La Verdad
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Autor: Andrea Tovar
Tu habitación habla de ti (y no dice cosas buenas)
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Andrea Tovar | 13-11-2017 | 10:56| 0

Vía Tumblr (fuente: iononsononessuno)

Vía Tumblr (fuente: iononsononessuno)

 

Siempre he tenido una relación muy estrecha con mis habitaciones, casi de cordón umbilical. De hecho, en algún momento empecé a llamarlas «el útero». Decía «me voy al útero» cuando el mundo me sobrepasaba y sentía la necesidad de ponerme horizontal sobre el colchón. Podía pasar allí hasta dos días (sábado y domingo) y medio (viernes), haciendo muchas cosas y nada en concreto, mientras la mesa se llenaba paulatinamente de envases de yogur, tazas de té con el poso ennegrecido y, en fin, platos llenos de migas o restos de salsas pegadas. Era una maravilla. Creo que cualquier persona de entre 18 y 30 años sabrá de qué hablo. Los menores se quejarán porque aún no han podido hacer tal cosa por los pesados de sus padres, y los mayores se alarmarán porque… en fin, porque les da asco vivir así. Por eso no dejan que sus hijos lo hagan.

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La cultura del ‘like’
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Andrea Tovar | 06-11-2017 | 11:20| 0

Individuos introduciendo en sociedad a nuevo individuo. Vía Facebook (fuente: Suffle Sketch)

Individuos introduciendo en sociedad a nuevo individuo. Vía Facebook (fuente: Suffle Sketch)

La búsqueda de la aceptación en sociedad no es una novedad del siglo XXI, ni de los millennials. Estoy convencida de que el sentimiento de pertenencia a una comunidad ha guiado gran parte de las conductas humanas durante toda la Historia. Desde la adhesión a un grupo religioso o político, pasando por la práctica de ciertas actividades -deportes, ramas artísticas- o profesiones, absolutamente todos los atributos de la persona sirven para clasificarle y, por tanto, habilitarle la entrada a uno u otro colectivo. En esa inmersión, el sujeto encuentra la seguridad de ser aprobado por los demás, que son de su misma clase, similares de alguna forma.

Esto no ha cambiado con la llegada de Internet. Lo que ha cambiado es que ahora ese grado de aprobación se mide. Se cuantifica. Se expone al resto.

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Lanzarse a la piscina
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Andrea Tovar | 30-10-2017 | 10:19| 0

Vía Tumblr (fuente: vanish)

Vía Tumblr (fuente: vanish)

Te dicen, «lánzate. Lánzate a la piscina».

Tú contestas, «bueno, calma, no sé, déjame ver, no llevo los manguitos, quizá me dé un chapuzón rápido», y te responden, «estás cagado. Es que tienes miedo. El miedo no sirve para nada».

La verdad es que no sabes si el agua estará fría o caliente, ni si habrá agua siquiera. Lo mismo te tiras de cabeza y acabas vegetal. Lo mismo no lo cuentas. Lo mismo dentro de la piscina hay un tiburón gigante. Cómo vas a saberlo. Mitch Buchannon no va a venir a salvarte, ni los dos enormes flotadores de Pamela. Es que es peligroso, no me jodas. Lanzarse a la piscina.

En realidad no importa tanto lo que haya ahí, si agua caliente o fría o tiburones. El quid de la cuestión está en que ya tienes magulladuras por todo el cuerpo. Te duelen los músculos de nadar. Estás hasta las narices de bregar y de tratar de flotar solo, en aparente compañía.

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Cambia lo que puedas cambiar, el resto abrázalo
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Andrea Tovar | 23-10-2017 | 10:32| 0

Vía Tumblr (fuente:sophiemoatesdesign)

Vía Tumblr (fuente:sophiemoatesdesign)

Decía Epicteto –la gente suele pronunciarlo como «epíteto», pero no lleva tilde- que es crucial saber lo que puedes controlar y lo que no.

Epicteto, en este punto, me recuerda a una plegaria muy famosa que dice así:

Señor, concédeme la serenidad para aceptar aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar,

y sabiduría para entender la diferencia.

 

Se me ocurre una lista de cosas que se pueden cambiar y cosas que no.

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De la tiranía del sexo: cortesanas o madres
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Andrea Tovar | 16-10-2017 | 11:15| 0

Portada de la revista Squire (que significa «caballero») en 1965, sobre la «masculinización» de la mujer

Portada de la revista Squire (que significa «caballero») en 1965, sobre la «masculinización» de la mujer

 

Una de las cosas buenas que tiene el sur es que la playa no caduca hasta mediados de noviembre. Así pues, uno de estos días de descanso, aproveché para darme un baño en el mar después de hacer ejercicio. Paseaba por la orilla cuando escuché estos gritos:

— ¡Joe, Antonio, esa está mejor que tú!

— ¡Como pa’ no estarlo!

— ¡Yo la cambiaba por ti sin pensarlo!

Me quedé inmóvil. Las voces procedían de dos señores que me doblaban la edad, montados en sendas bicicletas por el paseo marítimo. Se reían y me miraban con descaro.

Me gustaría decir que respondí algo, pero la verdad es que enmudecí. Como nos suele pasar. ¿Qué dices ante algo así?

A algunos hombres les gusta soltar improperios en voz alta. Tienes que acostumbrarte a este hecho desde los trece o catorce años. Al principio te perturba, luego casi te insensibilizas. Usan condicionales para narrarte con pobre prosa lo que les gustaría hacer contigo. Lo que les sugiere tu cabeza, tu tronco, tus extremidades -porque es así, al fin y al cabo es un cuerpo, que digiere, que excreta, que respira, aunque ellos se permitan el prisma lascivo-. Además, ese cuerpo alberga ideas y sentimientos. Ellos no lo tienen en cuenta. Tú no les has preguntado, oye, ¿te parezco atractiva?, pero ellos se sienten con la libertad de contestar a eso igualmente. Y si te ofendes, eres una arisca. No es más que un piropo, ¿no es cierto? Deberías agradecerlos, porque un día se te caerán las tetas y el culo y nadie volverá a mirarte. ¿No es así?

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Sobre el autor Andrea Tovar
Ya he cumplido 26: voy de capa caída. Al menos tengo una web: andreatovar.org | El org del final me hace sentir como una entidad benéfica. Dame likes y shares y visitas. Make me rich.

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