La Verdad
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Autor: Andrea Tovar
Detrás de toda Gran Mujer
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Andrea Tovar | hace 13 horas| 0

Vía Tumblr (fuente: @ericamolli)

Vía Tumblr (fuente: @ericamolli)

 

Todos sabemos qué hay detrás de un gran hombre.

Pero nadie se ha preguntado qué hay detrás de una Gran Mujer.

Yo tuve la ocasión de echar un vistazo a los interiores de casi veinte almas diferentes durante el día de ayer, en la sesión de fotos de Animus, por Yolanda Méndez, de Ferao&Méndez, y he acabado encontrando la respuesta.

Delante, a primera vista, siempre hay cosas distintas. No hay dos Grandes Mujeres iguales. Pueden diferir en altura, peso, longitud de cabello, color de ojos, edad, código genético, DNI, gentilicio o nacionalidad, así que es difícil juzgarlo a simple vista. Hasta ahora, muchos pensaban que eso podía intuirse por una talla de pecho o una anchura de cadera, pero se equivocaban de plano.

Hace falta algo más de profundidad para llegar a saber qué sustenta su grandeza. Y es a través del aura particular de cada una donde se alcanza la receta única. La esencia común es solo accesible si entras con el vaivén de los gestos, con el balanceo de una sonrisa o el guiño de un ojo emocionado. En ese aroma nuclear está concentrada la magia de todas las grandes mujeres, de la humanidad entera.

Descubrirás, buceando en ellas, que la Gran Mujer ama a su familia. Su familia puede estar compuesta por animales o personas, por miembros biológicos y adoptivos, todavía vivos y ya difuntos. Se rodean de los naturales y los elegidos, y los mezclan y los confunden y los acogen por igual, con el calor que merecen. La Gran Mujer actúa en su nombre en cuanto hace, pero estampa en ello la firma de lo que ama.

También ama lo que hace. Ya sea emprender, negociar, planear, ejecutar, enseñar, cuidar o crear. La Gran Mujer cultiva su alma, se preocupa de enriquecerla y de abonar bien esa sonrisa y esos gestos que son la puerta de entrada, invitadores, a los parajes de sus adentros. Tiene el gusto de adecuar su vida externa a lo que lleva consigo en ese tarrito de magia.

Es fuerte. Pero no fuerte en el sentido de forzuda, ni en el sentido deshumanizado. La Gran Mujer no es una máquina. Se cae y llora, llora a menudo, y más que le gustaría, con tal de desahogarse. Llora tanto que a los hombres les da un poco de apuro o de envidia a veces, según. Sin embargo, lo que la convierte en grande no es ese equilibrio perpetuo, sino la habilidad para volver a hincar la rodilla en el suelo y tomar impulso hacia arriba. Tambaleándose o no. Dar un paso. Y luego otro. Y otro. Hasta volver al camino. Al suyo. Al que le haga mantenerse erguida con más facilidad.

La Gran Mujer se dedica a mil cosas. Friega suelos y escribe tesis doctorales. Vende conceptos en reuniones de ejecutivos y crea prendas de ropa. No te confundas: no habrá un lugar donde sea más propicio encontrarse con una de ellas. No se reúnen en ningún sitio en concreto. Muy al contrario, se hallan esparcidas por el mundo, como pepitas de oro que destacan humilde y orgullosamente entre granos de arena.

Ojalá cuando tengas la suerte de encontrarte con una de ellas sepas apreciar su brillo y su aroma. Ojalá la oportunidad de que surfees las ondas de su alegría y te sumerjas en su núcleo.

Ojalá recuerdes que la Gran Mujer no tiene nada que ver con su envoltorio ni su ubicación. Ojalá recuerdes que hay que ir más allá y ojalá te tomes el tiempo de hacerlo.

Aprenderás que la reivindicación no es violenta y el amor no es rencoroso, y que las mayores obras se hacen en silencio, sembrando la parcela propia con paciencia y dedicación. Que si hay fricción y roce, eso solo deriva de la resistencia que opone el mundo a las presencias que rompen la norma. Y la norma real tiene que ser otra: la norma es la Gran Mujer. No la excepción.

En el pecho de cada una de nosotras habita una de ellas, la nuestra particular.

Solo hay que dejarla aflorar.

Así que detrás de una Gran Mujer no hay un gran hombre.

No solo eso.

Hay muchos hombres. Y otras mujeres, y animales, y plantas. Proyectos por realizar y sueños cumplidos. Cicatrices y heridas abiertas. Hay construcciones y ruinas. Enfermedad y salud. Objetos preciados y material que sobra. Hay fantasmas y sombras negras, y hay interruptores y haces de luz. Aviones, trenes, coches. Ruedas. Hay movimiento y dinámica, y hay reposo y sofá. Hay pizza y helado, hay ensalada de quinoa. Abrazos. Muchos abrazos. Besos. Muchos besos. Y sinceridad de la póstuma, a todas horas del día. De la noche.

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La tarde que busqué trabajo en LinkedIn
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Andrea Tovar | 16-04-2018 | 10:49| 0

Vía Tumblr

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Ese momento.

Ese momento en el que te das cuenta de que lo que tienes no significa nada. Que, de hecho, ya estás desactualizado, aunque acabes de terminar, como quien dice. Que muy millennial, y ya obsoleto.

Ese momento en que te preguntas cuándo se han inventado cien profesiones nuevas. Que antes un manager era el representante de Hannah Montana, pero ahora suele ir detrás del project y es algo en sí mismo, por lo visto. Que tú dices, pero esas cosas dónde se estudian. ¿En qué momento alguien decidió que quería ser project manager? ¿En plena carrera de Filología inglesa? ¿Dónde le explicaron qué narices era eso?

Copy editor.

Communications assistant.

Harry Potter and the Philosopher’s Stone.

Ocho años de clases de inglés de seis a ocho para esto. Para que ahora el mundo se divida en juniors y associates y seniors; las castas de la India, importadas desde USA o quién sabe dónde.

Para que todavía se quede corto.

¿Inglés solo? Sorry, necesitamos francés perfecto y un poco de chino mandarín.

Maldita sea, mamá, por qué habéis desperdiciado mi juventud dejándome jugar a la Play o a la pelota. Ni un minuto más de Barbies para mis descendientes. Prometido.

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Tú (no) justificas mi existencia
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Andrea Tovar | 09-04-2018 | 11:17| 0

Auto-retrato hiperrealista de Lee Price

Auto-retrato hiperrealista de Lee Price

Me siento en la terraza del restaurante igual que si me hubiera convidado un líder terrorista a su humilde morada. Nerviosa. Incómoda. Acojonada.

Un camarero se me acerca y pregunta si espero a alguien. Hago acopio de valor y lo suelto:

—No. Estoy sola.

El chico frunce los labios como diciendo «entiendo», pero yo no sé qué es lo que entiende. Tengo ganas de preguntárselo, pero no lo hago. Dejo que arrastre los mantelitos de los no-comensales, arañando mis entrañas, y observo el vacío de las tablas de madera. La nada más absoluta.

Maldigo a Hannah. Por tu culpa estoy aquí probando esta tontería, Hannah, y no en mi casa haciendo punto de cruz o algo de provecho. Porque según tú, es muy necesario que una persona se enfrente a ciertos retos sola. Yo tomé nota de ellos, entre sangría y sangría, en el iPhone, justo después de que te empeñaras en contarles tus principios de vida a unas niñas pequeñas que nos observaban con curiosidad desde el alféizar de un ventanal.

Translate me —dijiste. Y yo lo hice.

«Esta chica dice que, si queréis ser personas completas, tenéis que hacer al menos tres cosas solas: vivir en un apartamento, empezar un viaje sin saber cuándo ni cómo acabará, y comer en un restaurante».

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Aquí se fabrica la primavera
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Andrea Tovar | 02-04-2018 | 11:18| 0

Vía Tumblr

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De pequeña estaba convencida de que Lepe era un lugar inventado. ¿Quién iba a atreverse a torturar psicológicamente a los integrantes de un pueblo entero, haciéndoles pasar por lerdos e incompetentes? Pues alguien lo hizo. Alguien fue la primera persona que dijo, uf, los de Lepe son tan tontos que plantan ajos en la carretera porque son buenos para la circulación. Y el resto es Historia. Pero la Historia también cambia. Hace unos años empezaron a avisar de que los siguientes éramos los murcianos.

«Murcia es la nueva Lepe».

No me lo creí, igual que lo de Lepe –debe ser que soy tontita- hasta que un chaval de la universidad de Madrid, uno de esos de barrio que decía ejque, le susurró a su compañero en clase:

—Joder tío, a ver si lo pillas ya, que pareces murciano.

Yo me di la vuelta a lo Tarantino con la música de Kill Bill sonando en mi mente… y no le dije nada.

La vergüenza, como casi todo, es algo que se aprende.

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Aniversarios, contradicciones y blasfemias
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Andrea Tovar | 26-03-2018 | 10:53| 0

Blue Valentine, 2010 (USA)

Blue Valentine, 2010 (USA)

Hace un año que inauguré este blog.

Y dos milenios desde la muerte de Cristo.

¿Y qué pasa?

No pasa nada.

Pasa el tiempo.

Y pasa todo.

Porque el tiempo lo es todo. El resto de magnitudes son una patraña. Si me hablas de espacio, yo te digo tiempo. Cincuenta kilómetros son treinta y cinco minutos en coche, con el añadido de aparcar; tres en avión, más los embarques; días caminando, no sé cuántos. El espacio es un continuo de tiempo, grano a grano de tierra se construyen las horas.

Los días no son más que eso, tierra y segundos. Que te van alejando de un punto y acercándote a otro. No hace falta ni que te muevan. Es posible que te dejen estático en el plano. No todos los cambios son tan aparentes. Otros son interiores. Esos son los que molan.

Aniversario de la Pasión, con mayúscula, de Cristo, y en este país salimos a la calle a la procesión para hacer profesión de una fe que no terminamos de conocer.

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Sobre el autor Andrea Tovar
Ya he cumplido 26: voy de capa caída. Al menos tengo una web: andreatovar.org | El org del final me hace sentir como una entidad benéfica. Dame likes y shares y visitas. Make me rich.

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