de su vida con tal variedad de personas es muy enriquecedor ya que aprenden a convivir con gente distinta a ellos, reconociendo los dones y aceptando los errores de los demás.

Pero es que en esta gran familia, no sólo el director de la banda y sus músicos son importantes. Existe un grupo de personas que nunca reciben un aplauso y sin las cuales no sería posible el mantenimiento de la banda (los padres que transportan los instrumentos desde la sede al lugar del concierto, los que les acompañan en cada procesión cuidando que no decaigan y que no les falte el agua y ofreciéndole caramelos, los que les preparan bocadillos y tentempiés tras sus actuaciones,….) Y precisamente a éstos que quedan en el anonimato son a los que más quieren los chicos. ¿Y qué valoran mis hijos? Valoran que estos hombres y mujeres trabajan desinteresadamente, y que su tiempo, su esfuerzo y, muchas veces su propio dinero, lo invierten para lograr una satisfacción: la continuación del funcionamiento de la banda del pueblo y el bienestar de sus integrantes.

Y como en cualquier familia, entre los miembros de la banda, de la junta directiva, del equipo de gobierno de turno,.. aparecen los malentendidos, las tensiones, las disputas…, y, en algunos casos, ellos son realmente conscientes de los problemas…. Pero los ensayos deben continuar y las tribulaciones se apartan a un lado para unirse otra vez en armonía y continuar con su objetivo. Esto les ayuda a relativizar los problemas. Mejor que aprendan ya tempranamente que en la vida aparecen imprevistos, situaciones, personas,….que provocan momentos realmente difíciles, pero, que pueden ser superados e incluso ayudan en la propia madurez de niños y adolescentes. Y, por encima de todo, el respeto a los que piensan y opinan de manera distinta, aunque no compartamos sus pensamientos ni sus opiniones.

Vistas todas estas ventajas, a modo de muestra porque existen muchas más… ¿Cómo no plantearnos mi marido y yo dar la oportunidad a los siguientes hijos de cursar estudios musicales y participar en una banda de música cómo su hermano? Además, los niños lo absorben todo, y ellos querían respirar el mismo ambiente que su hermano mayor, que tan bien se lo pasaba.

Pero el que tres hermanos de la misma familia estén en el conservatorio, en una ciudad distinta a su lugar de residencia, con tres instrumentos diferentes y en horarios no coincidentes, de lunes a viernes, conlleva una implicación como padres muy seria. Decidimos que mi marido continuara con su trabajo, mañana y tarde, y yo, que tengo estudios superiores, renunciara a mi posición laboral para convertirme en lo que actualmente se llama madre-taxista. Tuve que elegir entre un sueldo, mi formación y mi prestigio, a acompañarlos y posibilitar sus actividades musicales. Como padres sopesamos los pros y los contras, y decidimos que las lecciones de vida tan valiosas que están aprendiendo por las tardes, complementan la formación intelectual que por las mañanas reciben en colegio e instituto… Y si además aprenden música, mejor.

Juana María Gómez Ballester.

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