La Verdad

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Autor: Carlos Escobar
¿Y esa pulsera?
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Carlos Escobar | 30-08-2017 | 11:29| 0

Murcia en septiembre recupera su actividad y se rejuvenece. La calle se llena de jóvenes bronceados que lucen en sus muñecas preciados recuerdos en tela multicolor que, anudados a modo de trofeos, certifican que han asistido a los festivales de música más importantes del momento. Realmente, estos macrofestivales constituyen un fenómeno social de primera magnitud, creciendo cada vez más el número de ellos y el número de asistentes a los mismos, a pesar de la contrariedad que genera privarse de las rutinarias comodidades que tenemos en casa.

Básicamente, un festival de música es un evento de varios días, organizado por particulares, con el beneplácito del ayuntamiento de la localidad donde se celebra y en los que personas que no se conocían de nada por ser de distinta procedencia y condición socioeconómica, se agrupan para escuchar música en torno a un sentimiento cordial, cooperativo y colectivo.

Alguien podría pensar que nos estamos refiriendo a un fenómeno sociocultural reciente, cuando el primer festival con idénticas características tuvo lugar en Thuringia el 20 y 21 de junio de 1810, tal y como refiere Mark Evan Bonds en La música como pensamiento (Acantilado, 2014), libro que comentamos en el pasado post de Música Inesperada. Hablábamos entonces que en la Alemania del siglo XIX, la sinfonía era el paradigma de la armonía social, lo cual explicaría que interpretarla en directo favorecería la interacción entre músicos y público al tiempo que el oyente se sentiría “respaldado por la sociedad”, en palabras del filósofo Theodor W. Adorno.

Los alemanes de la época estaban tan atraídos por el mundo clásico griego que también fundamentaron el valor de su fuerza en su patrimonio cultural. Así, el hecho de congregarse en un festival a escuchar música, durante dos o tres días con otros desconocidos venidos de distintos puntos y compartir un repertorio típico alemán compuesto por sinfonías y oratorios, era una propuesta demasiado tentadora.

En los primeros festivales, la mayoría de los músicos eran personas aficionadas que se dedicaban a otra profesión, lo cual no suponía ningún inconveniente, pues pesaba más la vertiente social del evento que la calidad de la interpretación musical. Los organizadores, como cuenta Bonds en su libro, eran normalmente comités cívicos compuestos por particulares sin intención de lucro. Por otro lado, las autoridades permitían la celebración de estos festivales por su aparente carácter artístico y apolítico, aunque entre los asistentes emanasen los anhelados sentimientos comunitarios y las aspiraciones socio-políticas que constituían el denominado sueño alemán.

Treinta años más tarde, en los festivales empezó a valorarse más lo musical y se contrataron músicos profesionales pensando también en los beneficios económicos que esto reportaría. Estos eventos se extendieron por todo el país y cada vez tenían más poder de convocatoria, de forma que en el de Colonia llegaron a reunirse más de 1500 asistentes.

Posteriormente, los festivales de música clásica se extendieron también a otros géneros musicales como el pop, jazz, rock y otros de tipo electrónico, de forma que gracias a Beethoven, hoy día nuestros hijos portan con orgullo unas singulares pulseras.

 

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Sinfonía y sociedad
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Carlos Escobar | 24-08-2017 | 1:47| 0

A comienzos del siglo XIX aparece una nueva manera de escuchar la música instrumental que, al no estar vinculada a un texto, queda liberada de las limitaciones del lenguaje. Esta interesante perspectiva con la que cambia la historia de la música es el tema sobre el que el profesor de Musicología estadounidense Mark Evan Bonds escribe su libro La música como pensamiento (Acantilado, 2014).

El texto de Bonds tiene muchos aspectos interesantes relacionados con la historia, la filosofía y la política del siglo XIX, pero quizás, la idea más atractiva es la de considerar la educación musical como algo básico y la sinfonía como el orden social ideal. Ya Richard Wagner decía que la sinfonía es una forma de expresión de la voz de la comunidad, donde los profesores de la orquesta participan en igualdad de condiciones para crear un coro que exprese el sentimiento de la multitud. Este concepto va ligado a otro que considera la armonía como una condición necesaria en el seno de la sociedad.

En cierto modo, y siguiendo los comentarios de los distintos autores que citan en el libro, la obligación de un individuo en una sociedad sería lograr el máximo nivel de realización posible al tiempo que la sociedad debe protegerlo y proporcionarle lo que le corresponda. En una orquesta sinfónica, los músicos deberían de superar un largo proceso de formación y especialización para tener la capacidad de contribuir al conjunto.

Esta simbiosis entre sinfonía y sociedad estaría favorecida por el hecho de que la música atrae a todas las clases sociales porque es comprensible para todos. La idea de que sólo con un suficiente grado de instrucción y auto realización personal, el individuo formaría parte del círculo de la alegría (la sociedad armoniosa) aparece en el movimiento final de la Novena Sinfonía de Beethoven.

 

Aquel a que la suerte ha concedido
una amistad verdadera.

Quien haya conquistado a una hermosa mujer
¡una su júbilo al nuestro!

Aún aquel que pueda llamar suya
siquiera a un alma sobre la tierra.

Más quien ni siquiera esto haya logrado,
¡que se aleje llorando de esta hermandad!

Adaptación no literal sobre la “Oda a la Alegría” de F. Schiller.

Hay que tener en cuenta que la Novena Sinfonía debe considerarse como instrumental, ya que el maestro alemán incluye un coro cuyas voces no acompañan a la orquesta, sino que se comporta como un instrumento más de la misma.

Hay que decir también que los integrantes de la sociedad que no alcanzasen el grado de especialización requerido, no serían rechazados por ésta, simplemente se les consideraría que de momento no estarían capacitados. Una orquesta sinfónica sería un conjunto conexionado por fuertes vínculos y donde cada individuo sacrificaría la parte que no encajase en el conjunto para conseguir la idea de un sólo espíritu. Dicho de otro modo, nada quedaría al azar para que una orquesta funcione bien.

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Voces emergentes
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Carlos Escobar | 17-08-2017 | 2:41| 0

Cantoría en el Festival de MA de Brujas. Foto de Mario Leko.

Cantoría en el Festival de MA de Brujas. Foto de Mario Leko.

 

Europa es el continente con más relevancia en la historia de la música. La cultura vinculada a nuestros orígenes nos hace ser personas más dignas y más bellas intelectualmente. Por ello, es muy importante que la juventud se interese por la literatura, la música, el arte y el humanismo, al tiempo que crece y ocupa su lugar dentro de la sociedad.

Cantoría, el ensemble vocal con D.O. murciana, continua su gira internacional en Amberes (Antwerp), donde tiene lugar el famoso Festival de Música Antigua IYAP 2017 (International Young Artist´s Presentation 2017). En este evento, Cantoría es una de las ocho agrupaciones europeas que han sido seleccionadas para participar en intensivas masterclass y para actuar en históricos edificios de la ciudad belga.

Este festival está organizado por AMUZ, un centro internacional de música fundado con los criterios de la interpretación históricamente informada, con la intención de mostrar los estilos musicales y culturas de cada periodo a una cada vez más amplia audiencia. Para ello, AMUZ ha reformado la antigua iglesia de San Agustín de Amberes, dotándola de la tecnología y acústica de las modernas salas de concierto.

El contratenor Samuel Tapia y el bajo Valentín Miralles son dos de los integrantes de Cantoría que comparten hoy con nosotros sus sensaciones como intérpretes en los festivales de Brujas, Amberes y Utrecht, la localidad holandesa que será la próxima estación en la gira. Estos interesantes músicos tienen una rica y variada trayectoria coral junto a una sólida determinación por profundizar en el canto histórico, lo que les ha llevado a la ESMUC de Barcelona, donde son compañeros de estudios.

Valentín es un joven murciano que ha estudiado piano, violín y canto. Nos cuenta que cada uno de los festivales en los que están participando tiene una filosofía distinta para seleccionar a los grupos participantes y establecer su cometido. En general, cada uno de los ensembles invitados tiene la oportunidad escuchar y conocer al menos a diez de los grupos que actúan en la misma jornada: “Probablemente, la propuesta más enriquecedora e interesante sea el IYAP, en la que convivimos durante cinco días con otros ocho ensembles, a la vez que recibimos masterclass con Raquel Andueza y Peter Van Heyghen y ofrecemos cuatro conciertos en la ciudad de Amberes”.

El tinerfeño Samuel, que también estudió violín antes de canto, aclara que cada época y estilo musical posee sus características e interpretaciones propias: “Una vez te familiarizas con las sonoridades, las ornamentaciones y fraseos propios de la época, es fácil apreciar cuando las voces de un ensemble se aproximan al contexto histórico”.

El instrumento más apreciado a lo largo del tiempo ha sido la voz y, de hecho, siempre se intenta imitarla en la música instrumental. Según Samuel Tapia, “La voz conecta directamente con el ser humano, aunque es posible expresar con instrumentos las mismas emociones que con ella. Aún así, la voz es para mí el instrumento más especial por cómo llega al alma. Es un gran misterio comprobar como la voz de cada persona tiene su propio y especial color.”

Valentin Miralles y Samuel Tapia nos explican que el programa que han elegido para los festivales de Brujas, Amberes y Utrech se basa en músicas profanas del siglo de oro español: “El contenido general gira sobre diversos romances e historias, normalmente protagonizados por un personaje femenino. El papel que deben jugar las voces, como consecuencia de esto, guarda una estrecha relación con el texto. Tanto la música y el teatro van a la par”.

El siguiente objetivo de Cantoría es lograr una plaza en el programa EEEMERGING (ensembles europeos emergentes), una programa similar al Eramus universitario que intenta facilitar la formación de los jóvenes interesados en la música antigua, probablemente uno de los legados más importantes que tenemos los europeos.

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La espontánea libertad
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Carlos Escobar | 07-08-2017 | 12:04| 0

Foto de Miguel Martínez Sánchez

 

Todavía retenemos en la corteza cerebral auditiva las melodías del pasado Festival Internacional de Música Antigua de Sierra Espuña y uno de los grupos residentes del evento vuelve a escena en una gira europea. El cuarteto vocal Cantoría, nacido hace un año en torno a la Torre del Homenaje de Aledo y dirigido por Jorge Losana va a participar en tres festivales internacionales por los Países Bajos.

Cantoría está formado por el propio Jorge Losana (tenor y director), por Valentín Miralles (bajo), por Samuel Tapia (contratenor) y por la soprano Inés Alonso, nuestra invitada de hoy en Música Inesperada.

Nacida en el San Lorenzo del Escorial, esta joven de 21 años obtuvo en esta localidad madrileña el Grado Profesional de Violonchelo e inmediatamente inicia estudios de Canto con la soprano Carolina Alcaide, con la que descubre una nueva forma de entender la música. Resulta curioso que Inés sea una soprano dedicada a la música antigua cuando viene de un instrumento tan propio del Romanticismo: “Cantando me siento libre. El chelo era para mí un intermediario que me impedía expresarme con libertad. Con la voz descubrí que podía hacer todo lo que con mi instrumento no lograba, quizás por falta de motivación y de técnica”. 

Desde hace tres años, Inés Alonso se incorpora como soprano en Zenobia Scholars, grupo dirigido por Rupert Damerell, participando en seminarios impartidos por artistas consolidados como Peter Phillips, David Skinner o Stephen Cleoubury y actuando en ciudades como Cambridge, Londres y Roma, así como en dos ediciones de la Semana Internacional de Canto de Ávila.

En 2016 nace Cantoría, un ensemble vocal con mucha actividad y muy fiel a una filosofía: “Tratamos de recuperar la esencia de lo español y revivir nuestra música del pasado con su carácter propio. Desde un punto de vista artístico, lo que más valoro es el cuidado y el rigor con el que vamos construyendo Cantoría, sin renunciar en ningún momento a la espontaneidad”.

Las tres voces masculinas que completan Cantoría son básicas para esta joven soprano: “Cuando formas parte de un ensemble vocal lo que esperas de tus compañeros es que proporcionen una base sólida y fiable sobre la que pueda interpretar con total libertad”.

Inés Alonso ingresa en 2015 en la Escuela Superior de Música de Cataluña el Grado en Canto Histórico con la soprano Marta Almajano. Esto le permite al mismo tiempo recibir clases de profesores de prestigio y montar obras como el Stabat Mater de Pergolesi en distintas localidades catalanas o la Cantata 147 de J.S. Bach en el Festival Bach de Cartagena, bajo la dirección de Jorge Losana. La visión de futuro de esta cantante madrileña es tan atractiva como ambiciosa y alcanzable: “Cantoría espera hacer un hueco en el mercado europeo de la música antigua y dar a conocer dentro y fuera de nuestras fronteras el tesoro de la música española renacentista. A nivel personal, espero completar mi formación y cumplir el sueño de vivir de esta disciplina musical y revalorizarla como se merece”.

La gira que inicia Cantoría en unos días la lleva a Amberes, Brujas y Utrecht, tres plazas importantes en la música antigua europea. El ensemble ha sido seleccionado para participar en los prestigiosos festivales internacionales Fringe Utrecht Festival 2017 e International Young Artist Presentation 2017. El programa español con el que se dará a conocer el cuarteto vocal es muy variado y con temáticas comunes referidas la pasión amorosa, la muerte por dolor, el sufrimiento interior o la esperanza en el milagro de la salvación: “Mi voz representa en gran parte de las obras a la mujer frente a distintas situaciones amorosas, tanto de gozo como de sufrimiento, tanto en la esfera humana como el la divina”.

Desde estas líneas le deseamos a Inés Alonso y a Cantoría mucha suerte en la gira internacional que inician el día 10 de agosto. Lo demás ya lo tienen, porque el proyecto que defienden es sólido, muy trabajado y rico en energía positiva. Así, que es muy probable que les siga contando cosas sobre este ensemble y sobre música antigua.

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La tita Elisabeth
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Carlos Escobar | 03-08-2017 | 12:28| 0

elisabeth-schwarzkopf

Con el paso del tiempo, las colecciones de discos se enriquecen con nuevas grabaciones o versiones de obras ya conocidas. Al recorrer con la mirada la discoteca de casa, rememoro con frecuencia los momentos únicos en los que adquirí lo que para mí son joyas de la discografía. Cuando tengo que elegir que discos me voy a llevar para escuchar en vacaciones, paso por la terrible experiencia de no saber exactamente que es lo que voy a dejar hasta la vuelta del veraneo. Por otro lado, como cada uno de nosotros tiene un oído (y un cerebro) con cierta preferencia por determinados timbres, tempos y, si me lo permiten, por los aromas de época que envuelven algunos discos, la magia contenida en cada cajita con música no deja de ser algo muy íntimo y personal.

Hace unos días leí en el último Music Magazine de la BBC un artículo de Elinor Cooper que resumía la opinión de distintos expertos sobre veinte mejores de las mejores sopranos de todos los tiempos. Me pregunté ¿es posible hacer un listado de cantantes en este sentido?

Así que opté por hacer ejercicio mental guiado por mi criterio y sin atender a otras consideraciones, con el reto de intentar definir qué sopranos me han conmovido más a lo largo de mi vida. Soy perfectamente consciente de que corro un elevado riesgo de cometer un grave sacrilegio para otras opiniones, pero lo cierto es que es irrefutable el hecho de que una obra de arte provoca en cada uno de nosotros reacciones, experiencias y emociones muy distintas.

Por ello no voy a pasar por alto la magia de la íntima liederista Elly Ameling, la sublime perfección de Rosa Poncelle, la exquisita dicción y fraseo de Christine Brewer, la regularidad y excelencia de una todoterreno como Christa Ludwig o las memorables interpretaciones de Leontyne Price o Margaret Price.

Lucía Popp es una cantante que vinculo a los últimos cuatro lieder de Richard Strauss; Joan Sutherland, conocida como La stupenda tras su debut en La Fenice, fue una Lucía de Lammermoor sublime; la inocencia seductora de Victoria de los Ángeles la convirtió en una Rosina increíble, sin olvidar sus papeles como Carmen de Bizet y Margarita en el Fausto de Gounod. También son maravillosas las interpretaciones de Gundula Janovich en las bodas de Figaro de Mozart o en la Creación de Haydn, la fiabilidad de Monserrat Caballé para cantar las óperas de Bellini y Donizetti, dando la sensación de que algunas fueron escritas expresamente para ella.

María Callas fue una cantante única. Con su voz singular y sus excelentes cualidades dramáticas, artísticas, técnicas y vocales, nos deleitó en los roles de Traviata, Norma y Lucía de Lamermoor, entre otros, pero para mí la soprano de origen griego fue la Tosca por excelencia por su manera de desenvolverse en situaciones que van de la pasión más amorosa a la crueldad más extrema, contraste que Puccini manejaba como nadie.

En el mundo de Richard Wagner me quedaría con la Brunhilda de Brigitte Nilsson, y la Isolda de Kirsten Flagstad, aunque también su interpretación de los Cuatro últimos lieder de Strauss es soberbia. Y en la esfera de la obra de Gustav Mahler, el protagonismo lo acapara Kathleen Ferrier, una soprano que supo entender el mensaje del compositor y transmitirlo como nadie ha hecho jamás.

En casa la soprano más conocida es Elisabeth Schwarzkopf. Podríamos decir que ella es casi de la familia. Sus papeles como condesa en Las bodas de Fígaro de Mozart o de La Mariscala en El caballero de la rosa de Strauss la consagraron en el Olimpo de la lírica. La belleza y la clase de esta soprano complementaban su categoría artística de tal modo que la audición de sus canciones de Mozart, Strauss, Wolf y Schubert todavía estremecen y perturban al oyente atento. Cuando falleció en 2006, muchas de las personas de mi círculo de aficionados a la música lo sentimos como una verdadera pérdida en el seno familiar. Afortunadamente, nos dejó sus registros en disco e imágenes de vídeo como las que les adjunto.

Con ellas logro sobrevivir cada verano hasta que el otoño nos traiga más música.

 

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