La Verdad
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Autor: Andrea Tovar
Tanta prisa para qué
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Andrea Tovar | 19-03-2018 | 10:50| 0

Victoria Australia by Cary Wolinsky

Victoria Australia by Cary Wolinsky

Si estás más perdido que Caperucita en el bosque y no sabes qué va a ser de ti el mes que viene –ni digamos dentro de treinta años-, si no te alcanza para comprarte una Double Cheeseburger y tu padre sigue hablándote de tu plan de pensiones, si eres víctima de la nueva explotación laboral y matarías por ser el pardillo que lleva los cafés en lugar del que se come los marrones a cuatro euros la hora, si tu único patrimonio es la Play Station o las Lelly Kelly de la infancia y el reducto de casa que tus progenitores llaman «tuyo» pero luego reivindican para sí cada vez que dejas un calcetín sucio en el suelo, si en el armario tienes trajes de chaqueta y faldas de tubo junto a sudaderas de Mickey Mouse, si aún no sabes si es que todos tus amantes son horribles o es que te estás poniendo exquisito y vas a acabar vistiendo santos, si conoces el nombre de, al menos, tres ansiolíticos y tres drogas de diseño; es oficial, amigo.

Bienvenido a nuestra generación.

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El 8M no está en venta
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Andrea Tovar | 12-03-2018 | 11:21| 0

Vía Tumblr (fuente: kerousel)

Vía Tumblr (fuente: kerousel)

Una, que se levanta el pasado 8 de marzo pensando que está pasando una cosa chulísima, algo que solo puede compararse a aquello del «no a la guerra» o al mundial de Corea y de Holanda.

Entiéndase, no era solo fruto de la agitación colectiva este contento, sino que por primera vez una sentía en sus carnes el ardor de ver materializada una creencia interna muy fuerte.

Y café en mano, una descubre que no ha leído todavía el Manifiesto -porque había un manifiesto- de la Comisión 8M –porque había una comisión- del Movimiento Feminista –que debía ser una asociación o algo parecido-. Y una se apresura a echarle un vistazo virtual.

Y cuál es su sorpresa cuando una se entera de que la huelga que tan convencida está practicando, así como la manifestación a la que piensa asistir unas horas más tarde, no tiene como objeto paralizar la sociedad para poner de relieve la presencia de la mujer en el mundo laboral y doméstico, exigir el fin de la violencia de género, del miedo a la potencia física del hombre, y, en definitiva, concienciar sobre la necesidad de adoptar medidas que igualen la posición en sociedad.

No. No solo esto.

En el Manifiesto aparece una retahíla de sustantivos por los que, en teoría, las mujeres saldrían a protestar, a saber: violencia machista, derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y vida, justicia social, vivienda, salud, educación, soberanía alimentaria, laicidad, extractivismo y tratados de libre comercio, explotación, antimilitarismo y guerras, fronteras y Estados autoritarios, que reprimen con leyes mordaza, y criminalizan la protesta de la resistencia feminista, comunidad LGTBI.

Y una se pregunta, dando un trago al café, quién puñetas le ha preguntado a ella qué opina sobre si debería o no el Estado enseñar Religión en los colegios, o si está a favor de destinar tal o cual porcentaje del PIB a defensa militar, o qué le parece la necesidad de cultivar alimentos eco, etecé.

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Feministas de pelo en axila
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Andrea Tovar | 05-03-2018 | 11:10| 0

Vía Tumblr (fuente: h03zzz)

Vía Tumblr (fuente: h03zzz)

 

Los hombres están hartos. Una buena parte de ellos, al menos. Que si feminismo por aquí y que si feminismo por allá. Que si vestidos negros, que si rosas blancas. Que si discursito, que si mi cuerpo es mío, que si fuera el amor romántico. Que si hay que combatir la histórica opresión del heteropatriarcado. Que si tal y que si cual.

Encienden la tele y ahí está: feminismo por doquier. La apagan, y ahí sigue. Hacen una broma típica sobre roles de género –hombres tontitos, con una neurona, y mujeres mandonas que solo sirven para limpiar- y les saltan a la yugular. En el bar, si invitan a una copa o piropean a una chica, son unos acosadores.

Los hombres tienen una mezcla de sentimientos respecto a este feminismo tan persistente. Por un lado, censuran la violencia categóricamente y les duele que les salpique el ácido de conductas ajenas, de ese sector de población enajenado. Por otro, temen el nuevo orden, lo intuyen tiránico. Si hay que controlar las palabras y actos, pasarlos por un filtro previo antes de soltarlos, ¿no será acaso una señal de que estamos retrocediendo en derechos y libertades, al contrario de lo que creemos?

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Juntos es mejor (mensaje al niño rata que habita en ti)
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Andrea Tovar | 26-02-2018 | 7:31| 0

'The end of the f****ing world' 01x02 (Netflix)

‘The end of the f****ing world’ 01×02 (Netflix)

 

Lo mismo te ha pasado lo que a mí y te has sorprendido al darte cuenta de que cuatro de las cinco últimas conversaciones habían tenido lugar frente a una pantalla. Y has empezado a preguntarte WTF.

Vamos al principio de los tiempos.

Resulta que desde que a algún feliz se le ocurrió la idea de que el centro del universo era el propio ombligo, las cosas empezaron a desbarajustarse. Al principio fue buena idea, por aquello de que la religión nos oprimía y el sistema nos sometía como a borregos o reos, pero poco a poco nos hemos ido dejando llevar, como si tal cosa, por esta suave brisilla que susurra «yo me mi conmigo» y se nos ha olvidado cómo conjugar los verbos con otros pronombres personales.

¿A qué me refiero? Pues a este individualismo exacerbado que empezó con el trabajo, siguió con el culto al cuerpo y acabó con la mitad de nuestras relaciones personales. Aunque no lo parezca, es el mismo que está llevando a los niños rata a la creencia –errónea- de que sus partidas en modo multijugador en la Play constituyen una forma igualmente legítima de interrelacionarse. O que los comentarios en un canal de Youtube son igual de válidos que una charla en persona. O que el sexting

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Mentes cerradas y bocas abiertas
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Andrea Tovar | 19-02-2018 | 11:16| 0

Vía Tumblr (fuente: dharmarainbow)

Vía Tumblr (fuente: dharmarainbow)

 

¿Quieres oír una cosa graciosa?

Ahora mismo estás apretando el culo.

Más aún: llevas haciéndolo desde que tienes conciencia de ser tú.

Lo haces sin darte cuenta cada vez que alguien querido te advierte de que no está bien ser tú y hacer lo que haces.

Eso no es normal —te dice el amigo de turno, el normal. El que ha estudiado MAFDA y derivados (Medicina, ADE, Farmacia, Derecho, Arquitectura, etecé), luce gomina cinco días por semana, está prometido con alguien del sexo opuesto y ya ha pagado la entrada de un piso.

—¿Y qué es normal, de todas formas? —intentas defenderte tú, iluso, con el culo apretao.

Esa es una pregunta retórica que suena vacía, hueca, que se cae por su propio peso. Tú sabes lo que es normal. Tu amigo sabe lo que es normal.

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Sobre el autor Andrea Tovar
Ya he cumplido 26: voy de capa caída. Al menos tengo una web: andreatovar.org | El org del final me hace sentir como una entidad benéfica. Dame likes y shares y visitas. Make me rich.

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