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Te voy a decir una cosa sobre el futuro. Tiempos (III)

Vía Tumblr (fuente: b3ngal)

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¿El futuro?

Te voy a decir una cosa sobre el futuro.

El futuro es como el ciber-amigo al que crees conocer, pero es hermético, huidizo, no se abre. Nunca aparece, jamás lo conocerás en persona, pero su sombra no dejará de revolotear.

El futuro genera ansiedad porque se escapa de los dedos al intentar agarrarlo.

Ansiedad o esperanza, una de dos. Ilusión por los proyectos, y entonces es fe, e impulso de supervivencia. El futuro no es nada y a la vez es todo: si dejas de confiar en él, estás acabado.

Qué te voy a contar. Los millennials conocemos bien el concepto. Hemos vivido con el futuro sobre la espalda, como una losa. Dicen que los bebés nacen con una barra de pan bajo el brazo. Bueno, nosotros vinimos con el plan de estudios, el horario de actividades extraescolares, de refuerzo académico. Nosotros vinimos al mundo con nociones básicas de cotización y planes de pensiones, la matrona fue una chiquilla bilingüe que nos decía one, two, three, en lugar de un, dos, tres. Caramba.

Los millennials conocemos bien el concepto de futuro, y sabemos lo que es la esperanza y la ilusión, pero sobre todo, oh, sí, la ansiedad.

La ansiedad debería estar reservada para los momentos importantes, para la paternidad o la convalecencia de un ser querido. No debería existir siquiera entonces, pero puestos a dejarle un espacio en el pecho, podría ser alguno de esos. No debería ahogarte una noche cualquiera de tus veintipocos en nombre del futuro. El futuro no debería secuestrar tu presente.

El futuro no existe. No aún: eso decía en el primer post de esta trilogía. Cuando pienso en ello, el cielo se me abre y ya no hay nubes. Tengo ganas de caminar, poner un pie detrás del otro y ver dónde me llevan los pasos.

Sin embargo, no termino de asimilar la frase. No termino de creérmela. Se me ha dicho demasiadas veces que el futuro lo creo yo.  «El futuro te lo creas tú mismo, querido millennial. Tus semillas de hoy son los frutos de mañana». Es el leitmotiv corporativista del sistema educativo. El futuro es mi responsabilidad, es un peso enorme, esa losa opresora en la espalda, en el pecho. Si no te salen los números de viejo, si no has sumado lo suficiente para jubilarte, si el paro llega hasta los cuarenta, si no te das prisa en buscar una pareja estable antes de que solo queden locos y raros en el mercado, si no eres madre, si no viajas ahora que puedes, si no tienes casa propia, si solo has dado tumbos… el futuro que coseches será exclusivamente tu responsabilidad. Solo tuya.

Por eso parece el ciber-amigo que jamás se presenta, que no da la cara; solo asusta, y de vez en cuando insufla un poco de aire, pero la mayoría del tiempo es un cabrón agorero.

Se me acusará de exagerada. O de pesimista, que está de moda. Pero es cierto: si eres millennial, solo encontrarás alivio y me tacharás de esos calificativos tan feos si ahora cuentas con alguna estabilidad convencional que te aparte de la marea. Estás a salvo, apoyado en tu tabla, o remando en la barca o a bordo de un yate, y por eso no crees que las olas mareen tanto. Acuérdate de las etapas de incertidumbre, de simple vacío de programación, y cuéntame cómo te sentías. Cómo eras capaz de vivir el presente sin un plan a la vista.

 

Vía Tumblr (Fuente: calldanielco)

Vía Tumblr (Fuente: calldanielco)

 

Lo mismo, ni siquiera has tenido momentos de esos.

Cuando estudié una de esas asignaturas feas de Economía en la carrera, me sorprendió que la teoría de fijación de objetivos para configurar planes de empresa se aplicara también a los seres humanos. La regla SMART (S de Specific, M de Measurable, A de Andrea (que no), A de Attainable, R de Realistic, T de Time-Related), esto es, que los objetivos sean específicos, medibles, alcanzables, realistas y ajustados a un tiempo determinado. Empresas y seres humanos. ¿Qué diferencia existe entre ellos, llegados a este punto? ¿No? Con un leve instante de limbo te das cuenta de que eres parte de un engranaje tan devastador que abruma, y que lo has sido desde que empezaste Preescolar. Desde que naciste te has estado preparando para el Futuro.

Ahora la gente va a Meditación, a Yoga, a Pilates. Lo hacen para serenar la mente y dejar de vivir en el mañana. Es difícil no hacerlo cuando te programan para ello. Recuerdo vivir en Madrid, bajar al subsuelo y empezar a caminar más rápido, mucho más rápido, por las corrientes de gente que embestían en mil direcciones. Oleadas de personas que corren y te arrastran por el efecto de las neuronas espejo: imitamos. Corremos hacia el futuro y no sabemos ni qué es, ni para qué corremos tanto.

 

Vía Tumblr (Fuente: scifiseries)

Vía Tumblr (Fuente: scifiseries)

Un profesor de la carrera me corrigió esa expresión: oleadas de. Escribí «oleadas de emoción» en las conclusiones de mi trabajo de fin de grado. Era el único espacio de libertad, o así lo entendí yo: eran mis conclusiones, no las suyas. Sin embargo, en una de sus mil correcciones me acusaba de sentimental. «¿Qué lenguaje es ese? Desde luego, no es jurídico. Ni un periodista escribiría así». Ese profesor quería que me ciñera a los hechos. Nada de oleadas de emoción. Sé práctica. Piensa con mente analítica.

Él me hizo ver, claramente, las estructuras oxidadas que sostenían el mundo. Sin tanto artificio ni tanta palabrería, ¿qué quedaba? Sin el azúcar glas de las ganas de mejorar el sistema, con el conformismo resignado y autocomplaciente de quien ostenta el poder, típico de hacerse mayor, ¿de qué servían tantas horas con la nariz pegada al libro? ¿Todas las clases extraescolares, a dónde iban a parar? Nosotros no hemos jugado mucho en la calle, no. Tengo una prima que iba a Ballet, Inglés, Francés, Dibujo, Tenis –una temporada-, Cine Fórum y Teatro. Ella lo eligió, debo decir. Le gustaba hacer todas esas cosas. Ahora es arquitecto y ha debido emigrar a Alemania.

¿Cómo comerse ese pastel?

Es plato de mal gusto. Se indigesta.

La gente va a Pilates, Yoga o Meditación para olvidar que vive en un mundo sin esperanza.

Ahora sí me puedes llamar pesimista.

Luego piensa si no tengo razón.

Personalmente –y zanjo- paso del futuro. Paso mil pueblos del futuro, de los amigos que dicen quererme mucho y no me cogen el teléfono luego. El futuro no me hace caso y yo a él tampoco. De vez en cuando me acordaré de él, cuando deba tomar decisiones importantes, pero voy a prescindir de esa relación enfermiza que nos vincula a través del entramado de teorías y planes de empresa. Gracias, pero no. El futuro no debe ser esta cosa tan fea y si vamos a relacionarnos, que sea sin exigencias y sin losas en ninguna parte. Y con un poco -un poquito- de azúcar glas.

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Carpe diem, ok, pero como tú quieras. Tiempos (II)

Vía Tumblr (Fuente: shannonlikesstuff)

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Es domingo por la mañana. Acabo de despegar los párpados. Me desperezo en mi cama gigante y me siento relativamente feliz. Enciendo el móvil para mirar la hora. Craso error, porque acabo abriendo la aplicación de Instagram.

Que son las once de la mañana y pasé el sábado noche charlando con mi prima del más y del menos. Me dormí a las cuatro después de tanto palique y de medio capítulo de The Leftovers, y en general, a gusto con la vida, como dicen en el anuncio. Que el error no es ese, mi plan de sábado noche, pero de pronto parece serlo.

Porque en Instagram me apabullan miles de planes ajenos, intrépidos y geniales. Mira estos, que se han ido de viaje a Canarias. Y estos otros, todavía mejor, en Vietnam. Joder, mira cómo disfrutan, estos sí que saben. Y los de por aquí cerca… pues claro, en macro-discotecas, más tibios que el agua del Mar Menor, bailando Daddy Yankee. Y yo, qué. Hablando con mi prima, que la tengo más vista… (te quiero, prima) hasta las cuatro de la mañana. De un sábado. Muy bien, Andrea. Genial. Sigue pasando así la juventud. Vas a morir sin haber vivido. No estás viviendo nada, Andrea. Qué poco sabes vivir.

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Por qué sigues atrapado en tu deprimente pasado. Tiempos (I)

 

Vía Tumblr (fuente @peoplealwaysleave-99)

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El otro día tuve una revelación clara, mediocre en apariencia, pero efectiva en cuanto al fondo. Me refiero a que cuando dejas que las palabras calen en toda su esencia, tocan puntos inesperados:

«El pasado ya no existe. El futuro tampoco. Todo lo que tengo en esta vida es esto, el aquí y el ahora».

Se ha escrito y hablado mucho sobre el tiempo, esa cuarta dimensión en la que nos desarrollamos, nosotros y nuestra larguísima historia personal. Creo que la razón de ello es que no parece justo que, con la ligereza que comporta el presente –estoy en esta cafetería, bebo café, tengo veinticinco años, peso cincuenta y tres kilos-, tengamos que pasear cargados con las pesadas mochilas del pasado y del futuro.

Con este post abro la trilogía de Tiempos, un repaso por Pasado, Presente y Futuro. Como los tres fantasmas de la Navidad, solo que en época estival, aprovechando que ahora tenemos, precisamente, más tiempo para pensar en ello, y que se nos concede un descanso de la rutina que deja espacio a la reflexión serena.

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No quiero hablar de muerte, sino de vida

 

Imagen de Every Brilliant Thing (HBO)

Imagen de Every Brilliant Thing (HBO)

Qué quieres que te diga. Estoy con el aplatane típico de fin de julio. No tengo muchas reflexiones de calidad que ofrecer al mundo, ni reflexiones mediocres, ni siquiera reflexiones de mierda.

Si te soy sincera, había preparado un artículo sobre el suicidio de Blesa y el de Chester Bennington, el cantante de Linkin’ Park. Más que sobre su muerte, quería hablar de que el aporte individual a la colectividad debería hacer que el amor fluyera y todo eso. Me refería a lo importante que es no machacar a nadie, sea corrupto o sea Judas, y no ser violento –por lo visto a Chester le violaron desde los 7 a los 12 años-, y saludar al tendero al ir a comprar, e interesarse por la vida de las vecinas, en general. Rebasar la frontera del civismo y practicar una religión común de buenos propósitos, en definitiva, para hacer que la vida sea más agradable para todos y nadie tenga ganas de suicidarse.

Pero esta mañana, al ir a subir el artículo, me ha dado pereza. He pensado que precisamente, lo mejor que hay para combatir el suicidio es la vida. En el documental Every Brilliant Thing (HBO), el hijo de una depresiva crónica y potencial suicida, se dedica a hacer una lista larguísima con todos los motivos por los que merece la pena vivir. Así que, si me lo permites, voy a hablarte de vida y no de muerte. De vida en verano. De la playa.

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¿De qué color son mis ojos?

Vía Tumblr (fuente: @kinoaida)

Vía Tumblr (fuente: @kinoaida)

 

Nos presentamos así, entre sonrisas tímidas y palabras elocuentes. Cada gesto tenía un profundo eco, y la menor distancia entre los cuerpos era proporcional a la velocidad del latido. Nos mirábamos el color de los ojos, estudiábamos las arrugas que se formaban en las comisuras al reír. Espiábamos cuando el otro miraba hacia un lado. La textura de la piel, la forma del cuello.

Queríamos querernos. Y nos quisimos.

Nos quisimos tanto que se nos olvidó mirarnos. Así, directamente, sin clandestinidad.

 

-¿De qué color son mis ojos?

-Del color de la duda.

-¿De la duda?

-No hay nada más cierto que esta eterna duda que nos envuelve.

-Yo si de algo dudo es de todo menos de esto.

-¿De esto?

-De nosotros. De querernos.

 

Sin embargo, se acabó la función, se despejó la duda.

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Mmm… mándame foto. Los Diez Mandamientos del sexting

Vía Tumblr (fuente @mauritswiesen)

Vía Tumblr (fuente @mauritswiesen)

¿Sex… qué?

Sexting.

Lo mismo lo has practicado y aún no lo sabes. El término se acuñó en 2004, en un artículo llamado Text Gratification del Globe & Mail: Sext messaging, referido a la práctica de mantener conversaciones subidas de tono, y al envío de imágenes o vídeos, a través de un dispositivo electrónico.

Esto de desarrollar los preliminares por escrito, en versión gráfica y a distancia no es un invento del siglo XXI, claro está. Como dice Juan en su Evangelio (1:1), en el principio ya existía la palabra. Piénsese en las cartas de amor y lujuria, como las que le gustaba enviar a James Joyce, dirigidas a Nora, su mujer:

‘Nora, my love for you allows me to pray to the spirit of eternal beauty and tenderness mirrored in your eyes or to fling you down under me on that soft belly of yours and fuck you up behind like a hog riding a sow’. / ‘Nora, mi amor por ti me permite rezar al espíritu de la belleza eterna y la dulzura que se refleja en tus ojos, o colocarte debajo de mí sobre tu suave vientre y follarte como un puerco que monta a una cerda’ (Addicted to Sexting, Netflix).

En 1948 se inventó la Polaroid, y eso le dio al asunto una vuelta de tuerca, porque antes alguien tenía que revelar las fotografías, normalmente en un estudio, lo que significaba que unos cuantos desconocidos te veían en bolingas antes que tu amado/a.

Nosotros hemos hecho con este concepto como se hace con todo en la actualidad: nos hemos apropiado de él, le hemos dado un nombre anglosajón y lo hemos tecnificado.

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Sobre el autor Andrea Tovar
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