La Verdad

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Autor: Carlos Escobar
Rescate intramuros
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Carlos Escobar | 18-11-2017 | 6:57| 0

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Cada día se descubren más partituras antiguas escritas desde la Edad Media hasta el Barroco. Fueron muchos los hombres y mujeres que en ese periodo elevaron la composición a la categoría de arte y que, sin embargo, no han tenido la relevancia de otros músicos del mismo nivel.

Un caso particular es el de las monjas compositoras de los conventos de la Europa medieval y renacentista. En esa época, la única manera que tenía una mujer de evitar un matrimonio no deseado, era tomar los hábitos religiosos e integrarse en la vida conventual. Las novicias recibían una sólida formación cultural en el que la música tenía especial protagonismo, lo que les permitía participar en la liturgia como intérpretes e incluso más tarde como compositoras de obras musicales.

A finales de 2009, la doctora en Musicología María Ángeles Zapata funda el grupo vocal femenino DeMusica Ensemble, dedicado al repertorio antiguo y con un reconocido nivel artístico refrendado con un primer premio en la categoría de Agrupación Vocal Camerística del IX Concurso Nacional de Música de Cámara Francisco Salzillo.

DeMusica Ensemble toma el nombre del tratado homónimo de San Agustín del siglo IV sobre diálogos de inspiración neoplatónica que influyeron marcadamente en los compositores del Renacimiento, por su concepción liberal de la música.

Esta agrupación vocal fue noticia en 2016 por la cuidada edición del disco O Clarissima Mater con obras antiguas escritas por monjas europeas y grabadas en la Iglesia de San Sebastián de Ricote (Murcia). María Ángeles nos cuenta que: “La música de estas compositoras tiene, entre otras cualidades, la originalidad de estar fuera de los requerimientos estéticos de la época. Se trata de piezas de gran calidad, belleza y espiritualidad que estaban pensadas para la liturgia de los conventos”.

Para esta musicóloga, las voces blancas de DeMusica Ensemble abarcan obras compuestas y/o adaptadas específicas de este tipo vocal para explorar nuevas interpretaciones dentro del panorama musical: “Nuestra finalidad es investigar, interpretar, difundir y promocionar la música compuesta e interpretada por mujeres y que sean reconocidas en el ámbito musical y cultural”.
Las voces de la agrupación son Susana Almazán (Cantus I), Eva Sánchez (Cantus I), Susanna Vardanyan (Cantus II), Rocío Ruiz (Cantus II), la propia Mª Ángeles Zapata (Altus I), Susi Gálvez (Altus II) y Nuria Díez (Altus II) acompañadas por Javier Sáez (Órgano) y Lorenzo Cutillas (Viola de arco). Este conjunto interpreta música compuesta por monjas de conventos femeninos europeos y afirman que O Clarissima Mater “es el fruto de años de investigación alrededor del patrimonio musical de estas mujeres, dejando de lado el repertorio profano que tenemos en mente para futuros trabajos discográficos. Las partituras las hemos ido encontrando en diferentes fuentes, manuscritas, realizando transcripciones y en editoriales especializadas de música de compositoras”.

O Clarisima Mater es el también el título de uno de los responsorios incluidos en el CD escrito por la monja alemana Hildegard von Bingen, conocida como la Sibila del Rhin. La directora de DeMusica Ensemble nos explica que “es un homenaje a su compositora, una figura extraordinaria y una mujer pionera del siglo XII, con una vasta producción musical, como literaria y científica”.

He tenido la oportunidad de escuchar este disco con atención y se los recomiendo. Disfrutarán de una música de calidad, muy bien grabada e ideal para retrotraernos en el tiempo durante las tardes de invierno.

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Secretos de estilo
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Carlos Escobar | 12-11-2017 | 1:05| 0

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Haydn y Mozart fueron dos compositores que se admiraban mutuamente. Era muy habitual que uno escuchara la música del otro y que, basándose ambos en esta experiencia, elaborasen ese lenguaje musical tan propio del Clasicismo.

A lo largo del fin de semana, la Orquesta de la Universidad de Murcia desarrolla un programa de música clásica centrado en obras de los dos maestros austríacos dirigido por Lorenzo Coppola (Roma, 1975), profesor de clarinete histórico de la Escuela Superior de Música de Cataluña y clarinetista de la Orquesta Barroca de Friburgo.

Para él, existe una clara relación entre el estilo clásico y el de la ópera bufa que tanto entusiasmó a la burguesía y a la sociedad europea en general, a partir de 1750: “Después del estreno de La serva padrona de Pergolesi, todos los maestros y, en especial los italianos, se orientan hacia esta forma de composición popular, lo que tuvo una influencia en Haydn y Mozart”.

Para Coppola, hay una clara influencia de la ópera en la música instrumental de este periodo, que incorpora muchos códigos de la música teatral: “Se produce un intento por parte de la música instrumental de dramatizar y crear personajes o diálogos”.

A principios del siglo XX, los músicos empiezan a darse cuenta de lo que se habían alejado estilísticamente de la música barroca y renacentista y esto suscitó la curiosidad por imaginar como había sonado la música antigua, nos cuenta Lorenzo Coppola: “A partir de los años setenta y ochenta, muchos músicos se sienten insatisfechos de cómo se interpreta la música del Barroco y del Renacimiento, que apenas se estudia en los conservatorios o se programa en los conciertos”. Para el profesor italiano, la música antigua es una actitud y un punto de vista sobre el arte. Así, se reacciona a la tendencia de tocar todo de la misma manera y “se intenta profundizar en el conocimiento del estilo y la percepción de las emociones a través de buscar los extremos y los contrastes. El tocar con instrumentos históricos con técnicas antiguas, fraseos, actitudes y sonidos, supone un punto de vista más rico e interesante”.

Para Coppola, trabajar con la Orquesta de la Universidad de Murcia permite que sus músicos profundicen en el conocimiento de la música antigua, situando cada obra en su contexto histórico: “Esto supone ampliar los límites y disfrutar más. Tienen que conocer el contexto histórico, los recursos que tenían los compositores, el tipo de teatralidad o puesta en escena que se hacía y tocar sin director de orquesta, como ocurría en esa época. Comprender la complejidad de una obra permite acceder a un mundo emocional desconocido”.

Si queremos que la música clásica recupere su papel primordial en la vida cultural de una sociedad, hay que descubrir los secretos del estilo, según Coppola: “Se trata de analizar como funciona el contraste dinámico, de articulación, de métrica y como se declama el texto. Para Haydn, el estilo clásico es una conversación entre personas que hablan de manera educada y culta”.
En definitiva, el profesor Coppola anima a los músicos universitarios a lograr que el público vuelva a casa con una comprensión tan intuitiva como intelectual de las piezas que se interpretarán. Solo así, lograrán que la música clásica proporcione emociones y sea una prioridad en la vida del oyente.

 

Domingo 12 de noviembre, 20 horas. Claustro del Museo de la Ciudad de Mula.

Lunes 13 de noviembre, 20 horas. Auditorio del Centro Cultural “Puertas de Castilla” de Murcia.

Programa: Mozart y Haydn. La Ópera sin palabras. Concierto para oboe en Do Mayor K.314 de Mozart y Sinfonía nº 98 de Haydn. Orquesta de la Universidad de Murcia. Lourdes Vigueras (oboe). Lorenzo Coppola (profesor de orquesta). Entrada libre hasta completar aforo

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Artistas en conserva
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Carlos Escobar | 09-11-2017 | 10:50| 0

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Uno de los proyectos culturales más originales y atractivos que se están desarrollando en la región y que, en unas semanas, se expandirá al resto de España, es el liderado por La Tempestad, la agrupación camerística de intérpretes expertos en música antigua afincada en nuestra tierra.

El proyecto se llama Elconservatorio.es y tiene su origen en una idea que a la directora y clavecinista Silvia Marquez le ronda por la cabeza desde hace tiempo. En Murcia, esta iniciativa constará de 3 conciertos ideados para desterrar la visión elitista de la música clásica y crear un ambiente distendido y cercano.

Cada evento se ha programado con obras musicales de La Tempestad entre las que sus músicos insertarán historias y anécdotas vividas en primera persona. Además, al final, los asistentes podrán degustar productos en conserva que los intérpretes han descubierto en sus giras internacionales.

Silvia Márquez nos cuenta que el público podrá hablar con el músico al terminar el concierto: “Para nosotros es algo muy necesario por dos razones: hace tiempo que sufrimos la etiqueta del elitismo en la música clásica y que el escenario se convierta en una barrera entre el auditorio y el artista; por otra parte, vemos con tristeza como la cultura general en este arte es cada vez menor, a pesar de que la música es un lenguaje universal ideal para trasmitir emociones. Pero la música necesita de la palabra para explicar  los orígenes, las razones, la forma o muchas historias relacionadas con ella y que hace que la gente, de repente, descubra un mundo nuevo. Creo que encontraremos un formato para que todos, músico y público, se sientan cómodos”.

La degustación post-concierto es algo muy interesante y le pido a Silvia que nos explique mejor en que va a consistir: “El concepto es precisamente el juego de palabras conservatorio/conserva. La parte gastronómica se basa en alimentos que se puedan conservar y que nos hemos traído de vuelta tras nuestros conciertos en otras regiones o países”. La clavecinista, continúa diciendo que la riqueza de procesos y técnicas de conservación y la calidad de muchos alimentos hacen posible hoy en día el preparar una exquisita cena sin necesidad de cocina.

La base del tercer elemento del proyecto son las historias: “Los músicos contamos lo que hay más allá del escenario, cómo preparamos los programas, dónde los hemos interpretado, de dónde venimos, qué hemos probado allí y cuáles son las costumbres gastronómicas… incluso alguna receta…” aclara Silvia.

Cuando se combina música y eventos, existe el riesgo de que un ambiente distendido de degustación distraiga la atención sobre la interpretación musical. La Tempestad tiene la idea de dirigir el interés hacia donde se requiera según el momento: “Cuando suene la música, ésta será lo principal, porque habremos hablado de ella antes y después, siguiendo un guión para cada velada.”

Silvia adelanta que después de la música vendrá una cena de pie, al estilo walking dinner, como dicen los belgas, de manera que se propicie el movimiento y la charla, y que en ciertos momentos los músicos hablen de algunos productos seleccionados. Márquez afirma que: “En ningún momento se concibe el típico evento con música de fondo. Ofrecemos una experiencia que hay que vivir. Pretendemos fomentar la escucha activa del público en todo momento, mediante comentarios interesantes según un guión establecido.”

El proyecto Elconservatorio.es es una más de las actividades de La tempestad que fue planteada a Factoría Cultural con un concepto muy concreto. Una vez seleccionado como uno de los proyectos residentes con beca, el objetivo era llevarlo al terreno empresarial y familiarizarse con aspectos de importancia como la definición, las marcas, las patentes, la internacionalización, el marketing, la financiación, los presupuestos  y todo aquello en lo que el artista no suele pensar: “En definitiva, se trata de convertir las ideas relacionadas con el arte y la cultura en algo viable”. 

Si quieren disfrutar de una velada con buena música, intrigantes anécdotas y una cena llena de sorpresas, les animo a que se matriculen en este conservatorio tan original.

 

Domingo 12 de noviembre, 19:30 horas. Local La Sala de Algezares. Música veneziana de los siglos XVII y XVIII con sabores argentinos. Guillermo Turina (violonchelo barroco).

Domingo 3 de diciembre, 19:30 horas. Local La Sala de Algezares. Chaconas para tecla siglos XVI-XX con sabores de Cñadiz y Segovia. Silvia Márquez (clavicémbalo).

Domingo 17 de diciembre, 19:30 horas. Local La Sala de Algezares. Sonatas para traverso y clave de la Europa del siglo XVIII con sabores de los países bajos. Guillermo Peñalver (traverso).

Información en la página web www.elconservatorio.es.

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Cuerdas escondidas
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Carlos Escobar | 04-11-2017 | 11:55| 0

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Ser un viejo laúd me ha permitido haber vivido infinidad de aventuras con los muchos propietarios que tuve. Uno de mis dueños más interesantes fue Domingo Ferrer, un rico y culto terrateniente murciano con una especial pasión por el laúd. De forma inexplicable y a pesar de que Domingo no era un hombre tacaño, el día que me compró a un anticuario decidió no sustituir el viejo estuche donde me alojaba y esto a la larga me permitió ver mucho mundo a través de los agujeros de la tela de mi funda.
Cada vez que Ferrer y yo íbamos de viaje a Madrid, visitábamos el Museo del Prado con la premisa de ver cada vez sólo seis pinturas. Una de ellas era de obligada contemplación por ser la preferida de mi dueño. Las otras cinco eran cuidadosamente seleccionadas por él en cada ocasión, con el fin de contemplarlas con absoluta tranquilidad. Domingo repetía esta pauta de manera sistemática, con independencia de si nos acompañaba alguien o no. Para él, ésta era la única forma de admirar con detalle las obras de arte expuestas en el edificio Villanueva.
El Museo Nacional del Prado había abierto al público cincuenta años antes de mi primera visita de la mano de Ferrer. Desde entonces sentí una progresiva admiración por las pinturas que poco a poco me hizo descubrir mi cultivado dueño. Se dice que los perros acaban pareciéndose a sus amos y, con el paso del tiempo, me sentí un laúd afortunado por tener la oportunidad de pasear por las estancias de la pinacoteca y regresar a la sala de pintura flamenca donde estaba nuestro admirado cuadro.
Nunca supe que significaba “La alegoría del oído” para Domingo Ferrer, pero gracias a él me enamoré perdidamente de esa obra de arte. Desde la primera impresión que tuve al contemplarlo, añoré ser ese laúd que tañía la ninfa que aparecía girada hacia el espectador con esa gracia tan lograda por Rubens y Brueghel “el Viejo”, coautores del cuadro. La pintura representaba el deleite experimentado al tocar música al tiempo que se cantaba. En el lienzo no faltaban campanillas de mano, relojes, trompas, trompetas, cascabeles, violas da gamba, violines, flautas, liras, chirimías y claves que rodeaban la desnudez de Venus que aparecía acompañada de un amorcillo. Ferrer se sobrecogía contemplando los tres laudes del cuadro: el de la ninfa, el más pequeño y de tesitura aguda con siete cuerdas que estaba situado en la parte inferior del cuadro y un tercero sobre la mesa del fondo donde unos personajes cantaban e interpretaban música.
Estas historias sobre El Prado son hoy día motivo frecuente de conversación con otros instrumentos de cuerda. Entre los que más coincido últimamente, están los cuatro que pertenecen a Gabriel Lauret, Enrique Vidal y los hermanos Diego y Pedro Sanz, miembros del Cuarteto Saravasti. Aunque estos amigos de tan buena madera suelen participar en conciertos profesionales de música de cámara, con cierta frecuencia disfrutamos de momentos entrañables en las schubertiadas privadas a las que nuestros dueños son regularmente invitados. En estas veladas musicales, una vez terminado el concierto doméstico, los instrumentos solemos quedarnos aparcados en alguna estancia de la casa al tiempo que tiene lugar el animado y, si me lo permiten, ruidoso ágape que sigue a la música. Son precisamente estos ratos aislados de los humanos en los que normalmente los instrumentos aprovechamos para hablar de nuestras cosas e intercambiar cotilleos y vivencias.
Los Saravasti, que es como llamo a mis cuatro hermanos de cuerda, fueron precisamente los primeros instrumentos que han participado en un concierto dentro del Museo del Prado, concretamente en la sala XII dedicada a Velázquez. Esto sucedió el lunes veinte de noviembre de 2006 con motivo de la celebración del 250 aniversario del nacimiento de Mozart. Imaginen ustedes lo que se debe de sentir al crear música frente a Las Meninas y que ésta difunda a las salas contiguas y alcance los oídos de Baco, Apolo, Vulcano o del mismo Cristo Crucificado. Según me contaron los Saravasti, la iniciativa de organizar un concierto abierto al público surgió de la Asociación de Amigos del Museo del Prado. El destino quiso que en tan señalado año Mozart, el salón de actos del museo estuviese en obras, por lo que el acto solo podía celebrarse dentro del propio edificio Villanueva.
Aquella mañana de otoño, sin público y bajo estrictas medidas de seguridad, mis cuatro amigos y sus dueños músicos ensayaron los cuartetos del genio de Salzburgo que luego tocarían en el programa. Me encanta oírles expresar la emoción que sintieron emitiendo sonidos musicales con tanta intimidad en la emblemática sala de Las Meninas. Horas más tarde, durante la actuación, los cuatro estarían rodeados del público que aguardó expectante durante horas en la Puerta de Velázquez. Esa noche, la pinacoteca registró un lleno absoluto y fueron muchas las personas que no pudieron entrar al concierto.
La velada musical fue un éxito por la calidad de los intérpretes y de los instrumentos, así como por las circunstancias de excepción que se dieron en torno al mismo. Los periodistas acreditados no tardaron en transmitir con justicia la excelente interpretación del Cuarteto Saravasti, cuyos miembros volvieron al hotel completamente satisfechos de haber vivido una experiencia tan seductora. Aquella inolvidable noche, el sueño de los músicos se vio fragmentado por la emoción, los recuerdos de la histórica jornada y los comentarios llenos de agradecimiento del selecto público.
Cuando Gabriel Lauret despertó a la mañana siguiente, sintió la necesidad de acariciar su violín para agradecerle su excelente comportamiento en el concierto. Al abrir el estuche, se sobresaltó al ver que el violín no estaba en su sitio y, preso de una terrible angustia y el consiguiente bloqueo mental, fue incapaz de recordar en qué momento lo guardó en su estuche tras el concierto o si se había separado un instante de él. De lo que sí estaba seguro es que, al llegar a la habitación, cerró la puerta con llave y que nadie había podido entrar en ella. La única explicación de la desaparición del violín era que alguien lo hubiese cogido dentro del museo aprovechando un pequeño descuido después del recital.
Dos horas más tarde, se recibió en el hotel una llamada del museo. El violín había aparecido. Habían registrado como locos sin ningun éxito una la sala de Las Meninas y las estancias anexas. El personal de seguridad aseguraba que con el protocolo aplicado antes, durante y después del concierto era imposible que alguien, aparte de los propios músicos, hubiese sacado ningún instrumento del edificio. Por fortuna, a un empleado del museo se le ocurrió buscar el violín en la sala XIV de pintura flamenca, justo delante del cuadro “La Alegoría del oído” de Rubens y Brueghel “el Viejo”.

 

Este relato es un modesto homenaje al XX Aniversario del Cuarteto Saravasti y a la noche que interpretaron música de cámara en la sala de Las Meninas del Museo del Prado

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Canto a Narciso
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Carlos Escobar | 01-11-2017 | 8:48| 0

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Uno de los seres vivos más intrigantes que aparece en algunos textos literarios sobre los que se ha escrito música es la alondra, una especie de ave que cohabita con nosotros y de un canto tan original como bello e intrigante. El trino musical que la alondra emite mientras vuela, nos alerta de su presencia antes de que la visualicemos y se ha asociado en la mística literaria con ideas de libertad, inspiración y alegría.
La alondra, que vive en los grandes terrenos de cultivo y en el campo abierto, tiene hoy dia la consideración de ave de interés especial. Quizás por ello, Franz Joseph Haydn (1732-1809) escribió un cuarteto llamado así en el que compuso un tema muy singular para la voz del primer violín y que el Cuarteto Saravasti interpretará en su homenaje a Narciso Yepes, nuestro músico universal nacido en Lorca.
El cuarteto La alondra de Haydn es probablemente el más interpretado del compositor austríaco y está incluido con el número 5 en el cuaderno opus 64 como nos explica Gabriel Lauret, violinista del Cuarteto Saravasti: “El cuarteto en Re mayor, Op. 64 nº 5 La alondra forma parte de los cuartetos Tost, como todos los de los opus 54, 55 y 64, ya que el violinista Johann Tost fue su destinatario”.
El tema de la alondra que canta el primer violín en el movimiento inicial Allegro moderato aparece tras una introducción de 7 compases de los otros tres instrumentos, donde alternan notas cortas con un carácter de marcha en el segundo violín y viola, contestadas por el violonchelo, según nos cuenta Lauret: “Sobre este ritmo surge el canto del violín sobre la primera cuerda lo que conlleva unos pequeños portamentos”. (Hay que aclarar que un portamento es el cambio del tono o frecuencia de un sonido sin que se produzca discontinuidad en el mismo).
Haydn cuando escribe La alondra es el mejor compositor en Europa y lo demuestra variando el tema principal de este célebre movimiento. Gabi nos lo explica asi: “La segunda vez que aparece el tema (o la tercera, si se realiza las repetición escrita por Haydn) es en el desarrollo, esta vez en la tonalidad de sol mayor. Ahora, la introducción se reduce a un único compás y con la entrada del tema el acompañamiento se transforma de forma sutil, ya que las notas picadas se hacen ligadas. El efecto es enorme, con una sensación más distendida y de mayor lirismo”.
Lauret ha analizado con detalle la edición inglesa de esta pieza y nos descubre el enorme sentido del humor del compositor en su juego con el oyente: “Me he dado cuenta de que en la exposición y en la reexposición del tema, éste va dos veces suelto y la última ligado, mientras que en el desarrollo aparece en dos ocasiones ligado y en otra suelto”.
Haydn vuelve al tema de La alondra dos veces más. Primero en la reexposición, de una manera muy similar al comienzo, con una transición al unísono de tresillos que conduce al acompañamiento rítmico inicial: “Esto tiene un efecto muy similar, pero Haydn le saca más partido esta vez ya que genera gran expectativa al oyente con una cadencia sobre la dominante y, tras una pausa, introduce el tema con un acompañamiento mucho más animado del resto de instrumentos, lo que crea un carácter optimista y festivo”.
Además de disfrutar de La alondra, el concierto del Cuarteto Saravasti incluye la interpretación de tres quintetos de guitarra de Boccherini en los que el arte de Carmen María Ros se unirá a los ocho brazos de la diosa hindú para rendir un merecido tributo al célebre guitarrista Narciso Yepes.
¿Realmente, existe una manera mejor de celebrar San Carlos?

 

Sábado 4 de noviembre, 20 horas. Cuarteto de cuerda en Re mayor Op.64 nº5 “La Alondra” de Haydn. Quintetos con guitarra nº 4, 7 y 9 de Boccherini. Cuarteto Saravasti y Carmen María Ros (guitarra). Precio 12 euros con reducción para estudiantes.

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