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Carlos Escobar

Música inesperada

Los colores de la infancia

La complicidad entre Robert Schumann y Clara Wieck dio lugar a numerosas composiciones que pasaron del atril de un piano al otro. Una de las colecciones de piezas más conocidas de este periodo son las Kinderszenen op. 15 (Escenas infantiles) que bajo una supuesta simplicidad técnica, contienen  poéticas ideas solo aptas para adultos.

Con motivo de la interpretación de estas obras el próximo lunes en la Fundación Cajamurcia, la pianista Almudena González Martínez nos explica que “para nosotros es fundamental refugiarnos en este tipo de piezas, ya que son pequeñas miniaturas de apariencia sencilla pero una expresividad muy profunda”. Añade que estas partituras son un retorno a la esencia interpretativa y artística, es decir, a buscar, comprender y transmitir la belleza y la expresión poética con los más reducidos medios.

Se trata de una colección de 13 piezas que contienen notas del motivo musical con el que Schumann evocaba a Clara, pero siempre manteniendo la conexión con el tema que trata. Para Almudena, “en todas las piezas encontramos las dificultades propias de la escritura de Schumann, como son el contrapunto, los planos sonoros, el uso complejo de los pedales, un lenguaje pianístico muy desarrollado o unas armonías muy ricas, entre otras, todas reducidas a su mínima esencia”. 

La pianista considera que cada pieza tiene un carácter muy diferente cuya interpretación en vivo supone el reto de programar, sentir y transmitir el contenido y el recorrido de todo el ciclo al tiempo que hay que profundizar en el estado psicológico y el mensaje de cada una de las obras.

Almudena no tiene una especial preferencia por ninguna de las trece escenas infantiles: “Creo que cada una de ellas es una pequeña joya. Todas son bellísimas y no hay ninguna pieza de más ni ninguna nota que sobre en las Kinderszenen. La más conocida es Träumerei (Ensueño), definida por Alfred Brendel como “una isla de paz” y que aparece como eje central y corazón de la obra. El epílogo de todo el ciclo es Der Dichter Spricht (El poeta habla) y, junto a la anterior, posiblemente son los dos momentos más emotivos y especiales para el intérprete y para el público”.

En la edición número 29 de Cuadros con Música el profesor Pedro Olivares analizará el cuadro Niños comiendo uva y melón de Bartolomé Esteban Murillo. A Almudena esta obra le parece “una escena costumbrista representada de forma excelente que me sugiere un cierto aire barroco de tinieblas heredado tal vez de Caravaggio. Más allá de la complicidad y la picardía de los niños y del feliz momento de compartir y disfrutar su comida, encuentro sobre ellos la sombra de la pobreza o la mendicidad. Yo le atribuiría la pieza número 11 de las Escenas Infantiles titulada Fürchtenmachen (Susto) que está llena de contrastes, con momentos sombríos y llenos de energía y que concluye con la tonalidad sol mayor, en consonancia con la alegría transparente de estos inocentes niños que disfrutan y viven al margen de lo que pasa a su alrededor”.

Les animo a escuchar a Almudena González, una pianista que se formó en los conservatorios de Lorca y Murcia con Matrícula de Honor y Premio Extraordinario, compaginando sus estudios con la carrera de Filología Hispánica en la Universidad de Murcia. Ha interpretado obras del repertorio pianístico en salas de España, Italia y Bélgica. Actualmente reside en Gante donde estudia el Máster de Interpretación pianística en la Real Academia de Bellas Artes (KASK) y Conservatorio de dicha localidad.

Lunes 14 de octubre, 20 horas. Cuadros con Música 29ª edición. Murillo y Schumann. Pedro Olivares (profesor de Historia del Arte). Almudena González (pianista).

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por Carlos Escobar

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