La Verdad

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Autor: Juan José Ríos
¿Superará la biotecnología al turismo?
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Juan José Ríos | 25-07-2017 | 11:08| 0

Cristina, la hija de unos íntimos amigos acaba de superar con éxito una delicada intervención quirúrgica.

Una arriesgada circunstancia, con final feliz, que he seguido con la lógica preocupación, y que ha acentuado mi especial interés por la biotecnología aplicada al ámbito de la salud.
Este caso ha sido ampliamente recogido por los medios de comunicación por lo que no abundaré en los pormenores médicos del mismo.
Simplemente remarcar que se ha tratado de una intervención pionera en España, ya que sólo 6 pacientes, de otros países, habían recibido antes esta válvula cardíaca de origen biológico que le ha implantado a Cristina el doctor murciano Sergio Cánovas, Jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Virgen de la Arrixaca.
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La juventud, las ganas de vivir,  la fortaleza física y mental de la paciente y el apoyo de su familia han sido factores importantes que han contribuido al éxito de la operación, pero los avances científicos y la pericia de un cirujano innovador como el Dr. Cánovas han resultado, sin duda, elementos decisivos.
Una de las definiciones de innovación menos académicas pero más coloquiales y contundentes que conozco  es que innovar es generar y aplicar buenas ideas que funcionan.
Ideas que generan las personas, fruto de su creatividad y de su conocimiento, también de su perseverancia; que funcionan, es decir, que aportan valor, no necesariamente económico, y como tales son reconocidas por el mercado o por la sociedad. O por ambos.
Y qué mayor valor puede aportar una innovación que salvar vidas, prevenir enfermedades o corregir posibles defectos congénitos, como en el caso de Cristina o en el de las investigaciones dirigidas por el catedrático de la UCAM, Juan Carlos Izpisúa.
Como es bien sabido, en el campo de la salud, la irrupción de nuevos fármacos o la fabricación de innovadoras prótesis asociadas a técnicas avanzadas de implantación, suelen ser el fruto de procesos largos y complejos que requieren una labor intensa de investigadores y de equipos multidisciplinares, aparte de cuantiosas inversiones.
Los laboratorios Edwards, fabricantes de la válvula que ha recibido Cristina comenzaron su andadura en 1958, cuando su fundador, Miles Edwards, un ingeniero de 60 años concibió la idea de fabricar un corazón artificial.
Actualmente esta innovadora compañía está presente en 100 países,  tiene  8500 empleados y ha posibilitado el tratamiento de más de dos millones de pacientes en todo el mundo.
Ya se están produciendo grandes avances en la fabricación de órganos de la mano de la impresión 3D, como el prototipo de corazón de silicona que se acaba de anunciar desde el centro ETH de Zürich, la reconocida Escuela Politécnica Federal a la que asistió Einstein.
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La biotecnología implica a distintas áreas de conocimiento, como la ingeniería,  medicina, veterinaria, física,  química o biología molecular,  y consiste en la utilización o manipulación de organismos vivos, o de compuestos derivados de ellos, para la obtención de productos de valor para los seres humanos.
 La tecnología aplicada a los procesos biológicos incide en campos tan diversos como la medicina,  la farmacia, la medicina, la ciencia de los alimentos, el tratamiento de todo tipo de residuos y la agricultura.

El sector biotech tiene un presente cierto pero un indudable futuro. Un hecho quizá poco conocido es que, con el 10% del PIB en 2015, ya ha igualado las cifras del turismo en nuestro país, alcanzando niveles de facturación que superan los 100.000 millones de euros y empleando a casi 180.000 personas de alta cualificación.
Una buena noticia, sin duda, sin desmerecer a una fuente de ingresos, tradicional y  muy importante para nuestro país, pero menos intensiva en conocimiento.
 Precisamente mañana, 26 de julio,  ASEBIO, la asociación española de bioempresas  publica su informe anual. Lo comentaremos.
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Que viene el lobo
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Juan José Ríos | 29-06-2017 | 6:44| 0

Suiza 164, España 78. Si éste fuera un resultado de baloncesto, o, sobre todo, su equivalente en fútbol,  sería objeto de airados debates populares y motivo de profundos análisis en las más altas esferas deportivas.
Pero no nos preocupemos,  se trata sólo de un marcador global que mide el nivel innovador de los distintos países de Europa y cuya media se establece en 102 puntos, dato que alivia un poco el varapalo comparativo de España.
Innovación y deporte no son, sin embargo, ámbitos disjuntos. Así lo remarcó el año pasado nuestro Rey Felipe VI, en la presentación del informe COTEC 2016, del que nos hicimos eco en este blog:
“Existe un paralelismo claro con el deporte. La creatividad es tan buena para la mente como el ejercicio físico para el cuerpo. Hay que pasar de las proezas extraordinarias a los buenos resultados planificados; de lo individual a lo colectivo; de una concepción personal del éxito, a una proyección del mismo en toda la sociedad”.
 Por cierto, el pasado 12 de junio,en la presentación del informe COTEC 2017, acto que se celebró en el vetusto y casi clausurado Estadio Vicente Calderón, Felipe VI resaltó una de las principales conclusiones de este estudio: “el nivel de inversión en I+D+i sigue estando por debajo de la media y España puede quedar descolgada de los grandes desafíos de los estados actuales”.

Volviendo al principio, el último informe EIS (European Innovation Scoreboard) , del que hemos extraído el resultado del párrafo inicial, sigue refinando sus cálculos, añadiendo nuevos indicadores, como son los relativos a la colaboración público-privada, las capacidades digitales, los recursos humanos o el índice de emprendimiento de los países y regiones europeas.

También ha incorporado el EIS una interesante herramienta gráfica de visualización de datos, que facilita las comparaciones y la consulta de las puntuaciones para cada indicador por separado, y por supuesto, del resumen global.

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Dos informes, el COTEC y el EIS 2017 coincidentes en el tiempo y en el diagnóstico: Que viene el lobo, que sigue viniendo …que España se aleja del norte de Europa y de la senda de los países desarrollados en su apuesta estratégica por la innovación.

Xavi Ferrás, una de las mayores autoridades españolas en la materia, ha comentado los dos recientes documentos que hemos traído a colación , con su habitual estilo punzante pero constructivo, que busca siempre provocar reacciones con los datos en la mano.

Con respecto al informe COTEC 17, el título de su artículo no puede ser más gráfico: “España, innovación africana” :

“Es difícil encontrar un indicador más claro de lo que todos percibimos en la calle: se recupera la economía, sí, pero volvemos a las andadas. Sol, playa, paella y sangría. Vuelve la fiesta del sector de la construcción. Eso de la invención, sigue, desde tiempos de Unamuno, en manos de otros”

Tampoco se queda atrás el post dedicado a los resultados del EIS 2017: Historia de dos Europas:

Europa sigue escindida entre un centro-norte que consolida sus economías basadas en conocimiento, tecnología e industria, y una periferia donde la innovación sigue siendo un bonito slogan que figura en todos los planes estratégicos, pero en muy pocos presupuestos reales, ni públicos ni privados.

Se precisa un marco institucional que priorice de forma absoluta la innovación como forma de competir, de crear valor para la sociedad y de garantizar la sostenibilidad del estado del bienestar”

Por lo que respecta al ámbito regional, el RIS (Regional Innovation Scoreboard),  una extensión del EIS, señala las fortalezas y debilidades de nuestra región, reconociendo los avances experimentados en los últimos años, dentro de la categoría de innovadores moderados en la que nos encuadra, como a la mayoría de las regiones españolas.

Mi voz es muy débil pero se une a las de un grupo de ciudadanos que, liderados  por una persona de mucha visión, experiencia y prestigio, piensa, pensamos que también viene el lobo para la Región de Murcia, y que no basta con avisarlo.

Es momento de que la sociedad civil adopte un papel activo, comprometiéndose con  algo más que palabras en una ofensiva total en la construcción de una sociedad innovadora. Se esperan próximos acontecimientos.

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La criptografía: veneno y antídoto
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Juan José Ríos | 31-05-2017 | 8:10| 0

Marcus Hutchins, un joven autodidacta de 22 años, es el héroe que consiguió parar el reciente ataque del virus informático Wannacry, casi de forma accidental, como él mismo reconoce.

Analizando una muestra del programa malicioso (malware) se dio cuenta de que una línea de código apuntaba a un dominio de Internet que no estaba registrado.

Por sólo 10€, Marcus lo registró y ahí se acabó todo… de momento. El Gobierno británico lo ha contratado pero él teme posibles represalias de los hackers a los que ha reventado un lucrativo negocio.

Este tipo de extorsión informática, que es muy atractiva, rentable y sin riesgo para los cibercriminales,  es conocida como ransomware.

Consiste en acceder y encriptar la información de los ordenadores o dispositivos previamente infectados a través del correo electrónico para solicitar después un rescate (ransom), normalmente en bitcoins, por su liberación.

El virulento ataque de la ciberdelincuencia que se desplegó el pasado 12 de mayo afectó a 166 países. España fue uno de los primeros en sufrir los efectos del Wannacry, ocupando el puesto 18 a nivel mundial en cuanto al alcance de los mismos.

 

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El Instituto Nacional de Ciberseguridad de España (INCIBE),  es la entidad de referencia para el desarrollo de la ciberseguridad como motor de transformación social y de la confianza digital de los ciudadanos, la red académica y de investigación española (RedIRIS) y las empresas.

El INCIBE ha elaborado un documento muy práctico: Ransomware: una guía de aproximación para el empresario  en el que recomienda a las empresas e instituciones afectadas NO pagar en ningún caso el rescate solicitado.

Con respecto a este último y crucial apartado, no nos cansaremos de reiterar el mensaje de que los datos son oro, y como tal hay que protegerlos, como recogíamos en este blog hace ahora 2 años.

El cibercrimen tiene un impacto económico mundial estimado en 500 billones de dólares anuales, superior al que genera el tráfico de drogas y armas.

A tenor de estas cifras tan desorbitadas, sin obviar el mayor umbral de impunidad para el delito que ofrece Internet respecto al mundo físico, cabe presumir que los ataques de ransomware aumentarán de forma exponencial en los próximos tiempos.

Aparte de las connotaciones económicas, dado que el malware puede afectar a infraestructuras críticas de los países, puede ser utilizado también con fines terroristas y acabar costando vidas humanas.

El imparable aumento de dispositivos interconectados, los avances criptográficos y los sistemas de pago anónimos transnacionales son razones que potencian esta amenaza que supone la ciberdelincuencia.

Sin embargo, la misma tecnología que está en la base del desarrollo de Internet (descentralización de la información) y de las criptomonedas, como el bitcoin, que facilitan el cibercrimen, puede ser su antídoto, el arma más poderosa para luchar contra él.

Y no sólo eso, también puede propiciar un cambio de paradigma que potencie de forma sustancial el comercio electrónico, la reducción de la burocracia, el aumento de la transparencia de los gobiernos y la disminución de costes de las transacciones electrónicas.

Se trata del blockchain, una de las tecnologías actuales con mayor poder disruptivo en los negocios y en una gran variedad de servicios basados en la confianza de las transacciones telemáticas.

Esta tecnología blockchain (cadena de bloques) se basa en un sistema de bases de datos distribuidas que garantizan unos elevados niveles de seguridad y de privacidad por mor de sus potentes algoritmos criptográficos.

La Internet actual tiene dificultades para asegurar la identidad de los participantes en una transacción telemática y la integridad de los documentos y activos, sobre todo el dinero, que se manejan en la misma. Esta falta de confianza supone un freno a la actividad económica on line. 

Con Blockchain se crea una especie de gran registro mundial, inmutable y permanente, que va a modificar sustancialmente muchos procesos y servicios que en la actualidad requieren la participación de intermediarios en los que confiamos, como los que prestan los bancos, las administraciones públicas, las notarías, las aseguradoras e incluso los medios de comunicación.

Algunas aplicaciones prácticas de esta incipiente tecnología pueden ser: enviar dinero a cualquier lugar del mundo en tiempo real y a coste casi cero, pagar por el seguro del coche según las horas que se conduce, gestionar nuestra propia historia clínica, pagar los impuestos directamente, votar, la venta on line sin comisiones, la industria del juego, la distribución musical, el periodismo, la certificación de documentos,

Aparte de un antídoto contra el cibercrimen, blockchain aporta una capa de seguridad y de confianza que potencia de forma extraordinaria las aplicaciones, ya de por sí, con gran poder transformador,  de la Inteligencia Artificial, la Internet de las cosas, el Big Data, la impresión 3D, el coche autónomo, los drones o la biotecnología.

Se avecinan cambios radicales que van a afectar  drásticamente a empresas,  Administraciones públicas, entidades financieras y a la sociedad en general. Época interesante la que nos ha tocado vivir, sin duda.

 

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El pensamiento computacional
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Juan José Ríos | 12-05-2017 | 11:38| 0

Imposible expresarlo mejor en una sola frase: educar para innovar, innovar para educar.

  La educación es la primera política económica de un país.  No sólo es un requisito para acceder a un empleo de calidad, sino que constituye un instrumento para garantizar la participación ciudadana, la inclusión social y la igualdad de oportunidades. Es necesario formar a personas creativas e innovadoras, preparadas para el cambio y abiertas a procesos de aprendizaje permanente (Fundación COTEC).

Nuestros jóvenes son los grandes protagonistas de un  futuro en el que, a tenor de todas las predicciones,  no les valdrán de mucho los meros conocimientos adquiridos en su proceso formativo.

Sin restar valor a todos los “saberes” que se enseñan actualmente en los centros educativos, saber quién fue el primer rey de Inglaterra  o los ríos de Siberia están a un click de ratón y no tiene mucho sentido memorizarlos.

Parece necesario revisar los planes de estudio, cuestionar los contenidos puramente memorísticos, abrir hueco para nuevas disciplinas, como la computación, y plantear el uso de metodologías que estimulen la creatividad individual y la adquisición de las competencias transversales.
Las 10 aptitudes transversales más valoradas por las empresas a la hora de contratar a un trabajador en el Reino Unido son, por orden de prioridad: la capacidad de tomar decisiones, el sentido del compromiso, la facilidad de comunicación, la flexibilidad para adaptarse a los cambios,  la gestión del tiempo, el liderazgo, la creatividad en la resolución de problemas,  la asunción de responsabilidades, la capacidad de trabajar en equipo y soportar la presión.

Estas competencias horizontales, también llamadas habilidades blandas, son las que acompañarán al individuo, de forma variable, a lo largo de su vida personal y profesional, con independencia de su formación de base, de su especialización técnica. Algo tendrán que decir los sistemas educativos al respecto.

Los signos del futuro están siempre en el presente, y sin embargo, seguimos  ignorándolos. ¿Hasta cuándo vamos a seguir insistiendo en contenidos obsoletos y métodos de enseñanza anticuados y desmotivadores?

¿Cuándo vamos a empezar en serio a preparar a nuestros jóvenes para las profesiones que demandará la sociedad de forma más o menos inminente?

 

En un mundo digital e interconectado, las TIC se han convertido en una tecnología transversal que posibilita nuevas formas de transmisión del conocimiento, más personalizadas, interactivas, prácticas, motivadoras y hasta más divertidas para los alumnos.

Está probado, además, que la enseñanza de la computación a edades tempranas  hace que mejore el rendimiento de los alumnos en asignaturas como Matemáticas o Inglés, al potenciar las capacidades lógicas, de abstracción y de resolución de problemas.

A este propósito, hay que precisar lo que se entiende actualmente por poseer destreza  informática básica, como habilidad del Siglo XXI, un atributo fundamental para desenvolverse en la sociedad digital y obtener un empleo de calidad:

 

  • Saber diseñar un algoritmoprogramar un dispositivo, no limitarse a usarlo,  superando el concepto de usuario avanzado o de saber reparar un ordenador
  • Adquirir la perseverancia necesaria para resolver problemas
  • Tener los conocimientos técnicos para crear o colaborar en el desarrollo de productos y servicios innovadores en cualquier sector de actividad

 

Una de las últimas corrientes que ha irrumpido con fuerza en el mundo de la educación ha sido la del “coding” o “pensamiento computacional” , que ya está siendo aplicada con éxito en más de 5.000 centros escolares de todo el mundo.

 

 

Con la sana ambición de contribuir a arrojar luz sobre un  futuro de la educación que se antoja inminente, el IES Alfonso X el Sabio de Murcia ha organizado una charla-coloquio sobre Conferencia_El pensamiento computacional a cargo del experto Miguel Zapata Ros, asesor educativo internacional, que se celebrará el próximo 17 de mayo a las 19:30, en el salón de actos del centro.

Va dirigida a profesores de todos los niveles educativos, padres, estudiantes, y a cualquier persona interesada en la materia. La entrada es libre. Os esperamos a todos.

 

P.D. Esta misma semana, la joven científica murciana Mamen Argudo, astrofísica de la Universidad de Antofagasta (Chile), capital mundial de la Astronomía, pronuncia una interesante conferencia divulgativa: “Dime con quién andas y te diré quien eres: Efectos del entorno en la evolución de las galaxias”. Será el el jueves 18/05/17, a las 20:00 horas, en el Museo de a Ciencia y del Agua. Organiza la Agrupación Astronómica de la Región de Murcia .

 

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La cultura de la innovación
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Juan José Ríos | 29-04-2017 | 11:21| 0

En una encuesta realizada en el Reino Unido se han determinado las características que debe poseer una persona culta en la actualidad: ir al teatro y al ballet, reconocer obras de arte, viajar en lugar de veranear en la playa, entender de vinos,  de quesos y de cortes de carne, saber leer música, acudir a tiendas “vintage”… así hasta 40 rasgos de los que reconozco públicamente no cumplir casi ninguno.

La cultura individual es importante, como conjunto de conocimientos básicos, aptitudes y actitudes exigibles a una persona para desenvolverse en la sociedad y por ende, también en el mundo laboral, al que llegamos con nuestro bagaje personal.

Pese a mi baja puntuación como persona poco instruida según el criterio popular inglés, me voy a atrever hoy a escribir sobre la cultura de las empresas y, en especial, sobre  la cultura de la innovación.

La cultura empresarial está compuesta por el conjunto de normas, políticas, costumbres y valores que regulan el funcionamiento de una compañía y que afectan al clima laboral, a la motivación de los empleados, al estilo con el que se desenvuelven cuando nadie les dice lo que tienen que hacer.

De forma coloquial,  la cultura es el modo en cómo se hacen las cosas realmente en una organización, más allá de lo que una empresa dice o quiere ser. Las pautas, algunas no escritas, que determinan el comportamiento de los empleados, puertas adentro, pero que tiene una repercusión evidente en la imagen externa de la marca y en la cuenta de resultados.

Básicamente hay cuatro tipos de culturas organizacionales: la emprendedora, de estructuras planas y muy proclive a la innovación; la de mercado, muy orientada a los resultados inmediatos; la jerárquica, burocrática, centrada en el control y los procesos y, por último, la de clan, más familiar, de carácter muy personal.

Por desgracia, en todas ellas, de forma más o menos intensa, todavía está demasiado vigente el modelo de homo economicus que trajo consigo la división científica del trabajo de Taylor, con su consideración del empleado como una mera pieza de un engranaje, carente de iniciativa y hasta de personalidad.

Es tiempo de un nuevo paradigma, el de la empresa de las personas. Es el momento del homo competens, del protagonismo del individuo, de fomentar el talento como fuente cierta de innovación.

Google,  Twitter, Facebook, Apple, Amazon, …son empresas muy reconocidas por su cultura corporativa. Orientación al cliente, estructuras planas, atracción y retención de  talento, fomento de la creatividad y de la iniciativa individual; que la gente se sienta feliz en el entorno laboral, tenga ilusión por su trabajo son algunas de sus características.

Rasgos que no son exclusivos de estas grandes compañías, sino que están al alcance de todas las empresas e incluso de las instituciones públicas.

La innovación requiere hacer cosas distintas, no consiste en perfeccionar las existentes. Para que innovar no sea flor de un día, en el mejor de los casos, es necesario que se instale en el ADN de las organizaciones la cultura de la innovación como forma de obtener resultados diferentes de forma continua.

Una cultura esencialmente distinta a la que aportan a las organizaciones los sistemas de gestión de la calidad,  incluso contrapuesta, como resalta mi admirado y recurrente Xavi Ferrás, en este provocador post: Empresario, usted no puede innovar”.

Otros autores, como José Cabrera, hablan de organizaciones duales, de crear un diseño organizativo que contemple dos estructuras complementarias: una que garantice la explotación del día a día coordinada con otra que permita la exploración de las oportunidades futuras.

Al hilo de esto, sorprende agradablemente la iniciativa de la Asociación Española de la Calidad, la AEC, que ha elaborado un Manifiesto en pro de la innovación y ha promovido la elaboración de un Indice, pionero en el mundo,  para medir la cultura innovadora de una organización, y por extensión, de un territorio.

 

 

Para la AEC: “La Cultura de la Innovación es el producto de una serie de creencias, valores, actitudes, comportamientos, procesos y recursos. De forma estratégica, sostenible y planificada, genera un entorno que provoca que las personas de la organización se apasionen y comprometan con la generación, desarrollo e implementación continua de nuevas ideas. Supone la ruptura de lo convencional y del statu quo, derivándose de todo ello, un crecimiento personal, profesional y organizacional basado en el éxito“.

En su Manifiesto se destaca que la cultura de la innovación sólo puede desarrollarse en organizaciones centradas en el cliente. Para ello es fundamental el compromiso estratégico de la alta dirección y debe afectar a todas las personas de la empresa. Son éstas las que poseen el talento para crear y transformar. Es necesario habilitar espacios abiertos y transversales y aplicar metodologías para que proliferen las ideas.El rol de los Departamentos de RRHH se torna cada vez más relevante.

Su 9º mandamiento dice textualmente: “Una sociedad moderna y competitiva debe incorporar, promover y divulgar la innovación en todo su sistema educativo, para formar ciudadanos innovadores, crí­ticos, responsables y comprometidos

 

Cómo crear una cultura innovadora en una organización? No es fácil desterrar estilos de dirección arraigados y que han demostrado su validez en el pasado. En una sociedad globalizada, de ritmo vertiginosos, una de las claves de la competitividad es observar y escuchar.

Y por supuesto, actuar de inmediato. Nada ocurrirá por generación espontánea. Y, como se viene haciendo habitualmente en otras áreas de las organizaciones, puede ser conveniente recurrir a consultores externos que aporten las metodologías y los conocimientos que se requieren para generar los cambios que incidan en los valores básicos de la cultura de la innovación: Estimular la creatividad y la aportación de ideas. La tolerancia al fallo. Fomentar el trabajo en equipo.  Eliminación de departamentos estancos. Visión integrada de los servicios, orientada al cliente y no a la organización interna. Comunicación. Difusión del conocimiento.

 

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Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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