La Verdad

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Categoría: Versión policial
Le pese a quien le pese

Se acabó. Está llegando el fin de esa maquinaria mal engrasada y compleja que es la Administración de Justicia. Es el fin del Estado de Derecho. A partir de ahora todo se va a dirimir en las redes sociales. Serán las masas histéricas, desinformadas y, se supone, bienintencionadas las que van a decidir quién tiene razón en un litigio. Especialmente en los asuntos que atañen al corazón.
Si ya era absurdo aceptar que un señor togado tuviera que decidir sobre el porvenir de nuestros hijos, imagínense ahora que lo haga una turba manipulada, que carece de un mínimo de información contrastada y que se deja condicionar por rumores y por sus propios sentimientos y frustraciones.
Llegado a este punto, cada parte en conflicto deberá defender sus intereses haciendo campaña. Quien tenga más medios y haga más ruido y más convenza a una mayoría más amplia de gente, se llevará el gato al agua.
Toda técnica de persuasión, desarrollada con maestría y sin pudor, que recurra a los sentimientos, los prejuicios y la pasión y como no a la ideología, encontrará siempre el apoyo de individuos y colectivos dispuestos a manifestarse, gritar consignas, ingeniosas y pegadizas, y promover iniciativas, a cual más peregrina y descabellada.
Se sustituirá así un sistema imperfecto de justicia por otro más costoso, arbitrario, plañidero y sustentado en los prejuicios mayoritarios del momento o en intereses ocultos e inconfesables de grupos de presión o poderes fácticos.
Los políticos hace tiempo que se dieron cuenta del poder de la información manipulada.
En esta sociedad del enemigo tal vez haya llegado el momento de castigar a los mentirosos. Faltar a la verdad, cuando se tiene una responsabilidad de tanto calado, tiene que tener sus consecuencias y no solo en las urnas. El Gobierno regional, en los últimos años, le ha dado el papel de Pinocho a un ex profesional de los medios al que admiro como tal. Pero lo que más “me toca los cojones”,(la expresión es intencionada), es que se haya elegido a una mujer para ese papel de villano.
Este verano las Instituciones se han propuesto, como objetivo, convencer de que: “Murcia va bien y subiendo”. Si leen la prensa escrita, diferentes responsables políticos insisten en que el turismo en la ciudad de Murcia, ¿pese a quien le pese?, ha crecido espectacularmente en verano. Los que hemos trabajado en el mes de agosto, recorriendo todos los recovecos del municipio, hemos sufrido una ciudad fantasma donde a determinadas horas (aviso esto es una descripción, sin valoración, ni menosprecio) solo transitaban  por las calles: yonkis, guardacoches borrachos, negros, mujeres con hijhab, algún que otro anciano y como excepción cuatro turistas que, hospedados en la Manga, habían decidido darse una vuelta por una ciudad desierta, donde lo poco o mucho que se puede visitar estaba “close”.
(Resaltar también que en la capital se han quedado todos los rateros de poca monta, que, al no haber prosperado, no han podido disfrutar de vacaciones. Para más inri, y debido a su torpeza natural para el delito, han terminado detenidos y veraneando en los calabozos.)
Pero claro esto es totalmente subjetivo, y percibido por una simple currante. Seguro que alguna estadística podrá servir, le pese a quien le pese, para corroborar cualquier versión oficial.

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La japuta

Está claro que el Gobierno ha convocado una tormenta de ideas para conseguir dañar la imagen de los independentistas catalanes y su empecinamiento en el secesionismo. Entre muchas de las medidas que se han puesto en marcha, y que van orientadas a convencer a los propios catalanes de que sus dirigentes son unos trileros, se encuentra sin duda la conmemoración de las olimpiadas de Barcelona, que tuvieron lugar en el año 1992. Los juegos se recuerdan como un acontecimiento histórico y un éxito rotundo que supuso el despegue de toda una nación, o al menos así lo han querido recordar los medios.
Pero no se hace mención a que en dicho evento participaron en la gestión, numerosos funcionarios de las diferentes Administraciones españolas, que se desplazaron a la ciudad condal, en comisión de servicio. Estos colaboraron en la organización de unos juegos que supusieron un enorme negocio. Durante meses se imbuyeron de las técnicas del 3 % y de como invertir en infraestructuras, consiguiendo que los políticos, sus técnicos y asesores se llenaran los bolsillos.
Y es que los catalanes representan la vanguardia incluso en materia de corrupción. A modo de metástasis, enseñaron el camino a muchas provincias, con vocación emprendedora. Los kits de corrupción estaban a disposición del dinero líquido: carreteras, aeropuertos, puertos deportivos, ferrocarril, depuradores, desalinizadoras, ITV, pabellones deportivos, túneles, rotondas, semáforos pero también molinos de viento ( en Italia la mayoría de esta energía limpia se encuentra en manos de la mafia).
Una de las primeras enseñanzas fue colocar en puestos de responsabilidad a tontos útiles, que cuando las cosas empezaron a ponerse feas y los poderosos ya se habían hecho millonarios, fueron sustituidos por tarados temerarios y presumidos que pudieran servir de cabeza de turco.
(Eran histriónicos, que se movían con torpeza por los fangos políticos, y que pronto despertarían el rechazo y la burla de los medios de comunicación a los que no se podían resistir).
Y es que ahora todo se juega en las redes sociales y los medios. La clave está en la seducción. El mundo necesita cariño y eso los políticos lo saben. Así que gastan su presupuesto en averiguar que quiere el ciudadano para simular dárselo, con mucho bombo y platillo. La eficacia resulta ser mas económica que el aparentar, visibilizar o manipular a la ciudadanía pero sin duda es más arriesgada. (“El trabajo bien hecho es el que no se hace”: decían hace años los policías veteranos)
Para ilustrar esta farsa les diré que mientras algunos políticos asisten a minutos de silencio en contra de la violencia de género, cuando tienen que lidiar con una mujer que opina y defiende sus propias ideas, en petit comité se suelen referir a ella como la japuta.

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Yno mea bisto

“Benia porla iquierda i otro coche que iva alotro lao sea cruzao sin ber que llo salia del parcamento. Es suculpa iva a muncha velocida yno mea bisto”.
Este es un ejemplo de las declaraciones  que hacen los implicados en accidente de tráfico, ante las Policías locales, cuando los accidentados tienen que escribir  in situ,   de su propio puño y letra y  añadiré, para que no haya dudas,  sin  estar bajo la influencia de bebidas alcohólicas. Esta escritura de oído  no sería grave si estas frases las hubiera escrito un viejecito perteneciente a la España analfabeta, de hace varias décadas. Pero lo sangrante es que dichas declaraciones las firman jóvenes entre los 16 y 40 años que visten a la última y que presumen de sus teléfonos móviles  o cincuentones,  con coche de alta gama, que suelen vacilarle  al policía.
Si a ello se une: las tasas de abandono escolar, los datos de consumo de alcohol y de sustancias estupefacientes en la Región de Murcia y el hecho de que el 30% de los profesores confiesa que no le gusta la lectura, el resultado  es que nuestros políticos, que se gastan millones en propaganda y en adular a sus votantes,  se pueden sentir orgullosos del nivel de la población que pastorean
Lo más fácil es echarle  la culpa a los docentes o al sistema, como hacen ahora los nuevos salvadores de la patria.  Pero miren ustedes, por hablar de lo que yo conozco, con la educación para todos que tendría que haber beneficiado a todos, cuando en una Policía asciende un mando que es analfabeto funcional o tropiezas con un policía apático y sin vocación, el responsable no es el funcionario público que aporta sus pocas o ningunas capacidades y su savoir o su non savoir-faire. Los responsables son aquellos, que con la complicidad de los sindicatos, establecieron los métodos de formación, los criterios de selección y  finalmente  los que  puntuaron a los elegidos.
¿Otra vez los políticos? Si pero con la complicidad de una ciudadanía que se deja camelar con promesas e iniciativas chorras, que todos aplauden en los periódicos, sin ser consciente de que van a contribuir, una vez más, al lucro de ciertos bolsillos. (Desmantelan la sanidad pública pero compran desfibriladores: biennnnn)

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Miedo a la barbarie

Mientras tronaba y diluviaba en el cielo de Madrid, sentados en torno a unas cervezas, un periodista peruano nos hablaba de sus miedos. De esos miedos de una infancia vivida bajo una férrea dictadura, en la que un pueblo entero temía ser secuestrado, torturado y asesinado. Nos hablaba de las desapariciones, que sembraban el terror, y de las violaciones de domicilio, que solían producirse preferentemente de noche cuando el ser humano se siente más indefenso. La libertad de expresión, que en España según él no parece valorarse, era entonces  para los peruanos una utopía que no tenía cabida ni en los círculos más íntimos por miedo a ser denunciados o a sufrir represalias en propias carnes. Lo más angustioso de dicha situación era, según relataba, que toda esa violencia la originaba o la consentía impunemente el propio Estado. Otro periodista que nos acompañaba, corroboraba ese escenario de miedos, si bien refiriéndose a Colombia, su país, actualmente uno de los más inseguros del mundo.  Describía el terror,  con voz pausada y sin indignación, dejando patente una impotencia ya cronificada. Después de setenta años de conflicto hablaba de su patria con desesperanza y tachaba  a sus habitantes de gente resignada que no sabía vivir de otra manera. De hecho estaba convencido de que sus ciudadanos no concebían un mundo  sin guerra y sobre todo sin inseguridad y sin miedo. De ahí, explicaba él, que la consulta mediante referéndum hubiera resultado contraria a la paz. Esa palabra no tenía significado para los colombianos, al igual que no lo tenía el premio Nobel otorgado al Presidente del país. El periodista entendía que sus compatriotas  necesitaban de esa adrenalina aunque él era consciente de que tal afirmación no podía ser entendida desde la poltrona europea. Así cualquier movimiento de la vida cotidiana y cualquier desplazamiento por el territorio colombiano resultaba incierto y se convertía en un riesgo para la vida y la integridad física.
Estos dos periodistas llevaban años refugiados en España después de huir de sus respectivos países por razones políticas. Todavía decían no haberse acostumbrado a esa seguridad jurídica que es un de los cimientos de nuestra democracia.
Ahora, ambos coincidían en afirmar que  les toca a los europeos, que durante años han vivido en una burbuja, sentir esos miedos. Miedo a perder el empleo y quedarse sin recursos, miedo a ser desahuciado y arrojado a la calle, miedo a la corrupción y a sus arbitrariedades, miedo a los populismos revanchistas, miedo a la violencia gratuita, miedo a la inmigración, miedo al fanatismo religioso, miedo al terrorismo indiscriminado…

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Niños alquilados

Las calles de Murcia se habían inundado de prostitutas negras que las mafias nigerianas habían introducido en el país. Mayoritariamente anglófonas, las mujeres, con su color de piel, sus pelucas artificiales, sus labios carnosos y sus poderosos traseros ceñidos en lycra, revolucionaron a una clientela ávida de novedades. Pronto los servicios de urgencias de la ciudad, que tuvieron que atender varios desmayos y hemorragias vaginales, quedaron horrorizados al comprobar que estas prostitutas, que seguían trabajando cuando se quedaban embarazadas, continuaban haciéndolo recién paridas. Tantos las administraciones de protección, como las fuerzas y cuerpos de seguridad se pusieron manos a la obra para intentar entender cual era el destino de estos niños que desaparecían  al nacer. Tráfico de órganos, adopciones ilegales, pederastia: cualquier hipótesis podía ser válida.
Ahora se sabe que algunos de los niños africanos, que desembarcan en las costas del Mediterráneo, son niños alquilados. Las mafias, dentro de los servicios que ofertan, facilitan, a las mujeres que se suben a las pateras, la posibilidad de disponer de un bebé de corta edad para que las acompañe en su travesía. Es un plus, por el que deben pagar, y que les  garantiza el ser  acogidas en el país de destino. Estos niños pueden llegar a ser una y otra vez embarcados, con el riesgo que ello supone para sus vidas, al volver a ser recuperados por las mafias una vez que se han cumplido con todas las formalidades administrativas exigidas para la acogida.
Esta práctica no es nueva en España. Hace varias décadas  se pudo comprobar que se alquilaban niños para ejercer la mendicidad. Niños, que al igual que ahora, eran sedados para que no supusieran ningún contratiempo. También se detectó que determinados colectivos alquilaban disminuidos físicos y psíquicos a unos padres sin escrúpulos para que la administración no sacara de las viviendas a familias que las habían ocupado ilegalmente. Actualmente los niños alquilados para surcar el mar son de todas las nacionalidades por que el negocio es rentable. Ante la avalancha de inmigrantes, que llegan en pateras, resulta difícil detectar a esos niños que forman parte de tan inhumano kit de viaje.  En ocasiones los rescatadores entrenados pueden comprobar como algunos de los náufragos no reconocen al niño que les acompaña. No saben su sexo ni tampoco pueden aportar datos  sobre su historial médico. Asustados, viven la situación de rescate sin mostrar interés por la supervivencia y el cuidado de su supuesto retoño, que desembarca completamente indefenso.
Dicha práctica ha  obligado a las Autoridades a comprobar el ADN de los niños para cotejarlos con los de los padres cuando existen sospechas sobre su maternidad e incluso su paternidad. Han de ser reseñados con fotografías e impresiones dactilares, lo que supone un protocolo difícil de cumplimentar y un coste importante que las oleadas de inmigrantes acompañados hacen imposible de asumir.

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El tren: progreso o verdugo

Las escenas de accidentes ferroviarios no pueden ser más desagradables. A lo largo de treinta años de servicio, estas no han dejado de repetirse, con bastante frecuencia, en las proximidades de la capital murciana. El ferrocarril, tradicionalmente menospreciado, discurre al aire libre y se va adentrando por el sur, en una ciudad en expansión que va devorando su huerta. En Murcia, las vías pueden franquearse mediante pasos a nivel ya sin vigilancia que los peatones y  sobre todo los ciclistas no suelen respetar y que son responsables del colapso de tráfico cada vez que se bajan las barreras. Con la crisis, que ha destapado la corrupción masiva en torno a la construcción de grandes infraestructuras, la necesidad de soterramiento ha dejado de ser prioritaria,  a pesar de las continuas protestas ciudadanas. Estas, protagonizadas por un puñado de vecinos, tienen lugar todas las semanas ante la indiferencia de una ciudad poco dada a las reivindicaciones. Los afectados se manifiestan cortando las vías y  en ocasiones deteniendo los trenes que pretenden acceder a  la vetusta e incómoda estación del Carmen, en cuyos aledaños el tiempo parece haberse detenido. El ferrocarril, con sus músculos de acero, se ha convertido así, a lo largo de los años, en un verdugo implacable.
Las muertes ferroviarias son el resultado  de  imprudencias originadas por la creencia de que las desgracias sólo les ocurren a los demás y de que la tragedia no tiene cabida en una rutina amenizada por las prisas. Pero también  son  el fruto de pensamientos luctuosos que conducen al suicidio, cuya estadística con la crisis se ha disparado junto a otros comportamientos violentos. Esos suicidios tienen lugar especialmente en determinadas épocas del año en las que el clima, combinado con la depresión y la soledad, resulta letal. En estos casos, la elección del tren como instrumento para acabar con la propia vida, por su contundencia, resulta especialmente cruel cuando el cuerpo termina mutilado o  hecho picadillo. También, por sus   repercusiones mediáticas, arrojarse a las vías se puede interpretar como un último intento del fallecido por comunicarle, a la familia o a la sociedad, su responsabilidad en el suicidio. Como forma de venganza o por desesperación, recurrir al atropello es una prueba evidente de la determinación de la víctima que pretende asegurarse de que tal decisión no quedara en tentativa.
En la Región, dicho recurso, que no requiere premeditación ni puesta en escena, es utilizado por las mujeres habitualmente más propensas a la ingestión de venenos o fármacos y a la precipitación desde la propia vivienda. También la vía férrea es el instrumento elegido por los hombres que en la mayoría de los casos  suelen acabar con sus vidas recurriendo, a menudo en lugares públicos, a diferentes técnicas de ahorcamiento y en alguna ocasión a la utilización de armas de fuego, cuando tienen acceso a ellas.
¿Tren: progreso o verdugo? Del soterramiento depende 🙂

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Sobre el autor sargento emilia
Sigo con mi "Versión Policial" en un intento por destripar una realidad urbana que el ciudadano en ocasiones apenas intuye. Con "Ficción Literaria" les hago partícipes de mis devaneos con la escritura. Más en mi blog titulado Sexo Exprés emigonzaga.blogspot.com

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