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El curioso caso de los abstinentes sexuales

'Friends', Netflix, Cap. 804- 'El de la cinta de vídeo'

‘Friends’, Netflix, Cap. 804- ‘El de la cinta de vídeo’

 

He observado un fenómeno en las calles.

No sé si podría llamarse así, aunque en una búsqueda en Google he descubierto que hay libros que recomiendan estas prácticas para conseguir todas tus metas: preservar energía, concentrarse en lo importante. Se conoce que suele recomendarse a deportistas y es imperativa en la vida contemplativa de los religiosos.

Para la aproximación a la abstinencia sexual voluntaria contamos con dos testimonios.

El primero es de mi amiga Ambrosia, nombre en clave de su elección. Dice que le encanta ese nombre. Pues bien, Ambrosia tiene que soportar nuestras burlas continuas porque hace dos años que no moja por decisión propia. Hasta ahora nadie había prestado atención al matiz último. «Por decisión propia». La gente, al oír algo así, suele pensar que eso es una trola mayúscula.

El otro día Ambrosia me contó que se había reunido para tomar café con otras dos chicas que llevaban igual o más tiempo que ella sin mantener relaciones.

Poco después, en otra charla con un amigo, esta vez varón -al que llamaremos Agapito para seguir con los nombres de anciano-, se repitieron argumentos. Él había pasado medio año en el dique seco.

—Estoy cansado de perder el tiempo con tías que no van a ninguna parte— confesó—. Prefiero concentrarme en mí.

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Cuando cumplir años ya no mola: the wrong side of 20’s

Cap. 06x06 'Girls' HBO (Full Disclosure)

Cap. 06×06 ‘Girls’ HBO (Full Disclosure)

 

El miércoles pasado cumplí veintiséis años, muy a mi pesar. Cuando soplé las velas, el deseo fue volver a los veinticuatro. Dicen que si lo cuentas, no se cumple, así que acabo de cargarme la última esperanza que tenía.

Como no sabía qué regalo elegir, me pareció buena idea optar por unas gafas de sol de diva trasnochada. El dependiente, que era el genio de la lámpara antes de conceder los deseos materiales, los posibles, especificó:

—A ver, tú lo que quieres son unas gafas estilo Sunset Boulevard. De las de huir de los paparazzis. De las de estar destrozada en rehabilitación.

—Sí. De las de entrar en Mercadona con un chándal y con ellas puestas, como si los focos me molestaran.

—Tengo lo que buscas— sacó un par de gafas y yo las compré.

Decidí que seríamos mejores amigos para siempre por esa conexión fluida que tan necesaria resulta, pero además me hizo descuento, por lo que estuve a punto de casarme con él, y así mato dos pájaros de un tiro y una cosa menos de cara a los treinta.

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Rituales de apareamiento del homo-fucker

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—Oye, por cierto, ¿qué tal te va con ese tío?

—Nada, fatal. Ya me está haciendo la del desgaste.

—¿De verdad?

—Sí. Además me he enterado de que está conociendo a otra.

—Entonces te ha hecho la liana, no la del desgaste.

 

Existen una serie de estrategias que el homo-fucker despliega habitualmente en sus actividades amoroso-festivas. Y, aun a riesgo de ser reduccionista, me he atrevido a clasificarlas y citar paralelismos con el mundo animal, todo ello con ánimo pseudo-científico y cierto cachondeo psico-social.

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Carta a los lobos de ‘La Manada’: si queréis ser hombres, primero sed personas

Vía Tumblr (fuente: shithowdy)

Vía Tumblr (fuente: shithowdy)

No os conozco. Lo único que sé de vosotros es lo que las noticias de vuestros procedimientos judiciales desvelan: un conjunto de hechos probados y vuestros comentarios al respecto, a través de un grupo de Whatsapp. No me cargo la presunción de inocencia, ni yo ni nadie que opine sobre lo que ya se sabe. No hay que esperar a la sentencia de un juez para escamarse con la brutalidad de vuestro modus operandi.

Sé que, antes de protagonizar los incidentes de los Sanfermines, metisteis en un coche a una chica inconsciente. Que grabasteis un vídeo manoseándole el pecho y que os mofasteis de ello en ese chat que recibe de título ‘La Manada’. Sé que tan culpables de aquello sois vosotros como los amigos que os animan a actuar así desde sus respectivos teléfonos móviles. Sé que, aunque tenéis rostro humano, os consideráis lobos. Y eso sois, lobos. Vosotros y todos aquellos que os disculpan o que desvictimizan a quien recibe esas conductas animales.

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Tu habitación habla de ti (y no dice cosas buenas)

Vía Tumblr (fuente: iononsononessuno)

Vía Tumblr (fuente: iononsononessuno)

 

Siempre he tenido una relación muy estrecha con mis habitaciones, casi de cordón umbilical. De hecho, en algún momento empecé a llamarlas «el útero». Decía «me voy al útero» cuando el mundo me sobrepasaba y sentía la necesidad de ponerme horizontal sobre el colchón. Podía pasar allí hasta dos días (sábado y domingo) y medio (viernes), haciendo muchas cosas y nada en concreto, mientras la mesa se llenaba paulatinamente de envases de yogur, tazas de té con el poso ennegrecido y, en fin, platos llenos de migas o restos de salsas pegadas. Era una maravilla. Creo que cualquier persona de entre 18 y 30 años sabrá de qué hablo. Los menores se quejarán porque aún no han podido hacer tal cosa por los pesados de sus padres, y los mayores se alarmarán porque… en fin, porque les da asco vivir así. Por eso no dejan que sus hijos lo hagan.

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La cultura del ‘like’

Individuos introduciendo en sociedad a nuevo individuo. Vía Facebook (fuente: Suffle Sketch)

Individuos introduciendo en sociedad a nuevo individuo. Vía Facebook (fuente: Suffle Sketch)

La búsqueda de la aceptación en sociedad no es una novedad del siglo XXI, ni de los millennials. Estoy convencida de que el sentimiento de pertenencia a una comunidad ha guiado gran parte de las conductas humanas durante toda la Historia. Desde la adhesión a un grupo religioso o político, pasando por la práctica de ciertas actividades -deportes, ramas artísticas- o profesiones, absolutamente todos los atributos de la persona sirven para clasificarle y, por tanto, habilitarle la entrada a uno u otro colectivo. En esa inmersión, el sujeto encuentra la seguridad de ser aprobado por los demás, que son de su misma clase, similares de alguna forma.

Esto no ha cambiado con la llegada de Internet. Lo que ha cambiado es que ahora ese grado de aprobación se mide. Se cuantifica. Se expone al resto.

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Sobre el autor Andrea Tovar
Ya he cumplido 26: voy de capa caída. Al menos tengo una web: andreatovar.org | El org del final me hace sentir como una entidad benéfica. Dame likes y shares y visitas. Make me rich.

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