La Verdad

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Categoría: Versión policial
Caza de brujas y matonismo virtual

Es cierto que, al escribir, nos auto censuramos y que, al corregir, eliminamos aquello que no nos parece adecuado dejar por escrito. Después llega otra censura que es la que nos impone nuestro entorno y nuestras circunstancias personales, en el momento en el que escribimos, y que tiene que ver con lo políticamente correcto y con las consecuencias que lo escrito nos puede acarrear.
Pero con las redes, ambas censuras ya no parecen necesarias. Frente al teclado, todos opinamos sin tener conocimientos sobre el asunto en cuestión y sin haber contrastado los datos que se manejan. Se espera, aun dejando muertos en la cuneta, conseguir a cambio a muchos seguidores y una infinidad de “me gusta”. Esto nos hace felices. Todo vale para ejercer el derecho a la indignación y la disidencia. Para colmo, si alguno de nuestros followers nos lleva la contraria: lo eliminamos o lo bloqueamos sin titubeo. Así se llega al linchamiento, en las redes, donde no existen normas preestablecidas, ni sanciones aparejadas a comentarios ofensivos. Es una censura horizontal en la que todos somos Jueces. La poscensura es además arbitraria, aun diciendo las mismas gilipolleces, no se sanciona a todo el mundo por igual. El concepto de víctima se va diluyendo en las redes, por que esas víctimas se convierten también en linchadores, cuando se les presenta la ocasión. Los que ejercen de defensores de la libertad de expresión y del diálogo se vuelven a su vez radicales cuando se les ataca a ellos y recurren sin pudor a tirar de antecedentes, para afearle a alguien su conducta, utilizando, por ejemplo, sus comentarios en la red, con carácter retroactivo. Así todos vivimos en una ficción en la que después de enfadarse o poner a caldo a alguien  nos vamos tranquilamente al gimnasio o a llevar a los niños al colegio. De esa manera tenemos todos la sensación de estar haciendo algo por la sociedad cuando en realidad no estamos haciendo nada.
¿Cómo se puede medir la ofensa en las redes? Esta va a depender de la capacidad de organización de la víctima, es decir del número de internautas que le va a apoyar. Pero también de que dicha ofensa pueda servir a algún colectivo para sus intereses. También es verdad que existen ofendidos de primera y de segunda. El ataque a negros y mujeres es imperdonable, sin embargo las descalificaciones de políticos y policías se perciben como aceptables y naturales. (Bueno los policías actualmente han ganado puntos)
En las redes sociales no gustan las posturas intermedias: “o estas conmigo o estas contra mí”. Si se critica a la derecha uno es necesariamente de izquierda y si uno critica a la izquierda ha de ser obligatoriamente de derecha. Lo de la crítica constructiva te convierte en sospechoso y ya no tiene sentido en el Internet de rápido consumo. A golpe de pantallazos se hacen públicas conversaciones que tendrían que haber quedado en el ámbito de lo privado. En verdad estas tienen el mismo valor que las barbaridades que uno dice, acodado en la barra de un bar. En todo caso habría que perseguir a quien las ha hecho públicas. A pesar de que la información solo interese durante unas horas o minutos y se ha convertido en un pasatiempo, la condena digital es una condena perpetua que permanece en la red y que puede afectar a las oportunidades de encontrar trabajo por ejemplo. También los sentimientos son efímeros y ficticios, sin embargo, paradójicamente, pueden derivar en fanatismo.
Ahora que nuestros conocimientos sobre la historia son nulos, muchos a sabiendas, aplican los estándares del siglo XXI a la historia y ello permite el adoctrinamiento y el desencadenamiento, a golpe de repetición y expansión, de unas corrientes de opinión que rozan la estupidez.
Con esa tendencia a censurar y a vivir en nuestra propia burbuja, que google y facebook han contribuido a perfilar para nosotros, vamos camino de cargarnos la libertad de expresión con mayúscula. (Esa que nada tiene que ver con el derecho a decir estupideces y barbaridades.)

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Protocolo y propaganda política

Existe una técnica, muy útil para la creación de personajes de ficción, que tiene que ver con una teoría psicológica, que clasifica a las diferentes personalidades, en colores. Estas tipologías, que no son ni buenas ni malas, nada tienen que ver con la ideología. (O tal vez sí). De forma muy burda les diré que:
El rojo se caracteriza por ser decidido y por ello un solucionador de problemas. En ocasiones se muestra brusco e incluso violento, cuando pretende conseguir su meta. Es competitivo y exigente y poco dado a la duda, por lo que a menudo peca de arrogante e intransigente.
El amarillo facilita la interacción social. Acostumbra a ser dialogante y persuasivo, al inspirar confianza. Su entusiasmo le lleva a ser en ocasiones indiscreto y parlanchín. Se caracteriza por su creatividad y su independencia, que le lleva a ir a lo suyo ( a su bola) y a ser a menudo imprevisible.
El verde es una persona reservada, que no suele destacar. Es tranquilo y se toma su tiempo antes de actuar. Muchas veces se muestra inexpresivo y resulta difícil saber lo que piensa. Es meticuloso en sus tareas, callado, sacrificado y se preocupa por los demás y por el entorno. Acostumbra a ser bastante testarudo y de idea fija.
El azul se describe como perfeccionista y cerebral. Suele ser reservado y muy disciplinado. Se guía por la lógica, por lo que tiende a ser previsible y poco flexible. Se presenta como una persona seria y recta, que sabe mantener la calma, y que es difícil de alterar.
Claro está, que salvo excepciones, nadie es puramente de un solo color. Pero lo cierto es que para que un relato de ficción sea creíble, es decir que sea como la vida real, ha de aparecer entre sus personajes las cuatro tipologías de personalidad, que se han descrito.
Aplicado lo dicho a las organizaciones policiales, algunos tendrían la tentación de seleccionar exclusivamente a policías azules, candidatos idóneos para acatar el “ordeno y mando” y tal vez para integrarse en grupos antidisturbios. Pero ello solo conseguiría una rigidez en las actuaciones, una imposibilidad de evolución y adaptación al cambio y una nula interacción con el tejido social.
Si todos los policías fueran rojos sería la debacle. Esto es lo que ha ocurrido en algunas plantillas de policía local de la Región, donde “manda marinero y no patrón”.
Sin embargo, si todos fueran amarillos o verdes, las organizaciones policiales serían otra cosa, al dejar de cumplir esa función coercitiva, que a pesar de ser impopular, es la que las hace necesarias.
Por ello es imprescindible, en  nombre de la excelencia, un equilibrio en la selección de los integrantes de las plantillas. A no ser que solo interese la presencia de agentes visibles, cuya única misión sea contentar la arbitrariedad de los vecinos, y ser un instrumento, azul, para el protocolo y la propaganda política.

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La estafa de la novia rusa

Se había decidido a acercarse a comisaría.
Hacía dos años que chateaba con John Mac Laren, general del ejército de los Estados Unidos. Lo conoció por Internet y allí fue creciendo su amor virtual. Él le había confesado que, después de una brillante carrera militar, se había decepcionado de un mundo tan desagradecido y que estaba dispuesto a retirarse a un país como España, de buen clima y buen comer.
La mujer le mandó un dinero para que pudiera viajar a su retiro dorado, que ella le podía ofrecer. Su nuevo amor le hacía llegar fotos de uniforme, en el gimnasio, en su jardín y haciendo bricolaje. Ella admiraba su físico atlético, sus músculos turgentes y esa cara, marcada por la experiencia, de hombre de palabra. Cuando John le explicó que le resultaba imposible vender su casa, ella no dudo en proporcionarle dinero para que no llegara a España con las manos vacías. También se brindó a ayudarle con su anciana madre, que el militar debía de dejar en un asilo, antes de iniciar su nueva vida y desde luego, como hombre de principios, no estaba dispuesto a abandonarla en una residencia cualquiera.
Todo estaba preparado para el encuentro de los dos enamorados, cuando él le escribió alarmado, explicándole que le tenían retenido en el aeropuerto, por una deuda que había contraído con un hospital en el que, años atrás, le habían operado por un accidente de tráfico.
Ella le hizo llegar, sin pensarlo, unos 20.000 euros más, ya que no iba a renunciar, por un último contratiempo, a su felicidad.
Cuando John Mac Laren contactó con ella para pedirle que abonara un rescate por su hijo, que acababa de ser secuestrado en Irak, a ella ya no le quedaban ahorros, había gastado 180.000 euros, en su aventura americana. Pero no pensaba dejar a John en la estacada. Por eso se había personado en comisaría para que la policía le ayudara a recuperar al hijo desaparecido.
Le había contado su historia a unos policías de la oficina de denuncias. Ahora no entendía por qué le hacían esperar para entrevistarse con el responsable del grupo de delitos tecnológicos.
Este viejo truco funciona también con hombres que creen haber encontrado, en las redes, el amor de una voluptuosa Natacha, que dice querer salir de su país de origen para entregarse al amor, en cuerpo y alma. Mientras los engañados se emocionan, sufren, desesperan y se rascan el bolsillo, los mafiosos cuentistas van urdiendo su estrategia a través del chat para ir desplumando, por fascículos, a sus víctimas.

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Le pese a quien le pese

Se acabó. Está llegando el fin de esa maquinaria mal engrasada y compleja que es la Administración de Justicia. Es el fin del Estado de Derecho. A partir de ahora todo se va a dirimir en las redes sociales. Serán las masas histéricas, desinformadas y, se supone, bienintencionadas las que van a decidir quién tiene razón en un litigio. Especialmente en los asuntos que atañen al corazón.
Si ya era absurdo aceptar que un señor togado tuviera que decidir sobre el porvenir de nuestros hijos, imagínense ahora que lo haga una turba manipulada, que carece de un mínimo de información contrastada y que se deja condicionar por rumores y por sus propios sentimientos y frustraciones.
Llegado a este punto, cada parte en conflicto deberá defender sus intereses haciendo campaña. Quien tenga más medios y haga más ruido y más convenza a una mayoría más amplia de gente, se llevará el gato al agua.
Toda técnica de persuasión, desarrollada con maestría y sin pudor, que recurra a los sentimientos, los prejuicios y la pasión y como no a la ideología, encontrará siempre el apoyo de individuos y colectivos dispuestos a manifestarse, gritar consignas, ingeniosas y pegadizas, y promover iniciativas, a cual más peregrina y descabellada.
Se sustituirá así un sistema imperfecto de justicia por otro más costoso, arbitrario, plañidero y sustentado en los prejuicios mayoritarios del momento o en intereses ocultos e inconfesables de grupos de presión o poderes fácticos.
Los políticos hace tiempo que se dieron cuenta del poder de la información manipulada.
En esta sociedad del enemigo tal vez haya llegado el momento de castigar a los mentirosos. Faltar a la verdad, cuando se tiene una responsabilidad de tanto calado, tiene que tener sus consecuencias y no solo en las urnas. El Gobierno regional, en los últimos años, le ha dado el papel de Pinocho a un ex profesional de los medios al que admiro como tal. Pero lo que más “me toca los cojones”,(la expresión es intencionada), es que se haya elegido a una mujer para ese papel de villano.
Este verano las Instituciones se han propuesto, como objetivo, convencer de que: “Murcia va bien y subiendo”. Si leen la prensa escrita, diferentes responsables políticos insisten en que el turismo en la ciudad de Murcia, ¿pese a quien le pese?, ha crecido espectacularmente en verano. Los que hemos trabajado en el mes de agosto, recorriendo todos los recovecos del municipio, hemos sufrido una ciudad fantasma donde a determinadas horas (aviso esto es una descripción, sin valoración, ni menosprecio) solo transitaban  por las calles: yonkis, guardacoches borrachos, negros, mujeres con hijhab, algún que otro anciano y como excepción cuatro turistas que, hospedados en la Manga, habían decidido darse una vuelta por una ciudad desierta, donde lo poco o mucho que se puede visitar estaba “close”.
(Resaltar también que en la capital se han quedado todos los rateros de poca monta, que, al no haber prosperado, no han podido disfrutar de vacaciones. Para más inri, y debido a su torpeza natural para el delito, han terminado detenidos y veraneando en los calabozos.)
Pero claro esto es totalmente subjetivo, y percibido por una simple currante. Seguro que alguna estadística podrá servir, le pese a quien le pese, para corroborar cualquier versión oficial.

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La japuta

Está claro que el Gobierno ha convocado una tormenta de ideas para conseguir dañar la imagen de los independentistas catalanes y su empecinamiento en el secesionismo. Entre muchas de las medidas que se han puesto en marcha, y que van orientadas a convencer a los propios catalanes de que sus dirigentes son unos trileros, se encuentra sin duda la conmemoración de las olimpiadas de Barcelona, que tuvieron lugar en el año 1992. Los juegos se recuerdan como un acontecimiento histórico y un éxito rotundo que supuso el despegue de toda una nación, o al menos así lo han querido recordar los medios.
Pero no se hace mención a que en dicho evento participaron en la gestión, numerosos funcionarios de las diferentes Administraciones españolas, que se desplazaron a la ciudad condal, en comisión de servicio. Estos colaboraron en la organización de unos juegos que supusieron un enorme negocio. Durante meses se imbuyeron de las técnicas del 3 % y de como invertir en infraestructuras, consiguiendo que los políticos, sus técnicos y asesores se llenaran los bolsillos.
Y es que los catalanes representan la vanguardia incluso en materia de corrupción. A modo de metástasis, enseñaron el camino a muchas provincias, con vocación emprendedora. Los kits de corrupción estaban a disposición del dinero líquido: carreteras, aeropuertos, puertos deportivos, ferrocarril, depuradores, desalinizadoras, ITV, pabellones deportivos, túneles, rotondas, semáforos pero también molinos de viento ( en Italia la mayoría de esta energía limpia se encuentra en manos de la mafia).
Una de las primeras enseñanzas fue colocar en puestos de responsabilidad a tontos útiles, que cuando las cosas empezaron a ponerse feas y los poderosos ya se habían hecho millonarios, fueron sustituidos por tarados temerarios y presumidos que pudieran servir de cabeza de turco.
(Eran histriónicos, que se movían con torpeza por los fangos políticos, y que pronto despertarían el rechazo y la burla de los medios de comunicación a los que no se podían resistir).
Y es que ahora todo se juega en las redes sociales y los medios. La clave está en la seducción. El mundo necesita cariño y eso los políticos lo saben. Así que gastan su presupuesto en averiguar que quiere el ciudadano para simular dárselo, con mucho bombo y platillo. La eficacia resulta ser mas económica que el aparentar, visibilizar o manipular a la ciudadanía pero sin duda es más arriesgada. (“El trabajo bien hecho es el que no se hace”: decían hace años los policías veteranos)
Para ilustrar esta farsa les diré que mientras algunos políticos asisten a minutos de silencio en contra de la violencia de género, cuando tienen que lidiar con una mujer que opina y defiende sus propias ideas, en petit comité se suelen referir a ella como la japuta.

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Yno mea bisto

“Benia porla iquierda i otro coche que iva alotro lao sea cruzao sin ber que llo salia del parcamento. Es suculpa iva a muncha velocida yno mea bisto”.
Este es un ejemplo de las declaraciones  que hacen los implicados en accidente de tráfico, ante las Policías locales, cuando los accidentados tienen que escribir  in situ,   de su propio puño y letra y  añadiré, para que no haya dudas,  sin  estar bajo la influencia de bebidas alcohólicas. Esta escritura de oído  no sería grave si estas frases las hubiera escrito un viejecito perteneciente a la España analfabeta, de hace varias décadas. Pero lo sangrante es que dichas declaraciones las firman jóvenes entre los 16 y 40 años que visten a la última y que presumen de sus teléfonos móviles  o cincuentones,  con coche de alta gama, que suelen vacilarle  al policía.
Si a ello se une: las tasas de abandono escolar, los datos de consumo de alcohol y de sustancias estupefacientes en la Región de Murcia y el hecho de que el 30% de los profesores confiesa que no le gusta la lectura, el resultado  es que nuestros políticos, que se gastan millones en propaganda y en adular a sus votantes,  se pueden sentir orgullosos del nivel de la población que pastorean
Lo más fácil es echarle  la culpa a los docentes o al sistema, como hacen ahora los nuevos salvadores de la patria.  Pero miren ustedes, por hablar de lo que yo conozco, con la educación para todos que tendría que haber beneficiado a todos, cuando en una Policía asciende un mando que es analfabeto funcional o tropiezas con un policía apático y sin vocación, el responsable no es el funcionario público que aporta sus pocas o ningunas capacidades y su savoir o su non savoir-faire. Los responsables son aquellos, que con la complicidad de los sindicatos, establecieron los métodos de formación, los criterios de selección y  finalmente  los que  puntuaron a los elegidos.
¿Otra vez los políticos? Si pero con la complicidad de una ciudadanía que se deja camelar con promesas e iniciativas chorras, que todos aplauden en los periódicos, sin ser consciente de que van a contribuir, una vez más, al lucro de ciertos bolsillos. (Desmantelan la sanidad pública pero compran desfibriladores: biennnnn)

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Sobre el autor sargento emilia
Sigo con mi "Versión Policial" en un intento por destripar una realidad urbana que el ciudadano en ocasiones apenas intuye. Con "Ficción Literaria" les hago partícipes de mis devaneos con la escritura. Más en mi blog titulado Sexo Exprés emigonzaga.blogspot.com

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