La Verdad

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SOLUCIÓN AL 25/2/2017 : CASUALIDAD O LÓGICA REFLEXIÓN
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Alberto Requena | 08-03-2017 | 00:13| 0

CASUALIDAD O LÓGICA REFLEXIÓN

Investigar es el acto humano en el que mediante la formulación de una hipótesis y empleando un método se contrastan los hechos observados con las hipótesis de partida para formular unas conclusiones. En la metodología radican los requisitos para la calificación de una investigación como científica: criterios de objetividad y rigor, compartidos por el ámbito científico; ausencia de subjetividad. La reproducibilidad de las conclusiones es condición sin equa non, para que el método sea científico. Es la garantía de haber descubierto la ley que rige el proceso y que se estudia: la regularidad.

La observación, por tanto, es el punto básico, ineludible en toda investigación científica. Saber observar, tener oficio en la observación, no descartar nada sin la seguridad de que se puede prescindir de ello es tan importante como haber adquirido la destreza de planificar la observación y establecer el itinerario a recorrer desde las hipótesis hasta las tesis. En muchas ocasiones y no sin cierta sorna, se habla de serendipia, otorgándole una pátina de casualidad o intervención del azar, cuando suele estar más cerca de una vigilia permanente en la observación de aquéllo que para otras mentes, incluso más privilegiadas, pasa desapercibido. La gracia del buen investigador es ser capaz de ver lo que otras mentes no han sido capaces de identificar, observando las mismas cosas.

El descubrimiento de la benzopurpurina (purpurina) ejemplifica bien la referencia. En el siglo XIX y buena parte del siglo XX, la figura del ayudante de laboratorio fue una profesión muy acreditada para el laborante que llevaba a cabo las tareas rutinarias de la investigación. Duisberg trabajaba en la fábrica de colorantes Bayer en Elberfeld y el mozo de laboratorio se llamaba Dornseif. Mientras que en la factoría Agfa de Berlín, habían partido de la anilina para la fabricación de los colorantes, en la fábrica de Bayer habían partido de la toluidina. El trabajo era duro porque pretendían obtener un color rojo, pero no lograban un método reproducible, ya que una vez obtenían un color demasiado pálido, otra era del color del ladrillo y otras gamas que no se aproximaban a la pretendida, como el rojo Congo que habían obtenido en Agfa. El mozo no daba abasto para limpiar los vasos de precipitados que se acumulaban en la pileta del laboratorio con precipitados de colores gris, negro o rojo. En cierta ocasión Duisberg precisó un vaso limpio y se acercó al lugar de trabajo del mozo de laboratorio en búsqueda de aquél, encontrándose con los vasos sucios, pero antes de llamar la atención por el descuido, apreció que había algo rojo brillante en algunos vasos. Justo lo que andaba buscando hacía mucho tiempo. Simplemente, la reacción requería más tiempo del que le estaban dando. De haber sido diligente el mozo de laboratorio, no hubiera encontrado la purpurina.

 

¡Qué increíble casualidad! Pero estas casualidades no son infrecuentes en la Ciencia o en la Técnica. Muchas veces se invierte tiempo, esfuerzo y dinero, sin lograr nada. Pero, en un momento dado, se descubre en alguna parte, algo a lo que no se había dado ningún valor y que tiene bien las propiedades buscadas, bien otras interesantes para aplicarlas. Ciertamente, un químico no se puede ver arrastrado por lo bello o lo interesante y no puede dejar al margen productos que le parezcan de escaso valor o resultados inútiles. El científico que trabaja empíricamente, debe estar atento a cualquier veta que aparezca. Necesita instinto para saber lo que puede o no ser un resultado aceptable.

No se trata de que el azar venga a herir el amor propio del investigador, sino de la atención en que cualquier condición o restricción puede haber pasado nuestro control y su incidencia sale a flote en cualquier momento. Hay ámbitos más proclives a la necesidad de observación técnica, que son aquellos entornos que no goza del rigor propio del ámbito científico. Para combatir el moquillo en los perros se había difundido que la naftalina tenía propiedades febrífugas. Un farmacéutico dispensó, pretendidamente la naftalina que le pidieron. Habiendo observado la eficacia y cuando los usuarios ya estaban redactando un informe sobre la eficacia de la naftalina, el farmacéutico les informó que se había equivocado y les había suministrado acetanilina, en lugar de naftalina, que sigue siendo hoy día, junto a la fenacetina, el principio activo más eficaz contra la fiebre. Es decir que podemos llegar al descubrimiento por casualidad o por una lógica reflexión. Mejor la segunda.

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SOLUCIÓN AL 11/2/2017: EL ESQUIVO PUNTO
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Alberto Requena | 08-03-2017 | 00:09| 0

 

EL ESQUIVO PUNTO

Estamos familiarizados con el concepto geométrico de punto como ente fundamental, junto con la recta y el plano. Si se trata de un ente geométrico, sin dimensión, no tiene longitud, ni área, ni volumen. Describe una posición en el espacio con respecto a un sistema de coordenadas. Euclides lo definió como lo que no tiene ninguna parte. Pero no es un objeto físico. En Ciencias de la Naturaleza, el punto no tiene el mismo significado que en Geometría. Para empezar, hay puntos de diversos tamaños, como evidenciaremos.

La Historia de la Humanidad se plasma en una búsqueda constante e infatigable para explicar la realidad percibida. Progresivamente, se han ido construyendo teorías que la expliquen, desde el nivel más elemental hasta el más grandioso. Siempre ha sido un anhelo construir una teoría final, global, total. No ha sido posible, por el momento. Así que, nos hemos contentado con respuestas parciales, fragmentarias, limitadas. No deja de sorprender que hayamos sido capaces de describir partes, sin tener una idea cabal del todo. Hemos sido capaces, como Humanidad, de ir todavía más lejos, dado que, por ejemplo, encontramos explicación al movimiento de una máquina que surca los aires, independientemente del material de que está construida o de su naturaleza íntima, como ocurre cuando aplicamos las leyes de Newton, pongamos por caso. Es decir, describimos a una determinada escala, ignorando lo que acontece en el mismo sistema a otra escala diferente, todavía no comprendida o, incluso, ignorada. En torno a 400 a.C., Demócrito y Leucipo propusieron concretar la unidad básica de la materia en lo que denominaron átomo (que significa sin división, aunque posteriormente se ha revelado inapropiada la denominación), pero el arrebato imparable de Aristóteles, en torno al 350 a.C., enterró durante muchos siglos la propuesta de aquéllos, sustituyéndola por la mágica combinación de cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua, que ha enredado a la Humanidad hasta tiempo, relativamente reciente y permanece latente en algunos pocos, todavía no convencidos de las evidencias científicas.

La reflexión inevitable se formula así: ¿cómo se explica la realidad si para la materia no hubiera una unidad mínima de referencia? Pues, lo más inmediato es que podríamos subdividir la materia hasta el infinito. Pero ¿qué ocurriría si pudiésemos dividir, por ejemplo, una gota de agua infinitas veces? Pues que el “charco” que formaría la gota podría tener un espesor infinitamente pequeño y ocupar, por tanto, toda la superficie que nos pudiéramos imaginar. Nunca acabaríamos de disminuir su espesor. Pero la evidencia directa es que el “charco” debido a la gota es de espesor finito. Eso nos dice la observación. Contiene moléculas. Las moléculas interaccionan eléctricamente y mantienen fuerzas operativas entre ellas, de naturaleza eléctrica, genitoras de la tensión superficial, a la que se debe una resistencia a aumentar la superficie de contacto con otro medio, manteniéndolas unidas entre ellas, preferentemente. Por ello, la gota mantiene su identidad y no se extiende en cada vez más finas capas de espesor decreciente. Las moléculas contienen átomos que se evidencian en las reacciones químicas. Los átomos, mal llamados así, se componen de núcleo y electrones que, desde la ignorancia, se dice que giran sobre aquéllos, aunque si fuera así colapsarían sobre el núcleo al ser cargas aceleradas girando y obligadas, por tanto, a emitir radiación electromagnética y perder energía. La Mecánica Cuántica remedia tal desatino y solamente permite ciertas órbitas, aportando estabilidad al átomo. En el núcleo, los protones, con carga positiva, se deberían repeler, en lugar de coexistir. Para mantenerse en paz, requieren fuerzas que lo justifiquen, como la denominada fuerza de interacción fuerte. Esto indica que estas partículas tienen que estar formadas por algo todavía menor que ellos, que contrarreste la repulsión eléctrica, como son los denominados quarks. Si nos detenemos aquí, surgirá todavía la pregunta de ¿por qué los electrones y los quarks no están constituidos por otras partículas, todavía de menor tamaño? Podemos pensar que el electrón ya es un punto. Pero el principio de incertidumbre arrasa con el concepto de punto, por cuanto el principio de Heisemberg, convierte el punto en un lugar difuso en torno a la partícula en observación. El tamaño de este punto, depende del contexto; en la versión original depende de la velocidad y de su masa. Si el electrón o algo por debajo de él en tamaño, fuera un punto, precisaríamos observarlo con herramientas en una escala cuyas unidades fueran de tamaño inferior. La radiación nos vale para ello. Cuanto menor sea la longitud de onda más pequeño puede ser el objeto a observar. Pero esto implica que aumenta la energía, según la ecuación de Planck y Einstein para los fotones. Si descendemos en el tamaño del punto a detectar, incrementamos la energía de la onda precisa para ello. Infinitamente pequeño en tamaño, supone infinitamente grande en energía. ¿hasta dónde? En tamaño hasta la distancia de Planck. En energía unos mil billones de veces la que hoy puede conseguir el acelerador LHC del CERN en Ginebra. Con el riesgo de que en la acumulación de mucha energía en un punto, generaríamos un agujero negro. El espacio-tiempo estaría lleno de agujeros negros microscópicos. Estamos a mucha distancia todavía de saber a Ciencia cierta donde está el punto.

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SOLUCIÓN AL 28/1/2017 : PONIENDO COLOR AL MUNDO Y…
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Alberto Requena | 08-03-2017 | 00:04| 0

PONIENDO COLOR AL MUNDO Y…


El mundo que observamos tiene color. La vida no discurre en blanco y negro. Desde siempre se ha buscado el color, en todas las culturas. Los colorantes naturales fueron muy preciados y supusieron una economía boyante. Se obtenían, solamente, a partir de derivados de plantas, invertebrados o minerales. Ya hay constancia de ellos en el Neolítico. En China constan desde hace más de 5.000 años. Una tablilla neobabilónica, datada en el siglo VII a.C., relata una receta para teñir lana con lapislázuli. Las fibras textiles se coloreaban antes del hilado o después de éste. Los denominados mordientes, taninos procedentes de agallas, sales, alumbre natural, vinagre o la misma orina envejecida, fijaban el colorante a las fibras. La fibra aconsejaba el colorante apropiado: las fibras de celulosa, como algodón, lino, etc., requerían que el colorante reaccionara con la fibra, que normalmente se sumergía y se fijaba a la luz solar con intervención del oxígeno. Las fibras de proteína, como la lana, cachemir, angora, seda, cuero, etc., requerían colorantes ácidos y mordientes indirectos. Hoy, los colorantes naturales son muy variados, algunos procedentes de insectos, como el rojo de la cochinilla, otros, como el amarillo a partir de la orina de la vaca, el azul de la plantas indigoferas, el verde del arsénico o el ámbar de la arcilla, etc.

A mediados del siglo XIX el azul índigo natural era muy apreciado y estimuló la investigación intensiva en los derivados del alquitrán de hulla, hasta dar con la síntesis del mismo e iniciar la producción artificial de los colorantes, desplazando la economía del sector primario al sector industrial. En torno a 1865 se abrió en Manheim la empresa Badische Anilin und Sodafabrik (BASF), que produjo el índigo artificial según la fórmula descubierta por el químico alemán Adolf von Bayer que la sintetizaba a partir de benzaldehído, acetona y una base procedente del alquitrán de hulla. Consiguió la patente en 1880 y recibió el Nobel en 1905. En poco tiempo floreció el negocio de la producción de colorantes: derivados de la anilina, fucsina y sus violetas, azules, verdes, resorcina, azafranina, auramina y rodamina, la eosina y el azul de metileno, la denominada rubia (alizarina) que desplazó la producción de la natural, producida en el sur de Francia, los colorantes azoicos, que teñían el algodón sin necesidad de mordiente. Los tintoreros pasaron de manejar veinte colorantes naturales a más de quince mil sintéticos. Todo se inició con la separación, veinte años antes, de la isatina, contenida en el índigo natural. Mediante la combinación con pentacloruro de fósforo, se volvió a pasar de la isatina al índigo, que ya era artificial, por tanto. La verdadera síntesis se logró en 1878 al obtener la isatina a partir del ácido fenilacético.

En 1870 una joven recién casada regaló un microscopio a su marido, que ejercía en un pueblo de Prusia Oriental. Le acopló un condensador de luz Abbe y adaptó los pasos de rosca, pasando de 300 hasta mil aumentos. Se trataba del Doctor Koch, cuya obsesión era definir las características de enfermedades como la escarlatina, la difteria, la gangrena, etc., con las que manejaba a diario con sus enfermos. Ahora, disponía del microscopio. Advirtió que los tejidos que observaba bajo el microscopio se confundían al incrementar los aumentos, ya que eran demasiado transparentes para percibir sus contornos con luz débil. Se le ocurrió teñir los tejidos con todos los colorantes de anilina, en todos los colores y tonos, hasta encontrar la tinción más favorable. En un frotis (preparación microscópica delgada y transparente para observación al microscopio) teñido, de un cordero enfermo de carbunco, identificó una especie de palitos que formaban hileras. No sabía si tenían que ver con la enfermedad. Una gota de sangre de un cordero enfermo se la inyectó a un ratón y murió éste. Una gota de sangre del mismo cordero enfermo, mezclada con el suero de un cordero sano, le arrojó una cuenta de unos cien palitos. Puso la mezcla en una estufa y lo mantuvo dos días a la temperatura del cuerpo humano y ahora en el frotis contó millares de palitos. Knoch descubrió de esta forma el bacilo del carbunco. En 1882, con ayuda del microscopio, el azul de metileno y el condensador de Abbe, descubrió el bacilo de la tuberculosis

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SOLUCIÓN AL 14/1/2017 : ENVIDIAS Y AMBICIONES
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Alberto Requena | 07-03-2017 | 23:49| 0

ENVIDIAS Y AMBICIONES

 

En 1864 Laugen y Otto fundaron en Colonia la fábrica de motores Deutz y buscaron a un ingeniero, Daimler, que trabajaba en una fábrica de máquinas en Karlsruhe, pero lograron convencerle con el futuro de los motores a gas. Otto había dado con la clave del motor a cuatro tiempos, consiguiendo el gas apropiado. La ventaja sobre el motor atmosférico era lo silencioso que resultaba el motor de cuatro tiempos. Pero el motor funcionaba de forma irregular y lentamente y su rendimiento era muy bajo. No lograba más de tres HP (caballos). Una máquina así no la podía ofrecer al público.

Entró en escena Daimler, convenido de que la máquina de vapor era demasiado pesada, ocupaba mucho espacio el depósito de combustible, el calentador y tenía enormes dimensiones. El motor, en cambio, no requería ni depósito, ni calentador y se le ponía en marcha y paraba en cualquier instante y, sobre todo, su reducido tamaño. Los motores, pues, tenían que ser pequeños y menos pesados. Las cuentas eran diáfanas: para lograr una potencia de un caballo, se requerían casi mil kilos. Si pretendíamos mover un carro a motor, para dar cabida a la potencia de dos caballos, habría que cargar el vehículo con dos mil kilogramos de combustible. Pero el desplazamiento de estos dos mil kilos, requería dos caballos, solo para ello, con lo que el rendimiento de un motor así hubiera sido cero. Objetivo, por tanto, para Daimler: mayor potencia a igual peso o un peso más ligero y mayor número de revoluciones.

Daimler venía de trabajar en una fábrica de armamento, donde la precisión y la excelencia eran el leiv motiv. Decíase que “para la técnica, no basta el trabajo mecánico, exige precisión”. Los motores de gas se alimentaban con gas del alumbrado, obtenido en las fábricas de gas, mediante destilación de hulla o carbón de piedra o madera, en ausencia de aire a temperaturas de 1200-1300 ºC, produciéndose una mezcla de hidrógeno, metano, etileno, monóxido de carbono, dióxido de carbono, nitrógeno y oxígeno, en orden descendente en proporción, siendo el primero un 45% de la mezcla. No se podía obtener en otras instalaciones y eran pocas las ciudades que las tenían. Era importante independizar el motor del gas del alumbrado. Se ensayó con gas de carbón y con hidrógeno puro, resultando demasiado caros, aunque funcionaban bien. Se ensayó con líquidos que se evaporaban fácilmente y los vapores resultaban explosivos. Se encontró un candidato en el petróleo: la bencina. No sabían cómo evaporarla y emplearon un ovillo de lana embebido en bencina que situaron ante la abertura de la aspiración del motor. El experimento acabó al reventar un cilindro. Daimler y sus colaboradores se dedicaron a perfeccionar un vaporizador.

Otto seguía insistiendo en el motor de cuatro tiempos, ya lograda la patente. Daimler consideraba insuficientes las 150 – 180 revoluciones que lograba en el mejor de los casos. Al alcanzar las 250 revoluciones fallaba el encendido y las explosiones eran irregulares. Daimler logró, con el tiempo, reducir la cilindrada por segundo de 100 litros por caballo a 50 y posteriormente a 10. El peso del motor disminuyó, por lo tanto, de 1000 kilos a 100 kilos por caballo. Lograron construir un motor de cuatro tiempos de ocho caballos, con un solo cilindro. Posteriormente, Daimler acopló dos cilindros accionando los pistones de ambos cilindros, sobre el mismo eje del cigüeñal. En 1882 salió de la fábrica de motores de gas de Deutz, el primer motor de 80 caballos.

Dos casas comerciales, desde la envidia o ambición comercial, descubrieron que un relojero de Munich había informado de una máquina que funcionaba según el principio del motor de cuatro tiempos. El relojero había muerto y nunca patentó tal cosa, pero la circunstancia la aprovecharon para entablar un proceso de grandes dimensiones contra Otto. Ingenieros, científicos y fabricantes revelaron bajo juramento los logros de Otto, haciendo ver que, sin los méritos de Otto, no existiría ningún motor de cuatro tiempos de gas. Todo fue inútil, el tribunal retiró la patente a Otto en 1886. Pérdida material, pero ofensa y amargura suficientes para causar el fin prematuro de Nicolás Otto en 1891.

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SOLUCIÓN al 10/12/2016: TIERRAS PRÓXIMAS
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Alberto Requena | 07-03-2017 | 23:41| 0

TIERRAS PRÓXIMAS

En el mes de agosto pasado, le revista alemana Der Spiegel se hizo eco de un anuncio de los científicos del Observatorio Europeo Austral que daban a conocer la existencia de un nuevo exoplaneta similar a la Tierra. Orbita en torno a Próxima Centauri que es la estrella más cercana del sistema solar, a una distancia que permite la existencia de agua líquida en su superficie.

La condición más restrictiva para que pueda haber vida es la presencia de agua líquida. Es el componente más importante para los seres vivos. El calor específico del agua, es excepcionalmente elevado, 1 kilocaloria / kilogramo ºC, es decir que hemos de suministrar 1 kilocaloria por cada kilogramo para elevar la temperatura solamente 1º C. Para que nos hagamos una idea, el calor específico de la Tierra es de sólo 0.44; el del acero es 0.12; el del aire es 0.12 y el del aceite es 0.45, en las mismas unidades en que el del agua es 1. Esto hace que el agua se caliente despacio, porque necesita mucho aporte de calor y que se enfríe también despacio, en relación a otros compuestos. Cuando aplicamos la misma cantidad de calor a dos muestras que contienen distintos compuestos de diferente calor específico, la de menor valor se calentará más rápidamente. Si mantenemos la aplicación de calor el mismo tiempo, la de menor calor específico alcanzará una temperatura más elevada.  Pensemos que los mares, que son acumulaciones de agua, dadas las características de ésta, tendrán mucha inercia para calentarse y para enfriarse. Los mares y océanos modulan la absorción y emisión de calor y esto sirve de regulador de la temperatura. Cuando llega a estar caliente el agua del mar por la acción del Sol, ya es de noche y comienza a enfriarse. El resultado es que la temperatura del agua no cambia mucho y permite la existencia de vida en ella.

El agua asciende por un tubo, gracias a la capilaridad que consiste en que la fuerza intermolecular o cohesión intermolecular entre las moléculas que la forman, es menor que la adhesión del líquido al material del tubo. Se dice que el líquido moja. Sube por el tubo hasta que la tensión superficial se equilibra con el peso del líquido que llena el tubo. En caso contrario, cuando la adhesión es mayor que la cohesión, no moja y la misma tensión superficial hace que el nivel descienda y la superficie es convexa. Es el caso del mercurio. Esta propiedad es la que regula parcialmente el ascenso del agua dentro de las plantas, sin consumir energía para vencer a la gravedad y que la savia de los árboles llegue a las hojas, incluso con árboles de gran porte, como las enormes y legendarias secuoyas.

Por si fuera poco, el volumen del agua sólida es mayor que la del agua líquida, así que cuando se congela, lo hace comenzando por la superficie y esto permite que haya vida debajo de la parte helada. La tensión superficial del agua, también es excepcionalmente elevada y supone que haya, incluso, artrópodos que caminan sobre ella, como los mosquitos o los denominados zapateros, lo que ha permitido diseñar estructuras biomiméticas como robots acuáticos y pequeñas embarcaciones

Además de la restricción del agua para que exista la vida, hay otros factores como una temperatura entre -3 ºC y 45 ºC, bien por estar a una determinada distancia de una estrella, bien porque tenga calor interno suficiente para mantener aquellas temperaturas propias de la vida; una atmósfera con oxígeno en la concentración adecuada, ni mucho ni poco, el justo para que tengan lugar las reacciones y otros compuestos como el dióxido de carbono que mantenga el efecto invernadero razonable o el ozono para que filtre la radiación ultravioleta, peligrosa para los seres vivos; la existencia de un campo magnético que desvíe las radiaciones ionizantes a los polos, por ejemplo; una radiación ponderada, de forma que las componentes peligrosas se vean filtradas por algún nivel de la atmósfera, como hace el ozono de la estratosfera, en la Tierra.

Lo cierto y verdad es que el exoplaneta descubierto está asociado a la estrella Próxima Centauri, una de las estrellas de Alfa Centauro, constelación visible en el hemisferio sur y situada a 4.24 años luz de la Tierra. Anteriormente, hace un año aproximadamente, la NASA anunció el descubrimiento de un exoplaneta muy parecido a la Tierra, pero más alejado, a unos 1.400 años luz. Ni uno ni el otro, aunque las distancias sean incomparablemente diferentes, están al alcance de nuestra tecnología de transporte actual. Solamente el telescopio Kepler ha identificado más de 1000 planetas similares a la Tierra. Se llegan a estimar hasta 200.000 en nuestra Galaxia. Es muy improbable que estemos solos. En el Universo entre 15.000 y 20.000 millones de planetas, estar solos es más improbable que estar acompañados.

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SOLUCIÓN AL 2511/2016 PARADIGMAS CIENTÍFICOS
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Alberto Requena | 04-12-2016 | 10:13| 0

PARADIGMAS CIENTÍFICOS

 

Hay cosas que damos por sentado, pese a que no reflexionamos sobre ellas. La posición que los humanos adoptamos ante la Naturaleza, es algo así como de desentendimiento de las cosas que ocurren en aquélla. La interpretación de la Mecánica Clásica propiciada por Newton asumió que las leyes de la Naturaleza se ocupaban de las relaciones (interacciones) de los cuerpos materiales. El éxito de la Mecánica Clásica en la interpretación de la Naturaleza ha sido extraordinario. No sólo logró dar explicación de la posición de los cuerpos celestes y describir sus movimientos, sino que, en esa formulación de Newton, todos los cuerpos materiales quedaban descritos por la misma ley. Las leyes de la dinámica, no solo sirvieron para describir las trayectorias de los proyectiles, sino también predecir y pronosticar cualquier tipo de sistema sometido a fuerzas naturales o artificiales. Un vehículo en movimiento está descrito, hasta en sus más mínimos detalles, por las leyes de la dinámica. El éxito de la teoría clásica radica en su capacidad de predicción del comportamiento. Todo sistema que satisfaga las condiciones que impone la Mecánica Clásica: tamaño y naturaleza de la interacción, queda descrito por las leyes de Newton.

 

Claro que, la autoridad y el reconocimiento de las leyes de la dinámica clásica no tienen por qué limitarse a aspectos determinados y dejar fuera de su interpretación otros.  Si las leyes de la dinámica se expresan mediante una ecuación diferencial de segundo orden, conlleva que, conocidas las posiciones y velocidades de todas las partículas, se puede conocer su pasado y su futuro. Si se supone que el ser humano es un conjunto de partículas materiales, descritas, por tanto, por las leyes de la dinámica clásica, si existiera un super ser capaz de conocer todas las posiciones y velocidades de todas las partículas del Universo, en un instante determinado, podría conocer pasado y futuro del mismo. Con este argumento, enunció Laplace el Determinismo Filosófico. Si las leyes de la Naturaleza, que Newton describió, actúan inapelablemente, no tienen en cuenta a los seres humanos que las interpretan. Y el caso es, que la experiencia vital nos confirma estos extremos. Las cosas tienen su lugar y, salvo que nosotros las alteremos deliberadamente, siguen en su lugar. Tan sólo las leyes que describen la conducta de los objetos materiales pueden justificar la conducta de los cuerpos materiales. Nuestra casa, vuelve a estar donde la dejamos por la mañana. La Luna ocupa su sitio, el descrito por las leyes de Newton. Tanto si la miramos como si no, sigue en su sitio, inpertérrita. No es nada complicado entender que la formulación del determinismo y la predestinación tenían un fundamento muy efectivo para su formulación.  Otra cosa es que para algunos persistan argumentos, al margen de las lagunas posteriormente encontradas, con las consiguientes interpretaciones más ajustadas a los hechos, que harían cuestionar interpretaciones.

 

La interpretación que abriga la Ley de Newton es que la realidad es lo que es, independientemente de quien la observa, percibe o analiza. Esto también implica que todos tenemos que ver las mismas cosas. De hecho, cuando alguien ve cosas que nadie más ve, se le clasifica de trastornado de algún modo. El mundo, según a interpretación a la luz de la teoría de Newton, por tanto, se comportaba del mismo modo, independientemente de que alguien lo observara o no.

 

Con esta teoría la Humanidad avanzó de forma espectacular entre los siglos XVII y XIX, hasta finales. Todo el corpus teórico desarrollado en torno a la propuesta de Newton, permitió el nacimiento y desarrollo de la revolución industrial, con todos los avances que supuso tal época trascendental para la Historia de la Humanidad. Pero a finales del siglo XIX se comenzaron a acumular cosas que no encajaban en la descripción de Newton. También esto implica que tanto la teoría como las interpretaciones podrían, como mínimo, completarse, si no cambiar el paradigma por otro más capaz de pronosticar más ajustadamente las conductas. Así nació la Cuántica, por cierto.

 

Una cosa son los hechos, los datos, que son los que maneja la Ciencia, formulando modelos que no son más que sistemas simplificados de la realidad, con objeto de poder llegar a desentrañar su comportamiento. Otra cosa bien distinta son las interpretaciones, que son integumentos con los que se abrigan propuestas o llevan a conclusiones, que no necesariamente se atienen a los hechos. ¡Cuidado! ¡Así son las cosas!

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Solución al 12/11/2016 MONEDA FALSA
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Alberto Requena | 20-11-2016 | 20:01| 0

Cerrada la fábrica de Otto en Colonia, Daimler dejó Deutz donde había trabajado decisivamente en la producción de los motores de cuatro tiempos de Otto y se trasladó a Cannstatt para producir, ahora, motores propios. Un par de pequeños tornos, algunos bancos de tornillo y dos perforadoras, que funcionaban todas a mano, era todo el instrumental con el que partían. Tres cerrajeros constituían, junto con su colega Maybach y el mismo, todo el personal del proyecto. Logró de ellos unos mecanismos de precisión. Siempre recordaba que el primer constructor de un motor de cuatro tiempos fue un relojero. Construyeron un cilindro de bronce que situaron horizontalmente y lo había fundido un fundidor de campanas; la refrigeración era por aire; el encendido mediante una batería eléctrica y un volante de hierro fundido, esperando conseguir muchas revoluciones. Para ello acortó la carrera del émbolo y mejoró la dirección del encendido.

Si pretendía que el motor fuera a incorporarse al tráfico, tenía que ser ligero. La obsesión de conseguir un mayor número de revoluciones del motor, supondrían más camino en menos tiempo. Pasaba las 200, las 240 y las 250 revoluciones, pero a partir de aquí la marcha fue irregular, fallando los tiempos. No conseguía superar lo que alcanzó en Deutz. Maybach el compañero inseparable de Daimler, estudió el comportamiento llegando a la conclusión que dependía del encendido. Pero Daimler no analizó más las piezas y consideró que ya había calculado bastante. Era momento de dejar paso a la intuición. Se sumergió en el patio de su casa, donde había construido un invernadero, incluyendo pitas, helechos y palmeras, orquídeas, madroños y frutales enanos, melocotoneros y albaricoqueros, etc. Su mundo, pues, se dividía en una nave de motores, junto a una casa que representaba la mitad de la instalación, bien florida. Contemplando sus plantas, tuvo una idea de cómo mejorar el encendido. Ante algo que debía guardarse en secreto, trasladaron las piezas del motor a una parte de la nave, a cubierto de miradas curiosas que durante el día pudieran pretender descubrir las mejoras. Él y su compañero de fatigas Maybach, trabajaban de noche en la mejora del encendido y algunas piezas más del motor.

Un día se presentó en el taller el comisario de policía acompañado de un agente. Le trasladó una queja presentada contra Daimler. Pese a que Daimler pretendió llevarlos a su casa, no consintieron. Los vecinos sospecharon que por la noche ocurrían cosas a puerta cerrada. Daimler no entendía que por una queja estuviera tan serio el comisario, hasta que éste le confesó que se trababa de una denuncia. Le exigió que le enseñara todos los locales. Le preguntó qué es lo que hacían allí, a lo que Daimler contestó que fabricaban motores. El Comisario escudriñó todos los cajones, piezas y objetos, incluso los del local que estaba bajo llave y se sorprendió al ver el motor en la habitación. Preguntó entonces por qué habían tapado las ventanas. Daimler le hizo ver que el motor que tenía ante sus ojos le había llevado arduos trabajos desde hacía años y que era el primer ejemplar que tenía un encendido mediante un tubo incandescente y que ése era el secreto de la habitación. Ahora ya estaba solicitada la patente y el motor alcanzaba hasta 900 revoluciones. Exhibió el motor funcionando ante el comisario, asustándose éste por el chorro de fuego que emergió por el corto tubo de escape.

Fuera de la instalación le dijo a Daimler que no sabía que se dedicaba a esas cosas. Se había sospechado que se dedicaba a fabricar moneda falsa. Daimler contestó con una sonrisa, lo que sorprendió, todavía más al comisario. Se dispuso a darle una explicación. Condujo al comisario a su jardín botánico y le dijo: aquí es donde yo cometo la delincuencia que ustedes sospechaban; aquí cultivo plantas tropicales, propias de Ceylán o de África y las hago brotar y crecer aquí, bajo la impostura de un clima mentido y las mantengo artificialmente en vida. A esto es a lo que yo llamo fabricación de moneda falsa. Naturalmente, el sumario c

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SOLUCION AL 29/10/2016 LOS HECHOS MANDAN
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Alberto Requena | 20-11-2016 | 20:06| 0

LOS HECHOS MANDAN

Mayer, estudiante en la Universidad de Tübingen en Alemania, hijo del boticario de Heilbronn, organizó un movimiento estudiantil, calificado de subversivo y fue juzgado ante un tribunal presidido por el Rector, que actuaba en el paraninfo de la Universidad. El lema de la asociación era: libertad, honor y patria. Se negó a dar los nombres de sus compañeros, entendiendo que eso suponía delatarles. Había ido a estudiar medicina, pero no asistió casi a ninguna clase, aduciendo que no había mucho que oír en ellas. Se quejó amargamente de todos los profesores que se limitaban a enseñar lo que ellos habían aprendido hacía mucho, sin haber aportado nada nuevo. Ciertamente, en la época, siglo XIX, era corriente que las grandes aportaciones no provenían de profesores. Los descubridores de: la electrolisis, la máquina de vapor, el electromagnetismo o la locomotora no eran profesores. Ni Faraday, ni Davy ni Ritter lo eran. Los hombres de ciencia relevantes no habían estudiado, porque no tenían recursos para ello. Mayer decía que estudiaba observando y que esperaba llegar a saber algo, algún día. Este discurso fue interpretado por el tribunal como que no correspondía a una mentalidad sana. La conclusión fue una pena de reclusión durante una larga temporada y recibió el Consilium abeundi, que suponía un consejo coactivo para abandonar la Universidad. Una huelga de hambre hizo que el claustro lo liberara a los seis días.

En febrero de 1840 partía un buque de cuatro palos del puerto de Rotterdam con destino al puerto de Batavia. Fue un viaje lleno de experiencias para un neófito en los mares. Fue interrogado por el timonel, con el que hizo amistad, sobre sus sensaciones, cuando le dejaba las empuñaduras de la rueda del timón en sus manos, tras lo cual le demandó una explicación sobre las razones que justifican que el agua del mar sea más caliente cuando la mueve una tormenta. A Mayer le sorprendió la pregunta. Mientras los marinos lo conocían, él lo ignoraba completamente. Pensando que lo que es válido para lo grande, también debe serlo para lo pequeño, llenó una botella hasta la mitad, tomó la temperatura y después agitó durante cinco minutos y volvió a tomar la temperatura. La temperatura del agua había ascendido un par de grados. Esto le dio que pensar. Al poco, el barco arribo a la bahía de Batavia. Un par de marineros enfermaron, con síntomas de fiebre y problemas respiratorios. Mayer les practicó una sangría, como hacía habitualmente, haciendo manar una sangre casi negra, aunque de la vena salía una sangre clara de color rojo. Pensó que había pinchado una arteria, aunque no se trataba de eso. Le pasó lo mismo con otros enfermos.

El color claro era de una sangre oxigenada, por tanto, no era sangre “gastada” la que detectaba. El cuerpo no necesitaba más oxígeno. La razón explicativa la encontró en que, en los trópicos, el ambiente absorbía menos calor que el aire frío en otras latitudes. Otros efectos derivados del ambiente eran menor apetito y algo más prosaico como que la caldera del buque precisaba menos carga de carbón. Experimentó lo que ocurría con unos marineros muy activos en la descarga del buque, que comían con buen apetito y abundantemente. La sangre también era negra. Logró una explicación: cuando el cuerpo efectuaba un mayor trabajo muscular, tenía que oxidar más alimento y como consecuencia consumía el oxígeno recibido. Era lo que le pasaba a la máquina de vapor del barco: cuando había que caldear más, era cuando la máquina tenía que efectuar mayor trabajo. Por tanto, el trabajo realizado dependía del calor aportado. El calor se transformaba, pues, en trabajo. De aquí dedujo que el calor era igual (“equivalente”) al trabajo. Claro que, por la misma razón, el trabajo se debería convertir en calor. El mar removido era más caliente, según le indicó el timonel. Recordó que cuando era pequeño y jugaba con los amigos a bajar por las barandillas de las escaleras, los pantalones se le calentaban por el rozamiento. Claro que, esto implicaba que el rozamiento era trabajo. Así se justificaba que los indígenas encendieran el fuego frotando maderas. Cuando se danzaba se sudaba, al convertir el trabajo en calor. Fue entonces cuando sospechó que era improbable que se perdiera uno en otro, en cualquier proceso. La capacidad del pensamiento humano no tiene límites, ¡ menos mal ! Aunque muchos lo disimulen.

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SOLUCION AL 15/10/2016 ETERNA VIGILIA
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Alberto Requena | 10-11-2016 | 12:37| 0

ETERNA VIGILIA

La idea llega al inventor y no éste último a aquélla. El objetivo de un inventor es el invento. Pero éste responde a una idea. Una vez que empiezan a tomar vida, les queda un largo camino por recorrer hasta llegar, o no, a eso que con tanta frivolidad se denomina innovación. Menos de 1 en 10.000 inventos, llegan a ser innovaciones. En corporaciones muy profesionales 1 invento de cada 2.000 logra generar una innovación. El lenguaje mal empleado y “pateado” en fondo y forma, hace que en la sucesión: ocurrencia, idea, novedad, invento, prototipo, desarrollo, innovación, sistemáticamente se salten todos y se califica de innovación al más leve de los cambios que ni siquiera terminarán representando ningún avance, ni siquiera para los promotores, mucho menos para la Humanidad, como requeriría, canónicamente. el término innovación,

El nombre del inventor no siempre se asocia el invento. Casi nunca recordamos quién fue el padre de la idea. Los inventos se conocen, se confirman, se utilizan, sin asociarlos, casi nunca, a quienes los idearon. Los inventos generan una técnica nueva, se enseñan, trabajan y producen. Pero rara vez se tiene presente a la mente, como la nuestra, que vivió mucho más intensamente que nosotros, los problemas, los afanes, las esperanzas, también los desengaños que alimentaron lo que ahora disfrutamos de forma anónima. No somos demasiado conscientes de que siempre hay personas pendientes e inclinadas sobre problemas. No cuestiones relacionadas con hacer más dinero, lograr mayor fama o alcanzar mayor reconocimiento, sino intentando resolver el problema que han decidido encarar. Encontrar la solución, desentrañar la intimidad, para conocerla y tratarla. Lograr explicar cómo acontece algo. Conseguir una mejora. La idea está siempre en vigilia. En eterna vigilia.

Afortunadamente, han sido numerosas las personas que se han dedicado a estar en vigilia para que los demás nos aprovechemos. Cuando se cumplen años, en cantidad ya, no estaría mal que la reflexión nos llevara a un repaso de lo que hemos aportado a los demás. No cuanto hemos ganado o las metas que hemos conseguido, sino logros que han representado para los demás avances colectivos, innovaciones. Nos sobrarán, incluso las manos, no ya los dedos. Algunos como Siemens, aportaron inventos abundantes, equilibrando lo de muchos otros humanos estériles. Dio la respuesta europea continental a la máquina de vapor de agua del escocés Watt. Siemens fue el pionero de la electrotecnia, desarrolló un proceso de galvanización, un telégrafo de aguja y presión, cables eléctricos aislados con gutapercha para tendidos submarinos, ejecutó tendidos telegráficos continentales y transoceánicos y produjo locomotoras eléctricas. Sabiendo la importancia de la Ciencia y la Técnica y valorando ajustadamente su importancia, fue un mecenas de la investigación y participó en la fundación del Instituto Imperial de Física y Técnica, en Alemania, de la mano de von Helmholtz. No se trataba de producir cosas para su negocio, sino para el avance de la Humanidad. La muerte de su mujer, Matilde, le sumió en una depresión notable. La paradoja es que él, que tanto hierro había manejado, no fue capaz de suplir la deficiencia de su mujer que también presentaba anemia cuando falleció. Hasta entonces, Siemens había trabajado para lograr la felicidad, ahora lo hacía para olvidarse de la que había tenido hasta entonces.

Arago había descubierto que colocando una bobina aislada alrededor de un núcleo de hierro y haciendo pasar corriente, el núcleo de hierro se hacía magnético. Faraday invirtió el experimento y se originaba una corriente en una bobina colocada en el interior de una barra imán. En Francia e Italia se pretendía producir corriente eléctrica en grandes cantidades, haciendo girar una bobina entre dos imanes de acero. La corriente que se obtenía era muy débil. Se supuso que los polos magnéticos eran débiles. Se aumentó el tamaño de las máquinas, pero no de la corriente. Siemens tuvo una idea: todo magneto inducido artificialmente tiene una huella de magnetismo y este remanente es suficiente para producir corriente en un rotor. Si conducimos esta corriente por las espirales de la magneto, reforzamos su magnetismo y producirá a su vez, en el rotor, una corriente nueva más intensa. Si obramos así sucesivamente la incrementaremos hasta el límite de la instalación. En el primer ensayo reventó el galvanómetro. Siemens había descubierto el principio dinamo-eléctrico. El trabajo se convertía en energía eléctrica. Esta a su vez en trabajo. Los electromotores empezaron a rodar. Se inauguraba la era del alto voltaje. Probablemente la más alta invención jamás realizada por el hombre. Supuso una innovación. Ahora lo sabemos. ¡Y disfrutamos!

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SOLUCION AL 1/10/2016 A TONO
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Alberto Requena | 10-11-2016 | 12:31| 0

­­­A TONO

No puedo evitar la evocación que me produce este título. Respetado y recordado. Siempre tenía el mismo. Con cariño. Tono es uno de esos términos polisémicos, de amplio espectro, que dirían los castizos. Es usual entenderlo en el contexto del ámbito acústico, en el que se traduce por la propiedad de los sonidos que los clasifica según su frecuencia y, cualitativamente, los ordena de agudos a graves. Pero, en otros ámbitos, como en el de la luz, se asimila al nivel luminoso de un color. En el ámbito de la pronunciación pasa a designar el acento particular de ésta. Hay otras acepciones del término que, en todo caso, incorporan conceptos de nivel, altura o conveniencia de algo, según los propósitos de quién lo exhiba.

En acústica, se traduce a una escala de altura, entre bajo y alto. A tono nos indica que algo está acorde con las circunstancias. Una especie de armonía en relación a éstas, incluso en la esfera sexual. Indica, también, que algo se expresa en concordancia con las condiciones anímicas del interlocutor, de uno mismo o de ambos. Los músculos, en una especie de antropromorfización, se contraen y expanden, con o sin el tono que requiere la circunstancia anatómica. Incluso, sirve para designar una señal sonora con la que responde algún aparato, (telefónico, usualmente) para darnos a entender que procede o puede proceder establecer una comunicación. Un comentario se sitúa en un tono, que si es elevado o bajo, indica el nivel, pero si es subido pasa a referirse al grado de obscenidad y si, definitivamente, se sale de tono, nos indica algo inapropiado al momento, lugar o interlocución, que puede volver a su cauce si se “baja el tono” y, en la intimidad, deberíamos “estar a tono”.

Etimológicamente, deriva del latín tonus, que proviene del griego “teino”, tensar. Del latín derivan tónico o tonal, mientras que del griego provienen barítono, átono, oxítono o peritoneo, entre otros. En música, tono es un intervalo que en el sistema temperado equivale a un sexto de octava. La mitad de tono es un semitono y equivaldrá a un doceavo de octava. Cualquier escala procedente de los modos gregorianos consta de cinco tonos y dos semitonos.

Según Oosgod, las palabras pueden representar cosas, “porque producen en nosotros una cierta réplica de la vida real”. La expresividad en música tiene una servidumbre, dado que lo que alguien nos dice acerca de su modo de percibir, necesariamente tiene carácter metafórico, poético, más que analítico. Según Esther Gatewood, la música nos transmite un efecto: triste, serio, divertido, sosegado, nostálgico, patriótico o irritado. Pero Langer apunta que, además del lenguaje esencialmente metafórico de la descripción musical, hay que distinguir entre lo que una persona cree sentir con la música y su percepción del carácter de la música en sí. Ejemplo: una música patriótica o solemne, puede resultar divertida a un extraño, por pretenciosa, por ejemplo.

Hay emociones sentidas directamente y otras contempladas y captadas imaginativamente. Hay que distinguir entre escuchantes y oyentes, según Vernon Lee. No es la forma de oír, sino la actitud, la determinante. El escuchante califica la distracción, en la escucha, como un defecto, mientras que el oyente piensa que no se precisa una atención permanente, una concentración continuada. En música, se puede distinguir una amplia gama de clases de movimientos: extensión, retracción, coalescencia, extrusión, integración, desintegración, ritmos de desarrollo característicos de los seres vivos. Toda percepción requiere un ajuste físico y cualquier actividad física o mental, deja una huella residual, incluyendo los pensamientos. Un oyente, puede evocar situaciones de su propia vida, la biografía del compositor o las gafas del que está enfrente de él. Para un escuchante, esto son distracciones.

La música transmite emociones y una forma de hacerlo es con los acordes (tres o más notas simultáneas), cuyo arte de combinación se denomina armonía. Los acordes mayores y menores, no solamente suenan diferente, sino que la respuesta a nivel fisiológico es distinta, como evidencia la resonancia magnética nuclear funcional. Se activan zonas del cerebro diferentes. Un acorde mayor, transmite alegría, mientras que uno menor produce tristeza. Así se transmiten emociones. Un estribillo en tono mayor, nos transmite optimismo. No incide el ámbito cultural del sujeto, la percepción es universal. Convertir una partitura de un tono mayor a uno menor, altera la percepción. Todo cambia. Samir Zeki, conoce mucho de esto. El cerebro empieza a ponerse a tono.

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Sobre el autor Alberto Requena
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