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Federación de Bandas de Música de la Región de Murcia

Los valores y habilidades que quiero para mis hijas y aporta la música.

Basado en el concierto «Mamá quiero ser músico persona» de la AMC “Las Musas”.

Hablo de:
★ Cuál es el camino que atraviesa un joven músico desde que inicia sus estudios musicales.
★ Antes que músicos, somos personas.
★ La actividad que hace el cerebro de una persona para leer una partitura.
★ Los valores y habilidades que quiero para mis hijas y aporta la música.

Eran las 17:30 horas de un lunes de diciembre y recibo la llamada de Ana: “José, hemos quedado mañana con Mariano para hablar sobre un concierto en junio”. Sin saber mucho más, espero algo ansioso por descubrir qué nos esperaría al final del curso.

Al día siguiente, me reúno en el Auditorio de Guadalupe con Ana, la presidenta de la AMC “Las Musas” y Mariano, el coordinador de las jornadas “Una educación para el siglo XXI. Miradas desde las ciencias y las artes”. El curso anterior, 2020, fueron suspendidas por la pandemia y, este curso se retomaban de nuevo. Nuestro papel era clausurar, en el mes de junio, las jornadas con un concierto en el Auditorio “Víctor Villegas” de Murcia. Como el concierto ya se programó el curso pasado, mantuvimos algunas obras de especial interés: la pieza para xilófono y banda “Happy Mallets” de Harm Evers, interpretada por nuestro joven Hugo Meseguer y el “Concierto para marimba y banda” de Emmanuel Séjourné, interpretado por nuestro gran maestro Fran Tortosa.

Pensé… ¿Auditorio? ¿Jornadas educativas? ¿Público docente? ¿Concejal de Educación? No había mejor oportunidad que esta para mostrar al mundo dos cosas importantísimas que, misteriosamente, se desconocen:

● Cuál es el camino que atraviesa un joven músico desde que inicia sus estudios musicales.
● Antes que músicos, somos personas.

Creo fírmemente que los estudios musicales se infravaloran extremadamente y, en parte, diría que es por desconocimiento. Se ignora el esfuerzo, el tiempo, la persistencia, la resiliencia, la organización, la coordinación, la rutina, la práctica, el error, la repetición, el fracaso, la superación y otros muchos más valores que construyen al músico (y a la persona) día a día. Y nos encontramos. muchas veces, con la “ilusión del iceberg”: vemos el talento del músico sobre el escenario pero no somos conscientes del inmenso trabajo que ha realizado para ofrecer dicha interpretación. Con los recientes JJOO de Pekín, ¿quién sigue pensando que el atleta “trabaja” el tiempo que dura su carrera o actividad?

Bien, pues esa era nuestra misión, nuestro propósito.

Rápidamente llamé a Gemma, Mariate y Fran (músicos de la banda) para crear un Equipo Artístico y diseñar juntos el concierto. Pronto emergieron grandes ideas y una historia que contar. Después de varias conversaciones y reuniones, nació el guión que acompañaría a la música en el concierto. Para mí, era más importante el mensaje que la propia música. Por cierto, el repertorio lo completó el pasodoble Manuel Gómez “el Súper” de Óscar Navarro y la obra The wind in the willows de Johan de Meij. Teníamos todos los ingredientes para una noche especial. Como dice el ex entrenador de balonmano del F.C. Barcelona, Xesco Espar: “Y entre todo lo que he aprendido, hay algo que tengo siempre bien presente: no se trata de balonmano, se trata de ser mejor cada día en aquello que hagas y entregarlo a los demás, sin importarte el retorno”.

¿Por qué quisimos diseñar un concierto así?

El mismo Xesco cuenta en su libro “Jugar con el corazón” que “los dos únicos fenómenos sociales que en la actualidad pueden llegar a congregar a más de cien mil personas son el deporte y la música. Se trata de dos ámbitos que son pura emoción”. Y es una verdad absoluta que se ha hecho más evidente aún en este año de pandemia, cuando hemos intentado “tirar” de ellos para cuidar cuerpo y mente en momentos difíciles. ¿Por qué seguimos negando su poder? ¿Por qué carecen de valor? ¿Por qué no vemos el proceso que conllevan en lugar de solo el resultado?

Y es en el proceso, el camino de la persona que estudia música, donde me quiero detener e intentar mostrar.
Primero, hay que desarraigar la idea de que la música (al igual que el deporte) es un entretenimiento. ¿Por qué? Rápidamente. Porque la música crea, transmite, la música te transforma, te revive, te transporta, te educa… en definitiva, te hace persona, no necesariamente músico.

Ahora te lo muestro con lo más importante de mi vida: mis hijas.
Con dos y cuatro años están estudiando música. No para que se dediquen profesionalmente a la música, como yo, si no para recibir todo lo que la música aporta y utilizarlo en su día a día en la especialidad que ellas decidan.

A estas edades, están valiéndose de la música para mejorar su coordinación corporal, su motricidad fina, experimentar con su cuerpo, absorber un lenguaje codificado, ampliar su capacidad cognitiva y relacionarse con otras personas. Repito, la música es la herramienta para todo esto.

Seguirán creciendo, se iniciarán en el lenguaje musical propiamente dicho y elegirán un instrumento. El aprendizaje de un nuevo lenguaje les hará realizar conexiones cerebrales útiles para otros aprendizajes, mejorando así su lenguaje, su lógica-matemática y su resolución de problemas. Si me detengo para mostrar la actividad que hace el cerebro de una persona para leer una partitura quizá nos sorprenda:

1. Observamos un papel con líneas y puntos.
2. Identificamos uno de los puntos según su lugar y le asignamos un nombre.
3. Identificamos el mismo punto según su forma y le asignamos un valor, una duración.
4. Si tenemos un instrumento de viento en la mano, lo cogemos de forma correcta atendiendo a nuestra posición corporal.
5. Respiramos acorde a la nota y figura que queremos interpretar.
6. Colocamos en el instrumento la digitación oportuna para dicha nota.
7. Expulsamos el aire con cierta técnica y teniendo en cuenta:
a. la altura,
b. la duración,
c. la intensidad,
d. la articulación (el uso de la lengua para emitir el sonido).
8. No nos olvidamos de cualquier indicación añadida que se le asigne a dicha nota, como carácter o musicalidad.
9. Repetimos el mismo proceso tantas notas haya en la partitura: ¿50? ¿100? ¿1000?
10. Y no olvidemos que las combinaciones pueden ser infinitas.

¿No es alucinante que todo este proceso ocurra en milésimas de segundo? ¿No es envidiable lo que un músico realiza para interpretar un concierto? Esta agilidad mental, la rápida la toma de decisiones, la concentración del momento y muchas más habilidades son adquiridas y asumidas para utilizarlas en cualquier otro campo.

Pero esto, para mí, no es lo más importante. Aún no he acabado. Y sobre esto narraba nuestra historia en el concierto: los valores que aporta la música para la vida.

Aunque nos sorprenda, deporte y música suelen compartir la disciplina y el hábito de entrenamiento. La posible diferencia es que los músicos recibimos un feedback de nuestro progreso a largo plazo y los deportistas pueden ver los resultados algo antes. Incluso, pensando en un futbolista, puede medir su avance semanalmente en sus partidos de competición. Un músico o una agrupación musical posiblemente tenga que esperar meses para realizar un concierto y valorar su evolución.

Los valores y habilidades que quiero para mis hijas y aporta la música:

1. Que acepten el fracaso y los errores como parte del aprendizaje para alcanzar el éxito. El estudio y práctica de una partitura conlleva esfuerzo, tiempo y constancia. Se demuestra que lo difícil e inalcanzable, en un principio, se supera con trabajo.
2. Que adquieran disciplina y hábitos para alcanzar sus objetivos. Como decía, el estudio de una partitura requiere dedicación, perseverancia, paciencia, seguridad, creencias, mentalidad de crecimiento… Habilidades imprescindibles para la vida.
3. Que tengan iniciativa y sean ellas las líderes de su vida. La responsabilidad en una agrupación, tu momento protagonista/solista o la toma de decisiones en determinados momentos de una partitura te aportan confianza, personalidad y valor.
4. Que trabajen en equipo y empaticen. Una agrupación musical es uno de los mejores ejemplos de trabajo cooperativo. La suma individual de trabajo y esfuerzo se une para alcanzar un objetivo común en equipo.
5. Que sean responsables de sus decisiones y tareas. La participación en una agrupación requiere puntualidad, cooperación, formalidad, empatía e igualdad para todos los integrantes, de modo que haya un ambiente idóneo para trabajar y conseguir las metas.
6. Que sean honestas, humildes, generosas y respetuosas con su entorno. En una agrupación musical no importa la edad, nivel o instrumento/voz. Se fomenta el apoyo, la colaboración, el escuchar a los demás (esencial) y sentirte parte de un conjunto.
7. En definitiva, que sean buenas personas sin importar el ámbito y/o medio en el que se desarrollen.

Me dejo otras tantas características que aporta la música, pero, sin duda, priorizaré estas para la construcción de una base sólida y creciente en el corazón de mis niñas.

José Vicente Vivo
Maestro en Educación Musical y
Director de la Banda Titular “Las Musas” de Guadalupe.

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