La Verdad

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Autor: juanjorios
El pensamiento computacional
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Juan José Ríos | 12-05-2017 | 11:38| 0

Imposible expresarlo mejor en una sola frase: educar para innovar, innovar para educar.

  La educación es la primera política económica de un país.  No sólo es un requisito para acceder a un empleo de calidad, sino que constituye un instrumento para garantizar la participación ciudadana, la inclusión social y la igualdad de oportunidades. Es necesario formar a personas creativas e innovadoras, preparadas para el cambio y abiertas a procesos de aprendizaje permanente (Fundación COTEC).

Nuestros jóvenes son los grandes protagonistas de un  futuro en el que, a tenor de todas las predicciones,  no les valdrán de mucho los meros conocimientos adquiridos en su proceso formativo.

Sin restar valor a todos los “saberes” que se enseñan actualmente en los centros educativos, saber quién fue el primer rey de Inglaterra  o los ríos de Siberia están a un click de ratón y no tiene mucho sentido memorizarlos.

Parece necesario revisar los planes de estudio, cuestionar los contenidos puramente memorísticos, abrir hueco para nuevas disciplinas, como la computación, y plantear el uso de metodologías que estimulen la creatividad individual y la adquisición de las competencias transversales.
Las 10 aptitudes transversales más valoradas por las empresas a la hora de contratar a un trabajador en el Reino Unido son, por orden de prioridad: la capacidad de tomar decisiones, el sentido del compromiso, la facilidad de comunicación, la flexibilidad para adaptarse a los cambios,  la gestión del tiempo, el liderazgo, la creatividad en la resolución de problemas,  la asunción de responsabilidades, la capacidad de trabajar en equipo y soportar la presión.

Estas competencias horizontales, también llamadas habilidades blandas, son las que acompañarán al individuo, de forma variable, a lo largo de su vida personal y profesional, con independencia de su formación de base, de su especialización técnica. Algo tendrán que decir los sistemas educativos al respecto.

Los signos del futuro están siempre en el presente, y sin embargo, seguimos  ignorándolos. ¿Hasta cuándo vamos a seguir insistiendo en contenidos obsoletos y métodos de enseñanza anticuados y desmotivadores?

¿Cuándo vamos a empezar en serio a preparar a nuestros jóvenes para las profesiones que demandará la sociedad de forma más o menos inminente?

 

En un mundo digital e interconectado, las TIC se han convertido en una tecnología transversal que posibilita nuevas formas de transmisión del conocimiento, más personalizadas, interactivas, prácticas, motivadoras y hasta más divertidas para los alumnos.

Está probado, además, que la enseñanza de la computación a edades tempranas  hace que mejore el rendimiento de los alumnos en asignaturas como Matemáticas o Inglés, al potenciar las capacidades lógicas, de abstracción y de resolución de problemas.

A este propósito, hay que precisar lo que se entiende actualmente por poseer destreza  informática básica, como habilidad del Siglo XXI, un atributo fundamental para desenvolverse en la sociedad digital y obtener un empleo de calidad:

 

  • Saber diseñar un algoritmoprogramar un dispositivo, no limitarse a usarlo,  superando el concepto de usuario avanzado o de saber reparar un ordenador
  • Adquirir la perseverancia necesaria para resolver problemas
  • Tener los conocimientos técnicos para crear o colaborar en el desarrollo de productos y servicios innovadores en cualquier sector de actividad

 

Una de las últimas corrientes que ha irrumpido con fuerza en el mundo de la educación ha sido la del “coding” o “pensamiento computacional” , que ya está siendo aplicada con éxito en más de 5.000 centros escolares de todo el mundo.

 

 

Con la sana ambición de contribuir a arrojar luz sobre un  futuro de la educación que se antoja inminente, el IES Alfonso X el Sabio de Murcia ha organizado una charla-coloquio sobre Conferencia_El pensamiento computacional a cargo del experto Miguel Zapata Ros, asesor educativo internacional, que se celebrará el próximo 17 de mayo a las 19:30, en el salón de actos del centro.

Va dirigida a profesores de todos los niveles educativos, padres, estudiantes, y a cualquier persona interesada en la materia. La entrada es libre. Os esperamos a todos.

 

P.D. Esta misma semana, la joven científica murciana Mamen Argudo, astrofísica de la Universidad de Antofagasta (Chile), capital mundial de la Astronomía, pronuncia una interesante conferencia divulgativa: “Dime con quién andas y te diré quien eres: Efectos del entorno en la evolución de las galaxias”. Será el el jueves 18/05/17, a las 20:00 horas, en el Museo de a Ciencia y del Agua. Organiza la Agrupación Astronómica de la Región de Murcia .

 

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La cultura de la innovación
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Juan José Ríos | 29-04-2017 | 11:21| 0

En una encuesta realizada en el Reino Unido se han determinado las características que debe poseer una persona culta en la actualidad: ir al teatro y al ballet, reconocer obras de arte, viajar en lugar de veranear en la playa, entender de vinos,  de quesos y de cortes de carne, saber leer música, acudir a tiendas “vintage”… así hasta 40 rasgos de los que reconozco públicamente no cumplir casi ninguno.

La cultura individual es importante, como conjunto de conocimientos básicos, aptitudes y actitudes exigibles a una persona para desenvolverse en la sociedad y por ende, también en el mundo laboral, al que llegamos con nuestro bagaje personal.

Pese a mi baja puntuación como persona poco instruida según el criterio popular inglés, me voy a atrever hoy a escribir sobre la cultura de las empresas y, en especial, sobre  la cultura de la innovación.

La cultura empresarial está compuesta por el conjunto de normas, políticas, costumbres y valores que regulan el funcionamiento de una compañía y que afectan al clima laboral, a la motivación de los empleados, al estilo con el que se desenvuelven cuando nadie les dice lo que tienen que hacer.

De forma coloquial,  la cultura es el modo en cómo se hacen las cosas realmente en una organización, más allá de lo que una empresa dice o quiere ser. Las pautas, algunas no escritas, que determinan el comportamiento de los empleados, puertas adentro, pero que tiene una repercusión evidente en la imagen externa de la marca y en la cuenta de resultados.

Básicamente hay cuatro tipos de culturas organizacionales: la emprendedora, de estructuras planas y muy proclive a la innovación; la de mercado, muy orientada a los resultados inmediatos; la jerárquica, burocrática, centrada en el control y los procesos y, por último, la de clan, más familiar, de carácter muy personal.

Por desgracia, en todas ellas, de forma más o menos intensa, todavía está demasiado vigente el modelo de homo economicus que trajo consigo la división científica del trabajo de Taylor, con su consideración del empleado como una mera pieza de un engranaje, carente de iniciativa y hasta de personalidad.

Es tiempo de un nuevo paradigma, el de la empresa de las personas. Es el momento del homo competens, del protagonismo del individuo, de fomentar el talento como fuente cierta de innovación.

Google,  Twitter, Facebook, Apple, Amazon, …son empresas muy reconocidas por su cultura corporativa. Orientación al cliente, estructuras planas, atracción y retención de  talento, fomento de la creatividad y de la iniciativa individual; que la gente se sienta feliz en el entorno laboral, tenga ilusión por su trabajo son algunas de sus características.

Rasgos que no son exclusivos de estas grandes compañías, sino que están al alcance de todas las empresas e incluso de las instituciones públicas.

La innovación requiere hacer cosas distintas, no consiste en perfeccionar las existentes. Para que innovar no sea flor de un día, en el mejor de los casos, es necesario que se instale en el ADN de las organizaciones la cultura de la innovación como forma de obtener resultados diferentes de forma continua.

Una cultura esencialmente distinta a la que aportan a las organizaciones los sistemas de gestión de la calidad,  incluso contrapuesta, como resalta mi admirado y recurrente Xavi Ferrás, en este provocador post: Empresario, usted no puede innovar”.

Otros autores, como José Cabrera, hablan de organizaciones duales, de crear un diseño organizativo que contemple dos estructuras complementarias: una que garantice la explotación del día a día coordinada con otra que permita la exploración de las oportunidades futuras.

Al hilo de esto, sorprende agradablemente la iniciativa de la Asociación Española de la Calidad, la AEC, que ha elaborado un Manifiesto en pro de la innovación y ha promovido la elaboración de un Indice, pionero en el mundo,  para medir la cultura innovadora de una organización, y por extensión, de un territorio.

 

 

Para la AEC: “La Cultura de la Innovación es el producto de una serie de creencias, valores, actitudes, comportamientos, procesos y recursos. De forma estratégica, sostenible y planificada, genera un entorno que provoca que las personas de la organización se apasionen y comprometan con la generación, desarrollo e implementación continua de nuevas ideas. Supone la ruptura de lo convencional y del statu quo, derivándose de todo ello, un crecimiento personal, profesional y organizacional basado en el éxito“.

En su Manifiesto se destaca que la cultura de la innovación sólo puede desarrollarse en organizaciones centradas en el cliente. Para ello es fundamental el compromiso estratégico de la alta dirección y debe afectar a todas las personas de la empresa. Son éstas las que poseen el talento para crear y transformar. Es necesario habilitar espacios abiertos y transversales y aplicar metodologías para que proliferen las ideas.El rol de los Departamentos de RRHH se torna cada vez más relevante.

Su 9º mandamiento dice textualmente: “Una sociedad moderna y competitiva debe incorporar, promover y divulgar la innovación en todo su sistema educativo, para formar ciudadanos innovadores, crí­ticos, responsables y comprometidos

 

Cómo crear una cultura innovadora en una organización? No es fácil desterrar estilos de dirección arraigados y que han demostrado su validez en el pasado. En una sociedad globalizada, de ritmo vertiginosos, una de las claves de la competitividad es observar y escuchar.

Y por supuesto, actuar de inmediato. Nada ocurrirá por generación espontánea. Y, como se viene haciendo habitualmente en otras áreas de las organizaciones, puede ser conveniente recurrir a consultores externos que aporten las metodologías y los conocimientos que se requieren para generar los cambios que incidan en los valores básicos de la cultura de la innovación: Estimular la creatividad y la aportación de ideas. La tolerancia al fallo. Fomentar el trabajo en equipo.  Eliminación de departamentos estancos. Visión integrada de los servicios, orientada al cliente y no a la organización interna. Comunicación. Difusión del conocimiento.

 

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La educación que viene
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Juan José Ríos | 17-03-2017 | 1:37| 0

“La educación va siempre por detrás de la sociedad. Hay que repensarla y reimaginarla desde el jardín de infancia hasta el posgrado. Necesita un vuelco total” .

Estas drásticas afirmaciones las hacía en Madrid,  hace unos días,  el experto Mark Prensky,   en el marco de la Jornada titulada: Imaginando el futuro de la  Educación” coorganizada por la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación (WISE) y el Banco de Santander.

Los asistentes al evento confirmaron tesis conocidas: El sistema educativo actual mata la creatividad, y sin ella no hay innovación, el gran motor del cambio de la sociedad de nuestros días. La introducción masiva de la tecnología en las aulas no es suficiente.

Para estructurar nuestra sociedad del Siglo XXI, individuos, familias, empresas,  medios de comunicación, líderes de opinión, instituciones públicas y privadas deben propiciar y participar en la celebración de debates valientes y sin prejuicios,  como preconiza el citado foro WISE.

Las escuelas están diseñadas para preparar a las personas a desenvolverse en un tipo de sociedad  industrial que está superado.  El modelo 2x4x6 (2 tapas de un libro, 4 paredes de un aula, 6 horas diarias) está obsoleto, pero su fuerte arraigo mundial y la dificultad de definir un nuevo paradigma justifican su longevidad.

Bien entrados en la era digital y en la sociedad del conocimiento, en los albores de la 4ª Revolución Industrial, la educación parece resistir de forma  impasible las exigencias de transformación que exige la realidad socioeconómica del siglo XXI, el entorno  VUCA (Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo) de los tiempos actuales.

Un médico del siglo XIX se sentiría absolutamente perdido en un hospital de hoy, pero un profesor del siglo XVIII no tendría grandes dificultades para explicar algunas materias, entre las que no se incluiría la Historia de los siglos posteriores, obviamente.

Podría parecer que el cuestionamiento del sistema educativo ha surgido de forma reciente. Nada más lejos de la realidad.

En 1958, en su lucha por la supremacía en la carrera espacial, tras constatar la deficiente formación matemática de los estudiantes americanos, debido en gran parte a la escasez de profesorado competente en esta materia, se promulgó en EEUU la Ley de Educación para la Defensa Nacional (NDEA), dotada con cuantiosos fondos y recursos destinados a promover programas especiales de fomento de las matemáticas y las disciplinas técnicas, que dio unos resultados espectaculares  en pocos años.

Apenas diez años después, Philip Coombs, que fue asesor de Kennedy, decía que “los sistemas educativos de todos los países eran dinosaurios en vías de extinción”.

En 1972, el Presidente americano Johnson encargó un informe que concluyó que “la mejora sustancial de los resultados educativos sólo se puede conseguir a través de un modelo totalmente diferente.

En 1983, Pogrow decía que “el futuro de la educación no podía ser el mismo que su pasado”.

Estas y otras afirmaciones similares en las que se remarcaba que la búsqueda de un nuevo sistema educativo estaba en marcha en todos los países del mundo civilizado  aparecen recogidas por John Tiffin en su libro”La educación en la sociedad de la información”, publicado en 1997.

Una importante reflexión que planteaba el profesor Tiffin hace 20 años,   en defensa de la clase virtual, es que el modelo de aula como elemento clave para el desarrollo de la comunicación profesor-alumno, base del modelo de aprendizaje formal,  no facilita la personalización de la enseñanza ni permite economías de escala.

Revisar sin prejuicios el modelo 2x4x6, cuya base es el aula, lleva implícita la revalorización del papel de los profesores.

En 2011,  en el marco de un proyecto piloto que desarrollamos con las familias en el IES Alfonso X de Murcia  (COMPAH),  nos hicimos eco de una serie de experiencias en países como Finlandia, Suecia, Singapur o los propios Estados Unidos, en los que se da un factor común digno de ser tenido en cuenta: el respeto y el prestigio social que gozan los profesores, que siempre serán grandes protagonistas de la educación.

En Japón, los profesores son los únicos ciudadanos que no se inclinan ante el emperador, en consonancia con el lema: sin profesores no hay emperadores.

 

http://www.libertaddigital.com/ciencia-tecnologia/tecnologia/2015-05-09/el-futuro-de-la-educacion-esta-en-ensenar-a-programar-en-la-escuela-1276547574/

 

Anticipar el futuro sería mucho pedir a los sistemas educativos, que siempre van a remolque de la sociedad. Tiene cierta justificación una prudente actitud conservadora en asuntos de tanta trascendencia social y económica, pero una cosa es evitar el peligro de dar bandazos temerarios y otra, muy diferente, permanecer anclados en un pasado a extinguir, confinado entre los estrechos límites de un aula.

Se han malgastado demasiados años hablando de la necesidad de transformar un  modelo educativo que todo el mundo reconoce que está fallando, que no cubre las necesidades del tercer milenio. Sin embargo nadie parece cuestionarlo de forma decidida y no abundan las iniciativas innovadoras en este sentido.

No basta con pequeños ajustes endogámicos. Como hemos dicho, se precisa un amplio debate social para conciliar la educación formal y la no formal, para articular un nuevo modelo de aprendizaje para toda la vida, para que el mundo de la educación y el de la empresa dejen de ser tribus hostiles, para fomentar la creatividad y las habilidades que se requieren para desenvolverse en la sociedad de la innovación continua.

A este respecto, en la Región de Murcia, el Plan Estratégico 2014-2020,  fruto de las aportaciones y del consenso de muchas personas, que no se nos olvide, recoge:

Línea 4: Educación, empleabilidad y capacitación

 La transformación del modelo económico y social de la Región de Murcia no es posible sin un cambio en profundidad del modelo educativo. La educación, en sentido amplio, es la piedra angular no sólo de la prosperidad económica de las sociedades sino también un instrumento de equidad y de realización personal.

Precisamente en nuestra región, hay algunos profesores que son dignos de mención, por su labor anticipadora del futuro, como Pablo Riquelme, ganador de la última Olimpíada de la creatividad, o Miguel Zapata, un experto en Pensamiento Computacional, materia que será objeto de un post específico, dada su aplicación con éxito en más de 5.000 centros escolares de todo el mundo, y su contribución, como dice Mark Prensky en el vídeo adjunto, a conseguir un “mundo muy, muy positivo” .

 

 

 

 

 

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Gobernar con conocimiento de causa
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Juan José Ríos | 28-02-2017 | 1:12| 0

¿Alguien se imagina a Rajoy o a Donald Trump recibiendo ahora clases de Matemáticas? Pues eso hacía, a finales del siglo XVII,  el Emperador más importante de la historia de China,  KangXi, gran mecenas cultural, que junto a sus altos dignatarios, se formaba a diario en una ciencia que consideraba básica para el desarrollo económico y militar de su país.

Este hecho, tan sorprendente en un monarca,  fue el detonante de la creación de la Oficina China de Matemáticas,  presidida por un jesuita, el padre Grimaldi, sucesor del llamado “Matemático del Emperador“, Mateo Ricci, quien usaba la ciencia como innovador instrumento de evangelización.

Era la época de Newton y Leibniz,  grandes protagonistas, a la vez que  encarnizados rivales, del gran desarrollo que experimentaron las Matemáticas con la invención del cálculo infiinitesimal y de la consiguiente revolución científica que se desencadenó, como iba a ocurrir más de dos siglos después en los Estados Unidos,  cuando,  en su lucha por la carrera espacial contra Rusia, la formación matemática fue considerada cuestión de Estado.

Sin despreciar, en absoluto, el genio creativo del irascible  Newton, el alemán Leibniz (1646-1716) fue más polifacético que aquél: filósofo, historiador, diplomático, poeta, geólogo, músico, alquimista,…todas las ramas del saber le interesaban y procuraba estrechar relaciones con especialistas de los distintos campos y fomentar los intercambios de conocimientos.

La Medicina, en concreto, estaba en pañales como ciencia. Como dato significativo, resaltemos que hasta casi dos siglos después no se generalizó la idea de que los médicos debían lavarse las manos antes de una operación.

Pues bien, Leibniz, fruto de su amistad con el médico italiano Ramazzini,  fue uno de los primeros en recomendar la medicina preventiva, la necesidad de llevar una historia clínica del paciente, de realizar estadísticas que permitieran identificar patrones, de fomentar  las investigaciones médicas, de analizar los datos y compartir las conclusiones,  temas de rabiosa actualidad hoy en día, ¡tres siglos después!

Leibniz era un apasionado de las lenguas. Estaba convencido de que todas tienen el mismo origen, y que en todos los idiomas quedarían vestigios de ese idioma primigenio.

Cuesta trabajo imaginar cómo se podía aprender un idioma en el siglo XVII, y más en plan autodidacta. El genio alemán sabía latín (en el doble sentido),  griego, francés e italiano. Precisamente, el jesuita Grimaldi fue quien le contó la enorme afición a las Matemáticas del Emperador chino,  cuyo idioma también aprendió a los 32 años.

Fue pionero en el uso del sistema binario y hasta fue capaz de diseñar y construir, en 1694,  una máquina calculadora que realizaba las cuatro operaciones básicas, convirtiéndose así en uno de los precursores de la Informática.

Es curioso pero Leibniz encajaría de lleno, a los 300 años de su muerte, en el perfil de los “nómadas del conocimiento”, los llamados knowmads, a los que les dediqué un post: “Bienaventurados los knowmads, ellos tendrán trabajo”en el que escribía:

“En 2020, casi la mitad de los profesionales serán knowmads – nómadas del conocimiento -,  personas creativas, que con independencia de su formación de base, estarán siempre con las antenas desplegadas en busca de ideas innovadoras, abiertas a explorar nuevos conocimientos, amantes del trabajo colaborativo, promotores de estructuras informales y con capacidad de establecer sinergias, dentro y fuera de sus empresas”

Matemáticas e Informática, dos disciplinas básicas íntimamente relacionadas, que están en la base de la acelerada revolución tecnológica de nuestro tiempo.

Creatividad, pasión, apertura de mente, colaboración, transversalidad, comunicación, interdisciplinariedad,…Leibniz era un innovador de libro.

En la actualidad, la formación en lo que antaño se denominaba Ciencias Exactas está muy revalorizada. Faltan matemáticos en nuestro país. Entre nuestros políticos no abundan pero como publicaba El Mundo en un excelente artículo: “los matemáticos gobiernan España”El 20% de los rectores de las Universidades españolas lo son, así como algunos directivos de empresas importantes como IBM o SIEMENS.

Una vez más, la Historia nos brinda ideas para afrontar el futuro. A nuestros gobernantes y directivos no les pueden sonar a chino conceptos como la Internet de las cosas, la realidad aumentada, la inteligencia artificial, la industria 4.0, la bioeconomía, el open data, la impresión tridimensional o las  metodologías como el Design Thinking.

Y sobre todo, deberían ser de general conocimiento los efectos de la convergencia de estas tecnologías en la educación, la sanidad y en la nueva generación de servicios públicos que demandamos los ciudadanos, integrados, y no fragmentados como los existentes hasta ahora.

Quizá, como hacía KangXi, no sería mala idea que nuestros gobernantes asistieran a sesiones técnicas periódicas para conocer de primera mano las claves de la construcción de una sociedad innovadora, las incorporaran a sus discursos y,sobre todo, actuaran en consecuencia, de forma coordinada… y con conocimiento de causa.

Nuestro Rey lo tiene claro. Al menos, su discurso en materia de innovación es impecable. Y se entiende perfectamente.  A ver si le hacemos caso todos.

Para finalizar este post inspirado por Leibniz (también lo he visto escrito como Leibnitz), adjunto un vídeo en el que se honra su memoria:

 

 

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Talento juvenil interconectado
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Juan José Ríos | 18-02-2017 | 7:24| 0

La  innovación es un fenómeno centrado en las personas y protagonizado por ellas. Implica crear redes de colaboración. Va de fomentar la creatividad y de conectar talentos.

Requiere  romper las barreras organizativas mentales y físicas que tanto limitan la generación y circulación de las ideas. Estrechar el  conocimiento más próximo, concentrando actuaciones locales, pero con la necesidad de estar abiertos al mundo de forma permanente.

El proyecto DÉMOLA (espacio donde se crean demos), puesto en marcha en Finlandia en 2008, mediante un acuerdo entre NOKIA y la Universidad de Tampere, promueve la colaboración entre empresas y Universidades, y, como elemento clave, incorpora a los propios estudiantes, quienes, por su juventud y su condición de nativos digitales, pueden aportar ideas frescas y soluciones creativas a los retos planteados por las empresas.

Los universitarios son las estrellas de esta plataforma colaborativa internacional.

 

Esta iniciativa surge  del convencimiento de que las innovaciones más disruptivas surgen de la interconexión de la gente con pasión y talento, más allá de su nacionalidad, cultura y campo de especialización. Es más, estas diferencias actúan como catalizadoras de la creatividad.

 “La innovación con verdadero impacto no surge de unidades desconectadas. Se necesita un ecosistema fuerte en lugar de grandes silos independientes”. 

La novedad de la red DEMOLA es el protagonismo de los estudiantes, de diversas disciplinas,  en la solución de retos reales que plantean las empresas, dentro de un modelo muy práctico que ofrece ventajas para todos, como se explica, de forma muy resumida, en este vídeo:

 

 

En efecto: las empresas reciben propuestas creativas y prácticas de los alumnos, en forma de prototipos y demos,  apoyados por los investigadores de las Universidades. Éstas intensifican los contactos con el tejido empresarial a la vez que motivan a los estudiantes, que ganan en experiencia y empleabilidad.

La plataforma de innovación abierta DEMOLA está activa en trece países de Europa, América y África, englobando a unos  6.000 jóvenes, de 60 Universidades, colaborando con más de 500 empresas en más de un millar de proyectos y retos propuestos por las compañías.

País Vasco, siempre en vanguardia en todo lo que concierne a la construcción de una sociedad innovadora, Canarias y Aragón, son las únicas regiones españolas que se han adherido, como una herramienta más de su ecosistema innovador,  a esta plataforma internacional de innovación abierta.

Algunos ejemplos planteados por empresas y organizaciones en nuestro país, en el ámbito de DÉMOLA:

  • La alimentación del futuro: nuevos productos de alto contenido proteico.
  • Servicios móviles en el sector agrolimentario: integración de aplicaciones en electrodomésticos, promover el desarrollo de conceptos como la venta directa desde productor a consumidor final, entrega en el mismo día, consumo colaborativo…
  • ¿Mediante qué soluciones o iniciativas innovadoras podemos integrar a las personas con discapacidad intelectual?
  • Aplicación de las TIC para diseñar planes de abono específicos
  • Tratamiento más eficiente de los residuos industriales
  • Desarrollo de tecnologías para una ciudad más inclusiva
  • Creación de una herramienta de bajo coste que permita registrar los movimientos de los clientes dentro de un hotel.
  • Diseño de una embarcación preparada para afrontar diferentes fases del rescate de personas en el mar

 

 

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Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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