La Verdad

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Autor: Carlos-Escobar
La luz de la justicia
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Carlos Escobar | 20-02-2017 | 12:27| 0

Entre las óperas en las que hay escenas situadas en prisiones se encuentran Fidelio, Tosca, L´Europa riconosciuta, I vespri siciliani, Don Carlo o Il priggionero, entre otras. La primera de ellas fue la única que compuso Ludwig van Beethoven (1770-1827), uno de los grandes músicos de la historia, dotado de una fuerte personalidad y de grandes principios. Fidelio ha sido interpretada recientemente por la Orquesta del Siglo XVIII (Orchestra if the Eighteenth Century), fundada en 1981 por Frans Brüggen (1934-2014), un director experto en la música de dicho periodo.

Antonio Clares es violista de dicha orquesta, actividad de compagina con la de El Concierto Español, La Tempestad y La Real Cámara, además de su responsabilidad docente como profesor de viola del Conservatorio Profesional de Murcia. Antonio es uno de los mejores intérpretes de música antigua del mundo y por ello ha sido invitado como viola principal en la Orquesta Barroca de Amsterdam, en la Orquesta Barroca de Sevilla, en la Orquesta Barroca de la Unión Europea y en Forma Antiqva.

Los primeros años en la formación de un músico son determinantes para su futuro y Clares es muy consciente de ello cuando forma un alumno. Si analizamos la brillante trayectoria de muchos de los alumnos de viola y de música de cámara que han estado a su cargo desde 1999, da la impresión de que para llegar a destacar como músico, antes hay que pasar por su tutela en el conservatorio.

Antonio Clares forma parte de la Orquesta del Siglo XVIII desde el año 2007 y este año como ya hemos dicho han representado Fidelio. Nos comenta que: “el anhelo por la libertad, tan buscado por Beethoven, se une en esta ópera a la idea del amor conyugal sin límites que se opone y vence a la injusticia y a la corrupción”. Fidelio está considerada por muchos “la ópera entre las óperas” y una auténtica oda a la libertad, por su legado humanístico tan profundo. La defensa de la libertad como elemento catalizador del destino del ser humano fue uno de los temas capitales del compositor de Bonn.

Beethoven consideraba que la temática de las obras de Mozart como Las bodas de Figaro, Don Giovanni o Cosi fan tutti, era demasiado frívola. Por otro lado, la moralidad de La Flauta Mágica no pertenecía a un mundo real. Las elevadas intenciones humanísticas de Fidelio emanan del contraste entre la oscuridad de la prisión y la luminosidad de la justicia. Para Antonio Clares hay dos momentos especiales en la obra: “El primero es la potente aria de Leonora (disfrazada de Fidelio para pasar desapercibida) del acto I, “Abscheulicher!”, en la que expresa que sigue una llamada interior, que no dudará y que su fuerza viene de la fe y del amor para luchar y conseguir la liberación de Florestán; el otro momento importante es el comienzo del Acto II, con la impresionante introducción de la orquesta que describe la oscura mazmorra en la que Don Pizarro mantiene encadenado y apenas sin alimento a Florestán, que emite el terrible grito ”Gott! Welch Dunkel hier!”.

Como especialista en fisiología de la nariz, les recomiendo prestar atención también al momento en el que Florestán, tras lamentar su cautiverio rememora el aroma de su esposa Leonora, todo un rayo de esperanza en la oscuridad de la celda: “Ich seh, wie ein Engel im rosingen Duft”.

Les adjunto una imagen de la estupenda producción semi-concertante que la Orquesta del Siglo XVII ha estrenado en Rotterdam, bajo la dirección de  Jonathan Darlington. Antonio Clares aclara que “es una versión concertante enriquecida con movimientos de escena y elementos de escenografía y vestuario, pero siempre con la orquesta en el centro de la acción.”

Los miembros de la Orquesta del Siglo XVIII proceden de más de veinte países diferentes y se reúnen cinco veces al año, siguiendo la tradición de su fundador, Frans Brüggen. Esta manera de entender la música y el tipo de producción semi-escenificada permiten su representación con un coste reducido y accesible a la mayoría de auditorios y salas de conciertos.

¿Tardaremos mucho tiempo en darnos cuenta en Murcia de esto?

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El cielo de los pobres
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Carlos Escobar | 12-02-2017 | 8:11| 0

Imaginemos a un humilde niño judío educado en los diez mandamientos de Moisés y en las 630 normas de Pentateuco. Al pequeño le han enseñado que si cumple todos los preceptos, Dios lo amará, pero sin la promesa de tener una recompensa por ello. Por otro lado, su compañero de clase es tan pobre como él pero nacido en una familia cristiana. Desde niño le han transmitido que si es bueno, Dios lo amará y algún día lo recibirá en el Paraíso Celestial, un lugar lleno de dulces y golosinas.

Gustav Mahler (1860-1911) compone su Sinfonía número 4 para orquesta y soprano con el cambio de siglo, durante un verano especial para él. Está satisfecho del éxito de su segunda temporada como director de la Ópera de Viena y acaba de comprar un terreno en Maiernigg, situado en la orilla sur del lago Wörthersee, donde le están construyendo un refugio estival para componer rodeado de paz física y espiritual.

La Cuarta Sinfonía de Gustav es más corta que sus predecesoras (apenas dura 50 minutos) y se caracteriza por su aparente sencillez, por las melodías cantabiles y por una armonía exenta de complejidad. En ella no hay partes para el coro ni para trombones ni tuba y la percusión es escueta. La obra contiene parte de los contrastes propios del mundo mahleriano: la ironía frente a la serenidad, la dulzura frente a la transcendencia o la incertidumbre frente a la inseguridad. Quizás esto explica las reacciones de los críticos tras su estreno en Munich que la tildaron de disonante, grotesca, nerviosa y heterogénea. El tiempo de Mahler, como el mismo vaticinó, estaba por llegar y hoy día la humanidad ajena a estas opiniones, se rinde ante esta obra de arte musical.

Gustav Mahler escribe la pieza siguiendo la estructura clásica de cuatro movimientos instaurada por Haydn y Mozart. En el primer movimiento confluyen hasta siete melodías distintas y sobresale el tintineo de los cascabeles, la primera visión del Paraiso dibujada por las cuatro flautas con el triángulo y la enérgica llamada de las trompas que anticipa la de la Quinta Sinfonía.

En el segundo movimiento el compositor inserta un solo de violín muy particular. El concertino debe emplear un modesto instrumento desafinado medio tono por encima de la orquesta para así emitir un chillido tosco y despectivo a la vez que irónico y alegre. Esta danza es una visión muy particular de la muerte que ya vimos en su Primera Sinfonía y que reivindica a las clases sociales bajas, marginales y no sujetas a leyes y convenciones sociales.

La irresistible belleza del tercer movimiento flota en un rondó con variaciones cuya sonoridad recuerda a la de Beethoven. Aquí Mahler parece ofrecer una apacible visión del Paraíso sin ignorar que la muerte ronda a los niños desfavorecidos, que sin hogar ni alimentos son capaces de jugar tranquilamente en la pradera.

El Finale que cierra la sinfonía es un Lied para soprano sobre un poema del ciclo de El Muchacho de la trompa mágica (Des Knaben Wunderhorn). Con el título de La vida celestial, expresa la alegría (palabra repetida tres veces) del Paraíso desde la perspectiva del placer terrestre que produce el cantar, bailar, saltar, comer y beber. Tanto es así que el pescador San Pedro, el matarife San Lucas, la cocinera Santa Marta y la musical Santa Cecilia, consiguen sacarle una sonrisa a la severa Santa Úrsula en presencia de San Juan.

Mahler describe la vida celeste desde la mirada del alma de un niño. Un niño judío y pobre que necesita un cielo cristiano, lleno de pan, peces, carne de cordero, venado, liebres, legumbres, espárragos, cestos de frutas y, sobre todo, de una música incomparable con la de La Tierra. Para ello, el maestro emplea intencionadamente a lo largo de la Cuarta Sinfonía, la tonalidad de Do para referirse a lo terrenal, la tonalidad de Sol para la inocencia y la tonalidad de Mi para reflejar lo celestial.

A pesar de todo lo dicho, Bruno Walter, discípulo de Mahler, definió a la Cuarta Sinfonía como “música pura abierta a todos lo que tienen un sutil sentido del humor”. No tendrán muchas ocasiones de disfrutar esta enigmática obra y por ello les recomiendo que vengan a sentirla en directo.

 

Jueves 16 de febrero, 20 horas. Auditorio Víctor Villegas de Murcia. Vals de El caballero de la rosa y dos Lieder de Strauss. Cuarta Sinfonía y tres Lieder de Mahler. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. María Espada (soprano). Virginia Martínez (Dirección musical). Entradas: 20, 16 y 12 euros.

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Danzas fantásticas
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Carlos Escobar | 06-02-2017 | 11:00| 0

En la última obra escrita por Sergei Rachmaninov (1873-1943) destaca el ímpetu propio de sus primeras composiciones. Estrenada por el famoso director Eugène Ormandy en Filadelfia en los primeros días de 1941, las Danzas Sinfónicas se consideran hoy día como una obra de arte dentro del último estilo del maestro ruso.

Cuando Rachmaninov escribió a Ormandy para pedirle que estrenase esta obra, pensó en ponerle como título el de Danzas Fantásticas de manera que cada una de ella representara el mediodía, el  crepúsculo y la medianoche, pero luego cambió de opinión y suprimió estas denominaciones.

En lo que Sergei se mantuvo fiel a sí mismo fue en contar con un experto violinista para que comprobara la disposición de los arcos en las partes escritas para instrumentos de cuerda. Generalmente el maestro ruso colaboraba con Julius Conus, un músico amigo de los tiempos rusos, pero en esta ocasión encargó el trabajo al célebre Fritz Kreisler. La edición de la partitura para instrumentos de cuerdas por parte de Kreisler puso en muchas dificultades a los músicos de la orquesta que equivocadamente atribuyeron la imposibilidad de ejecutar algunas de sus partes al hecho de que el compositor fuese un gran virtuoso del piano.

De la primera danza sinfónica destacaría la expresiva melodía que Rachmaninov concibió para el saxofón alto, un instrumento que usó por primera vez por su timbre tan similar a la voz humana. La segunda danza en una fantasía rica en melodías de valses que surgen dentro de una atmósfera un tanto opresiva y ansiosa, como si nos anticipara los peligros que acechan en el atardecer. La inspiración rusa está presente en la tercera danza, en la que Rachmaninov conjuga los temas del Dies irae y del Bendito seas, señor muy presente en la liturgia rusa ortodoxa.

Si sienten curiosidad por escuchar esta obra en directo, les recomiendo que vengan el próximo viernes 10 de febrero al Auditorio Víctor Villegas. A las 8 horas de la tarde, la Orquesta Sinfónica Nacional de Tartastán dirigida por Alexander Sladkovsky ofrecerán una versión que promete ser muy interesante. De regalo se llevarán el célebre, enigmático y ampliamente comentado Concierto para piano número 3 del mismo compositor ruso interpretado por el pianista Denis Matsuev.

No olviden que “Rachmaninov nunca falla”.

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Ánimos recobrados
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Carlos Escobar | 20-01-2017 | 8:24| 0

El próximo lunes comienza la Semana Mozart. Son días en los que los melómanos celebramos el cumpleaños del famoso músico austríaco y, como es tradición desde hace años, en el aula de cultura de Cajamurcia se celebra el concierto Con el músico amigo, en el que recordamos a cuatro músicos importantes para nosotros porque fueron profesores de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (OSRM) e impulsaron desde el principio este importante proyecto cultural. Joaquin Toledo, Sadvacas Tinibaev (más conocido como Alexander), José Antonio Arce y Andrés Vidal fueron cuatro pilares muy significativos en la vida musical de nuestra orquesta y realizaron una brillante carrera profesional y docente.

Cada uno de los fatídicos días en los que nos dejaron estos cuatro amigos músicos supusieron otros tantos mazazos para la gran familia que es la OSRM, el Conservatorio de Música y en general, el mundo que gira en torno a la cultura. Sin embargo, todos estamos citados anualmente en el concierto Con el músico amigo, el escenario donde profesores, alumnos y aficionados se conjuran para celebrar con música la suerte de haber conocido y convivido con estas cuatro excelentes personas que hicieron mejor nuestra existencia. Este acto de agradecimiento y de recuerdo reúne este año, una vez más, a un grupo de músicos que con el ánimo recobrado, contrarrestan con creces el vacío que quedó entre los atriles, las aulas y los distintos lugares de la cuidad.

Entre los treinta y ocho músicos que compartirán complicidad en las ocho agrupaciones de música cámara que participarán en el concierto, entrevistamos al trío formado por el violista Alvaro García Ros, el violonchelista Pedro Fernández Millán y el pianista Lázaro Fernández Millán que interpretarán el primer movimiento del Trío para viola, violonchelo y piano en La menor op 114 de Johannes Brahms.

Lázaro comenta que decidieron interpretar este trío “por su carga emocional y por lo que técnicamente aporta la música de Brahms”. Seguidamente nos aclara que fue compuesto originalmente para clarinete, chelo y piano, y que “la adaptación a viola contiene muchos pasajes poco naturales, por así decirlo, para este instrumento”.

Afortunadamente, a pesar de las dudas que les generó decidirse por esta obra dadas las dificultades técnicas e interpretativas que exige, estos tres músicos nos presentarán este movimiento tras muchas horas de estudio individual y de trabajo en conjunto: “Hemos tratado esta obra con mucho respeto. En los ensayos intentamos empastar nuestro sonido, trabajar los balances y las entradas de cada instrumento. Este último aspecto es muy difícil porque el estilo brahmsiano exige retrasar el tiempo fuerte al débil y descolocar la nota síncopa de su lugar natural”.

Aunque parezca que todo esto es fácil para un músico con un buen metrónomo, la música de cámara requiere de mucha compenetración y equilibrio. Sólo así se puede transmitir la música de una forma fidedigna: “Procuramos también destacar la entrada de los motivos principales en los pasajes de contrapunto en los que se expresan al mismo tiempo distintas voces”.

Como les comentaba al principio, Con el músico amigo es un concierto único en el sentido de que participan intérpretes profesionales (profesores de la OSRM y del Conservatorio), alumnos y músicos amateurs que preparan de forma concienzuda una pieza del programa para rendir homenaje a estos cuatro músicos. El concierto finaliza con una obra tocada por todos los músicos y dirigida por la profesora Teresa Manzanero Barrachina.

Espero que disfruten de este concierto y de una Semana Mozart llena de buena música.

Para terminar, les recuerdo la bella frase del poema de Fiedrich Rückert: “A menudo pienso que sólo han ido a dar un paseo. Los alcanzaremos en aquellas alturas, donde da el sol” .

 

Lunes 23 de enero, 20h. Aula Cultural de Cajamurcia en Gran Vía. Concierto Con el músico amigo. Entrada libre hasta completar aforo. 

 

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Dimensión sobrenatural
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Carlos Escobar | 15-01-2017 | 12:09| 0

La llegada de un foráneo a una comunidad cualquiera siempre tiene un efecto inicial perturbador y es uno de los grandes temas dramáticos de la Humanidad. Richard Wagner en su ópera El holandés errante nos muestra como la llegada de un extraño altera el equilibrio de una tranquila localidad de la costa de Noruega donde afloran una serie de conflictos latentes. El compositor alemán nos muestra esta particular situación en un mundo un tanto mítico para que entendamos que esta desorganización puede ocurrir en cualquier sociedad.

Con motivo de la versión semiescenificada que la Orquesta de Valencia y el Coro de la Generalitat dirigidos por Yaron Traub ofrecen este fin de semana en el Palau de la Música de Valencia, vamos a analizar brevemente uno de los fragmentos más célebres de esta partitura en el que precisamente canta el barítono murciano José Antonio López en el papel principal.

En el segundo acto de esta ópera, Wagner introduce un gran duo de amor con el texto Wie aus der ferne (Desde la lejanía de otros tiempos) con los monólogos de El holandés, un marino condenado a navegar eternamente, y Senta, una lugareña soñadora hastiada de su simple existencia. Los dos personajes quedan absortos desde que se ven en carne y hueso y al cruzar sus miradas se reconocen como el objeto de sus respectivos sueños.

Lo que Wagner hace con la música es fantástico. Lleva a los dos personajes desde una situación inicial de distanciamiento hacia el éxtasis derivado de la conexión sobrenatural y todo ello en los límites de la realidad. El holandés y Senta son seres que anhelan en demasía lo que no les corresponde. Senta ha mitificado al personaje de El holandés y éste a su vez busca en ella la salvación al precio que sea necesario. Hay que aclarar que el enigmático capitán del buque fantasma arrastra una maldición por la que debe errar sin destino por los siete mares hasta que encuentre una mujer que le sea fiel hasta la muerte, la única posibilidad que tiene para redimirse.

En el vídeo adjunto pueden disfruten del poder de la naturaleza de estos personajes con este famoso pasaje operístico iniciado con una declamación a media voz típicamente wagneriana que comienza sin acompañamiento orquestal. Es especialmente bello el fragmento en el que Senta canta y El holandés le acompaña con una conmovedora contramelodía (a partir de 4:00). Inmersos en la música de Wagner, estos seres se mantienen embelesados en un sueño que poco a poco acelera sus estados de ánimo.

En definitiva, estamos ante un magnifico ejemplo de insatisfacción y de intentar escapar de la realidad que refleja lo complicada que es la naturaleza de la psique humana.

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